• No se han encontrado resultados

F EMINISMOS E HISTORIA

In document Identidades en transición (página 96-107)

Frustrated Migration: Spanish Workers Arrested for Crossing the French Border Illegally during the Franco Regime

F EMINISMOS E HISTORIA

Amaya García Arregui (Universidad Autónoma de Barcelona; CSIC) Mónica García Fernández (Universidad de Oviedo)

No cabe duda de que la introducción de una mirada feminista ha supuesto una renovación temática, teórica y metodológica de la disciplina histórica. Desde los años sesenta del siglo pasado, la incorporación de nuevos temas relacionados con la contribución de las mujeres a la historia cristalizó el deseo de visibilizar a un colectivo hasta el momento mayoritariamente silenciado. A partir de la década de los noventa se popularizó además la categoría de género, revelándose como una herramienta de gran utilidad para el estudio del pasado. Como consecuencia, se comenzó por un lado a estudiar a las mujeres desde la perspectiva de las relaciones entre los sexos, a fin de desafiar una situación que seguía considerando a los hombres como lo universal y a las mujeres como ejemplo de lo particular, lo marginal o lo anecdótico. Por otro lado, la influencia de los estudios culturales y del llamado "giro lingüístico" dio paso a un interés por examinar las representaciones "sexuadas" de los discursos, las cuales sirven para legitimar relaciones jerárquicas y de poder. La utilización de la categoría de género en este último sentido, tal y como fue propuesta por Joan Scott en su célebre artículo, permite desvelar la importancia de nuestras concepciones acerca de la feminidad y la masculinidad como forma primaria de relaciones de poder.1

1 Para una revisión de la historiografía sobre las mujeres y el género, véase Gisela BOCK: "La historia de

las mujeres y la historia del género: Aspectos de un debate internacional", Historia Social, 9 (1991), pp. 55-77; Joan SCOTT: Gender and the Politics of History. New York, Columbia University Press, 1988; ID.: "El género: una categoría útil para el análisis histórico", en James AMELANG y Mary NASH (eds.):

AMAYA GARCÍA ARREGUI

MÓNICA GARCÍA FERNÁNDEZ

Puede afirmarse, en definitiva, que el feminismo ha transformado las investigaciones sobre el pasado, abriéndolas al estudio de las mujeres, los significados de género o las relaciones entre los sexos. La aparición de la historia de las mujeres y la historia de género serían dos de las principales consecuencias de la integración entre feminismo e historia. Ambas son hoy corrientes complejas, caracterizadas por el rigor teórico y la existencia de un rico debate interno acerca de las distintas formas de acercarse al objeto de análisis. Además, las perspectivas feministas y de género absorben influencias provenientes de otras disciplinas y pueden y deben aplicarse a investigaciones que no necesariamente tienen a las mujeres o al género como preocupación principal. Se reclama así el carácter interseccional del género, como también de otras categorías identitarias.

Dada la complejidad y diversidad de acercamientos a este tema, nos propusimos organizar una mesa-taller con una mirada feminista para el VI Encuentro Internacional de Jóvenes Investigadores en Historia Contemporánea, que tuvo lugar en Zaragoza entre los días 6 y 8 de septiembre de 2017. Este dossier recoge un resumen y comentario de las comunicaciones que finalmente se presentaron y discutieron en estas jornadas, que aspiraban a ser un espacio de reflexión sobre los feminismos en/y la historia. Buscábamos comunicaciones que incorporasen una perspectiva feminista, sin centrarse necesariamente en la historia de las mujeres y/o de género. También trabajos que analizasen la evolución histórica del feminismo o de las relaciones entre hombres y mujeres, y aquellos que reflexionasen críticamente acerca de las herramientas teóricas y metodológicas de utilidad para nuestras investigaciones. El criterio que seguimos para dar forma a nuestra sesión consistió en primar la variedad temática y cronológica, así como la diversidad geográfica, con el objetivo de conocer los puntos de vista aportados por las historias de territorios no europeos. Procuramos igualmente contar tanto con investigaciones empíricas como con otras que se centrasen en cuestiones de metodología y teoría. He aquí el resultado.

