2. MARCO TEORICO
2.2. EL COMPONENTE DISCIPLINAR: EDUCACIÓN INICIAL
2.2.2. Elementos de formación del Licenciado de Educación Inicial
A la Educación Inicial le conciernen los programas que actualmente se titulan como Licenciatura en Educación Infantil, Licenciatura en Pedagogía Infantil, Licenciatura en Educación Preescolar y Licenciatura en Educación para la Primera Infancia, y se pondera como la primera etapa del sistema educativo orientada a la infancia. A partir de las características que estos programas académicos vigentes han imprimido a la educación inicial con el paso del tiempo, y paralelo al reconocimiento de la infancia como prioridad nacional e internacional, como una de las etapas más fundamentales del desarrollo del ser humano puesto que se desarrollan las competencias para la vida, se ha podido avanzar y dar pasos significativos en la identificación de los elementos que integran la formación de un docente orientado a la educación inicial.
Se parte de la premisa que la Educación Inicial
es un proceso continuo y permanente de interacciones y relaciones sociales de calidad, oportunas y pertinentes que posibilitan a los niños y a las niñas potenciar sus capacidades y adquirir competencias para la vida en función de un desarrollo pleno como sujetos de derechos. (MEN, 2010, p.4)
Por ende, la Educación Inicial o la dirigida a la infancia, como un ciclo vital de la vida debe contemplar escenarios, procesos y ambientes educativos positivos, que les permita interactuar, avanzar en sus capacidades, adquirir competencias y potencializar su desarrollo integral.
Así como la infancia ha tenido una transformación en cuanto a su concepción se refiere, el docente también ha sufrido diversas variaciones sobre su rol y formación, las cuales permiten hacer una reflexión sobre su ser, saber y saber hacer. Es desde allí que se retoma entonces la necesidad de contextualizar el papel del docente en la actualidad debido a que como se había mencionado "la Educación Inicial es la etapa educativa más importante porque cubre los primeros años, que son decisivos en la vida de los niños y las niñas" (MEN, 2010, p. 220).
Un estudio reciente realizado por Claudia Peña y Yamile Duran (2011) desataca tres elementos que deben tenerse en cuenta en la formación de un docente de educación inicial: apropiación de las concepciones y perspectivas de la infancia, el contexto e infancia y la formación y desarrollo del niño.
Referente a las concepciones de infancia, este componente reúne todo un bagaje histórico, social y cultural acerca del reconocimiento de la infancia como categoría social (...) En el componente de contexto e infancia, el maestro en Pedagogía Infantil debe comprender las orientaciones de los sistemas de interacción, en las diferentes relaciones sociales, generando una postura crítica y propositiva, frente a las distintas situaciones de tipo social, cultural, política, económica entre otras, que serán las que definan la condición de cada niño o niña y como estas a su vez afectan, sus propios procesos de desarrollo y aprendizaje (...)
La formación y desarrollo del niño está referido al papel interactivo del niño en los procesos de construcción de conocimiento. (p.106)
Bajo esta misma idea, el MEN (2009) respecto al desarrollo infantil plantea como objetivo fundamental,
una educación orientada al desarrollo humano y social; una educación para la innovación y la competitividad; una educación pertinente y vinculada a la realidad de las regiones, del país y del mundo; una educación que mejora las oportunidades para todos. Si comenzamos por los más pequeños, si logramos que nuestros niños y niñas reciban el cariño, el respeto, la atención, el cuidado y la educación que se merecen al que tienen derecho, estamos asegurando no sólo un mejor país sino también unos ciudadanos comprometidos y solidarios con su desarrollo, crecimiento y progreso. (p.7)
Así pues, el rol del educador de educación inicial consiste en ser mediador y multiplicador de las situaciones en las que el niño presencie y realice actos de conocimiento, vivencia y exploración de su entorno. El papel del educador
consiste en encargarse de que las influencias que rodean al estudiante se seleccionen y adecuen para promover y facilitar el aprendizaje. El maestro tiene que organizar estas condiciones de tal manera que cada uno de los alumnos pueda aprender lo propuesto. La estructuración apropiada del medio para asegurar que los alumnos alcancen los objetivos educacionales, constituye una actividad exigente y creativa que depende básicamente del conocimiento que tenga el maestro acerca de los procesos y condiciones facilitadoras del aprendizaje. (Aebli, citado en Robledo, 1985, p.63)
Es así, como los procesos educativos y más aún el óptimo desempeño de la labor docente de Educación Inicial respecto a sus posibilidades de mejoramiento continuo, dependen en gran medida del conocimiento que el educador posea acerca de las dinámicas del aprendizaje, particularmente de los fundamentos pedagógicos los cuales están orientados desde unas estrategias didácticas. De igual forma, el conocimiento y comprensión de las interacciones pedagógicas y las potencialidades cognitivas e interactivas de la infancia desde sus dimensiones de desarrollo, para que a partir de éstas pueda plantear las actividades que estén más acordes con las necesidades e intereses del contexto y en particular de cada niño. Por lo tanto,
lo propio de la educación inicial es el “cuidado y acompañamiento” del crecimiento y desarrollo de los niños y niñas mediante la creación de ambientes de socialización seguros y sanos. Ambientes en los que cada uno de ellos puede encontrar las mejores posibilidades para el sano y vigoroso desenvolvimiento de su singularidad, en los que se asuma el respeto por la infancia y en los que se reconozca el juego y la formación de la confianza básica como ejes fundamentales del desarrollo infantil. (CONPES, 2007, p.23)
El docente entonces, tiene el compromiso de convertirse en agente transformador y divulgador social dentro de la pedagogía como campo de reflexión teórica-práctica de los procesos escolares, enriqueciendo así, los espacios, escenarios, programas, procesos y proyectos que respondan a las condiciones sociales y culturales del contexto en el que se encuentra,
contribuyendo además, a la formación de sujetos activos, críticos y conscientes de su propio proceso de formación.
