1. Planteamiento del problema
2.2 El profesional docente
A través del seguimiento y el ejemplo a sus alumnos, el maestro aporta a la formación de valores en nuevos ciudadanos mediante una actitud favorable. Cabe destacar la importancia de ponerse a realizar trabajos con los alumnos, formarse continuamente y de fomentar actitudes y habilidades necesarias en los alumnos por medio de trabajos cooperativos en el aula.
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Al respecto, el liderazgo facilitador descrito por (Blase y Anderson, 1999 citado por Day, 2005) contempla todas estas características de un profesional docente:
1.Demostración de confianza en los profesores (relacionada más bien con las acciones del docente en el aula que con cuestiones que conciernan a toda la escuela).
2.Desarrollar estructuras compartidas de gobierno (establecimiento de un tiempo de encuentro, participación de todo el profesorado en las decisiones, asistencia y
participación como iguales, apoyo a las decisiones con independencia de la disposición personal etcétera)
3.Estimular y escuchar lo que tenga que decir la persona (“escuchar” las palabras y sentimientos de los docentes, valorar su opinión, crear ambientes no amenazadores) 4. Estimular la autonomía de cada maestro (que sientan que tienen el control de las cosas
en clase)
5.Estimular a la innovación (creatividad/asunción de riesgos)
6.Dar recompensas (mediante la alabanza y reconocimiento de las dificultades cotidianas) 7.Dar apoyo (oportunidades de desarrollo profesional de los docentes, determinadas por
ellos mismos, disponibilidad de tiempo, materiales, financiación, ayuda para la resolución de problemas personales y profesionales).
La aportación de estos autores habla de ciertos aspectos asequibles en la personalidad del maestro así que, lo que el maestro refleja en su trabajo, va más allá de su desarrollo profesional porque afecta a su desarrollo personal ya que el éxito es diferente en cada uno de ellos. Es común escuchar que el maestro se queja de la disciplina de sus alumnos, de la falta de interés por la clase o de las bajas calificaciones que obtienen; esta situación a veces termina
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siendo una justificación sobre la falta de capacidad que están teniendo para la formación de sus alumnos aunque hay aspectos en los que el fracaso del profesional se reflejan en los educandos. Se podría decir que en realidad no existe una fórmula que señale los pasos para enseñar de tal forma que el éxito aparezca en todo lo que el docente toque.
Al respecto (Montoya 1985, citado por García, 2006) menciona que: A través de los cambios que suceden en el criterio y la capacidad del maestro en cuanto a casos concretos producen distintos efectos porque existe la intervención de otras personas, la sociedad, la cultura, la institución y muchos otros sistemas influyentes cambiando así los factores que participan en la enseñanza, por ello es que las experiencias se viven de manera diferente. Hay que reconocer la existencia de realidades complejas, pensar que el docente se encuentra entre alumnos irrepetibles cuyas “culturalidades” son diferentes, así como sus necesidades, saberes y estilos de aprendizaje.
Todas estas experiencias deben ser enfrentadas con un espíritu de creación, de apertura al cambio ya que la realidad educativa no se repite, siempre es una nueva experiencia porque todo cambia en cada ciclo escolar. Es así como entre las habilidades del docente en su rol debe existir la sensibilidad en la percepción del medio ambiente que lo rodea, cada uno de los aspectos que son importantes en el hecho educativo. De esta manera y analizando las
circunstancias, ese espíritu creativo se mantendrá en constante movimiento y podrá existir una intervención eficaz y eficiente. El trabajo es doble en cuanto reconocer, hacer un análisis y llegar a la comprensión de la educación de la que el docente forma parte hasta que se convierta en la alternativa más conveniente para la calidad educativa de una nación.
Citando a Paquay, Altet, Charlier y Perrenoud (2008) quienes han determinado cuatro modelos de profesionalismo en el docente: el maestro magister o mago (donde en la
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antigüedad se le consideraba que lo sabía todo y sus habilidades retóricas bastaban para ello); maestro técnico (surgido con las escuelas normales, basado en el aprendizaje imitativo del maestro experimentado); el maestro ingeniero (utiliza ciencias humanas, racionaliza su práctica e intenta aplicar teoría a la práctica). El maestro de hoy vendría a ser el cuarto
modelo, profesional reflexivo, llamado por los autores el “maestro profesional”, quien realiza el movimiento “práctica-teoría-práctica” y puede analizar sus propias prácticas, de resolver problemas e inventar estrategias.
La formación integra las aportaciones de los practicantes y de los investigadores, y pretende desarrollar en el maestro un enfoque de las situaciones vividas de tipo acción-saber- problema al utilizar conjuntamente teoría y práctica para que el maestro construya las capacidades necesarias de meta cognición y análisis de sus propias prácticas, (Paquay, Altet, Charlier y Perrenoud 2008).