Los roles del activismo y del pensamiento feminista en la historia, así como las dudas acerca de cómo definirlos e interpretarlos centraron la atención de varias de las comunicaciones

Magnànim, 1990, pp. 23-56; Françoise THÉBAUD: Escribir la historia de las mujeres y del género. Gijón, KRK Ediciones, 2013. Su evolución en el contexto español ha sido analizada por autoras como Mary NASH: "Dos décadas de historia de las mujeres en España: una reconsideración", Historia Social, 9 (1991), pp. 137-161; María Dolores RAMOS: "Arquitectura del conocimiento, historia de las mujeres, historia contemporánea. Una mirada española. 1990-2005", Cuadernos de Historia Contemporánea, 28 (2006), pp. 17-40; ÍD: "Historia de las mujeres y género. Una mirada a la época contemporánea", Revista de

Historiografía, 22 (2015), pp. 211-233; o Rosa María CID LÓPEZ: "Los estudios sobre las mujeres en la

historiografía española: Notas sobre su evolución y perspectivas", Aljaba, 10 (2006), [Online] <http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1669-57042006000100001> [Último acceso: 21/4/2018].

Capítulo II. Feminismos e historia

de la mesa. Precisamente una revisión de algunos de los debates sobre el concepto de feminismo fue el objetivo de la presentación de Soraya Gahete Muñoz (Universidad Complutense de Madrid), que llevaba como título Repensando el feminismo. Los límites de un concepto

polisémico. Partiendo del reconocimiento de las complejidades del término, la autora puso sobre

la mesa algunas de las controversias más relevantes y actuales acerca de sus múltiples definiciones y etiquetas, centrándose en particular en la problemática en torno al sujeto del feminismo. En relación a esto último, la autora trató el tema de la participación masculina, asunto que aun hoy es objeto de encendidas disputas. Recordó asimismo los desafíos planteados por las teorías queer o posmodernas y su defensa de la fragmentación y multiplicidad de las identidades, lo que pondría en cuestión el sujeto político tradicional del feminismo.

Gahete se mostró especialmente crítica con los feminismos ligados a las religiones y, en particular, con el llamado feminismo católico, cuestionando las posibilidades liberadoras de las corrientes que partirían de dichas bases confesionales. Discrepante con esta visión fue, en cambio, la comunicación de Alejandro Camino Rodríguez (Universidad Autónoma de Madrid), quien respaldó la pertinencia historiográfica del uso de la categoría de feminismo católico.2 En La

utilidad del enfoque biográfico para el estudio del feminismo católico destacó los discursos de

aquellas mujeres que, sin renunciar a su fe, trasgredieron y redefinieron los modelos de género al uso. No obstante, el autor también previno contra el uso acrítico e indiscriminado del concepto de feminismo católico y recomendó cautela a la hora de definir ciertas propuestas y actitudes que, aunque potencialmente trasgresoras, no necesariamente son feministas. Con el objetivo de garantizar un mayor rigor, Camino defendió el uso de biografías y prosopografías como herramientas útiles para mejorar nuestra comprensión de las feministas conservadoras, muchas de las cuales no han sido objeto de este tipo de estudios, o no lo han sido desde una perspectiva de género. El análisis de sus trayectorias y motivaciones nos permitiría así establecer conclusiones

2 Sobre el feminismo católico existe una interesante tradición historiográfica en nuestro país, en la que

cabría destacar a autoras como Inmaculada BLASCO HERRANZ: Paradojas de la ortodoxia. Política de

masas y militancia católica femenina en España (1919-1939), Zaragoza, Prensas Universitarias de

Zaragoza, 2003; ID: “Militantes, feministas y católicas. La Acción Católica de la Mujer en los años veinte”, en Marie-Aline BARRACHINA, Danièle BUSSY GENEVOIS y Mercedes YUSTA (eds.): Femmes et

démocratie. Les Espagnoles dans l’espace public (1868-1978), Nantes, Editions du Temps, 2007, pp. 103-

