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El papel de Italia en la competencia global

In document GLOBALIZACION Y MERCADO DE TRABAJO (página 58-63)

INTERNACIONALES A TRAVÉS DE UN ANÁLISIS DE LA COMPETENCIA GLOBAL

THE NEW INTERNATIONAL EQUILIBRIUMS IN CAPITALISM THROUGH AN ANALYSIS OF GLOBAL COMPETENCE

5. El papel de Italia en la competencia global

Se está completando también en Italia una fase de reestructuración y redefi- nición del modelo capitalista que había caracterizado el período de la recons- trucción post-bélica y del desarrollismo industrial típico de los años 60 y 70. No se trata solamente del tránsito de la era taylorista a las formas de liberalismo post-

fordista, sino también de cambios en las dinámicas evolutivas del desarrollo y de

la subjetividad socio-económica.

En Italia, como en el resto de los países con capitalismo maduro, no existe un simple proceso de desindustrialización, de una de las tantas crisis del capita- lismo, sino de una radical transformación que afecta a toda la sociedad, que crea nuevas necesidades sin poder satisfacerlas, del sometimiento de la vida a diversos y diferentes comportamientos sociales impuestos coercitivamente por la cultura empresarial. Se sobrepasan los modos de la sociedad industrial basada sobre la centralidad de la fábrica en un contexto de crecimiento cuantitativo, sin calidad del desarrollo en las áreas centrales y de miseria absoluta sin mediaciones en las áreas del Sur y más periféricas.

Esto explica todavía mejor los detalles más cualitativos, además de cuanti- tativos, de las reestructuraciones del capital y su redefinición social, una redefi- nición que asume cada vez más un papel fundamental en la comprensión del conflicto de clases que tendrá que tomar nuevas formas.

La evolución del cuadro económico internacional repercute, necesariamen- te, en la economía italiana. En el año 2001 es evidente una desaceleración de la actividad productiva, el crecimiento del PIB se desacelera, pasando al 1,8% frente al 2,9% del año 2000. La evolución seguida en años posteriores no ha sido mucho mejor. Esta desaceleración fue provocada por un debilitamiento muy rápido de la demanda total, que se ha resentido del cambio de las condicio- nes de la economía internacional. En efecto, el único componente que contribu- yo a sostener el crecimiento de la demanda total, aunque de manera modesta, fue la demanda interna inducida.

En el año 2002, comienza a notarse una pequeña recuperación de las inver- siones, consecuencia sobre todo de una evolución positiva del sector de la cons- trucción y de las infraestructuras. Sin embargo, el consumo tuvo un comporta- miento muy desfavorable, que se asemejaba a lo ocurrido en 1993, cuando el crecimiento del consumo llego a ser negativo en pleno período de devaluación y de salida de la lira del SME. En este contexto, resulta casi increíble que el go- bierno italiano haya pretendido reforzar la dotación de infraestructuras del país, al tiempo que se diseñaban políticas fiscales dirigidas a reducir los impuestos (en particular aquellos que gravan a las empresas), defendiendo esta ecuación como impulsora del desarrollo. Esta incredulidad surge del hecho de que precisamen- te, en este momento, la hacienda publica italiana se encontraba en una fase muy

crítica, con una deuda pública en continuo aumento, en un contexto de reduc- ción de ingresos públicos, y donde las únicas vías de saneamiento de las finanzas públicas parecían venir de la mano de las privatizaciones. El gobierno no se planteó, en ningún momento, la posibilidad de relanzar el crecimiento del PIB mediante intervenciones públicas dirigidas a reforzar la estructura productiva italiana, contribuyendo así a relanzar también la ocupación. Esta habría sido una estrategia mucho más razonable. Tomemos como referencia lo ocurrido en el grupo FIAT. Este grupo, que por sí solo tiene un peso cercano al 0,5% del PIB italiano, vió como sus ventas experimentaban la caída más fuerte de todo el mercado europeo, estamos hablando de un grupo que, en los primeros años 90, era el segundo más importante de su sector en Europa, con una cuota de merca- do del 15%. Si se piensa, en las dificultades experimentadas por el grupo FIAT, parece claro que una política económica dirigida a relanzar las inversiones y la ocupación era mucho más necesaria que las estrategias dirigidas a las disminu- ciones de impuestos.

