Hemos podido contemplar en el análisis metodológico de este informe, la existencia de una doble mirada en el espacio urbano de Barcelona, basada en las significaciones de los actores participantes en el recorrido procesional de los Señor de los Milagros; en el cual se ha podido identificar dos espacios —uno interno (el cual se le ha denominado espacio privilegiado) y otro externo— divididos por una cuerda que representa una simbología religiosa, cargada de significación impuesta y aceptada por cada uno de los presentes en este acto ritual. Así mismo, dentro de cada espacio se establecen dos percepciones —una interna y otra externa— sobre una serie de manifestaciones y significaciones que presentan cada uno de los actores participantes. De ello, se ha podido extraer que dentro del espacio privilegiado no todos/as las personas que se encuentran dentro (Hermandades/cofradías, instituciones, organizaciones, danzantes) comparten las mismas expresiones y no todos/as realizan actos de participación con el mismo fin y con la misma significación; además de ello, se ha puesto de manifiesto la existencia de un nexo conector de representación política (Consulado Peruano) entre la comunidad peruana y el patrono del Perú (Cristo Moreno o Señor de los Milagros del Perú). Por otro lado, dentro del espacio externo —aquel donde se reúnen los feligreses a los cuales se les ha denominado feligreses no representativos por no ser personas que representen a cofradías, organizaciones e instituciones, sino que son personas movilizadas y atraídas hacia el acto ritual, de forma muy significativa, a través de la fe profesada y el sentimiento de devoción hacia el Cristo Moreno— se ha podido concluir que los diferentes actos de participación suscitados en el recorrido procesional, en especial el Himno Nacional del Perú, establece una proximidad de unos y de otros en donde no existe barrera alguna que impida sentir emociones conforme se van cantando cada una de las estrofas del mismo. De tal manera que, aquello, intensifica el estado de efervescencia en donde no existen jerarquías en el espacio y en donde todos son un solo sentimiento direccionado a aquel protagonista del acto ritual, es decir, al Cristo Moreno o Señor de los Milagros.
En este sentido, quisiera poner de manifiesto una de las hipótesis contempladas —pero no analizadas en este informe— en el inicio del planteamiento de este trabajo de investigación, el cual gira en torno al surgimiento de nuevas jerarquías en el espacio urbano de Barcelona, basada en el recorrido procesional del Señor de los Milagros.
Para llevar a cabo la contrastación de esta hipótesis, se hará uso de una parte de la metodología aplicada al análisis de la hipótesis de este informe presentado, la etnografía; y dado que es como una continuación de este fenómeno religioso, tomaré como inicio en este análisis diversos conceptos. Así pues, con relación al análisis, quisiera partir por renombrar este espacio urbano como un espacio que ha sufrido una transformación en la cotidianidad de la vida, dando paso a una ciudad imaginada. En él se ha podido identificar una jerarquización, es decir, este espacio adquiere un sistema jerárquico antes del recorrido procesional debido a que cada uno/a de los/as participantes en el acto ritual, toman un posicionamiento distribuyéndose por el espacio.
De modo que, son ellos mismos quienes reconocen qué posición tomar, qué funciones tienen asignadas, qué tiempo disponen y, sobre todo, qué actos de participación —al cual he denominado actos de fe— son los que llevarán a cabo. En este sentido, con el acto ritual iniciado, quisiera poner énfasis a la importancia de la temporalidad en esta ciudad imaginada, de manera que, se juega mucho con los tiempos en el recorrido, es decir, he identificado y establecido tres tiempos, siendo así el inicio, mitad y final del rito.