118; ID: “Ciudadanía femenina y militancia católica en la España de los años veinte: el feminismo católico”, en Carolyn P. BOYD (ed.): Religión y política en la España contemporánea, Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2007, pp. 23-56; Miren LLONA: “El feminismo católico en los años veinte y sus antecedentes ideológicos”, Vasconia, 25 (1998), pp. 283-299; Mónica MORENO SECO: “Cristianas por el feminismo y la democracia. Catolicismo femenino y movilización en los años setenta”, Historia

AMAYA GARCÍA ARREGUI

MÓNICA GARCÍA FERNÁNDEZ

más informadas acerca del potencial emancipador de sus reivindicaciones y de la intencionalidad que habría tras las mismas.

El autor trazó primero un recorrido histórico por el feminismo conservador en España durante el primer tercio del siglo XX, destacando la diversidad de sus planteamientos y mostrando cómo muchas mujeres vinculadas a este movimiento efectivamente diseñaron propuestas transgresoras. Por último, hizo algunas reflexiones sobre el método biográfico, así como sobre su utilización desde una perspectiva de género. Además de proponer la necesidad de un estudio prosopográfico que capture la multiplicidad de experiencias de las feministas católicas, Camino defendió asimismo la conveniencia de realizar un estudio comparativo, lo que permitiría avanzar en la comprensión del feminismo y ahondar en la ya cuestionada universalidad del modelo anglosajón.3

A continuación, Tatiana Hernández Justo (Universidad de Granada) nos llevó a Túnez para analizar a un autor pionero del feminismo en este país. La autora aportó un enfoque complejo y matizado sobre el feminismo en el mundo árabe, lo que resultó especialmente pertinente en el contexto actual de islamofobia. En su comunicación, que tituló La primera obra feminista de

Túnez: Imrā’tu-nā fī l-Šarīa wa-l-muŷtama, se centró en uno de los libros del tunecino Ṭāhar al-

Ḥaddād, Nuestra mujer en la ley islámica y la sociedad (1930). En el marco de la lucha por la independencia frente a la colonización francesa, este autor entendía que la liberación nacional, el progreso y el cambio social requerían una emancipación del proletariado y también de las mujeres. Era asimismo partidario de una relectura del Corán que facilitara una mejora de los derechos de la población femenina. Entre sus reivindicaciones estaba la defensa de la educación de las mujeres, la crítica de su enclaustramiento o del uso del velo. Se opuso también a la poligamia y, frente al repudio, defendió el divorcio, del que también podían hacer uso las mujeres para liberarse de un matrimonio abusivo. Así, aunque esta obra fue duramente criticada y su autor calificado de hereje y expulsado de la actividad pública, fue finalmente muy influyente, sentando las bases del feminismo árabe. Inspiró asimismo la redacción del Código de Estatuto Personal de Túnez, que abolía la poligamia y el repudio por primera vez en el mundo árabe.

Siguiendo con feminismos no occidentales, pudimos también aprender acerca de las polémicas recientes en torno a las reivindicaciones por una educación no sexista en Japón. Este

3 Sobre esta cuestión, véase Karen OFFEN: “Defining Feminism: A Comparative Historical Approach”,

Signs, 14, 1 (1988), pp. 119-157; ÍD: Feminismos europeos, 1700-1950. Una historia política, Madrid,

Capítulo II. Feminismos e historia

fue el tema de la presentación de Aline Henninger (Institut National des Langues et Civilisations Orientales, París), quien analizó el impacto de las herramientas conceptuales propias del feminismo académico en la sociedad japonesa en general y en los grupos de activistas feministas en particular. A finales de los años ochenta y durante la década siguiente, colectivos como el Tôkyô Women’s Group trabajaron por la difusión del término “gender-free education”, antes incluso de que la categoría de género ganase popularidad fuera del ámbito académico. Si en esta primera etapa los esfuerzos del activismo feminista y del feminismo universitario corrieron principalmente en paralelo, las alianzas entre ambas corrientes se concretaron y reforzaron durante la avalancha de críticas a la educación igualitaria que tuvo lugar en los 2000.

