CAPÍTULO II CONTEXTO HISTÓRICO
EN BUSCA DE LA IDENTIDAD
El fortalecimiento de la identidad cultural de una población impactada por el colonialismo, es decir el tomar distancias de una cultura con respecto de otra dominante, sólo es posible recurriendo a su pasado, en búsqueda de su autovaloración. Pero esto no es suficiente. Es retomar la historia como algo que dejó de ser, y también la historia como el devenir en movimiento.124 Una cosa es tener memoria para corregir y aprender del pasado, y otra reactualizar aspectos del mismo. Ricardo Calla toma como referente a Fanon cuando habla de una tradición como un saldo inerte del pasado, de lo que ya no es. Pero no habría cultura sin hechos sociales rutinarios, sin los hechos del habitus, en términos de Bourdieu125, no existiría la sociedad. En esa unión de hechos de costumbre y de acciones reflexivas, está la cultura. Entre la reiteración y la innovación, entre la tradición y el cambio, lo viejo y lo nuevo. Se hablará, entonces, de tradiciones de una cultura, no de cultura como sinónimo de tradiciones.
Bartolomé Clavero126 señala que en fecha muy temprana, en 1949, fue Bolivia quien propuso la creación de una comisión en las Naciones Unidas, que se ocupase del problema de la población indígena. Y en la OIT (Organización Internacional del Trabajo) la cuestión indígena pasó a ser considerada como caso particular de explotación social del trabajo humano.
En 1965, las Naciones Unidas emiten la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación racial, que pasa ya a asignar de modo concreto derechos a favor de los integrantes de grupos étnicos, como parte del proceso que va definiendo los derechos humanos como derechos de colectividades y no sólo de individuos. En 1989 la OIT emite el Convenio N° 169, el Convenio sobre pueblos indígenas y tribales en países independientes, que será suscripta por varios países, entre ellos Bolivia. Este Convenio reconoce implícitamente que la descolonización con concluye con la
124 Mario Margulis, Marcelo Urresti y otros, La segregación negada, Cultura y discriminación
social, Editorial Biblos, Buenos Aires, 1999.
125 Pierre, Bourdieu. La miseria del mundo, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 1999. 126 Bartolomé, Clavero. Ama Llnku, Abya Yala: Contituyencia indígena y código latino por
independencia nacional, sino que sigue siendo parte de una agenda urgente, la de la liberación de las opresiones vividas por los pueblos indígenas en el marco de lo que se denomina “colonialismo interno”. Es decir reconocer los derechos indígenas en tanto derechos humanos al interior de los estados. La descolonización es parte de la construcción de un Estado que pasa a reconocer la diversidad étnica en su seno como rasgo de modernidad democrática, donde la multietnicidad es contemplada como riqueza y potencialidad social. La descolonización es postmodernidad, aceptación de la diferencia y la diversidad.
La diversidad étnica hace parte de la riqueza social y cultural de una civilización, pero, por otra parte, como vemos en esa diversidad se asienta una potencialidad de contradicción y conflicto social que ha estallado en violentos enfrentamientos. 127
Será preciso, entonces, situarse en una delgada línea que a tiempo de cuestionar con severidad objetiva el apego a ciertas tradiciones y la reactualización de otras, valore y reactualice asimismo aquello de lo propio que sí admite ser valorado y reactualizado. Es decir impregnarse de una innovación creativa de espacios ampliados para la democracia y los derechos humanos colectivos e individuales.
La identidad se afirma y fortalece fijando distancia con respecto del otro.128 Lo mejor y más valorable del bagaje cultural propio de un pueblo, ética, igualitarismo económico y armonía con la naturaleza, debe articular con lo mejor de lo ajeno. Ricardo Calla insiste en esta cuestión. Tomar de sí lo mejor y estar abierta, consciente de sí y del valor ético de sus rasgos distintivos, pero comunicada con el mundo; con fisonomía propia, sí, pero dinámica. Y añade, que replegándose en un nativismo y etnocentrismo sólo se conseguirá, como ha sucedidos muchas veces, con reproducir los rasgos racializadores y opresores con los que el colonialismo preñó al mundo. Si la cultura es un proceso de interacciones que opera entre la permanencia y la novedad, un espacio de reproducción, deconstrucción y construcción siempre atravesado de tensión, es importante posicionarse al borde de esa tensión, fortaleciendo las
127 La diversidad étnica no puede suprimirse de la humanidad sino desde una postura
etnocéntrica que constituye un índice aterrador de lo que puede el hombre en la historia.
128 Erwing, Goffman, Estigma. La identidad deteriorada. Buenos Aires, Amorrortu editores,
identidades culturales de los pueblos desde la perspectiva de la interculturalidad.
En Bolivia el colonialismo interno o el legado colonial, sigue siendo un pesado hecho estructural que bloquea todo intento de superación de la pobreza, el analfabetismo y la enfermedad endémica. Sólo estas nociones permiten referirse a la condición de racismo, segregación, dominación, explotación y opresión que especifica las relaciones entre los grupos políticos y económicos dominantes de raíz europea y criollo-mestiza bolivianas, sus poblaciones mestizas empobrecidas y las grandes masas indígenas rurales y urbanas que hacen a esta realidad. El indígena sigue siendo considerado un inferior a quien, desde un gesto paternalista se dice que hay que integrar en la dinámica del país, pero cuya presencia resulta incómoda y antiestética. El indígena es segregado de modo estructural de los distintos niveles de mando y operacionalización del aparato estatal y político.
