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1.2.5.1 El conflicto armado en el Chocó

Grafica 6. Distribución de mujeres desplazadas que han llegado a la ciudad de Cali: 1999-

III. “El pensado era quedarnos, pero no se pudo”

Después de estar dos años con su familia en el municipio de El Charco, Esnelda vuelve a recurrir al recurso de la movilidad como una forma de darle solución a su situación económica

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y de seguridad en la región. Fue así como a principios del año 2009 viaja hacia la ciudad de Cali en compañía de sus cuatro hijas:

“A los días de estar en El Charco nos buscamos una casa y nos quedamos allí y pagábamos arriendo. Trabajaba en casa de familia y en un restaurante. En un primer momento pensamos quedarnos en el pueblo, para no coger para otro lado, pero después la cosa empezó a ponerse difícil, ya sentíamos la inseguridad, empezamos a ver que la cosa no estaba bien, mirábamos

que ya no había plata para todos. El pensado era quedarnos pero no se pudo, no pudimos hacer la

vida allá. […]Entonces nos pusimos de acuerdo, quedamos que yo me venía para Cali con las niñas pero él [su marido] se quedaba allá; yo le dije que si él se organizaba yo regresaba. Entonces él dijo que se quedaba allí mismo”.

Recapitulando…El relato de Esnelda, revela un tipo de mujer que no se adapta a un modelo cultural propio de su lugar se origen, el cual le asigna valor en la medida en que se hace madre y esposa a temprana edad, es un tipo de experiencia que con respecto a los anteriores relatos demuestra una individualidad mucho más formada y fuerte desde antes de la huida a la ciudad. Es una experiencia que no se adapta al modelo cultural como pasa con Yamileth, la diferencia es que el camino que que elige para hacerlo no es por la vía de la ilegalidad sino el desplazamiento. Es precisamente en este proceso de formación como individuo que rompe con este ideal cultural, y a la vez ve con ilusión vincularse en el mundo laboral y educativo como una forma de inserción en la ciudad. Es en ese proceso de inserción en la ciudad que utiliza diferentes estrategias: buscar trabajo, buscar pareja, buscar una vivienda, cambiar de lugar en los momentos en que se enfrenta al empeoramiento de sus condiciones de vida; estrategias que dan cuenta de cierto grado de maniobrabilidad. Maniobrabilidad que no solo se da en medio del cálculo y las ilusiones, sino también bajo ciertas condiciones de sostenimiento a través de redes interétnicas y familiares, que aunque se descubren como conflictivas pueden, de manera inicial, ser fuente de abrigo ante la incertidumbre de llegar y pretender permanecer en la ciudad.

Es así como Esnelda, en medio de sueños e ilusiones (por conocer la ciudad, por sentirse independiente, por obtener los medios para su subsistencia), renuncia al modelo “tradicional” y se lanza a explorar un mundo distinto a su pueblo natal. Carente de recursos económicos, y con bajos niveles de escolaridad llega a la ciudad de Cali, entrando a formar parte del enjambre de migrantes rurales que luchan por un espacio en el paisaje urbano. Espacio social que se caracteriza por imponer sus límites y barreras, lo que deja desprotegidas a aquellas fracciones, que como Esnelda, tienen menor capacidad de defenderse dada su escasez de capital social y simbólico. En este sentido podemos señalar que es en los entornos urbanos que las posibilidades de movilidad social ascendente para estas poblaciones

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afrocolombianas, se ven restringidas por el trato discriminatorio del que son objeto en el medio laboral “pues aunque no se registran diferencias significativas en el nivel educativo y de cualificación entre los afrocolombianos y los blanco-mestizos, los primeros encuentran condiciones desventajosas en cuanto a sus posiciones ocupacionales, niveles salariales y posibilidades de promoción en el empleo” (Urrea, et.al., 2009:154-155).

Como si fuera un destino ya trazado para las mujeres negras de la costa pacífica nariñense (Posso, 2008), ingresa al servicio doméstico; un empleo que forma parte de los sectores menos cualificados en la estructura del empleo y que se caracteriza por tener: facilidad de entrada, salarios bajos, inestabilidad, y escasas perspectivas de ascenso social. Estas características hacen que se trate de poblaciones que viven el límite entre la integración y la exclusión social (Montero, 1998).

Por esta vía Esnelda va quedando atrapada en un empleo que no le deja otra posibilidad que vivir bajo los medios mínimos de subsistencia, con nulas posibilidades de poder transformar esta realidad. Con todo y que logra obtener una vivienda propia, vía reubicación, esto no le significa una mejoría en sus condiciones de vida, por el contrario parece que lo que empieza a hacerse más estable con el tiempo es la informalidad en el trabajo y la precariedad en la condiciones de vida. Este es el primer punto en el que la propia experiencia social marca, limita y condiciona la visión de una posible vida en la ciudad.

Lanzada entonces al “vacío” Esnelda inicia el periplo migratorio entre la ciudad y el campo (costa Pacífica nariñense y la ciudad de Cali), movimiento de “ida y vuelta” que recuerda a las formas tradicionales de desplazamiento de la gente negra del Pacífico (Martínez, 2003: 153), modelo cultural de movilidad que va a privilegiar los iniciales procesos de individuación. Así, el relato de Esnelda es representativo del proceso inicial de individuación en tanto encarna la figura del individuo como “renunciante”, “del individuo que revela una ruptura o transformación, el que entraña una modificación en la posición social. En palabras de Dumont (1987:36-47): “el renunciante deja el mundo tras él para consagrarse en su propia liberación”.

Así, el relato de Esnelda habla de una serie de rupturas en el curso de su vida, rupturas asociadas al hecho del salir de su hogar a temprana edad, y buscar en el mundo urbano el camino de la independencia y autonomía.

En esta línea de desplazamientos continuos podemos ubicar el siguiente relato, Tania, una mujer que ya no desde el Litoral Pacífico, sino desde el punto de llegada para muchos

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migrantes, la ciudad de Cali, emprende el viaje de “ida y vuelta” en búsqueda de mejores oportunidades. Aunque con orígenes sociales distintos y con historias personales y familiares diferentes el siguiente relato nos permitirá identificar que el desplazamiento no es un movimiento que se ejerce en una sola dirección rural- urbano, sino que también se expresa en una dirección opuesta, urbano-rural, y es en este rasgo de la movilidad que va a interactuar con el desplazamiento forzado.

3.1.4. Relato 4. Tania: “Ya teníamos las cositas que meter en una casa. Lo único que

faltaba era la estufa”