3. Lo que El PNUD ve: lo explícito y lo implícito
3.5. El no-debate entre universalismo y relativismo
Dedicaremos este último apartado del capítulo a mostrar cómo se posiciona el PNUD a favor de la cultura ideal y en contra de todo aquello que plantee una verdadera puesta en valor de la diversidad. Veremos cómo los informes no sólo evitan el debate teórico entre universalismo y relativismo, sino que deslegitiman e incluso criminalizan las posturas que discrepan con su planteamiento.
3.5.1. Cultura ideal vs diversidad cultural
En el espacio cultural que hemos propuesto, la cultura ideal y la diversidad cultural ocupan posiciones antagónicas en los extremos de la línea de progreso cultural. La cultura ideal representa la libertad y las instituciones que de ella se derivan. La esencia del humano es la libertad, de manera que en torno
12 Después de constatar este fuerte dualismo y tras señalar cómo la diversidad cultural es vinculada con la tensión, el conflicto y la violencia, sorprende encontrar la siguiente cita en el mismo informe de 2004:
Si presumimos que las personas que pertenecen a civilizaciones no occidentales son permanentemente tentadas por valores autoritarios (y quizás incluso por el encanto de la violencia), no resulta difícil entender el temor de que la diversidad cultural del mundo tendrá graves consecuencias (PNUD, 2004: 21).
13 Explica Nicos Poulantzas en su obra Estado, poder y socialismo (1978):
[El Estado capitalista] instaura la nación moderna eliminando los otros pasados nacionales y convirtiéndolos en variaciones de su propia historia: el imperialismo moderno es también homogeneización de las secuencias temporales (Poulantzas, 1980: 135).
El PNUD reinterpreta la historia, asimilándola a su perspectiva cultural, de manera que su discurso queda legitimado.
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a la cultura ideal las sociedades alcanzan mayores cotas de estabilidad y orden. Por el contrario, la diversidad cultural se relaciona con las creencias, los dogmas y la tradición. Y ello genera un estado de conflicto y tensión que, como hemos visto, suele vincularse con la violencia. Los países occidentales se han acercado más a esa cultura ideal, mientras que el Resto se halla inmerso aún en la diversidad cultural. Son los países en desarrollo.
En dos ocasiones el PNUD se posiciona explícitamente en este debate entre diversidad y libertad. Lo hace en el informe que focaliza su atención, precisamente, en el vínculo entre libertad y diversidad, el informe de 2004 del que tantas citas hemos mostrado. El PNUD afirma lo siguiente:
Insistir en el conservatismo cultural podría desalentar –o incluso impedir– que las personas adopten un modo de vida diferente o incluso que abracen el modo de vida por el que otras personas, con historias culturales distintas, han optado en una sociedad determinada. En ese caso, la diversidad se lograría a costa de la libertad cultural. Si lo que importa en última instancia es la libertad cultural, la valorización de la diversidad cultural tendrá que ser contingente y condicional (PNUD, 2004: 16) [Cursiva del autor].
El posicionamiento es claro: allí donde libertad y diversidad chocan, la libertad ha de prevalecer. Dicho de otro modo, es aceptable toda la diversidad que queda dentro de un esquema evaluativo que considere que la libertad es el valor central. Conclusión: la diversidad es positiva si se adapta a un esquema valorativo liberal14. Más adelante se refuerza este mismo posicionamiento:
Del ejercicio de la libertad cultural por parte de todas las personas (incluidas las minorías étnicas o sociales) puede surgir un mayor grado de diversidad cultural y cuando ello ocurre, existen sólidos argumentos para celebrar la diversidad cultural y para hacer todo lo posible para garantizarla. Según este razonamiento, el respaldo a la diversidad proviene del valor de la libertad cultural, un valor que se ajusta plenamente a la importancia de la libertad en todos sus aspectos (PNUD, 2004: 23).
Se trata de un posicionamiento complejo porque parte de una paradoja, aunque sea a nivel teórico: se impone la libertad15. Este argumento genera una contradicción: la diversidad es buena dentro de un límite;
ese límite lo marca la libertad. La libertad limita la libertad para ser diversos. Se trata de una argumentación compleja y difícil de abordar. Y ello es consecuencia, como veremos en el siguiente capítulo, de que el PNUD no asume (no ve) que su posicionamiento es cultural e históricamente parcial.
3.5.2. ¿Universalismo vs...?
En cualquier caso no es necesario dedicar excesivo esfuerzo a analizar las complejidades propias de este esquema valorativo, por el simple hecho de que los informes no lo hacen. A continuación mostraremos cómo este organismo internacional zanja la posible reflexión en torno a este tema anulando cualquier posibilidad de discrepancia. Si planteamos el debate en términos de universalismo vs relativismo, el PNUD adopta un claro posicionamiento universalista: la cultura ideal es universal, propia de los humanos. Veremos a continuación cómo en los informes se criminaliza cualquier posicionamiento que pueda tener algún argumento relativista.
