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Elogio de Virgilio por Francisco de Miranda

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VIRGILIO, POETA DEL CAMPO

"Si algún poeta hay sobre el que, a través de todas las épocas se ha escrito, estudiado, opinado y analizado (y también inventado) hasta cada uno de los más pequeños pormenores de su tiempo, su vida, su obra y su alma, ese es Virgilio"64. Mal podríamos pretender nosotros tratar de agregar algo- a lo que la vasta pléyade de ilustres virgilianistas han establecido o sugerido respecto del autor de la Eneida. Sólo quisiéramos anotar algunos de los aspectos de la personalidad y obra de Virgilio que explican el amor y admiración especiales que el Precursor mostró por él.

El advenimiento de una nueva edad de oro para el mundo -que Miranda quiere ver en la llegada de la libertad de las naciones latinoamericana- es una idea que en Virgilio está especialmente ligada a la exaltación de la vida campesina, "Destaquemos ahora -expresa Guillemin- que los tres caracteres esenciales de la vida rústica, justicia, paz y facilidad de la vida, son precisamente los de la edad de oro, de ese reino de Saturno que los ojos buscaban en el horizonte"65.

Y esa exaltación de la vida del campo es, a su vez, inseparable de la valorización del trabajo humano, especialmente de la labor sobre la tierra, idea que también aparece como una constante en los escritos mirandinos. Como lo destaca Echave, "la aportación primera de Virgilio, ungido de esa su intuición genial con que de espaldas al pasado se anticipa a los siglos venideros, será la exaltación del trabajo, en un momento en que relegado de consuno a los esclavos 'ponía el noble su nobleza en el otium no en el negotium' "66

En cuatro rotundas palabras resume Virgilio, en las Geórgicas su admiración por el valor del trabajo: "labor omnia vincit ímprobus", el trabajo asiduo todo lo vence67. Y en consonancia con ese pensamiento,

64 A. Cuatrecasa, Virgilio Buc6licas Ge6rgicas, p. XI.

65 M. A. Guillemin, Virgilio Poeta, artista y pensador, p. 137.

66 J. de Echave-Sustaeta, Virgilio, p.52.

67 Virgilio, Geórgicas I, 145.146.

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"todas las páginas de las Geórgicas estarán ya plenas del trabajo, de sus esfuerzos, de sus fatigas y de la magnífica alegría que lo corona"68.

Hay una relación estrechísima entre el valor del trabajo y el amor por la tierra, sentimientos esencialmente moralizantes, que hallaban especial eco en el espíritu de Miranda. "En íntima unión afectiva con la tierra, adelantándose de nuevo, precursor, a las concepciones del romanticismo, sorprende Virgilio 'los secretos lazos que unen a la Naturaleza con el hombre, la eficacia moralizadora de su convivencia mutua... ' "69.

Como podemos comprobado a través de la lectura de los Diario,s de los que entresacamos algunos pasajes en los apartados que se dedican a El sentido de la naturaleza en Miranda y Por la campiña junto a Vigilio el Precursor comparte plenamente el sentimiento del paisaje incorporado al trabajo de la tierra y a la frugalidad de la vida campesina, que caracteriza al poeta de Mantua. No es de extrañar, pues, que Miranda, además de venerar a Virgilio como el gran vate clásico latino y uno de los mayores de la cultura occidental, experimentara una predilección especial por su poema campesino, "el mejor poema del mejor poeta", como lo llamó John Dryden (16311700), dramaturgo, poeta y afamado traductor inglés, cuya versión de la obra completa virgiliana poseía el Precursor70. Esta obra, en la que la creación virgiliana toca la suprema madurez71 no sólo exalta la vida campesina y sus virtudes, el valor del trabajo, sino que, en unión indisoluble con lo anterior, destaca la belleza de la vida del campo. "La tesis de la belleza de la vida rústica [...] es el objeto de las Geórgicas) -no vacila en afirmar Guillemin72. Tenía, pues, que ser lectura preferida de un hombre como Miranda, que observa con amor y entusiasmo el campo y la vida y el trabajo en la tierra, por donde quiera que lo lleven sus viajes.