Enseñar, es producto de la personalidad del docente. Es un proceso extraordinario que el maestro es quien tiene la fortuna de conocerlo en todo su esplendor. Un maestro hábil es aquél que puede identificar que cada alumno es único, cambiante, con diferente cultura a los demás, que existe y que jamás volverá a existir otro igual.
Durante el proceso de construcción de conocimiento de sus alumnos, el maestro enseña a que cada uno de los educandos se personalice dinámicamente y lleguen a alcanzar un aprendizaje y resultados similares, señalando la manera de llegar a la autoeducación.
Después de conocer y comprender el hecho educativo en sus diferentes dimensiones y bajo una profunda observación del cambio integral de una persona, en este caso los alumnos; el rol del docente incluye asumir una actuación basada en el diseño, práctica, evaluación y elaboración constante de estrategias que sean adecuadas al desarrollo constructivo de la
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personalidad de cada alumno mediante la promoción de habilidades, actitudes y aptitudes en determinado contexto. Nieto (2004) por ejemplo, se refiere a la comunicación como un recurso que sirve para el logro de este desarrollo constructivo del que se ha hecho mención hacia el mejoramiento de la educación del alumno; se trata de la función del profesor en el proceso intercomunicativo, en donde dice, este proceso no es totalmente libre, sino que está pautada y sometida por distintas reglas que el profesor establece y se encuentras “más o menos consensuadas o admitidas por los alumnos”, agrega que esto no se debe a un poder del maestro sino a la real asimetría de la relación profesor-alumno que se origina por el desnivel de
conocimientos y habilidades.
Con la práctica, el docente construye su propio currículum y favorece su rol, ya que después de analizar y comprender el sistema educativo en el que está inmerso, su tarea está designada en el lugar preciso y con la capacidad de enfrentamiento con diversas necesidades presentes en la escuela. El rol de enseñar no es fácil, crear no es difícil, sino el producir desde esta creación. Y el docente debe tener siempre la disposición de crear para poder producir. Hargreaves (2005) canadiense que realizó un estudio sobre un término denominado “intensificación”, se refiere al cambio en el trabajo que realizan los profesores, cuyos hallazgos sostienen entre otras cosas el hecho de desarrollar un currículum de la escuela, en donde diferentes culturas participan mutuamente para el crecimiento personal fomentando así, el crecimiento general de la escuela (p.142). También encontró que el docente que no está presionado por su autoridad para comprometerse a alcanzar la perfección pedagógica, se impulsan a sí mismos de manera entusiasta, dice que “ellos mismos se plantean unas exigencias bastante duras”.
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pedagógicas que se adquieren memorizándolas y que se aplican de manera esquemática, esto fue un error vivido durante mucho tiempo atrás, ahora, la situación es darle sentido a la realidad que rodea al docente. Por eso cuando se elabora un proyecto áulico, se debe entender el proyecto escolar porque está contextualizado e influye inevitablemente en el medio. Como actividad integral, la tarea del profesor es cubrir las necesidades que demanda la educación para la formación de ciudadanos, es prioritario educar para integrar a su vez, todas esas actividades que llevan al funcionamiento de una nación. Sabaté (2006) indica que la
diversidad forma parte de la realidad social y apunta que “La escuela no crea la sociedad ni la transforma, tan solo la refleja. De hecho, es la sociedad la que transforma la escuela y le da sus características fundamentales” (p. 239).
Es importante comprender que para que el maestro pueda desempeñar su rol de la manera más efectiva posible hay que valorar la intuición en lo que respecta a las necesidades del sistema con el que trabaja y esto le permite estar en constante creación y ejecución,
trayendo más experiencias y construcción de un criterio profesional que permita el enfoque de problemas y su solución de una manera creativa pero objetiva.
En el trabajo docente se presentan diversas situaciones de las que mucho depende, la construcción de éxitos del profesor, es decir, el haber logrado objetivos del proyecto
propuesto. No se trata de suerte, ni casualidad, sino de una realización, de haber creado y organizado de la manera más efectiva posible, con el valor de la práctica. “Lo cierto que es que no se dan situaciones idénticas: cambian los protagonistas, los momentos y muchas otras variables” (Nieto, 2004)
El maestro siempre se enfrenta a situaciones completamente nuevas, ya que sus alumnos son siempre nuevos en cada tiempo que esté con ellos. Con las herramientas con las
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que cuente el maestro será como irá formando su creación, bajo determinado contexto, tiempo y espacio, porque de esto depende la calidad en la educación que brinde, la calidad en la vida futura de sus alumnos.