Así pues, en el inicio de este recorrido procesional se puede identificar y sentir una serie de emociones y sentimientos compartidos entre todos los participantes. Aquello es originado por los constantes actos de fe y por un afán de protagonismo entre los presentes. En este punto, se puede apreciar cómo el espacio jerarquizado se va transformando, en el sentido de que nos encontramos con la configuración de un juego posicional de jerarquías precedido por ese afán de protagonismo de los actores. En relación con aquello, me gustaría exponer una de las líneas descriptivas contempladas en el informe conjunto etnográfico (ver anexos) el cual relata lo siguiente: “En este preciso momento, algunos miembros de la hermandad, el Vicario Episcopal, la Cónsul y representantes del consulado toman en sus manos palomas que son sacadas de cajas de cartón, en su mayoría son palomas con plumaje blanco, son hermosas, parecen estar un poco asustadas; las personas que las sujetan con delicadeza se posicionan y coordinan el momento de libertad de estos seres, al recuento de 3, 2, 1 las palomas son arrojadas hacia arriba y levantan vuelo hacia el cielo; los aplausos no tardan en llegar” (Informe Etnográfico Conjunto:120). De ello, se puede apreciar como este acto de participación con connotación simbólica religiosa —el alza de las palomas hacia el cielo— congrega a todos los presentes y, conforme se acerca el momento del alza, unos adquieren una posición dentro del espacio —en este caso, en el espacio privilegiado— que rompe con aquel posicionamiento jerárquico. En su afán de protagonismo, se puede apreciar como el Vicario Episcopal de la parroquia, así como también la Cónsul y el consejero adscrito miembros del Consulado Peruano, se posicionan en una misma línea jerárquica al lado de los miembros de la Hermandad organizadora.
En este sentido, dentro de este espacio, todos/as realizan el mismo acto de fe, originando así un ambiente unificador en el interior, que posteriormente se va intensificando hacia el exterior donde habitan los feligreses sin representación. De manera que, llegado el momento del alza al viento de las palomas, se llega a sentir un elevado estado de efervescencia cargado de sentimientos, emociones y nostalgia con matices religiosos, patrios y nacionales, entre los miles de presentes. Aquello también se ha podido observar en otro de los actos de participación o actos de fe que realizan los participantes del rito procesional. Estamos hablando de La Marinera que es una de las manifestaciones culturales con mayor representación del Perú; este baile o danza declarada patrimonio cultural de la nación peruana capta la atención de todos los presentes en el espacio. De modo que, en ese momento, los danzantes adquieren un protagonismo muy por encima de cualquier Hermandad, organización, institución, etc., pero nunca por encima del Cristo Moreno, ya que lo que ellos proyectan mediante el baile es como una especie de ofrenda llena de amor, alegría, fe y devoción al mismo. Asimismo, conforme transcurre el baile, los danzantes atraen miles de miradas relegando así, de manera significativa, las miradas dirigidas al Cristo Moreno o Señor de los Milagros del Perú.
Ante lo anteriormente expuesto, me gustaría poner de manifiesto una de las impresiones descritas en la etnografía realizada: “Dos jóvenes se postran frente a la imagen del señor, hacen una reverencia, se posicionan y esperan con ansias el primer sonido de la danza que marcará la banda musical, la joven descalza empieza a moverse contorneando las caderas y buscando a su pareja, es un baile en el que se muestra elegancia, sensualidad y conquista; el joven busca a la joven acechando con su mirada cepillando el suelo con sus brillantes zapatos, mientras la joven coquetea con él con una sonrisa, correspondiéndolo” (Informe Etnográfico Conjunto:120). En este sentido, nos encontramos con la existencia de un estrechamiento de lazos emocionales entre los danzantes y los feligreses no representativos. Con ello no se pretende negar la existencia de un lazo emocional entre los danzantes y aquellas instituciones, organizaciones y hermandades en el espacio privilegiado, sino que adquiere una mayor relevancia aquel sentimiento intensificado en el espacio externo. De modo que, son los feligreses no representativos quienes nos muestran en sus rostros alegría, nostalgia, aplausos, bullicio, sonrisas no forzadas y actos de registro audiovisual hacia lo que significa presenciar una danza que une a individuos como hermanos de fe y de una misma identidad cultural.
Ahora bien, me gustaría ahondar en la mitad del recorrido. Para ello hago uso de una de las descripciones de la etnografía: “El ambiente, durante el recorrido, era un vaivén de energía. Se intensificaban los aplausos conforme aparecían los diferentes actos de homenaje frente al Cristo, como en las paradas de las estaciones y en los bailes de grupos de danza que detallaremos más adelante. Se sentía un cansancio tanto por quienes escribimos este informe, como por los miembros de las diferentes hermandades y de algunos feligreses que habían iniciado el recorrido junto a nosotros. No así ocurría con aquellas personas que se iban incorporando, quienes preguntaban en ocasiones por el tiempo que llevaba el recorrido procesional” (Informe Etnográfico Conjunto:121). De aquello se extrae que, llegados a la mitad del recorrido, el afán de protagonismo de los participantes desaparecía en ambos espacios, tanto dentro como fuera el estado de efervescencia se redujo y aquello se explica a través del abandono del recorrido procesional por parte de algunos feligreses no representativos, así como también de organizaciones e instituciones que ya habían realizado el acto de participación. Así también, hay que recalcar que, llegados a este punto, los diferentes actos de participación que se llevaban a cabo no representaban el cien por cien de danzas, es decir, las ofrendas de cada estación adquirían un matiz religioso tales como oraciones y palabras hacia el Cristo, asimismo, los pocos bailes que se llevaban a cabo no respondían a La Marinera. Aquello lo he contemplado como un factor explicativo al poco interés y abandono de algunos participantes.