Así como en Virgilio el amor por el campo supera el sentido del deber

68 M. A. Guillemin, op. cit., p. 110.

69 W. R. Hardie, Lectures on classical sujects. The feeling for nature cit. por J.

de Echave-Sustaeta, op. cit., p. 62.

70 Véase el apartado “Las ediciones virginianas del Precursor”.

71 Karl Buchner, Historia de la literatura latina, pp. 244-245.

72 M. A. Guillemin, op. cit., p. 163.0

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cívico de cantarlo, como una contribución al renacimiento de Roma, en su lejano admirador caraqueño tal amor va más allá de la motivación

"ideológica", de las razones que como "ilustrado" tenía para valorizar la vida y las labores rústicas. Este breve elogio de la agricultura, escrito el 5 de agosto de 1791, mientras realiza un viaje por el sur de Inglaterra, puede ilustrar esos sentimientos mirandinos: "Bellísima agricultura en todo este país [región], y el momento actual de recoger la cosecha es el más interesante del año. ¡Oh bendita agricultura!"73.

Muchas otras expresiones con que el viajero se refiere al campo, en el transcurso de sus viajes, constituyen un elogio de la belleza y la felicidad de la vida rústica. Sin duda, podía compartir plenamente las palabras de la célebre laus vitae rusticanae, alabanza de la vida campesina, del poeta latino:

O fortunatos nimium, sua si bona norint,

agrícolas! quibus ipsa procul discordibus armis fundit humo facilem victum iustissima tellus.

Felices sin medida los labriegos, si su bien

conocieran a los que lejos de la discordia de las armas fácil sustento les brinda por sí en su seno la justísima tierra..

Tenían que atraer también a Miranda los conocimientos acumulados por el poeta en las Geórgicas. Sabido es que Virgilio dedicó siete años a la escritura de su poema del campo, "a los que es fuerza añadir los que en su retiro de Nápoles dedica al esfuerzo ingente de preparación, a adquirir el enorme caudal de conocimientos que hacen de él un práctico de la agricultura, para quien los preceptos de los agrónomos y naturalistas griegos, latinos y cartagineses, Hesíodo, Aristóteles, Teofrasto, Arato, Nicandro, Magón, Catón, Varrón e Higilmio, no ofrecen secreto alguno"74. Sabemos que Miranda no sólo se había interesado por conseguirse libros modernos sobre agricultura, como un Corso di Agricultura Pratica, en 4 volúmenes, editado en 1787, sino que

73 Colombeia, IX, 261.

74 J. de Echave-Sustaeta, op. cit., p. 55.

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también poseía, entre sus clásicos griegos y latinos, autores como Hesíodo, Aristóteles y coleciones como la de Geoponici Graeci, en dos magnas ediciones grecolatinas, la de Needham de 1704 y la de Nicias de 1781, esta última en 4 volúmenes75; así como el importante tratado De re rustica de Columella76.

Y por supuesto que tenía que atraerlo también la nostalgia por la más profunda sabiduría, por el desentrañamiento del sentido del mundo y de la muerte, que se expresa en forma impresionante en tres versos de las Geórgicas:

Felix, qui potuit rerum cognoscere causas, atque metus omnes et inexorabile fatum

subiecit pedibus strepitumque Acherontis avari.

Dichoso aquél que pudo conocer las causas de las cosas y holló con sus pies todos los temores

y el inexorable hado y el horror del avaro Caronte77.

SENTIDO DE LA NATURALEZA EN MIRANDA

Numerosísimos -y a veces muy hermosos- son los pasajes de los Diarios que nos muestran su sensibilidad ante la belleza de la naturaleza.

Y muchos son también los que nos hablan de su interés por la agricultura.

75 Figuran en el Catálogo de Londres I, Nº 472.

76 Figura en Los libros de Miranda una edición de 1745.

77 Virgilio, Geórgicas II, 490-492.

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Esta, como actividad económica base, que puede dar, bien conducida, bienestar y progreso a los pueblos, provoca sistemáticamente su atención.