La autora abordó la puesta en práctica, durante el gobierno de Hashimoto Ryûtarô, de un cierto feminismo de estado cuyo punto más controvertido fue precisamente el de la cuestión educativa. A pesar de la aprobación de una Ley por la Igualdad de Género en Japón en 1999, Henninger alegó que existía un cierto “desfase” entre las visiones institucional y activista de la igualdad de género en las aulas. Según la autora, dichos desacuerdos sirvieron a parte del

establishment político y a la prensa más conservadora para iniciar una campaña reaccionaria

contra la educación no sexista que desembocó en la revocación de un artículo que garantizaba el concepto de “coeducación” en Japón. Estas campañas se fijaron como objetivos atacar a los

gender studies nipones y denigrar ante la opinión pública el concepto de género, relacionándolo

con iniciativas de dudosa moralidad sexual. La ponencia de Henninger hizo patente la repercusión socio-política y la función extra-teórica de herramientas como la de la categoría de género, así como el carácter no lineal ni jerarquizado de los procesos de producción y circulación del conocimiento en el ámbito feminista, siempre construido y gestionado por distintos sectores sociales.

Volviendo a la historia de España, tenemos la investigación de Cristina Bernal Martínez (Universidad de Murcia), titulada El divorcio en Murcia durante la II República. Una medida

feminista. En su análisis, la autora hizo un comentario de las distintas causas de divorcio a la luz

de los estereotipos de género que, a pesar de los esfuerzos legales republicanos, aún prevalecían en el escenario geográfico español. Tal y como indicó Bernal, tanto en el conjunto de España como en la región murciana fueron más mujeres que hombres las que solicitaron el divorcio (92 frente a 52 en Murcia, además de otras 12 peticiones de separación también solicitadas por mujeres), lo que contradice la alarma de algunos movimientos conservadores de mujeres, que señalaban que esta medida perjudicaría más que beneficiaría a la población femenina. Los malos tratos estaban entre las principales causas que se alegaban las esposas para reclamar el divorcio,

AMAYA GARCÍA ARREGUI

MÓNICA GARCÍA FERNÁNDEZ

lo que fue aprovechado por Bernal para hacer un análisis de la violencia contra las mujeres a través de la documentación que maneja. El adulterio, en cambio, era la causa de divorcio que solicitaban más hombres, un total de veinte, frente a ocho mujeres que argüían la misma justificación.

Muy interesante también es la causa, recogida por la ley, de "violación de alguno de los deberes que impone el matrimonio y la conducta inmoral o deshonrosa de uno de los cónyuges." Bajo esta justificación pedían el divorcio mujeres que protestaban contra el abandono del marido de su rol como proveedor de la familia, lo que también nos habla de las expectativas sobre la masculinidad. Frecuentemente en estos casos, eran las mujeres las que debían ocuparse del sostén de la familia ante el abandono material de sus esposos, a menudo tachados de alcohólicos o jugadores. El estudio de los casos de divorcio sirvió asimismo a Bernal para reflexionar acerca del trabajo femenino. La dependencia económica, junto con la procedencia rural, suponían a menudo frenos para la emancipación del marido. De hecho, el trabajo femenino quedaba, a menudo, oculto o infravalorado, pero una lectura entre líneas permite revalorizar los trabajos que las mujeres realizaban al margen del salario y de la estadística.

Si bien casi todas las intervenciones incluyeron, de un modo u otro, el género como categoría de análisis, algunas se ocuparon particularmente del estudio de la diferencia sexual y sus significados y transformaciones a lo largo de la historia. Este es el caso de la presentación de Bakarne Altonaga (Universidad del País Vasco), Identidades de género y diferencia sexual en el

País Vasco en los siglos XVIII y XIX: tensiones y transformaciones. Su principal contribución

consistió en demostrar la implicación recíproca de variantes identitarias como el género, el sexo anatómico, la pertenencia comunitaria o la vida religiosa.

