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Capítulo 2. La educación como campo de estudio

2.1 El proceso educativo: definición y componentes

Son múltiples los términos utilizados para definir y hacer referencia a los procesos de enseñanza y aprendizaje.

Educación (para recoger la visión más amplia y comprensiva del progreso hacia la madurez), enseñanza (para referirse a los procesos institucionalizados de formación), instrucción (para indicar los aprendizajes más intelectuales o académicos), entrenamiento (para referirse a la adquisición de habilidades prácticas) (…) formación [como proceso capacitación, general o particular, para una profesión o para un empleo] (Zabalza Beraza, 2002, p.39).

Para esta investigación se enfatiza el proceso de formación, por ser una acepción más habitual en las labores docentes, que consiste en un proceso de construcción, mejora integral y desarrollo intencional de conocimientos, capacidades, cualidades, valores y habilidades de individuos con el fin de lograr su realización e inserción en el contexto en que se desenvuelven.

El proceso formativo presenta tres componentes primarios: la selección, la sistematización y la presentación de contenidos, los mismos que se corresponden con los de la didáctica, es decir, un programa que defina la estructura de los objetivos docentes; un método, que indique una estrategia, el control y la evaluación del proceso didáctico, y el modo, que hace referencia a la selección de los medios para facilitar el logro de los objetivos (González Boticario & Gaudioso Vázquez, 2001).

El currículo académico se define como el plan o punto de referencia para realizar actividades y tareas en torno a procesos de enseñanza-aprendizaje. Debe ser un recurso abierto y flexible y en su elaboración se definen e incluyen los elementos que intervienen en dichos procesos, el camino que deben seguir los diferentes usuarios, el implemento de recursos que lo componen y los métodos o estrategias para su implantación.

Por su parte, los cursos son aquellos módulos o unidades que comprende el programa de estudio e incluyen usualmente un conjunto de acciones que promueven influencias para afectar al comportamiento del receptor y su entorno; la recepción de materiales simbólicos, manipulados, valorados y planificados en secuencias y con base en políticas curriculares; ejercicios de competencias y roles para los individuos propuestos por instituciones con el fin de estimular la interacción y participación en escenarios y situaciones sociales compuestas.

El contenido constituye el elemento principal de la gestión de la información y la comunicación entre usuarios mediante recursos a los que se recurre, más allá de la eficacia técnica empleada en la publicación, deben seguir criterios de elaboración, organización, estructura, extensión, actualidad y presentación de acuerdo con los objetivos, la secuencia y nivel de dificultad de los temas y necesidades del usuario:

¿Qué materiales se incorporan al plan académico? ¿Favorecen o dificultan la enseñanza-aprendizaje? ¿Son interactivos? ¿Cómo se relacionan con el profesor y el alumno? ¿Se cumple con los objetivos del programa?

Las habilidades que los ciudadanos necesitan se transforman rápidamente. En este proceso, los sistemas de educación deben adaptarse con el fin de contar y facilitar las competencias necesarias entre docentes y estudiantes.

Se habla de crisis en la educación cuando existe una insatisfacción generalizada provocada por un retraso con respecto a las modificaciones en otros sectores de la sociedad. Se percibe en estos casos que la educación se mantiene inmóvil y que conserva un modelo tradicional, erróneo y obsoleto, que no corresponde a las necesidades ni a las preocupaciones actuales, es decir, que el sistema educativo se encuentra desconectado del tejido social. Entonces se ponen en tela de juicio la enseñanza y sus prácticas, asegurando que no se realiza el esfuerzo suficiente para formar. Los docentes no saben qué, para qué ni cómo se debe enseñar; se mantienen métodos didácticos que ya han sido superados por otras ciencias como la psicología y la comunicación; no se beneficia de la tecnología que podría facilitar su quehacer, y las estadísticas del proceso educativo global muestran altas cifras sobre el abandono y el fracaso escolar (Beltrán Llera & Segovia Olmo, 1998).

La educación inclusiva se refiere a la equidad, es decir, para todas las personas, sin exclusión o condiciones de clase social, cultura, capacidades o intereses, con el fin de generar una experiencia con un sentido educativo enriquecedor que fomente la comprensión y la solidaridad.