De ahí sus continuas anotaciones sobre el estado de la explotación agrícola en los países que visita y sobre los rubros y montos de la producción.

En este su sentido cívico o político -en el mejor sentido de la pa1abra- de la agricultura, así como en el sentido de la hermosura de la naturaleza, Miranda no podía sino admirar y amar al gran poeta clásico del campo, Virgilio. Veremos cómo éste lo acompaña en una de las más bellas etapas de sus peregrinaciones europeas.

Es notable fijarse en los tres textos que el joven caraqueño lleva consigo, junto a sus papeles personales, cuando antes de cumplir 21 años, deja la quieta Caracas y parte hacia el Viejo Mundo, iniciando la formación de lo que será su monumental archivo, su Colombeia, y dando comienzo a una de las más singulares y nobles aventuras humanas. Muy decidores de las juveniles inquietudes de su espíritu son esos tres textos:

la Carta de Valverde al Conde de San Javier sobre Filosofía, sobre la inutilidad o utilidad de la filosofía aristotélica, como era enseñada en la Universidad de Caracas78; una instrucción sobre el Modo de fundar hacienda de cacao y sus comodidades, que, como lo señalan las editoras79, acaso fuera un escrito dirigido por don Sebastián de Miranda a su amigo García Granados, acompañando el envío que le hace de una fanega de cacao; y un escrito sobre Gobierno de un reloj (Método para arreglar los

78 Al respecto destaca el Dr. Salcedo-Bastardo el hecho de que la arremetida de A. de Valverde contra el Conde de San Javier -detonante de la proclamación de la libertad de pensar y del derecho a disentir, considerada por Caracciolo Parra como ‘el primer grito de guerra contra la vieja filosofía decadente’ -haya sido joya de su Archivo, donde fue conservada a través de las vicisitudes desde 1770. Sobran razones para creer que ese texto no estaba allí ni por casualidad ni como adorno. En la réplica vehemente y atrevida de Valverde, brilla en cinco palabras un concepto que trece años después hallamos en Miranda y tiene -en él- consecuencia de tácita bandera: 'el gran libro del universo' ", "Pr61ogo" a Francisco de Miranda, América espera, p.

'XV.

79 Colombeia, 1, 212.

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relojes simples y de repetición) al cual acompaña una nota de Miranda que dice: "Diómelo Don Juan de Rambla en La Guaira. Año de 1770".

La filosofía, la polémica entre las ideas viejas y nuevas. La agricultura, la manera de hacer dar frutos a la tierra. Las curiosidades y complicaciones del artefacto que creó el ingenio humano para medir el tiempo. Tres materias distintas que llamaban la atención del joven caraqueño, al momento de partir en 1770.

El escrito sobre el cacao es muy bonito de leer. En la descripción de las faenas necesarias para fundar una plantación de cacao, con sus diminutivos que hasta hoy caracterizan la lengua rural, hay también algo de poesía, además de realismo (no falta la referencia a los esclavos).

"Primeramente se roza la montaña, y ésta se deja el tiempo de cinco o seis meses para que el sol y el agua sequen y pudran los árboles, en cuyo tiempo se cría algún montecito que llaman rastrojo, que se macanea o destruye cuando se quiere quemar la roza para que este montecito cause el fuego a la montaña derribada [...] .

"Los arbolitos de cacao se han de ir dejando crecer, sin consentirles más que tres ramitas, para que tengan fuerza y crezcan con más violencia [...].

"Estos árboles, hasta que son grandes, son perseguidos por unos gusanitos, que se les introducen en la cascarita, y se conoce porque donde está escupe agüita y así con un fierrecito se escarba hasta que se encuentra y se le saca, porque es de tal manera, que una vez que va labrando y dándole vuelta al palito, una vez que llegó a encontrarse, se muere el arbolito [...]"80

Más tarde, Miranda, al observar faenas agrícolas, más de una vez recordará "mi tierra".