Sobre las metodologías que el maestro propone en el aula, éstas responden a las
necesidades de los alumnos, estando en constante renovación, utilizando los instrumentos más convenientes para el proceso, determinados según las circunstancias del alumnado. Todo esto demuestra la capacidad que tiene el docente a la hora de desempeñar su rol.
Si el maestro se da cuenta que responde a las necesidades del alumno, se siente realizado lo cual le da inspiración, el talento y la aplicación correcta de determinada técnica salida de su propia creación, de la creación de un maestro con un criterio amplio, que se olvida de hacer siempre lo mismo, que crea abiertamente, de acuerdo con Lecay (2009) “la definición y la construcción de la nueva profesionalidad docente son los grandes desafíos para el maestro actual y comprometido”, porque existen algunos inconvenientes que a veces frustran la
ejecución esperada del acto educativo, a veces se pasa por situaciones de presión, falta de recursos, disposición, insatisfacción de los padres de familia, el salario de los profesores, entre otras cosas que impiden el adecuado trabajo para el logro del éxito en la educación.
Lo cierto es que se aprende de los errores cometidos y todos vienen de la experiencia, atribuyendo solo cosas buenas, conocimientos necesarios que dan forma a la personalidad del docente beneficiando su paso por la actividad educativa. El docente como persona y
profesional debe saber lo que realmente quiere para darle sentido a su rol, saber lo que tienen que hacer, al comenzar de esta forma su intervención estará siendo entonces, la esperada. Es necesario que el maestro identifique los hechos que debe descartar respecto a la influencia en la enseñanza, obviamente después de haberlos analizado y dando prioridad a los objetivos
43 principales de su profesión.
La función del maestro no está limitada a enseñar, sino que debe también educar, lo cual implica un gran compromiso con sus alumnos para organizarlos de manera que obtengan un aprendizaje significativo y con el realce de sus cualidades personales, construyendo su propio conocimiento y habilidades, aprendiendo a convivir con sus semejantes.
En cuanto a los objetivos del maestro profesional, González y Flores (2000) agregan que: “… a partir de los objetivos se puede tener claro tanto los temas
por enseñar-aprender como los recursos que vamos a necesitar, tanto el maestro como los alumnos; en este sentido, su formulación se convierte en una fuente de organización del trabajo docente.” (p. 60)
En este aspecto los autores afirman la acción prudente de la que se ha hablado y su aplicación estratégica en determinado momento de conflicto y demuestra una adecuada organización en su labor.
Por otro lado, es importante agregar que en general, las competencias laborales se promulgaron con el propósito de llegar a un propósito de perfeccionamiento empresarial pero que, encaminados a la dirección del desarrollo personal y productivo de los trabajadores, comenzó a requerirse que las personas no solo contaran con los conocimientos, habilidades y actitudes necesarias, sino que estuvieran motivados hacia la compatibilidad de desarrollarse a nivel personal, colectivo y organizacional.
Coll (2009) habla del concepto de competencia respecto al abordaje de un aspecto complejo de la educación escolar: “la identificación, selección, caracterización y organización
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de los aprendizajes escolares; es decir, las decisiones relativas a lo que debe esforzarse en aprender el alumnado y, por tanto, a lo que debe intentar enseñar el profesorado en los centros educativos”.
Se considera a un individuo competente cuando puede demostrar que sabe realizar determinada actividad y sus criterios de desempeño definen la calidad que alcanza en su trabajo, todo esto se evidencia cuando se demuestra un trabajo seguro, confiable, eficiente y competente con otras competencias. La competencia implica la capacidad para intervenir en determinado suceso, no se trata de que exista rivalidad, más bien de la motivación de cada persona para aspirar a ser mejor, de disfrutar el quehacer pedagógico, sin hacer de lado la formación, buscando mayores aprendizajes de manera consciente y con la certeza de que existe un beneficio para los alumnos.
Al hablar de las competencias que los profesores deben lograr en su rol, Imbernón (1998) arma una agrupación de tres categorías interdependientes; la primera de ellas es “El profesor en relación con la comunidad”, esta exige que el maestro conozca la comunidad escolar en la que se desempeña, para que así pueda plasmar sus valores y empatar con la nueva cultura y tradiciones de esta comunidad.
Por otra parte, el autor propone “El profesor en relación con la escuela como
institución” en donde indica la capacidad del maestro para integrarse y adaptarse de manera plena a la escuela. Entre las características que destaca el autor se encuentra la preparación cultural que engloba el análisis crítico, la capacidad de reflexión, de adaptación, cooperación y organización, así como el conocimiento técnico. Por último nos presenta “El profesor en relación con el alumno y el grupo clase”, que el autor considera como el más importante pues considera que es donde suceden la mayor parte de las actividades que tienen como finalidad el
45 mejorar la relación de enseñanza y aprendizaje.