Altonaga presentó entendimientos diferentes del cuerpo sexuado para el periodo que cubre los siglos XVIII y XIX. Por un lado, el modelo de la pastoral tridentina entendía el cuerpo como una materia que envilecía el alma, cuya sublimación se llevaba a cabo precisamente a través de la renuncia y mortificación de esta dimensión material del sujeto. La concepción pre-ilustrada desvinculaba los atributos de género del cuerpo morfológicamente sexuado, pues todo individuo podía ejercer virtudes entendidas como masculinas como la ascesis o la penitencia. Del mismo modo, otras formulaciones religiosas de la época percibían la virilidad o feminidad de la población como características variables regionalmente sin importar el sexo biológico de los individuos.

Capítulo II. Feminismos e historia

Por otro lado, el modelo de la ilustración reformista vasca concibió el cuerpo como un elemento material moralmente neutro y técnicamente controlable como el resto de la naturaleza. La feminidad y la masculinidad se postularon por tanto como consecuencias “orgánicas” del substrato morfológico sexual de cada individuo. Frente al catolicismo rigorista, la visión ilustrada suavizó la represión eclesiástica contra la carnalidad y sensualidad humanas, pero a su vez ancló la noción de género sexual al sexo anatómico, inaugurando una corriente de esencialismo naturalista vigente aún hoy. Con estos ejemplos, Altonaga mostró la complejidad de la evolución del conocimiento y de la experiencia del cuerpo y la coexistencia histórica de concepciones aparentemente incompatibles

Por su parte, Abel Díaz (Universidad del País Vasco) explicó el concepto de homosexualidad que se manejó en el franquismo en una comunicación titulada Homosexualidad

y género en los procesos judiciales durante el primer franquismo. La represión contra la

homosexualidad, si bien se puso en marcha desde los inicios del Régimen, se intensificó a partir de 1954 con la aprobación de una enmienda a la Ley de Vagos y Maleantes, la cual incorporaba la categoría de homosexual. Como fuentes para el análisis, el autor se sirvió precisamente de los expedientes personales de sujetos procesados por el Tribunal de Vagos y Maleantes de Canarias. Estos expedientes le permitieron abordar la representación de la homosexualidad tanto en los discursos jurídicos como médicos, pues el peritaje forense y psiquiátrico fue una parte fundamental del procesamiento.

El género fue un elemento central en su argumentación, siguiendo las propuestas de Joan Scott,4 Nerea Aresti5 y, sobre todo, los estudios de Jesús Vázquez y Richard Cleminson acerca de la historia de la homosexualidad.6 Aunque la clase también impone una discriminación hasta el punto que todos los procesados provienen de estratos populares, el autor argumentó que no es suficiente con atender a las diferencias económicas, sino que es necesario incluir el género como categoría de análisis, pues es precisamente la ruptura del orden sexo/género y no el acto homosexual lo que determinaba la conducta merecedora de castigo. Así, la definición de homosexualidad tenía más que ver con la categoría de “inversión sexual” que con la de “orientación sexual” que por lo general manejamos en el presente. Por tanto, es el sujeto

4 Joan W. SCOTT: “Género: ¿Todavía una categoría útil para el análisis?”, La manzana de la discordia,

2011, Vol. 6, 1, p. 95-101.

5 Nerea ARESTI: Masculinidades en tela de juicio: hombres y género en el primer tercio del siglo XX,

Madrid, Cátedra, 2010.

6 Francisco VÁZQUEZ GARCÍA y Richard CLEMINSON: Los invisibles. Una historia de la

AMAYA GARCÍA ARREGUI

MÓNICA GARCÍA FERNÁNDEZ

afeminado el que es percibido como homosexual y, en definitiva, como peligroso para la sociedad, lo que justificaba su apartamiento de la misma. Con Vázquez y Cleminson, Díaz considera que la inestabilidad de los límites entre lo femenino y lo masculino es clave para comprender la noción de homosexualidad que funcionaba en el franquismo.

La categorización de una persona como afeminada solía venir refrendada por el peritaje

In document Identidades en transición (página 96-107)