VI. LA DIVISIÓN DEL PRT-ERP Y UN PASAJE A NICARAGUA
VI.3. El poder de fuego y la estrategia “continental”
¿Hacia 1979 era el PRT-ERP una organización capaz de ensayar un retorno exitoso a la Argentina? ¿Constituía un peligro real para los planes de la dictadura argentina? ¿Cuál era el verdadero poder de fuego de esta organización político-militar?
Este resultó ser un punto algo urticante ya que al formularse esta pregunta sobrevinieron algunas discrepancias entre los entrevistados que hasta el momento venían teniendo un discurso homogéneo. Por ejemplo, De Santis enfatizó que la cuestión fundamental para lucha revolucionaria es la decisión: “Nunca basamos nuestras decisiones político- militares de acuerdo a la cantidad de armas que teníamos.” Para De Santis las armas eran una “circunstancia”, las podían conseguir sacándoselas al enemigo o comprándolas en el mercado negro. En cambio, Jorge “El Colo” Marcos reconoce que para esas épocas se trataba de un grupo muy reducido de alrededor de 15 militantes con experiencia militar: “No eran compañeros del frente de masas, eran combatientes. Participaron en Colombia, Guatemala y participaron el ejecución de Bravo y Somoza”. Finalmente, Ana
María Sívori brinda un panorama mucho menos alentador: “el poder de fuego cuando volvimos era nulo. Teníamos que empezar a desarrollarlo”. Sívori aclara que al escaparse del país el grueso de militantes y combatientes debió desprenderse de las armas. Sin embargo, el grupo liderado por Gorriarán Merlo aún creía en la factibilidad de reiniciar una lucha armada contra la dictadura militar, y en esa dirección obraron cuando emprendieron su vuelta a la Argentina inmediatamente después de llevar a adelante el atentado contra Somoza en Paraguay (1980). Para ese entonces tenían en mente la conformación de una nueva organización cuyas características no estaban aún definidas del todo.
Las discrepancias entre los entrevistados revela tres matices que se pueden dividir analíticamente en tres jerarquías: en primer lugar, con De Santis tenemos una vertiente política en donde las armas quedan en un segundo plano y se pondera la “decisión de lucha”; en segundo lugar, con Jorge Marcos tenemos una visón estratégica de corte realista en la que el reducido poder de fuego es un indicio que marca a las claras las verdaderas posibilidades de acción político-militar del grupo liderado por Gorriarán Merlo; mientras que, en tercer lugar con Sívori nos encontramos ante una estrategia más de corte pragmático en donde se describe un poder de fuego nulo que debía ser reconstruido en el largo plazo. Sobre este punto resulta interesante la descripción que realiza Sívori respecto de la estrategia político militar con vistas a su retorno a la Argentina:
“El plan que llevó adelante el PRT-ERP era tener dos zonas estratégicas: el noroeste, que era campesino y rural, y el resto del país, que era más bien urbano. En el noroeste pensamos que, en plena época de la dictadura y antes de 1983… [Había que] desarrollar una guerrilla rural. Estábamos luchando contra la dictadura. Y muy cuidadosamente, en las ciudades, porque teníamos conciencia de la masacre que habíamos sufrido. Y si nosotros repetíamos la misma política de antes nos íbamos a encontrar con muchas puertas cerradas y además con un trabajo de infiltración de los servicios de inteligencia que había dejado sembrado a su gente. Entonces volvíamos con un nuevo plan de no ir a lo viejo, sino comenzar con lo nuevo, que iba a ser muy dificultoso, por eso nos dimos un plazo largo. […] Cuando elaboramos la táctica para la guerrilla rural lo primero que íbamos a hacer era reconocer el terreno y subimos al monte un grupo pequeñito: casi quince compañeros con experiencia militar. Yo estuve allí y estuvimos alrededor de ocho meces. […] Pero se dio la guerra de las Malvinas y luego de la derrota “el Pelado” [Gorriarán Merlo] subió para decirnos que debíamos bajar.” [Entrevista con Ana María Sívori, 16/10/2010]
Con la derrota militar de Malvinas el panorama político nacional se modificó notablemente ya que a la salida de la conflagración las fuerzas armadas quedaron fuertemente desprestigiadas a la vez que se abría una situación política distinta que modificó la estrategia de los guerrilleros y les impuso la necesidad de poner todos los esfuerzos en la lucha civil relegando la lucha militar a un muy segundo plano. La dictadura se desmoronaba e iba dejando su paso a una liberación del juego político que se materializó con el llamado a elecciones generales para el 30 de octubre de 1983, de las que saldría ungido como presidente el Doctor Raúl Ricardo Alfonsín del partido Unión Cívica Radical.
Ya sea a través de la lucha armada o la lucha electoral, ya sea a través de la formación de un partido de cuadros, un ejército guerrillero popular o un movimiento político, el PRT- ERP siempre tuvo una clara vocación internacionalista. En el contexto de ese internacionalismo sus dirigentes hacían alusión a la emancipación latinoamericana. Todo ello nos plantea la necesidad interrogar acerca de cuál era en definitiva la estrategia continental de esta organización político-militar:
“En teoría, en nuestros artículos en El Combatiente31, la estrategia era continental. Pero eso, en teoría. En concreto, nosotros llegamos a la JCR: La Junta de Coordinación Revolucionaria que sólo tomaba países de América del Sur y limítrofes. Porque tampoco nosotros no éramos “la” organización. Llegamos a tener creo que 4500 compañeros. Pero el hacer dentro de tu país no te permite en la práctica decir: ‘sí, vamos acá o allá’. Sí, en nuestra estrategia continental teníamos primero lo político: el afianzamiento de relaciones políticas con otras organizaciones revolucionarias, a tal punto que antes de la caída del Robi [Santucho] el partido había mandado una compañera a Estados Unidos y otro compañero a Europa, pero con asentamiento en Portugal cuando se produjo la Revolución de los Claveles, para también extender las relaciones al África que estaba en plena lucha anticolonialista. Y en Cuba había, a través de largas charlas con los cubanos, relaciones con la Unión Soviética. Todo eso ya se veía a fines del año 1974 y comienzos de 1975.” [Entrevista con Ana María Sívori, 16/10/2010]
Este testimonio pone el acento en las dificultades de llevar a lo concreto el internacionalismo pregonado en sus discursos y documentos. En rigor el PRT-ERP actuó internacionalmente pero siempre dentro del contexto de sus limitadas posibilidades materiales. Se trataba de una organización político-militar con escasas posibilidades de gravitar en la escena internacional, especialmente después de la derrota militar que habían sufrido a manos de la represión argentina y más aún luego de la división del
partido en el exilio. Se destaca sin embargo un alto grado de voluntad política para hacer de la adversidad una oportunidad. La opción casi desesperada por Nicaragua pude asimilarse a una decisión de vida o muerte. Ello se sintetiza en la opinión de otra militante del PRT-ERP también consultada para esta investigación: al reflexionar sobre su colaboración con la Revolución Nicaragüense la doctora María Felisa Lemos concluyó:
“Yo estaba en París cuando me llega la noticia de que nos íbamos todos para Nicaragua. Cosa que a mí me puso muy contenta porque desde que llegué al exilio decía: ‘Yo no quiero morir acá, yo no quiero morir acá’. Y no sólo que no quería morir en exilio, sino que no quería morir en París, en Europa. Yo ya me estaba por ir a Mozambique como brigadista en donde todavía estaba Samora Machel32. Y fue allí cuando se empezó a mover lo de Nicaragua y allí fui.” [Entrevista con María Felisa Lemos, 09/10/2010]