La necesidad de cambiar los procesos, modelos y métodos de educación es un sentimiento compartido por profesionales de todas las áreas; existe el amplio consenso sobre el hecho de que las instituciones educativas de corte tradicional deben modificar el modelo docente para mejorar sus resultados y hacerlo conforme a una sociedad en un rápido y constante cambio (Michavila, 2000).

La calidad, entendida como el conjunto de rasgos que hace más estimable un bien o un servicio (y cuya esencia radica en la entidad) es un eje prioritario, de tal modo que la demanda de calidad se ha situado como un elemento básico de las instituciones de educación superior. La calidad comprende tres líneas: a) la introducción de diagnósticos sobre el funcionamiento de los sectores universitarios con el fin de identificar debilidades y fortalezas; b) el desarrollo de un plan de mejora institucional que afiance los logros obtenidos, y c) la incorporación de dispositivos e innovaciones que faciliten los procesos de mejora.

En la definición del concepto educación de calidad se hace relación al proceso de educar, a los fines perseguidos, a los objetivos propuestos y a los contenidos. El currículo educativo deberá considerar dichos elementos y fomentar el aprendizaje de las competencias básicas para afrontar las exigencias de la sociedad. La calidad aumentará conforme se contengan niveles de superioridad y se integren permanentemente atributos, buscando la excelencia personal, el desarrollo de las capacidades, las condiciones y las aptitudes de los estudiantes, desarrollando su inteligencia y marco de valores. El proceso, método y modelo de enseñanza-aprendizaje deberán ser de calidad (producir calidad y formar para la calidad); para ello, debe comenzar por identificar y organizar sus elementos; si su configuración es aleatoria o faltan partes esenciales, el sistema no se conecta ni logra ser productivo.

La evaluación, sea interna o externa, sirve al diagnóstico y formulación de propuestas sobre la toma de decisiones, programas y políticas con el fin de mejorar la calidad de la institución (Hernández-Pina, 2014).

En el ámbito de las ciencias sociales se encuentran varias interpretaciones y métodos de evaluación, lo que le convierte en un término versátil. María Bustelo explica el concepto de evaluación como la:

Recopilación y análisis de información que permite emitir juicios de valor sobre un programa o política con la finalidad de mejorar, rendir cuentas o ejemplificar acciones futuras; la evaluación permite juzgar el proceso, el

diseño y los resultados de forma interna o externa. (Bustelo Ruesta, 2003, p.14)

Por otra parte, Ruthman define la “investigación evaluativa” como “el proceso de aplicar procedimientos científicos para acumular evidencia válida y fiable sobre la manera y grado en que un conjunto de actividades específicas producen un resultado o efectos concretos” (Ruthman, 1997, p.16), mientras que Daniel Stufflebeam y Anthony Shinkfiel la enuncian como la “valoración sistemática que se basa en el uso del método científico y sirve para identificar, obtener y proporcionar información pertinente y enjuiciar el mérito o valor de algo, de manera justificable” (1995, p.20).

La mayor interacción entre las economías nacionales exige la certificación de profesionales, programas e instituciones bajo normas reconocidas a nivel internacional, por lo que mecanismos de evaluación habrán de aumentar su eficiencia y sus pautas de valoración y acreditación.

En los últimos años, los cambios sociales han empujado a muchas sociedades a crear reformas educativas que, tras breves periodos, recaen en el fracaso y la falta de interés. Para superar dicha crisis, las soluciones deben centrarse en elementos clave del sistema educativo como los contenidos curriculares, la gestión, los procesos de enseñanza-aprendizaje y los criterios de evaluación. Se busca un modelo que permita superar las deficiencias de los sistemas tradicionales y garantizar una educación que responda a las necesidades reales y actuales.

La configuración del sistema educativo deberá evolucionar manteniendo sus elementos básicos, pero incorporando estrategias que mejoren los procesos de enseñanza-aprendizaje, hagan posible la integración de tecnologías, garanticen la formación permanente del profesor y satisfagan al alumno en las actividades de formación.