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4.1.5 “Poblaciones conceptuales” y a priori filosóficos: unidades de análisis alternativas en el debate sobre racionalidad científica e historia

6.2. Las características principales del paradigma bergsoniano de la cognición

6.2.4 El papel integrador del paradigma bergsoniano

Si bien las obras de Bergson presentan un conjunto de elementos paradigmáticos que establecen un marco potencial para el desarrollo de investigaciones sobre la cognición, lo innovador de este marco no consiste en los elementos que lo conforman, sino en el modo en que estos elementos se integran en una visión coherente del estudio de la cognición. En cierto sentido, el paradigma bersgoniano de la cognición consiste en la aglutinación de elementos teóricos y metodológicos

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que, como he mostrado, ya estaban disponibles antes de la emergencia de la filosofía bergsoniana, pero sin constituir un una visión unitaria.

Bergson combina la defensa del papel crucial de un determinado tipo de sentido interno (la intuición bergsoniana de la 'verdadera temporalidad' o durée) con una perspectiva eminentemente genética y evolutiva (aunque no propiamente histórica) sobre el desarrollo del conocimiento. Por otra parte, se podría decir que en cierto sentido coincide con los filósofos de la ciencia de tendencia contraria a Boutroux (tanto los de la tradición anglófona como los de la francesa; hay que tener presente la existencia de hiperpositivistas como Taine y de defensores de la psicofísica en la psicología francesa) en la medida en que alinea claramente la ciencia propiamente dicha con la inteligencia, entendida ésta como orientada a la praxis y opuesta a la intuición pura. En buena medida, la recepción inicial de Bergson por parte de filósofos y matemáticos como Le Roy y como Milhaud debe entenderse por relación al hecho de que, en su contexto original, el gesto de Bergson respecto la ciencia y la intuición es integrador: Aunque negando la reductibilidad del conocimiento y de la experiencia humana a la esfera de la explicación científica, defiende la cooperación entre análisis fenomenológico, trabajo conceptual y datos científicos.

Cuando se sitúa históricamente el conflicto entre el análisis lógico de Moore y Russell y el intuicionismo de Bergson, se hace patente que si bien la perspectiva bergsoniana tiene un lugar para el análisis lógico en su esquema, ya que busca un complejo equilibrio entre los diferentes clivajes filosóficos relevantes, la filosofía de los primeros analíticos se sitúa de lleno en uno de los extremos, favoreciendo un tipo de deflacionismo ontológico que reduce toda fenomenología (interna y externa) a lo que es tratable por ciertos lenguajes formales.

Es por este motivo que la filosofía de Bergson, sin ser principal o exclusivamente una filosofía de la ciencia, se convierte a lo largo del siglo XX en un estructurador importante de las posiciones en filosofía de la ciencia y de las posiciones de la filosofía sobre la ciencia . La filosofía bergsoniana contradice directamente dos mandatos que devendrá norma en el escenario académico e intelectual global a lo largo de las primeras décadas del siglo XX: por un lado, contradice la prohibición de combinar la introspección fenomenológica con la observación empírica externa, prohibición que será efectiva con la escisión entre

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una psicología dominada por el conductismo y una fenomenología filosófica "pura"; por la otra, contradice la norma según la cual la reflexión filosófica debe mantenerse externa del dominio de la ciencia. En los años posteriores a su entusiasta primera recepción, la obra de Bergson se convertirá progresivamente en un emblema del irracionalismo y del misticismo para el positivismo lógico; en un ejemplo de filosofía confundida y "impura" para las corrientes fenomenológicas europeas; y en un caso claro de intrusismo y hybris filosófica para la una parte de la comunidad científica, esto último debido en parte a su argumentos contra la evolución darwiniana en

L’evolution y contra la relatividad de Einstein (Bergson, 1922/2009b). Al mismo

tiempo, Bergson se convierte en una figura útil para identificar los discursos propios de la tradición francesa en filosofía de la ciencia, en la medida en la que, a pesar de su postura de compromiso en algunos de estos respectos, su filosofía ejemplifica tres cuestiones clásicas (la pregunta sobre los papeles relativos de la intuición inmediata y la evidencia externa en el conocimiento, la pregunta sobre la reducibilidad de la epistemología / filosofía de la ciencia a alguna forma de psicología, y la cuestión del aspecto evolutivo o histórico del conocimiento), que serán tratadas de modo casi exclusivo por la tradición francesa durante una parte importante del siglo XX.

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7. Entre el paradigma bergsoniano y el

enactivismo: el conductismo y el cognitivismo.

Si en el capítulo anterior he presentado una propuesta de articulación conjunta de los conceptos de paradigma y tradición de investigación (apartado 6.2) para tras ello esbozar un retrato de lo que llamo el paradigma bergsoniano de la cognición, dando cuenta del contexto de su surgimiento y de sus características principales en tanto que paradigma, el objetivo del presente capítulo es doble. Primero, me propongo explicar cómo el incipiente paradigma bergsoniano fue desplazado con la llegada de una tradición de investigación que rechaza muchos de sus elementos paradigmáticos, el conductismo, y analizar los cambios de tendencia subyacentes a este desplazamiento. Tras ello, quiero mostrar de qué modo la entrada en crisis consiguiente de la tradición conductista y la aparición de una nueva tradición de investigación, el cognitivismo, actúan en cierto modo como un “puente” entre el el conductismo y el enactivismo, reconfigurado el escenario del estudio de la mente y abriendo la puerta a un retorno de muchas de las características del paradigma bergsoniano.

Para ello, en primer lugar voy a comentar algunas características de la tradición de investigación iniciada por Wundt en la psicología experimental, ya mencionada brevemente en el capítulo anterior, y a explorar el modo en el que la acumulación de problemas empíricos y conceptuales no resueltos en el seno de esta tradición llevaron al nacimiento de la tradición conductista.

En segundo lugar, me centraré en analizar las relaciones entre la tradición conductista y el paradigma bergsoniano, mostrando el contraste entre los elementos ejemplares de éste y las soluciones ontológicas y metodológicas propuestas por aquella. Mi argumento principal aquí es que el apogeo del conductismo coincide con la extensión generalizada de una doble heurística negativa en el campo del estudio científico de la mente según la cual deben dejarse fuera de éste, por un lado, todos aquellos fenómenos el acceso a los cuales requiera emplear la introspección o datos de primera persona, y por el otro, todos aquellos que no admitan ser modelados mediante la lógica simbólica.

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En tercer lugar, analizaré la crisis del conductismo en los años 50 y 60 del siglo XX y la entrada en juego de una nueva tradición, el cognitivismo, poniendo en relación este cambio con la evolución de las mencionadas heurísticas negativas. Mi intención es mostrar como la transición de un escenario de dominio de la tradición conductista a uno de dominio de la tradición cognitivista deja sin efecto algunas de las prohibiciones que llevaron al abandono del paradigma bergsoniano, y en este sentido abre la puerta a un retorno a muchos de sus elementos paradigmáticos. Esto servirá de enlace con el próximo capítulo, en el que trataré de mostrar en qué medida tiene sentido interpretar la aparición de las propuestas enactivistas como un retorno, si más no parcial, al paradigma bergsoniano.

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