• No se han encontrado resultados

EL MIEMBRO QUE NO ASISTE A LA IGLESIA

In document La Disciplina en La Iglesia (página 124-128)

CONTEXTO

José fue recibido como miembro de la iglesia en enero, asistió irregularmente durante seis meses y entonces dejó de asistir definitivamente. Durante el tiempo que asistió, llegaba tarde a las reuniones, se iba antes de hora y nunca hizo amistades. Un anciano consiguió co- mer con él en febrero e intentó programar otros en- cuentros. Pero José los canceló todos en el último mo- mento, normalmente con algo como: “Me ha surgido un asunto urgente en el trabajo. ¡Lo siento!”. Aparen- temente, nadie más en la iglesia conocía a José.

En septiembre, el anciano se dio cuenta de que no había visto a José desde junio y decidió volverlo a lla- mar. Le dejó un mensaje en el contestador. Unas sema- nas más tarde, volvió a dejarle otro mensaje, y también le envió un correo electrónico. José no contestó nin- guno de los mensajes. Pasaron varios meses sin señal alguna de José. Meses en los que le enviaron uno o dos mensajes más. Llegados a este punto, el anciano ex- plicó la situación a los otros ancianos, dos de los cuales

se ofrecieron a llamar a José o enviarle un correo. Unas cuantas reuniones de ancianos más adelante, el nombre de José apareció de nuevo y todo el mundo coincidió en que no habían visto a José, ni habían sabido nada de él en ocho meses.

¿Debe de ser excomulgado José? ¿Por qué pecado en concreto?

EVALUAR EL PECADO

Podemos describir el pecado de José de varias maneras. Podría ser calificado de violar el pacto cristiano por el que prometió asumir obligaciones con esta iglesia local. Podría ser calificado como la afirmación de amar a Dios cuando está aborreciendo a sus hermanos y her- manas en la iglesia descuidando completamente su re- lación con ellos (1 Jn. 4:20-21). Más concretamente, José estaba desobedeciendo el mandamiento de He- breos 10:24-25, donde leemos: “Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tie- nen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”. El autor de He- breos ordena a los cristianos reunirse regularmente para que puedan exhortarse unos a otros, y estimular así el amor y las buenas obras, lo cual es otra manera de cumplir con los dos puntos anteriores. El autor tam- bién señala el día del juicio como un incentivo por el que esto debe hacerse. En otras palabras, se toma el asunto verdaderamente en serio.

El pecado de la no asistencia a la iglesia no es, ni mucho menos, tan descarado como el adulterio. Sin embargo, es un pecado que normalmente esconde otros pecados o, al menos, lleva a otros pecados. Además, países como EE.UU. [y otros] están llenos de cristianos nominales que acarrean mala reputación al evangelio porque las iglesias no han asumido su responsabilidad con los miembros que no asisten a la iglesia.

Aun más, si la membresía de la iglesia se basa en la confirmación pública eclesial de la profesión de fe de una persona, la no asistencia del miembro provoca que la iglesia sea incapaz de cumplir con sus obligaciones. La iglesia no puede seguir afirmando con integridad que está supervisando el discipulado de la persona. Por tanto, la excomunión pone las cosas en su sitio de ma- nera eficaz. Es así como la iglesia dice: “No podemos responder por esta persona, motivo por el que no va- mos a continuar confirmando su profesión de fe” (cap. 2).

EVALUAR EL ARREPENTIMIENTO

Debido a que José se negó a responder a los correos y a las llamadas telefónicas de los ancianos, no había otra manera de evaluar el fruto del arrepentimiento, sino decir que era inexistente.

CONCLUSIÓN

Aun así, los ancianos decidieron no iniciar la excomu- nión inmediata. En su lugar, decidieron decírselo a la

iglesia, para usar el lenguaje de Mateo 18 (cap. 1). Por tanto, en la siguiente reunión de miembros, los ancia- nos expusieron el caso de José frente a la congregación y explicaron que, si no cambiaba nada, en la próxima reunión regular —programada dos meses más tarde— propondrían su excomunión en base a su no asistencia. Animaron a cualquiera que tuviera amistad con José a que lo llamaran o que le enviaran un correo. También aprovecharon la oportunidad para enseñar a la congre- gación por qué la asistencia a la iglesia era tan impor- tante.

Los ancianos retrasaron el proceso de excomunión dos meses, por lo menos, debido a cinco razones (cap. 4). Primera, así daban más tiempo para probar el arre- pentimiento de José, de acuerdo con la lógica de Mateo 18. Segunda, daba a los amigos de José —en el caso de que tuviera alguno que los ancianos no conocieran— la oportunidad de unirse a ellos en la labor de traer a José al arrepentimiento. Tercera, eliminaba el factor sorpresa que inevitablemente acompaña al proceso de excomunión inmediata. A menudo, Satanás usa este factor para minar la confianza que las ovejas más jó- venes e inmaduras tienen en sus líderes. Cuarta, era el último recurso para localizar a esta oveja extraviada. Y quinta razón, daba a la congregación la oportunidad de orar unánime por José.

Dos meses más tarde, seguían sin noticia alguna de él. Los ancianos, entonces, propusieron la excomunión. Toda la congregación estuvo de acuerdo.

EL NO MIEMBRO QUE

In document La Disciplina en La Iglesia (página 124-128)

Documento similar