El PNUD es consciente de que el debate universalismo-relativismo atraviesa transversalmente sus informes. El desarrollo humano propone un esquema para conceptualizar lo humano, aplicable a todos los pueblos del mundo, independientemente de la variabilidad cultural. Por ejemplo en el informe dedicado a la relación entre los derechos humanos y el desarrollo, se afirma: “Hay tensión entre la universalidad de los derechos humanos y la especificidad cultural” (PNUD, 2000: 30). A pesar de ello, el informe aborda
14 Esquema que, recordemos, hunde sus raices intelectuales en el periodo de la Ilustración europea.
15 Esto es lo que Ernesto Laclau y Chantal Mouffe denominan “paradoja roussoniana, según la cual hay que obligar
el debate de forma excesivamente simplista, ofreciendo argumentos sensacionalistas que poco aportan para una rigurosa reflexión:
¿Niega la universalidad la diversidad cultural? ¿Están los derechos humanos contrapuestos a las creencias religiosas? ¿Son una concepción occidental que se está imponiendo para hacer avanzar los mercados mundiales? ¿Quién puede negar que todos queremos vivir libres del temor, la discriminación, el hambre y la tortura? ¿Cuándo hemos escuchado una voz libre que exija que se ponga fin a la libertad? ¿Cuándo ha defendido la esclavitud un esclavo? (PNUD, 2000: 113)16.
La cita comienza planteando de forma muy clara el debate: ¿niega lo universal la diversidad cultural? Pero acto seguido deslegitima cualquier posibilidad de réplica mediante argumentos poco sólidos: se inicia vinculando a la religión la posición contraria y se ridiculiza el debate llevándolo a la simplicidad de preguntar retóricamente si alguna vez un esclavo ha defendido la esclavitud. Parece que el PNUD asume que los argumentos de quienes discrepan son así de ridículos.
En el informe de 2004, por ejemplo, encontramos:
[Los derechos humanos] simbolizan los valores más fundamentales de las civilizaciones humanas. La Declaración Universal de Derechos Humanos es necesaria universalmente, es aplicable a Oriente tanto como a Occidente. Es compatible con cualquier fe y con cualquier religión. El no respetar nuestros derechos humanos pone en riesgo nuestra humanidad. Evitemos destruir esta verdad esencial, pues si la destruimos, los débiles no tendrán lugar alguno al cual recurrir (PNUD, 2004: 23).
Como veíamos, en el informe de 2000 se reconocía la posible existencia de una tensión teórica entre universalismo y relativismo. En la cita ahora mostrada esto ha desaparecido: lo universal es “compatible” con cualquier tipo de diversidad. Varios elementos interesantes que refuerzan el esquema que antes hemos explicitado: 1) los elementos que conforman la cultura ideal, es decir, los valores fundamentales de las civilizaciones humanas, son necesarios universalmente, es decir, no son contingentes y parciales; 2) no respetar la cultura ideal pone en riesgo nuestra humanidad; y 3) esto es una verdad esencial. Difícilmente se puede debatir en un contexto en el que una de las partes considera que su posición es una verdad esencial. Y el debate resulta aún más difícil cuando la posición discrepante se relaciona directamente con la violencia.
Sobre la base del relativismo cultural algunos gobiernos y grupos religiosos justifican la mutilación genital femenina, la lapidación de mujeres y la autoinmolación de las viudas (PNUD, 2000: 117). Los derechos culturales pueden generar diversos argumentos sobre el relativismo cultural, los cuales utilizan la cultura para defender las violaciones a los derechos humanos (PNUD, 2004: 28). Esto sería equivalente a afirmar que apoyándose en argumentos universalistas ciertos gobiernos bombardean regiones del mundo, matando civiles inocentes y contraviniendo los acuerdos internacionales, para controlar sus recursos naturales. A este nivel de simplicidad argumentativa plantea el PNUD el complejo debate teórico entre universalismo y relativismo. A pesar de ello, y mostrando una cierta incoherencia, el organismo internacional afirma que:
No es posible lograr justicia y equidad a través de la imposición de principios morales preconcebidos. La solución de los desacuerdos debe buscarse a través de negociaciones donde todas las partes tengan derecho a expresar su opinión. La ética global no significa un camino único hacia la paz, el desarrollo o la modernización. Se trata más bien de un marco en el cual las sociedades puedan encontrar respuestas pacíficas a los problemas (PNUD, 2004: 90).
16 Esta reflexión la firma Shirin Ebadi, ganadora del Premio Nóbel de la Paz de 2003. Es habitual que en cada informe el PNUD invite a diversas personalidades destacadas a realizar algún tipo de aportación en forma de reflexión. Asumimos que si aparece reflejada en el informe es porque el PNUD considera que es acorde con sus posicionamientos.
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Debemos entender que 1) no es posible alcanzar justicia y equidad basándose en verdades esenciales (principios morales preconcebidos), 2) no se debe criminalizar a ninguna de las partes por expresar su opinión y 3) una de las partes (la universalista: la ética global) es la que posibilita el debate y la paz. A pesar de que estemos acostumbrados a este tipo de afirmaciones, la cita mostrada es, a la luz del análisis que hemos realizado, difícilmente comprensible.
Concluimos así el capítulo que hemos dedicado a mostrar lo que el PNUD ve, es decir, el esquema desde el que conceptualiza su objeto de estudio. La lógica cultural del PNUD divide el mundo de forma dual: por un lado está Occidente como representante de los valores universales, de la estabilidad y de la paz; por otro lado está el Resto, anclado en la diversidad cultural, tradicional y tendente al conflicto y la violencia. En el siguiente capítulo, el cuarto, mostraremos lo que el PNUD necesariamente no ve.