Al consolidar los elementos de formación del docente de Educación Inicial, han surgido entonces, el reconocimiento de la infancia, el conocimiento, el lenguaje de la enseñanza, la escuela como institución socializadora y el educador, todos ellos, componentes básicos que problematizan los procesos de enseñanza – aprendizaje, teniendo como punto de encuentro el contexto socio-cultural e histórico en el que han confluido diferentes propuestas de autores, algunas de las cuales permanecen en el tiempo como ejes pedagógicos en diálogo permanente con la concepción del desarrollo del niño que se ha venido configurando hasta el momento. Así, en concordancia, Martha Lozano Riveros & otros, dan mención a dichos aspectos cuando afirman que las propuestas pedagógicas de formación docente,
toma como protagonista principal al niño en una concepción de desarrollo humano integral, y se fundamenta en la pedagogía activa, considerando que cada individuo a través de su acción, en las relaciones con la naturaleza y su entorno social, va construyendo sus conocimientos y sus afectos; su cultura, valores, ideologías, mitos y creencias y su forma de participar, cooperar y crear nuevas alternativas de cambio en si mismo y en su medio. (Lozano, Nieto,& Vásquez, 2002, p. 15)
Todos estos elementos hacen alusión básicamente a los principios de integralidad y de socialización, dentro de los cuales se encuentran inmersos un principio de acción, lúdico, de interés o significatividad en concordancia con el fortalecimiento progresivo de las estructuras mentales de los niños.
El principio de integralidad implica la formación del niño a partir del desarrollo de sus dimensiones psico-motriz, socio-afectiva, cognitiva, comunicativa, espiritual, ética y estética, claro está, que dichas dimensiones no se desarrollan por separado sino que en el actuar del sujeto establecen conexiones, es decir, están en constante interdependencia para el desenvolvimiento como ser humano en la cultura. Con ello, se determina la acción educativa sobre el sujeto en su totalidad, de tal manera, que pueda comprender el conjunto de dimensiones para la construcción del conocimiento sobre el mundo.
El principio de integralidad de la infancia da paso a abordar la acción de este, principio que se encamina a la participación de los niños en la construcción del conocimiento con las capacidades propias del pensar, sentir, valorar y de asignar significados a sus experiencias, muchas de las cuales se evidencian en una de las actividades principales de los niños como lo es juego.
El juego, como actividad estructurada donde tienen cabida y se favorecen las necesidades de desarrollo de los pequeños, refleja mediante experiencias espontáneas las vivencias y las fantasías, donde se interiorizan las estructuras sociales y culturales del contexto, en un entramado donde confluye la lúdica de la cultura infantil como uno de los principales mecanismos de aprendizaje. Este principio también permite la auto-expresión e integración con el otro, condición para la participación activa en las experiencias, acto en el cual el niño expresa el significado construido en la exploración y apropiación de aquellos componentes de su realidad que no solo son adquiridos en el juego, sino en la interacción con el contexto, que constituyen sus intereses para darle sentido a sus acciones haciendo significativas sus vivencias de aprendizaje.
Es así, como en la interacción con el contexto se da lugar al intercambio de experiencias en el que surgen mediaciones culturales y sociales concretadas como valores y normas de comportamiento que le exigen al niño adquirir y ejercitar todo un repertorio de habilidades y desempeños para participar en un colectivo y construir la subjetividad, proceso en el cual se hacen partícipes las instituciones de socialización como la familia, la comunidad y la escuela, siendo esta última, un ente establecido socialmente para representar las dinámicas que hacen parte de la vida en colectivo al dar inicio formal a su inserción en la sociedad como sujeto de derechos y deberes.
Cabe señalar, sin embargo, que son estos principios los que constituyen el lenguaje del educador, posibilitando en suma, su ser, pensar y actuar en el contexto educativo de la infancia, puesto que por excelencia es un agente comunicativo que mediatiza y divulga la cultura en su labor pedagógica.
Para concluir, se puede afirmar entonces que el papel del docente de Educación Inicial consiste en dinamizar las diversas situaciones que se entretejen en el ambiente escolar, buscando inquietudes, propuestas innovadoras y elementos de la comunidad educativa allegados al aula, recontextualizando su labor de manera permanente, es decir repensarse desde un contexto específico y una población determinada; lo cual requiere de un clima de confianza y diálogo entre los actores del ámbito educativo que permita las relaciones y negociación de valores, acuerdos, normas, entre otros.