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3. DISEÑO METODOLÓGICO, ANÁLISIS E INTERPRETACIÓN

3.5. ANALISIS E INTERPRETACIÓN DE DATOS

3.5.9. El rostro de Dios y la experiencia humana

La pedagogía de Jesús tiene capacidad para derribar todo tipo de barreras con el escudo de principios universales como el amor a Dios, el amor a si mismo y el amor al prójimo. Esta pedagogía se corresponde con la de nuestro tiempo, de tipo personalista, creativa y renovadora, ajena a toda violencia en cualquiera de sus formas y paradigma para cualquier esquema educativo. Esta pedagogía es dialéctica por su oposición a otro tipo de pedagogías patentes incluso en el relato evangélico –la pedagogía farisaica por ejemplo-, que parecen ser el enemigo silencioso, asintomático y velado que ataca la conciencia. En el Seminario y en general en todo centro de estudios, se dan variados tipos de pedagogías, encontramos el formador psicorrigido, el fluido, el gregario, el librepensador y muchos formatos más.

Como en los tiempos de Cristo, todos tienen sus discípulos que tratan al máximo de imitar al maestro. Mas tarde ocurre lo que con la figura paterna que teniendo en inicio publicidad de superhéroe, se derrumba ante el descubrimiento de los fallos humanos, comunes a todos, y entonces surge la búsqueda de una figura más estable, que pueda responder a las expectativas, a partir de las diferentes ofertas existentes. La experiencia religiosa nos ayuda a recobrar el sentido de la búsqueda y a mantener la expectativa en alto165.

164 Jn 15, 18-20.

165 GS, n. 23.

En todo caso, vamos incubando una o varias imágenes de la Trascendencia y creando muchos conceptos de su aseidad, de acuerdo a las presentaciones recibidas especialmente en la etapa infantil y adolescente, a partir de todos los eventos vividos y los personajes que compartieron escenario con nosotros, en especial los mas cercanos166. El hecho es que esa imagen se convierte en rectora de la experiencia religiosa que atañe a todos, incluso a los que se declaran incrédulos. Frente a esto cabe preguntarse ¿Qué imagen conservo de Dios? ¿Cómo ha sido la evolución de este concepto? ¿Qué distancia media entre ella y la imagen común que proyecta la cultura? ¿Qué convergencia existe entre ella y el Dios de la revelación?

Por lo general, nuestra cultura -por su misma historia-, esta etiquetada con la figura del Jesús sufriente, que en líneas generales nos lleva a vivir una espiritualidad similar, a sabiendas de que el sufrimiento, con la centralidad que posee en la fe cristiana por ser causa de salvación, le deja un espacio gigante al gozo y la esperanza vividos en conjunto con los demás aspectos de la vida e incluso en medio de las mismas adversidades. Empezar a restaurar la imagen Divina, es enfrentar la cuestión de la teodicea o justificación de Dios, que desvirtúa la pretendida consistencia ontológica del mal que nos rodea, para ponerlo en su lugar, en el nivel moral –no metafísico-, por ser proveniente del libre albedrío de la voluntad humana.

Estar entre libros y vida de fe, me ha permitido ir configurando un concepto de Dios mas objetivo y de manera descendente, es decir, en la dirección que supera ciertos antropomorfismos actuales, que por mostrarnos un Dios más cercano al hombre, vulneran su propia identidad. Aunque por momentos puede aparecer de nuevo el dios inquisidor que en algún pasado me cuestionaba, hoy gana el pulso el Dios misericordioso y digno de confianza que es en realidad.

166 La figura paterna es muy importante en la comprensión de la divinidad, ya que por lo general aprende uno a reconocerlo como padre. En un grupo de catequesis de primera comunión en una parroquia X de la diócesis, ante la analogía de la paternidad de Dios, un niño se puso de pie e increpó que si Él sería como su padre que lo había abandonado.

En la niñez pasé por una etapa de aversión a lo sagrado, a las imágenes religiosas, a los crucifijos, a los altares, que me impedía entrar al antiguo templo parroquial del municipio donde crecí. Ésta, aunque sea una referencia remota, está relacionada con la imagen que de Dios tenía en aquel momento en la medida que afectó de algún modo a la posteridad, la relación con Él, en recientes etapas de la vida, en la adolescencia, en la juventud, en el Seminario.

Esta dimensión adquiere valor en la medida que el concepto personal de Dios, mediado por la experiencia religiosa, está directamente relacionado con el concepto de persona que acompaña el actuar cotidiano167. Un amplio concepto de Dios dinamiza y aliviana las relaciones humanas, un concepto empobrecido suyo, las opaca. Por eso, “reducir la experiencia de Dios a experiencias personales es permanecer en la esfera de lo subjetivo y lo incomprometido”168, ya que ella “es el resultado del juego de la realidad objetiva y el trato subjetivo con el entorno169.

La Escritura afirma con claridad que no amar al otro es despreciar a Dios170, en razón de que cada ser humano es prolongación de su creador y en consecuencia una manifestación suya. El proceso de formación empieza por acercarnos a esta manifestación a través de la filosofía y la teología en su variedad de disciplinas, ya que ellas nos permiten descubrir al ser en general y al hombre en particular. En torno a este objetivo, están las oportunidades para el encuentro dentro y fuera del Seminario. Las actividades de integración, la acción pastoral, los espacios comunitarios y hasta los mismos periodos de vacaciones, se convierten en canal de formación que hacen de acicate para lograr con el paso de los años, la aproximación al ideal propuesto.

167 Kasper, El Dios de Jesucristo, 158. 168 Ibid, 106.

169 Ibid. 170 1ª Jn 4,20.