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El Tiempo devorador y el Tártaro impenetrable

El tiempo de estos fragmentos es el tiempo devorador, previo al tranquilizador y organizador tiempo cíclico. Es abismal y tenebroso, y no envejece, porque aunque somete a todas las cosas no se somete a sí mismo.

Fr. 109: “(I) Orfeo llama Tiempo a lo primerísimo. (II) Tiempo que no envejece”.

Fr. 110: “Pero él mismo hizo nacer otra necesidad antes de las Moiras, al decir que nace de los primeros dioses la horrible Necesidad”.

Fr. 111: “El Tiempo desconocedor de la vejez, de imperecedera sabiduría a Éter engendró y al grande, prodigioso Abismo en ambos sentidos. Y no tenía debajo límite, ni fundamento, ni asiento”.

El Éter es para Bernabé una “especie de matriz de todas las cosas”,705 porque era considerado

abundantísimo en la organización del mundo. Por el otro lado, el Abismo (Chasma, Chaos) es un amplísimo espacio carente de límites. Estos fragmentos de las Rapsodias presentan lo abismal del tiempo. Pero la negrura de la noche deviene maternal, cuando de temible se convierte en íntima, y de ese Tiempo primigenio y espantoso nace el huevo del mundo, germen del orden cósmico.

Fr. 114: “Luego dispuso el gran Tiempo en el Éter divino un huevo como la plata”.

Tiempo engendra a Éter y a Abismo de doble sentido, y parece que es en ellos en donde pare al huevo cósmico. El isomorfismo entre estas figuras indefinidas (éter, abismo, noche, agua tenebrosa, neblina, etc.) y la matriz o “útero” del mundo es innegable. De hecho cabe preguntarse por la similitud fonética entre “éter” y “útero”. A su vez, el abismo expresa de otra forma el continente del mundo, y por ello a menudo se le identifica con el propio Tártaro.

Fr. 27: (I) “Una de las simas de la tierra resulta ser con mucho la mayor y atraviesa de parte a parte toda la tierra. A ella se refiere Homero cuando dice (…) (cita Il. VIII, 14) y es la que en otro lugar él y otros muchos poetas han llamado Tártaro. En efecto, en esta sima confluyen todas las corrientes y de ella vuelven a fluir (…) la causa de que fluyan de allí y de que vuelvan a confluir es que esta masa de agua no tiene ni fundamento ni lecho.”

Fr. 27: (II) “Lo que se dice en el Fedro acerca de los ríos y el mar es imposible. Pues se dice que bajo tierra todos están comunicados entre sí y que el principio y fuente de todas las aguas es el llamado Tártaro (…) desde el cual manan todas las aguas corrientes y no corrientes y que el flujo de cada una de las corrientes se produce por la permanente agitación de aquel principio y primera masa de agua, pues no tiene fundamento”.

En el pasaje de Homero aludido en el fr. 26, Zeus amenaza al dios que se atreva a socorrer a los troyanos diciéndole que

“lo arrojaré al tenebroso Tártaro bien lejos, donde más profundo es el abismo bajo tierra; allí las férreas puertas y el broncíneo umbral tan dentro de Hades están como el cielo dista de la tierra”.706

Hesíodo también describe el Tátaro como continente:

“En torno a él (al Tártaro) un cerco broncíneo está tendido; a uno y otro lado, en triple muralla, está desparramada la Noche en torno a su garganta; encima están las raíces de la tierra y del mar estéril”.707

705 Bernabé, A., Hieros Logos. Poesía órfica sobre los dioses, el alma y el más allá, Akal, Madrid, 2003, p. 117. 706Homero, Il. VIII, 13.

La descripción del Tártaro es en Grecia bastante homogénea, y oscila entre la tierra impenetrable y una sima marina insondable. Jenófanes dice:

“el límite superior de la tierra es el que vemos ante nuestros pies, en contacto con el aire; pero su parte inferior se prolonga indefinidamente”.708

Todos estos fragmentos describen el Tártaro o Abismo como lecho o fundamento infinito. Por ello se lo teme. Es en donde crecen las raíces, no es ni tan siquiera raíz. Equivale al espacio en la tríada del

Timeo de Platón, y por eso mismo se yergue como principio, por ser absolutamente incausado. En ese sentido, evoca el ápeiron de Anaximandro:

“Anaximandro afirmaba que el principio y el elemento es lo indefinido”,709

“esta naturaleza es eterna y no envejece y rodea a todos los mundos”,710

“lo infinito no tiene principio… sino que parece ser ello el principio de los demás seres y que todo lo abarca y todo lo gobierna (….); el infinito además es un ser divino, pues es inmortal e indestructible”.711

El hecho de que el Tártaro sea tanto impenetrable tierra como sima insondable nos remarca su carácter originario: es imagen de lo inconmensurable. Cuando Anaximandro dice que hay mundos “innumerables”, quizás esa idea se remite a otra más antigua: que el mundo es “inconmensurable”. Esa impenetrabilidad, incluso para la mente y el número, es lo que le da al Tártaro características de escudo y muralla, que ya son resultado de la eufemización de lo impenetrable. La triple muralla recuerda la estructura de la Atlántida descrita por Platón,712

y la asociación del bronce con el Tártaro remarca su imagen de escudo. La superficie de la tierra es tan dura como un escudo, lo que queda claro también para Herodoto:

“Coloca dentro la fuerza poderosa del río Océano, a lo largo del borde del bien construido escudo”.713

708 Jenófanes, fr. 28.

709 Anaximandro, KyR 94 = DK 12 A 1. 710 Anaximandro, KyR 101 = DK 12 A 11.

711 Anaximandro, KyR 108 = Artistóteles, Fís., G 4, 203 b 7. 712 Platón, Timeo.