Las observaciones de Miranda sobre la naturaleza y la agricultura comienzan en España, donde desembarca el 1° de marzo de 1771, primer día del mes en que cumplirá 21 años. Recordemos uno o dos de esos pasajes de su Diario. En el viaje de Cádiz a Madrid, con el Regimiento de

80 Ibid., 212-214.

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la Princesa, en 1778, alaba las cualidades de la tierra en las cercanías de Córdoba:

"La situación del país es la más amena y deliciosa que pueda imaginarse en la falda de Sierra Morena y orilla del Guadalquivir; la abundancia de aguas y fuentes, hacen tan fértil el terreno, que a pesar de la poca aplicación de sus habitantes a la agricultura, está toda la sierra llena de árboles frutales que es una delicia. Un solo naranjo de la huerta de Santa María ha producido cuatro mil naranjas [...]81.

En el camino de Jaraicejo a Guadalupe, anota el viajero: "Todo el camino es fragoso y lleno de infinitos árboles y arroyos, que lo hacen ameno y deleitoso en gran manera a la vista82 Como decíamos, son numerosísimos los pasajes de los Diarios que nos hablan de cómo veía Miranda la naturaleza y la agricultura. Quisiéramos recordar dos, antes de tratar de seguirlo en su camino de Italia a Suiza, en 1788, acompañado por Virgilio

En la travesía por Estados Unidos, las observaciones son muchas y muy interesantes83. Pero leamos lo que escribe el caraqueño en Nueva Jersey, el l8 de enero de 1784:

"La superficie y cultura [cultivo] de la región es tan amena y agradable que comúnmente se le llama el "jardín de América". Por todas partes se ven correr arroyuelos y fuentes de aguas cristalinas, que conducidas con mano industriosa por las faldas de las suaves lomas y colinas que hermosean la superficie del terreno, fertilizan la tierra y forman una serie de agradables perspectivas por toda la región. Las

81 Ibid., 473.

82 Ibid., 492.

83 Véanse los siguientes pasajes: 20 de junio de 1783 en Neuberne, Carolina del Norte; 12 de junio en Beaufort; 27 del mismo mes en George-Town;

fines de octubre siempre en Carolina del Norte; el 10 de enero de 1784 en Filadelfia; el 3 de junio en Albay; el 7 de agosto en el camino de Suffield a Hartford: Colombeia III, 41, 48, 55, 70 Y 71, 109, 181, 237.

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quebradas están cubiertas de bosques frondosos, preservados con inteligencia y cuidado para mil usos utilísimos, los cuales producen a la vista la variedad y contraste más hermosos con los trigos, cáñamos y otras siembras de los campos circunvecinos, abrigando al mismo tiempo una cantidad prodigiosa de pájaros de canto, que se acogen a su sombra y frescura en el verano y añaden mucho realce con su melodía a esta hermosa escena rural"84

En el Diario de viaje por el sur de Inglaterra, el 5 de agosto de 1791, estampa Miranda estas palabras llenas de entusiasmo por la forma en que se presentan las labores del campo en la región visitada:

"Bellísima agricultura en todo el país, y el momento actual de recoger la cosecha es el más interesante del año. ¡Qué bendita agricultura!"85.

Unos años antes, en su recorrido por Grecia, a pesar de que, naturalmente, su interés está centrado en los monumentos y vestigios del glorioso pasado del país, Miranda no deja de referirse al estado de la agricultura. Y así, por ejemplo, en Patra, observa el poco conocimiento que muestran los habitantes de la ciencia agrícola:

"La campiña es hermosísima, aunque sus habitantes no saben el mejor método de la agricultura. Los jardines tienen un aire rural que no desagrada, aunque es el de la simple naturaleza, y hay un tal número de pájaros de canto que les hace agradabilísimos en esta estación"86

En Corinto, observa que las llanuras son "verdaderamente hermosísimas a la vista" y están "bien cultivadas principalmente de trigos, olivos y pasolina". Al anotar la impresión que le produce la llanura de Atenas, dominada por la Acrópolis, el viajero señala también los cultivos que en aquéllas se dan: "Olivares, viñas, trigos, huertas, etc.,

84 Ibid., 127.

85 Ibid., IX, 261.

86 Ibid., IV, 368

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cubren la superficie de esta hermosísima y extensa llanura, que está dominada por la Ciudadela de Atenas"87.

