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V. Evolución de la Teología del sacerdocio de la comunidad

1. El sacerdocio común en los Padres de la Iglesia

1.4. El sacerdocio común y el sacerdocio ministerial

Para concluir este apartado, abordemos este tema que empieza a aparecer sólo hasta

la época patrística, porque como decíamos, el N.T. no aplica el término ―sacerdote‖ ( )

a los ministros, sino sólo a la comunidad y, además, no se preocupa por comparar el servicio de los ministros y el sacerdocio de la comunidad, ya que los ministerios no se entendían sin comunidad y la comunidad era ministerial. Sin embargo, "a finales del s. II y comienzos del s.III, encontramos los primeros testimonios que, inicialmente de forma titubeante y luego con firmeza y seguridad, comienzan a designar con el título de sacerdotes a los ministros cristianos"502 y empieza a ser necesario hacer una distinción entre el sacerdocio común y el ministerial503. Este cambio, aparentemente sólo nominal, dará origen a un proceso de clericalización de la dimensión sacerdotal de la comunidad cristiana y a la desaparición, casi completa, del tema del sacerdocio común; aunque esto sucederá muchos siglos después, como veremos, encontramos su origen en las época patrística.

Leemos en la Ciudad de Dios de san Agustín:

"Serán sacerdotes de Dios, de Cristo, y reinarán con él mil años [añade el Apóstol]. Sin duda no lo dijo solamente por los obispos y los presbíteros, a los cuales llamamos propiamente sacerdotes [proprie sacerdotes] en la Iglesia, sino, refiriéndose a todos los fieles que se les da el nombre de cristianos por el sagrado crisma, y son miembros del único Sacerdote. A los cuales, el apóstol San Pedro los llama pueblo santo y sacerdocio real. Aquí, llama sacerdote al

500 Cf. ESPEJA,J. «El sacerdocio regio del pueblo cristiano», 26-29.

501Oda 20. Estas odas provienen de una antología lírica de comienzos del siglo III y proceden de una

comunidad judeocristiana (aunque nos ha llegado en siríaco).

502 ESTRADA, J.A., La identidad de los laicos. Ensayo de eclesiología, Paulinas, Madrid 1991, 53.

503 Todavía en el s.II, cuando Justino describe la eucaristía en su primera Apología, evita claramente el

término sacerdote y, sin darle ningún título especial al ministro, se contenta con llamarlo ―aquel que preside la

asamblea de los hermanos." Al final del s.II, Hipólito de Roma aplica directamente títulos sacerdotales a los obispos e incluso a los presbíteros. En la misma época, en el año 195, Policarpo de Éfeso emplea el término sacerdote como algo normal y ya conocido para sus contemporáneos. Tertuliano es el primero en llamar al obispo sumo sacerdote. A partir de la primera mitad del s.III los textos son cada vez más numerosos y tenemos una convergencia de testimonios, que explícitamente llaman sacerdotes a los obispos y los presbíteros (Hipólito, Orígenes, Cipriano, entre otros, lo utilizan de manera común). Cf. FAIVRE, A. Les laïcs

135 pueblo mismo, del cual es Sacerdote y Mediador de Dios y de los hombres, Cristo Jesús; pues así como por la forma de siervo que asumió se hizo hijo del hombre, así también se hizo sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec."504

Esta distinción, entre los llamados proprie sacerdotes (obispos y presbíteros) y los fieles, pone de manifiesto que, ya para la época de san Agustín, existía una estructuración de los ministerios505 y una distinción entre el sacerdocio ministerial y el común. Algunos, teólogos, siglos más tarde, comentando este texto, quisieron encontrar en la teología agustiniana una distinción entre un sacerdocio real (de los ministros proprie sacerdotes), en oposición a otro figurado (el de los fieles). Esta lectura, como señala atinadamente Philips, traiciona el pensamiento del Obispo de Hipona506. El texto agustiniano está orientado, fundamentalmente, a ratificar el sacerdocio común de todos los fieles, partiendo del único sacerdocio de Cristo. Cuando llama proprie sacerdotes a los obispos y presbíteros no lo hace en oposición al sacerdocio del pueblo cristiano (como si fuera impropio o figurado), sino en atención a la manera como ya entonces se llamaba a los obispos y presbíteros. El acento de este texto es llamar la atención sobre el carácter sacerdotal de todos los miembros de la comunidad cristiana.

S. Juan Crisóstomo, en esta misma línea, afirma de manera muy elocuente:

―En la participación en los misterios divinos, desaparece toda diferencia entre el

sacerdote y el fiel; en efecto, todos nosotros tomamos en ellos una parte igual. No sucede ahora como en la antigua ley. Entonces, el pueblo no podía alimentarse con el mismo alimento que el sacerdote. Hoy, todos nosotros comemos el mismo cuerpo, todos nosotros bebemos del mismo cáliz... Así pues, llevad buen cuidado, todos vosotros, los fieles. No olvidéis que no formamos juntos, más que un solo cuerpo y que no nos diferenciamos los unos de los otros más que como unos miembros difieren de otros. No dejéis sólo a los sacerdotes toda la solicitud de la Iglesia, amémosla todos como nuestro cuerpo común… No tenemos más que un solo bautismo, una misma mesa, una misma fuente, una misma creación, y asimismo un solo Padre.‖507

Podemos citar también el sermón IV de León Magno, que es uno de los testimonios más antiguos del triple ministerio que recibe el cristiano por el bautismo:

―En la unidad de la fe y del bautismo, toda dignidad es común (…) el signo de la cruz hace reyes a todos los que han sido regenerados en Cristo, y la unción del Espíritu Santo los consagra a todos sacerdotes, a fin de que, además del servicio especial de nuestro ministerio, todos los cristianos reconozcan que son estirpe real y partícipes del oficio sacerdotal.‖508

Como podemos observar en estos textos, en la teología de los Padres sigue conservándose el carácter cristológico del sacerdocio y su dimensión comunitaria. La afirmación fundamental sigue siendo el sacerdocio común, que no parece rivalizar con el

504 Agustín, De Civitate Dei, lib. XX, 10: PL 41, 676. 505 Cf. GROSSI, V., «El sacerdocio de los fieles», 1924.

506 PHILIPS, G., La Iglesia y su misterio en el Concilio Vaticano II, Herder, Barcelona, 1968, I, 187. 507 In Epistolam ad Corinthios, Hom. 18,3: PG 61, 526-528.

136 sacerdocio ministerial. Sin embargo, en estos mismos textos, podemos observar que en la práctica eclesial empezaba a existir una separación ministros-comunidad y poco a poco el ―sacerdocio‖, que en el Nuevo Testamento se identificaba con Cristo y la comunidad, empieza a asociarse sólo con los ministros509. Pese a ello, la teología patrística sigue fundamentalmente a la teología del sacerdocio en el Nuevo Testamento.

A la teología patrística debemos, además, la relación del sacerdocio común con los sacramentos y una visión más amplia de sus implicaciones éticas, enunciadas apenas en algunos textos del Nuevo Testamento. En los escritos de los Padres podemos encontrar hermosas exhortaciones y un amplio elenco de textos que desentrañan la riqueza del sacerdocio común de los fieles.