Por otro lado, y para finalizar este análisis, pondré énfasis en el final del recorrido procesional. Es decir, en ese cierre de la procesión, en donde parece ser que el mismo acto recobra la energía necesaria para acompañar al Cristo. De modo que, nos encontramos ante la presencia de nuevos actores que entran en el juego de jerarquías. Estamos hablando de aquellos comerciantes de alimentación, quienes nunca dejaron de estar en el recorrido procesional, sino que fueron opacados por los diferentes actos de participación de los participantes.
Para ello, me es de utilidad el recuperar uno de los fragmentos del informe etnográfico en donde manifiesta lo siguiente: “19h15. Siento que muchas de las personas que me acompañan han recobrado la energía corporal de donde no había, quizás los alimentos típicos ofrecidos por los ambulantes que nos acompañan en la procesión, en este preciso momento, han dado vida, por así decirlo, a cada uno de los feligreses, incluidos miembros de las diferentes hermandades” (informe Etnográfico Conjunto:121). En este sentido, el protagonismo y el nuevo posicionamiento de actores en el orden jerárquico pertenece a los comerciantes, quienes los he definido como aquellos actores oportunistas, en el buen sentido de la palabra, que controlan los tiempos. De modo que, al término del tiempo de su participación juntamente con los feligreses no representativos, son ahora ellos quienes se ven opacados por uno de los actos más sentidos del rito. Estamos hablando de la entrada del Cristo Moreno a su hogar. Aquello se puede contemplar en una de las descripciones realizadas en la etnografía: “Estamos acompañando al Cristo, es momento que vuelva a su hogar, después de haber escuchado musicalmente el homenaje de los miembros del Club de futbol Alianza Lima con una bella salsa del Señor de los Milagros; los miembros de la hermandad se posicionan y se preparan para subir las escaleras. Estoy en una posición muy cerca, la soga/cuerda no está más, es un momento importante, los miembros de la hermandad se toman de la mano haciendo una cadena e intentando proteger al Cristo moreno. Me acerco un poco más, y conmigo vienen algunos feligreses, todos cantamos el Himno del Señor de los Milagros (Nazareno) ‘Con paso firme de buen cristiano, hagamos grande nuestro Perú y unidos todos como una fuerza, te suplicamos, nos des tu luz’, mientras cantamos vamos subiendo escalón por escalón, algunas personas a mi lado intentan tocar al Cristo, se ven los flashes de las cámaras del móvil, la música de la banda es alta y acompañan el paso de la cuadrilla. No puedo evitar ayudar a una señora con problemas de movilidad en las piernas a que suba, la tomo del brazo e intento que suba conmigo mientras siento como me empujan hacia la puerta, se unen a mí dos personas más y juntos logramos ayudar a esta persona, es un momento indescriptible, es una energía que recorre todo mi cuerpo, el cansancio ha desaparecido, siento adrenalina en el cuerpo, siento como una especie de tristeza al tratar de llegar hacia la imagen del Cristo moreno”. En este punto se extrae que, el cierre procesional no es un cierre de un acto ritual que hay que tomarlo como un final sin más, sino que adquiere un significado y un valor especial en el que se ponen en común diversos sentimientos, y en el cual no se pueden apreciar jerarquías, y aunque se pueda decir que unos están más cerca a la imagen del Cristo que otros, nada ni nadie puede explicar esa fuerza que quebranta esa barrera representada simbólicamente con una cuerda, y que al desaparecer abren un camino al fiel seguidor, devoto y lleno de fe para cumplir con uno de los deseos mas anhelados por el cual se mueven desde el inicio del recorrido procesional, que es el sentir el calor más próximo del Cristo Moreno o Señor de los Milagros del Perú.