Las exportaciones de bienes y servicios sostuvieron de manera muy marginal el aumento de la demanda, lo que parece, de nuevo, confirmar que Italia pierde grandes cuotas de mercado y deja el paso a competidores más aguerridos. Entre 1995 y el año 2001, el PIB italiano solo aumentó a una media anual del 1,9%. En la base de este débil crecimiento de nuestra economía se encuentra la pérdida de competitividad tanto en el mercado internacional como en el interno. El volu- men de las exportaciones italianas aumentó entre 1995 y el año 2001 del orden de un 25%. En el mismo período, el desarrollo del comercio mundial fue del 45%. La cuota porcentual de productos italianos en el comercio mundial, valora- da a precios constantes, disminuyó entre 1995 y el año 2001 del 4,6 al 3,7%.

La contribución de las actividades económicas al incremento anual del PIB fue más bien diferenciada: positiva y elevada en los servicios y de la construc- ción, casi nula en la industria. La distribución sectorial de la actividad económi- ca resulta cada vez más clara. Los servicios abandonan su carácter residual-asis- tencial y se convierten, a través de los procesos de flexibilidad y precariedad impuestos por la nueva fase capitalista, en un elemento clave del mantenimiento y de la aceleración del crecimiento cuantitativo, un factor de arrastre de un mo- delo capitalista cada vez más distante de la centralización industrial de la fábrica. Un sector servicios, implícito y explícito, capaz de responder en términos cuan- titativos, pero sobre todo cualitativos, a las continuas transformaciones y evolu- ciones de la demanda, promoviendo e introduciendo, al mismo tiempo, proce- sos innovadores para los factores de la oferta, imponiendo una adaptación laboral activa al nuevo ciclo capitalista basado en la acumulación flexible.

Es obvio que, todo esto, condicionó el comportamiento del consumo de las familias que en el año 2001 sólo llegaba a ser el 1,1%, frente al 2,7% del año precedente; las inversiones fijas (brutas) también se resintieron, tras un fuerte aumento en el año 2000 (+6,5%), en el 2001 registraban una variación positiva,

aunque mucho más modesta, igual al 2,4%. Su notable desaceleración fue debi- da, en gran parte, al componente «maquinas e instrumentos», que, en el año 2001, detuvo sustancialmente su crecimiento. Las inversiones en construcción, por el contrario, mostraron una evolución más positiva (3,7%)9, como conse-

cuencia de las grandes obras públicas realizadas.

El modelo del capitalismo italiano asume como recurso principal todavía, y sobre todo, las nuevas formas del distrito industrial, y se caracteriza por las espe- cializaciones de las estructuras y de la fuerza de trabajo en el interior de sus redes de empresas, unas redes en continua transformación, con multilocalizaciones de las actividades y con estructuras dinámicas y continuamente mutables. Al mismo tiempo, se recurre de manera constante a la flexibilidad salarial, a la intensifica- ción de los ritmos, a la elevada división del trabajo que empuja a la precariedad y a la difusión de la negación de los derechos sindicales. Se va profundizando así el surco entre un país rico y sectores cada vez más amplios de la población en si- tuación de exclusión y precariedad, cercanas al limite de la pobreza; masas socia- les a menudo convertidas en masas marginadas y pobres y en el límite de llegar a ser consideradas como los «nuevos miserables» en la sociedad de la opulencia.

Se llega así a la determinación de nuevas subjetividades locales del trabajo y al trabajo negado, frecuentemente al margen del sistema productivo oficial, que desenvuelve actividades con bajo salario, trabajo negro, trabajadores que, con tal de tener garantizado un mínimo de renta, se ven obligados a aceptar condiciones cualitativas de trabajo típicas del inicio del siglo. Se producen, además, dinámicas de economía marginal, como, por ejemplo, las relaciones que todas las estructu- ras de la economía establecen con la realidad productiva del Sur. Relaciones que cambian con el tiempo pero que continúan configurando relaciones funcionales de subdesarrollo, contribuyendo a la reproducción y la expansión de la estructu- ra central de la economía italiana.