Con la convicción de que el docente debe conocer a sus alumnos para que su trabajo adquiera mayor calidad, respondiendo a las necesidades de sus alumnos, entonces habría que modificar la evaluación, la manera de aprender de los alumnos y la manera de enseñar del maestro. Porque de por sí la actividad del docente es cambiante y la nueva función es enseñar para aprender, lo que quiere decir que a los alumnos habrá que enseñarles a aprender a
desarrollar procesos en el conocimiento para aplicarlos en situaciones nuevas, no solamente en las aplicaciones del conocimiento en sí, sino que éste sea tan flexible como para que adecúe a la situación actual que viva.
Hay que estar conscientes de que ya no se enseña igual y que por lo tanto ya no se aprende igual, porque hay que cumplir con lo que más demanda la sociedad actual: ser competente. Competencia no son los otros que hacen lo mismo, con los que se va a “competir”, competencia es adquirir una capacidad, es saber hacer; es la “integración de distintos tipos de conocimientos (habilidades prácticas y cognitivas, conocimientos factuales y conceptuales, motivación, valores, actitudes, emociones, etcétera)” (Coll 2009).
Al docente la práctica en la realidad le presenta hechos que quizá no conoció durante su formación, ya que el desarrollo de la edad escolar sucede en diversas y únicas situaciones, por lo que ante estas nuevas situaciones al momento de ejercer su práctica docente, se guía más que nada en su intuición, lo que conforma el saber práctico que puede entrar o no, en conflicto con la teoría aprendida. Probablemente lo que la teoría vista tiene como objetivo no se ha vislumbrado en los ya varios años de servicio de un profesor, por lo que eso provoca cierta tensión e incertidumbre sobre cómo actuar ante las diversas y nuevas situaciones. Todo esto se resume en que no basta dominar la materia sin tomar en cuenta todos esos procesos
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personales por los que el sujeto ha pasado, esforzándose en aprender. Sin embargo, la
experiencia sin teoría no se puede convertir en conocimiento. Por ello Garagorri (2009) agrega que “al término de la educación y formación iniciales, los jóvenes deben haber desarrollado las competencias clave en la medida necesaria para prepararlos para la vida adulta y deben seguir desarrollándolas, manteniéndolas y poniéndolas al día en el contexto del aprendizaje permanente”.
Ejecutar la docencia, en donde el maestro se enfrenta a situaciones no previstas en la teoría, lo lleva a recurrir a recursos personales para subsistir en su función; de esta forma, al obtener una nueva experiencia, ésta puede ser teorizada y validada para que posteriormente sea fuente de conocimiento, pero sin dejar de lado la teoría respecto a conceptos y nociones propios de problemas ocurridos en la docencia. Es por ello que teoría y práctica van aunadas a la formación, es más, el maestro tiene la tarea de integrarlas, lo cual diferencia a lo que es un docente cuyo trabajo es meramente técnico del maestro que lleva a cabo su labor de manera profesional. Llegar a este punto es una competencia a favor del docente, ya que para adquirir competencias debe existir una cohesión entre teorizar y practicar.
Carr (1996) considera que el docente en su formación y actividad profesional existen puntos de incertidumbre entre la teoría y la práctica sobre la consecución de los logros que se pretenden lograr.
Actualmente, los problemas de práctica docente son mejor atendidos pues se pone atención a los sujetos como tal, es decir, a la personalidad de los docentes, en este caso en sus competencias personales para desempeñar su rol, dentro de las cuales se encuentra la
capacidad para aceptar sus propias limitaciones, su apertura a la comprensión de otros puntos de vista y su reflexión acerca del alcance de sus acciones en el ámbito personal, social e
47 intelectual; entre otros aspectos importantes.
Sin embargo, suele ser común que el maestro aún se enfrenta a situaciones en las que se les dificulta el manejo de procesos como el escuchar al otro, ponerse en el lugar de los alumnos mediante el proceso de enseñanza, identificar la variabilidad de trabajos, entre otros aspectos. En resumen, el desarrollo de competencias personales en los docentes será posible si durante su desarrollo profesional y viceversa. Aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a convivir, se convierten en tres pilares de la educación para hacer frente a los retos del siglo XXI y llevar a cada persona a descubrir, despertar e incrementar sus posibilidades creativas, permitiéndole que aprenda a ser (Delors, 1996).
Es importante saber que las competencias no se aprenden solamente en la escuela, sino