4. MARCO CONCEPTUAL
4.6. El paisaje sonoro como una herramienta de análisis
El paisaje sonoro es uno de los conceptos que uso en este trabajo para hacer mi análisis, por ello en esta parte del documento describiré el origen de este concepto, señalaré cómo ha sido utilizado en distintos campos de estudio y explicaré cómo se entiende en este trabajo.
Iniciaré señalando que en las culturas actuales hay una tendencia de privilegiar lo visual frente a lo sonoro, es decir, que prestamos mucha más atención a lo que vemos pero no a lo que escuchamos. Si le pidiéramos a cualquier persona que nos enlistara todas las cosas que observa desde que se levanta hasta que se va a la cama en un día ordinario tal vez pudiera hacerlo sin mayores dificultades y con mucho detalle, pero si le pidiéramos que hiciera este mismo ejercicio partiendo de los sonidos quizás no le resultaría tan fácil.
De igual manera, cuando visitamos un lugar o contemplamos un paisaje, estamos acostumbrados a poner atención en los elementos de la naturaleza, las personas y otros objetos visuales que conforman dicho paisaje, podemos dar certeza de que existen porque podemos verlos. Por eso se vuelve tan importante llevar con nosotros una cámara fotográfica a nuestros viajes, ¿pero quién sólo
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registra los sonidos de los paisajes que contempla? Hay un predominio claro de lo visual frente a lo sonoro en la sociedad actual.
Cuando se analizan los cambios en un paisaje determinado se hacen también desde lo visual, es decir, se toman en cuenta los elementos (materiales) que han desaparecido y los elementos nuevos que se han incorporado al paisaje. Pero el registro y comparación de un paisaje sonoro en distintos momentos sirve también para analizar los cambios y las transformaciones que sufren esos paisajes, a final de cuentas, los paisajes sonoros son asimismo el reflejo de los paisajes naturales, pero en distintos planos.
Para describir el origen de este concepto me apoyaré en las aportaciones de Carles (2008) y Rezza (2009). Lo primero que es importante señalar es que el concepto de paisaje sonoro surge en el campo de la música. De acuerdo con Carles (2008) entre los años de 1960 y 1970 surgen dos valiosas contribuciones sobre el estudio del sonido desde un abordaje amplio e interdisciplinar: el primero de ellos es el concepto de “objeto sonoro” propuesto por Pierre Schaeffer, con el cual replantea los conceptos de sonido, ruido y música, al incorporar cualquier sonido como objeto musical, ya que hasta entonces sólo existían sonidos (los del campo de la música propiamente) y ruidos (todo lo demás); el segundo gran aporte es el concepto de “paisaje sonoro” acuñado por Murray Schafer a mitad de la década de los setenta con implicaciones importantes en el campo de la música, por supuesto, pero también en el ámbito pedagógico y político. “El sonido ambiental, con este enfoque, no es un mero elemento físico, como considera buena parte de los estudios de acústica ambiental, sino que pertenece a un sistema de relaciones entre el hombre y el entorno —sistema de comunicación—.” (Carles, 2008: 4).
La definición de paisaje sonoro que ofrece Schafer es la siguiente:
Denomino soundscape (paisaje sonoro) al entorno acústico, y con este término me refiero al campo sonoro total, cualquiera que sea el lugar donde nos encontremos. Es una palabra derivada de landscape (paisaje); sin embargo, y a diferencia de aquélla, no está estrictamente limitada a los lugares exteriores. El entorno que me rodea mientras escribo es un soundscape, un paisaje sonoro. (Schafer, 2006: 12)
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Es así que el paisaje sonoro se convierte en una valiosa herramienta de educación musical y ambiental. Carles amplia la explicación comentando que:
En las culturas no occidentales y especialmente en aquellas que se desarrollan próximas a la naturaleza, los sonidos ordinarios tienen un papel importante […] existen todavía algunos lugares, alejados del mundo occidental, cuyos pobladores confían más en lo que oyen que en lo que ven como medio de reconocimiento general del entorno. En etnias próximas a la naturaleza, los sonidos del medio están íntimamente relacionados con su propio lenguaje y cultura; los sonidos escuchados tienen unos significados concretos, que pueden representar una hora del día, una estación del año, ciclos de vegetación, pautas migratorias, la existencia de un lugar determinado del bosque, etc. (Op. cit.: 2)
Por su parte, sobre la composición de los paisajes sonoros, Rezza menciona lo siguiente:
Los paisajes sonoros están formados por sonidos que describen o dan sentido a un lugar, a un espacio en específico que puede ser una ciudad, una comunidad, una calle, una casa, etc. Estos sonidos a su vez se conforman o se nutren de las actividades que realizan los habitantes de dicho espacio. Estos sonidos suelen pasar desapercibidos para dichos habitantes ya que están acostumbrados a oírlos y no a escucharlos. (Rezza, 2009: 3)
Pero los paisajes sonoros también están expuestos a su degradación, transformación y desaparición, en relación con esta idea Carles afirma lo siguiente:
Las transformaciones en el medio ambiente sonoro se manifiestan en la desaparición progresiva de una cultura sonora. Así, la proliferación de máquinas en los pueblos y ciudades ha ido desplazando culturas y modos de vida tradicionales. En este sentido, los cambios profundos constatados en las últimas décadas en el paisaje sonoro a escala mundial conlleva, al igual que con otros aspectos del medio, una crisis de valores y de referencias culturales. (Op. cit.: 5)
Truax robustece este mismo punto comentando que:
[…] estos paisajes están expuestos a su desaparición y degradación. El equilibrio y la complejidad que encierran no podrán resistir la invasión de las fuerzas desestabilizadoras tan extendidas en el mundo occidental industrializado. Considerando además que estas fuerzas están cada vez más globalizadas, no podemos dar por sentada la supervivencia de los paisajes locales y autóctonos a escala humana […] (Truax, citado en Carles 2008: 6)
Tomando como base el análisis anterior, para fines de este trabajo podemos entender el concepto de paisaje sonoro como el conjunto de sonidos
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(diversidad sonora) que componen un espacio determinado, en este caso, la comunidad de Reyixtla. Esta diversidad sonora se compone por: los sonidos de las lenguas (náhuatl y español), los sonidos de la naturaleza (el viento, la lluvia, el arroyo), el canto de los animales e insectos (aunque desde la cosmovisión de algunos pueblos originarios se considera que los animales también hablan), la música, los sonidos internos de la comunidad (oficios, fiestas, molino de nixtamal, campanas) y sonidos externos (carros, máquinas).
Con la definición de cómo se entiende el concepto de paisaje sonoro para fines de este trabajo descrito en el párrafo anterior, es posible entender que la problemática del desplazamiento de los sones tradicionales también puede ser analizada desde el enfoque de los sonidos; es decir, que los sones tradicionales, la lengua y los otros elementos presentes en la comunidad son sonidos que en su conjunto integran un paisaje sonoro. Y todos ellos acaban participando en la creación de una sintonía característica de la comunidad.
Es así que las expresiones musicales y el paisaje sonoro pueden retroalimentarse mutuamente por el vínculo que existe entre ambas. Carles lo describe de manera más puntual comentando lo siguiente:
Actualmente, a pesar de que en nuestra cultura se tiende a considerar la música como un producto casi exclusivo del poder de abstracción de la mente, el hecho de hacer música también está ligado a la influencia del medio sonoro en que se mueve el compositor. La influencia entre el músico y el medio debe ser recíproca: en efecto, aparte de que el medio ejerce una influencia sobre el compositor, el músico actualmente puede, a su vez, ejercer una influencia sobre el medio ambiente sonoro gracias a una adecuada implicación social. (Op. cit.: 5)
El paisaje sonoro, por lo tanto, es el resultado de todas las relaciones que las personas mantienen con la naturaleza, es decir, es a través de la interacción hombre-naturaleza que se crea y modifica el paisaje sonoro, y este a su vez describe el lugar en el que se vive. El paisaje sonoro, dicho de otro modo, es también el reflejo del patrimonio biocultural de los pueblos originarios. Truax, como elemento identitario, lo plantea de la siguiente manera:
[...] la idea de que el sonido de una localidad particular (sus tónicas, señales sonoras y marcas sonoras) -al igual que la arquitectura local, sus costumbres y
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vestimenta- puede expresar la identidad de una comunidad, al punto de que los pueblos pueden reconocerse y distinguirse por sus paisajes sonoros…” (Truax, citado en Rezza 2009: 3).
El concepto de paisaje sonoro se ha empleado sobre todo en estudios orientados al campo de la música y en las áreas urbanas, pero en menor medida en trabajos que involucran las expresiones musicales locales que poseen los pueblos originarios. Por ello considero importante en este trabajo intencionar una parte del análisis desde este enfoque.
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5. CONTEXTUALIZACIÓN CULTURAL Y SONORA DEL ÁREA DE ESTUDIO