87 Ibid., 388. Una reseña sintética sobre el viaje del Precursor por tierras he-lénicas, en nuestro trabajo Miranda y Grecia, I. Una presentación completa en Grecia y Francisco de Miranda, Precursor, héroe y mártir de la Independencia Hispanoamericana.

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POR LA CAMPIÑA JUNTO A VIRGILIO

Antes de seguir al peregrino venezolano que, acompañado por el poeta latino, cruza la campiña italiana y los campos suizos en 1788, recordemos que la relación de Miranda con Virgilio comenzó muy temprano. Podemos decir que el poeta acompaña al Precursor desde sus años de estudio en Caracas hasta la amarga celda de La Carraca.

Habiendo debido aprender bien el latín en su tierra natal, pues en ese idioma se daban las lecciones, trabajos y exámenes de filosofía, en el Curso de Artes que siguió en la Universidad de Caracas88, no es de extrañar que desde muy joven Miranda tratara de conseguir alguna edición original de Virgilio. A juzgar por sus recuerdos consignados durante los largos viajes por Europa, el caraqueño había desarrollado mientras estaba todavía en su patria el amor por las cosas del campo y, por lo tanto, el poeta de las Églogas y las Geórgicas debía atraerlo en forma especial, entre los autores latinos. Después cuando deja su país y comienza lo que se convertirá en su larga y asombrosa cruzada en pro de la libertad de América, Virgilio estará presente en instantes y documentos importantes de la carrera mirandina.

Ya en la primera lista de libros adquiridos por Miranda en España, aparece este ítem: Virgilii opera. Bella edición. 8º Naturalmente debido a lo escueto de la mención, no resulta posible identificar este libro entre los que figurarán más tarde en los Catálogos de Londres I y II, de los volúmenes de la biblioteca mirandina subastados en 1828 y 1833. En sus viajes por la Península, durante su servicio en el ejército del Rey, el militar caraqueño no deja de mencionar aquello que recuerde al vate latino. Así, en la biblioteca del Escorial89 hará constar la presencia de la figura de Virgilio entre los treintidós retratos de hombres ilustres que allí se exponen.

88 Sobre el contenido y modalidades del Curso de Artes, informa ampliamente el Dr. Ildefonso Leal en su ya clásica obra Historia de la Universidad de Caracas (1721-1827), Caracas, 1963.

89 Colombeia, I, 237, 25 o 26 de agosto0 de 1771.

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En Italia, en 1785, al visitar la Biblioteca Mediceo-Laurentana, Miranda examina y admira el códice virgiliano más antiguo, dejando constancia de ello en su Diario. Veremos más adelante con más detalle aquella visita y comprobaremos que, posteriormente, el viajero adquirió la edición de ese códice realizado en Florencia en 1741.

Al año siguiente de su primera travesía por Italia, en Kherson, cuando durante la cuarentena que debe soportar para pasar a Rusia desde Turquía, está a punto de morir intoxicado con gas carbón, Miranda recuerda el famoso verso virgiliano Félix qui potuit rerum cognoscere causas90.

A comienzos de 1788, Miranda termina de leer el Voyage Pittoresque de la Grèce del Conde Choiseul-Gouffier. La portada le recuerda a Virgilio. En ella figura la imagen de Grecia, personificada, agonizante bajo la opresión, en medio de ruinas. En una de las piedras aparecen grabadas las primeras palabras de un verso del libro IV de la Eneida con la patética expresión de la reina Dido "exoriare aliquis nostris ex ossibus ultor", “algún vengador que se alce de nuestros huesos”. El viajero terminó de leer el libro el 17 de enero de 1788 y vio en él enlazadas la Grecia Antigua y la Moderna, en torno al tema de la libertad.

Diez días después escribe en su Diario: "la alegoría del frontispicio felizmente compuesta: 'Pasajero, anda y di a la Lacedemonia que hemos

Diez días después escribe en su Diario: "la alegoría del frontispicio felizmente compuesta: 'Pasajero, anda y di a la Lacedemonia que hemos