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El perfil del intérprete en situaciones de conflicto

2. HIPÓTESIS, OBJETIVOS Y METODOLOGÍA

4.7 Aplicación de los conceptos de Baker al trabajo

5.1.3 El perfil del intérprete en situaciones de conflicto

Cuando se le pregunta qué cualidades considera primordiales para un intérprete en conflicto, Marija se lo piensa un poco. Responde que es importante, aparte de un conocimiento amplísimo de las lenguas de trabajo, un buen conocimiento de mediación intercultural, de comunicación intercultural y de habilidades de resolución de conflicto puesto que los intérpretes son las piezas clave en la resolución de conflictos y el entendimiento entre las partes. Marija afirma que un buen intérprete en situaciones de conflicto debe ser una persona empática, que, a pesar de ser neutral ante el conflicto que está interpretando, debe comprender la naturaleza del drama que sus interlocutores le relatan y saber transmitirlo de una forma digna y fiel, para que quede constancia de ello. Afirma que también sería positivo una formación en los procesos de paz y en la superación de los estereotipos y los prejuicios, aunque, para ella, lo más importante

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es la voluntad de ayudar y de contribuir a mejorar una situación determinada. Marija destaca sobre todo la motivación personal que le llevó a convertirse en intérprete, más que el gusto por la interpretación o las lenguas, como podría ser la motivación de un intérprete de conferencias o un traductor literario. La interpretación en situaciones de conflicto, es para ella, algo vocacional. “Cuando la comunidad internacional tomó el control de la region, estaba tan involucrada con tanta gente, con tantas historias, me sentía tan cerca de todas esas personas, que continué trabajando para ACNUR. Trabajé un año más después del conflicto en Pristina, la capital de Kosovo. Me mudé de Skopje a Kosovo porque necesitaban a alguien que hablara serbio y pudiera trabajar con las minorías étnicas en Pristina, pues hay una pequeña comunidad serbia en Kosovo. Creo que me lo pidieron porque me consideraban como alguien más bien neutral y no una parte implicada”. Incluso allí, su posición no era la de intérprete. Al principio interpretaba para los funcionarios, pero después, tras un poco de formación, empezó a realizar las entrevistas por ella misma, de forma independiente. Pero también interpretaba para otras agencias internacionales como Médicos sin Fronteras, que ofrecían ayuda humanitaria en la zona.

También me cuenta que muchos de los intérpretes que trabajaban codo con codo con ella en Kosovo no eran intérpretes profesionales. Todorova tampoco había recibido una educación formal en interpretación pero “al menos tenía un conocimiento de la traducción y de sus bases teóricas” (en sus propias palabras). Sin embargo, sus compañeros eran simplemente bilingües. Su educación se había basado en otros campos: eran médicos, ingenieros, etc. Pero Marija considera que los que eran más capaces de entender la comunicación intercultural y sus características, y no solamente que tuvieran un conocimiento más amplio de los idiomas, eran los que se quedaron más tiempo en la zona trabajando y eran mejores en su trabajo. Los que habían sido contratados únicamente por sus conocimientos lingüísticos fueron dejando el trabajo poco a poco. “Los que eran conscientes de que estaba allí para ayudar eran los que lo hacían mejor”.

Describe su trabajo en la frontera como el más estresante que ha tenido jamás, ya que se escuchaban los bombardeos a lo lejos, la gente no paraba de llegar y su tarea no tenía horarios. En ocasiones, quedaban bloqueados en la frontera durante días en un campamento móvil que ACNUR había instalado y los trabajadores tenían que pasar allí los días junto con los refugiados. De hecho, cuando trabajaba en esa zona, no se atrevía a hablar ni en macedonio ni en serbio, sino que para su propia seguridad hablaba inglés todo el tiempo. En ocasiones, un colega de trabajo que hablaba albanés la acompañaba allá a donde fuera por razones de seguridad.

Le pregunto si recibió algún tipo de formación por parte de ACNUR, puesto que los intérpretes de conferencia, por ejemplo, pueden preparar sus conferencias con antelación si conocen el tema del que se hablará. En el caso de Marija, dice que ACNUR impartía unos talleres un par de días antes de empezar a trabajar en los que se explicaba quién era ACNUR, cuál era su

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papel con los refugiados. Por otro lado, pregunto a Marija si considera que los intérpretes en situaciones de conflicto deberían recibir una formación especial, puesto que no es igual el trabajo que desempeña un intérprete en un congreso internacional que el trabajo en el terreno. Marija dice que la primera respuesta que le viene a la cabeza es evidentemente que sí, que una buena preparación sería una baza muy positiva para un trabajo tan difícil como es el de los intérpretes en conflictos. Pero también me dice, que, vista su experiencia como intérprete y como investigadora en este campo (actualmente trabaja en la Universidad Bautista de Hong Kong como investigadora asociada en el ámbito de la interpretación de conflictos bélicos), hay algo más profundo en la interpretación de conflictos que no puede resolverse únicamente con la preparación adecuada: “No todo el mundo puede ser intérprete en situaciones de conflicto. Incluso los mejores intérpretes no siempre son buenos en este tipo de situaciones. En primer lugar tiene que ser un tema de personalidad: tu propia motivación es lo que te guía. Y después, claro está, la formación te ayudará a ser major en tu trabajo”.