2.2 El monólogo autónomo
2.2.4 El monólogo rememorativo como modalidad del monólogo interior
Como hemos dicho en varias ocasiones, uno de los fenómenos típicos del monólogo autónomo es el continuo movimiento asociativo entre distintos tiempos mientras el personaje percibe lo que está pasando a su alrededor, recuerda su pasado, imagina el futuro, formula ideas generales, etc. La importancia que adquieren las distintas dimensiones temporales varía de una obra a otra, pero las diferencias más importantes se dan con respecto al peso atribuido al pasado y a sus correspondientes tiempos verbales. Independientemente del espacio que ocupan los recuerdos, en el monólogo autónomo el pasado se relaciona siempre con el presente. Es decir, se guarda la correspondencia entre el tiempo y el texto, así que el pasado se trata solamente de recuerdos que surgen en la mente del personaje principal en el momento de la locución. Sin embargo, Cohn distingue una variante del monólogo autónomo, denominada monólogo rememorativo, en que la experiencia simultánea al discurso interior cede completamente a favor de la memoria asociativa. En esta variante, predominan lógicamente los tiempos verbales del pasado. (Cohn 1983: 227, 246-247.)
Siendo una forma puramente retrospectiva, el monólogo rememorativo es la variante del autónomo que, por su contenido, más se acerca a la autobiografía. Sin embargo, aunque se pueda reconstruir la vida del personaje principal ordenando la información repartida en el monólogo, hay que tener en cuenta que se trata supuestamente de un pensamiento privado no destinado a la comunicación y, por tanto, su forma no tiene nada que ver con la de una autobiografía habitual. El monólogo rememorativo procura crear la ilusión de un pensamiento espontáneo enfocado en el pasado y, por ello, no se ocupa de ofrecer
una historia coherente sino que pretende reproducir los procesos mnemónicos y asociativos de una mente ficticia. En consecuencia, el monólogo rememorativo rompe con la cronología y tampoco aspira a cubrir toda la biografía del personaje.53 O sea, no se trata tanto de reconstruir sucesos del pasado sino, más bien, de descubrir la huella que han dejado en la memoria y en la sensibilidad del personaje. (Cohn 1983: 183-185.)
La mayor diferencia entre el monólogo autónomo y el rememorativo consiste en el hecho de que en éste los sucesos recordados se enlazan directamente unos con otros sin vincularse en absoluto con el momento presente en que son evocados. Es decir, se vacía el momento de la locución de toda experiencia simultánea y no se le presta atención alguna: ningún pensamiento relacionado con la realidad circundante contemporánea cruza la mente del personaje. Por tanto, no podemos saber dónde se encuentra el personaje, ni cuándo se produce o cuál es la duración de su discurso interior. En consecuencia, el personaje existe tan sólo como una mente incorporal, como pura memoria, sin una situación explícita en el tiempo y en el espacio. (Cohn 1983: 184-185, 247.)
En el monólogo rememorativo, el episodio recordado más reciente adopta frecuentemente un papel privilegiado en el discurso mental y funciona como mecanismo que desencadena en la mente un aluvión de recuerdos del pasado más lejano. Estos recuerdos, que pueden proceder de varias épocas desde la niñez (o incluso de la historia familiar anterior al nacimiento del personaje central) hasta los momentos críticos de la edad adulta, se presentan en la mente mezclados, formando un caótico montaje temporal. No obstante, el episodio generador se recuerda normalmente en el orden temporal en que sucedió y, por tanto, su función equivale a la que tiene el momento de la locución en el monólogo autónomo. Es decir, este episodio constituye el plano temporal principal con que se relaciona el caos temporal de los recuerdos y al que se vuelve periódicamente. En el monólogo autónomo, sin embrago, se distingue fácilmente cuándo el pensamiento del personaje abandona el presente para evocar el pasado porque el tiempo verbal cambia,
53 Cohn (1983: 181-182, 184) presenta también una modalidad intermedia entre el monólogo y la
narración que denomina monólogo autobiográfico (autobiographical monologue). En esta modalidad el personaje recita su biografía a sí mismo, pero manteniendo el orden cronológico lo que crea una impresión retórica y parece psicológicamente inverósimil. Comparte con el monólogo autónomo el modo de representación irreal (no se explica cómo el texto llega a ser escrito), pero, por su adherencia a la cronología, no crea la ilusión de un pensamiento espontáneo y, por tanto, no puede ser considerado una variante del monólogo autónomo.
pero, en el caso del monólogo de la memoria, se vale del mismo tiempo verbal (el pretérito) tanto para el episodio generador como para los sucesos anteriores y, en consecuencia, se requiere más atención por parte del lector para advertir los movimientos temporales. (Cohn 1983: 248-249.)
La dificultad de distinguir entre los distintos planos temporales está relacionada también con otro problema planteado por Cohn: ¿cómo podemos saber si el flujo de recuerdos se origina en el momento (indeterminado) en que el personaje recuerda el episodio generador o si se produjo ya en el curso del episodio generador mismo? El tiempo verbal –siempre el pretérito– no sirve de indicación y, si el contenido del discurso tampoco ofrece pistas, la ambigüedad queda sin resolver. De hecho, según Cohn, en la mayoría de los casos no se puede afirmar con seguridad el origen temporal de los recuerdos y, por tanto, la autora lo considera un problema de más interés teórico que práctico. Sin embargo, hay que tener en cuenta que si los recuerdos se originaron claramente ya en curso del episodio generador, o sea, si parece que el personaje principal cita sus pensamientos anteriores, nos alejamos ya mucho de la mímesis del pensamiento espontáneo y no-comunicativo y, por tanto, es cuestionable si se trata aún de una variante del monólogo autónomo. (Cohn 1983: 250-253.)
3 LA LLUVIA AMARILLA Y EL MONÓLOGO INTERIOR