Es, en este contexto, donde deben ser analizados e interpretados los procesos de transformación. Así, es posible entender, por ejemplo, como la industria tra- dicional (producción estandarizada) es utilizada en las áreas periféricas con bajo costo del trabajo y baja conflictividad, aumentando los niveles de precariedad social; mientras que la industria innovadora (producciones creativas) se mantie- ne en las áreas centrales con un mercado de trabajo altamente especializado lle- gando a determinar una clase de «aristocracia asalariada» y convirtiendo en mar- ginales y marginados a los otros sujetos económicos del trabajo: los empleados públicos, los artesanos, los pequeños comerciantes, los trabajadores precarios, los subocupados, la cada vez más densa masa de desocupación abierta o mas o me- nos encubierta, y, así, hasta alcanzar las áreas cada vez más grandes del trabajo negado, de expulsión y completa marginación productiva y social.

Esta situación ha llevado a la creación de una nueva forma de trabajo alter- nativo, llamado también «trabajo atípico o informal». Este término comprende el llamado trabajo sumergido, secundario, ilegal, negro, gris, intermitente, ocul- to, temporal que se realiza dentro y fuera del mercado oficial, mal remunerado, sin las reglas de los contratos nacionales, sin amparo de procedimientos legales y reglamentarios. La ausencia de protecciones legislativas y sindicales hace que es- tos no lluegen a ejercitar sus labores con las suficientes garantías y se encuen- tren, por consiguiente, trabajando en condiciones laborales inaceptables.

La flexibilidad es el nuevo paradigma para conseguir los diversos objetivos del moderno proyecto de la sociedad capitalista: el primero, entre todos, un ata- que deliberado a los derechos adquiridos de los trabajadores (a los horarios de trabajo, a las condiciones y a los niveles de renta). A través de la flexibilidad se consigue la fragmentación de la clase trabajadora y, en consecuencia, de su posi- bilidad de asociación (es claro que si en una empresa los trabajadores cambian continuamente por estar sujetos a los principios de flexibilidad es mucho más difícil que se organicen).

La competitividad de nuestra industria se ha resentido también de la frag- mentación de la actividad en un número elevadísimo de pequeñas empresas. Di- mensiones empresariales reducidas otorgan mayor flexibilidad al sistema, pero también hacen más difícil el desarrollo de productos y técnicas innovadoras, li- mitan la eficiencia y se concentran especialmente en la introducción de conti- nuos procesos de flexibilidad y precariedad laboral.

Cuadro 1

Los trabajadores ocupados según la dimensión de las empresas en Europa (en porcentajes sobre el empleo total)

Fuente: Elaboración Banco de Italia sobre datos Eurostat.

El 95% de las empresas italianas tiene menos de 10 empleados. La contribu- ción de las pequeñas empresas al desarrollo de nuestra economía ha sido deter- minante, pero la fragmentación se ha convertido, en la actualidad, en un ele- mento que puede incidir negativamente sobre la capacidad de crecimiento. El descentramiento productivo, la deslocalización, los procesos de externalización puestos en marcha por las pequeñas empresas, y también por las grandes empre- sas, aumentan cada vez más el número de empresas en las que las condiciones de

Francia Alemania Italia G. Bretaña España

Más de 500 33,68 33,37 17,65 33,75 20,05

Entre 100 y 500 16,25 17,46 9,88 17,18 14,56

trabajo escapan a una reglamentación, donde la relación con el trabajador es cada vez más individual y privada de garantías. A este proceso se le añade, la ex- tensión de denominado «fenómeno de miniaturización», hasta alcanzar la forma de empresa individual con la consiguiente ampliación del colectivo de autóno- mos de ultima generación, constituido de manera creciente por trabajadores ex- pulsados de la empresa matriz, obligados a un trabajo precario no reglamentado, y generando aún más subordinación a que la que tenían anteriormente.

Por lo tanto, se puede sostener que en Italia existen y coexisten distintas es- tructuras económicas, estructuras económico-productivas no homogéneas a las que corresponden subjetividades diversas, y tendencias a formas degenerativas de un proceso que ha asumido a veces características y resultados no esperados, que pueden llegar a convertirse en elementos de fuerte conflictividad social. No se trata, por consiguiente, de un simple proceso de desindustrialización sino de una auténtica transformación capitalista que crea nuevos sujetos del trabajo, del no trabajo y del trabajo negado; que impulsa el nacimiento de nuevas activida- des, en su gran mayoría de carácter terciario y precario, y que genera, al mismo tiempo, nuevos mecanismos de organización de la sociedad y de acumulación del capital en la, así llamada, era de la globalización, o mejor de la competencia global. En el amplio marco de estas tendencias es donde pueden comprenderse realmente los datos macroeconómicos aquí presentados.

En efecto, a pesar de la desaceleración de la actividad productiva experi- mentada por la economía italiana, el empleo ha seguido aumentando. Sin em- bargo, una correcta lectura de este dato debe tener en cuenta la precariedad la- boral generada y el incremento del los empleos temporales. Ambos factores están condicionados por las características intrínsecas del nuevo sistema econó- mico: un sistema que produce cuotas cada vez más elevadas de riqueza con cuotas cada vez más bajas de trabajo; donde los procesos de informatización producen un gran ahorro de fuerza trabajo, facilitando la disminución del nú- mero de trabajadores fijos de una empresa. El desempleo, la flexibilidad y la precariedad de los salarios y de las condiciones laborales se convierten así en fe- nómenos estructurales.

De los resultados de las diversas fases del análisis-investigación que hemos realizado, emerge un terciario que, cada vez más, se interrelaciona y se integra con las otras actividades productivas, especialmente con aquellas industriales con un papel estratégico en la producción. Se determina un nuevo modelo pro- ductivo y localizativo, que, en otros trabajos, hemos ya definido como tejido de

multinivel de irradiación terciaria, con centralidad informacional. Modelo que

se asocia al paradigma de flexibilización de la vida impuesto por una empresa di- fundida socialmente en el territorio. Se trata de un sector terciario donde la cen- tralidad comunicativa viene acompañada de deslocalizaciones, de procesos de ter-

ciarizaciòn y externalización del ciclo productivo y de un modelo de flexibilidad

Una terciarización del modelo socio-económico que evidencia, también, fal- sos procesos de crecimiento empresarial que, con frecuencia, esconden aumen- tos del desempleo, la externalización de empleados, sobre todo de servicios, ad- judicados a ex dependientes despedidos y obligados, para obtener un ingreso, a «independizarse», con falsas promesas de conseguir trabajos de la empresa ma- triz, para después cerrar sin tardar su aventura como «nuevos empresarios». Nos encontramos en presencia de un alto turn over de la mano de obra con conti- nuas creaciones y destrucciones de trabajo; un crecimiento constante y continuo de los trabajos a tiempo parcial, y una fuerte presencia de trabajos intelectuales y técnico-profesionales frecuentemente precarios al igual que los manuales y repe- titivos. La crisis esta llevando a la desaparición del trabajo reglamentado y por tiempo indefinido, pero no a la desaparición del trabajo asalariado y subordina- do. Un trabajo cada vez más flexible y atípico y, a menudo, extraído a través de procesos de deslocalizaciones internacionales a la búsqueda de formas de trabajo con escaso contenido de derechos y bajísimos salarios.

La contracción del costo del trabajo y la flexibilidad del trabajo no logran, sin embargo, relanzar las inversiones. La esperada consolidación de la recupera- ción de la economía italiana e internacional es esperada sólo en función del ca- rácter global que va asumiendo, en sus diferentes formas, según los países, el contexto de economía de guerra y dentro de un cuadro keynesiano de tipo mili- tar. Es sólo, en este nuevo marco, donde se puede pensar en una recuperación del crecimiento del PIB y de la demanda interna. La caída de la competitividad de todo el sistema económico es debida, en su mayoría, a los resultados de las empresas más grandes, en las que se notan ya las dificultades asociadas a la difu- sión de los adelantos tecnológicos, al estimulo de la investigación, a la forma- ción de capacidades administrativas.

Los problemas para recuperar el crecimiento económico de la economía ita- liana están estrechamente relacionadas con un contexto de sostenimiento de la demanda global a través de políticas económicas de corte keynesiano militar en el contexto de «guerra infinita» que no hace otra cosa que demostrar la posibili- dad de crecimiento económico y de continuación de los procesos de acumula- ción a través de un contexto de economía de guerra acompañado de una com- presión general del costo del trabajo y del gasto social.

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