Bolivia es un país racista, disimuladamente racista, aunque ahora se está hablanado más francamente de este problema, hay un movimiento muy fuerte de la interculturalidad, que no lo teníamos hace años pero es también en todo este resultado de un largo proceso por lo menos en los más cercano, en 1990 hubo una marcha indígena de los países del Oriente hacia este lado que reclamó por la Dignidad y el Territorio. Aquí hay 36 pueblos indígenas y los pueblos del Occidente desconocían los pueblos del Oriente. Fue un encuentro tan importante como el que se había producido durante la Guerra del Chaco, cuando la gente de Occidente tuvo que ir a descubrir la naturaleza, a encontrarse con los otros para defender a un país que no conocían y en este caso fue una marcha pacífica pero también permitió el reconocimiento de esos pueblos y las concepciones son distintas en el lado occidental respecto al concepto de tierra, es que es más el de propiedad que no está presente en el otro lado oriental, realmente que supone un habitat colectiv o. Ha habido ese momento de apertura, también desde los años 80 ha habido un larga discusión en el seno del sindicalismo por quienes debían dirigir y al final se fue dando un cierto encuentro entre clase y etnia. Entonces hay un proceso de hechos y discusiones. 129
Recién en 1994 se contó con un vicepresidente aymara-hablante130. La actualidad ha cambiado con la elección de Evo Morales. Sin embargo la mentalidad colonial persiste, persiste en la segregación y exclusión de múltiples
129 Erik Torrico, entrevista, La Paz, 2006.
ámbitos de la vida cotidiana, hoteles, discotecas, clubes, centros nocturnos, restaurantes, algunas escuelas y universidades, redes familiares. La Confederación de Empresarios Privados de Bolivia, a los que el indígena tiene negada la entrada abierta o veladamente y en los que transcurre la sociabilidad de un sector dominante constituido por miembros de apellido ilustre o admitidos por prestigio profesional o dinero, pero siempre de tez clara o, un poco morena, pero que recuerden lo menos posible a un indígena.
“Son ellos los que se sentirían incómodos. Fíjate, no sabrían cómo
actuar, no sabrían utilizar los cubiertos”, comentó al respecto, con una sonrisa condescendiente Gonzalo M. un atildado concurrente al Club Social de Cochabamba. 131
Retomando el tema de la Ley de Participación Popular y del INRA, leyes que en su letra reconocen los derechos territoriales de ayllus y pueblos y comunidades indígenas, reconociendo los sistemas de gobierno propios y tradicionales de esas unidades societales, en los hechos se ha dado continuidad a la imposición de un sistema administrativo territorial y organizacional de la presencia del Estado a nivel local de corte colonialista, pues los ayllus no fueron respetados, se desconoció su forma propia y previa de uso y apropiación espacial. Los ayllus con todas sus particulares formas diferenciales de carácter regional fueron superpuestos por formas no- indígenas y de claras raíces europeas: el municipio, los departamentos, provincias, secciones, cantones y prefecturas. 132
Con este colonialismo paisano, toda la institucionalidad administrativa republicana ha sido configurada a espaldas de las formas indígenas del uso y manejo espacial. La sociedad dominante ha configurado un orden administrativo-territorial que cambia los derechos territoriales de los ayllus, pueblos y comunidades indígenas haciéndolas vulnerables al expansionismo hacendario, agroempresarial, minero y petrolero. 133
El desafío indígena, como resalta Ricardo Calla, es el de asumir el hecho republicano, no de negarlo, para transformarlo y rediseñarlo pese a
131 Gonzalo M. López, perteneciente a una familia burguesa cochabambina, aviador veterano. 132 Ricardo Calla, Ob. Cit.
133 Jorge, Dandler, “Indigenous Peoples and the Rule of Law in Latin America: Do they have a
chance?” Paper prepared for the Academic Workshop on the Rule of Law and the
haber nacido la república y haberse desarrollado a intramuros de la indiada. Sólo el fortalecimiento y soberanía de la república garantizar la liberación indígena. Porque esta república, hija y heredera del colonialismo europeo, creada e institucionalizada para servir a los intereses de una oligarquía local nacida de la matriz de la colonia, fundada a espaldas y contra el indígena-, ha visto perdida su soberanía por obra y causa de esa sociedad dominante de raíz europea y criollo-mestiza, de ese colonialismo paisano, que se fue reproduciendo sin dudar en articularse subordinada a un primer mundo interesado en globalizar su dominio. Que hoy tengan que ser los pueblos indígenas y los estratos empobrecidos de, en palabras de Silvia Rivera, ese abigarrado mestizaje boliviano, los que tengan que luchar por la soberanía de Bolivia es una condición terminal de sobrevivencia de la pluriculturalidad. 134
El territorio boliviano es el espacio para una lucha de resistencia y afirmación cultural de pueblos indígenas y mestizos pobres que si no se articulan en un movimiento político unificado sólo podrán ser borrados de la historia como realidades culturales vivas. Una lucha que supere todo maniqueísmo, que indígenas, mestizos y criollos puedan formular un plan común coherente de convivencia económica, cultural, social y política que impida la opresión, segregación, explotación entre los conciudadanos que hacen a la república plural y diversa de la que forman parte.
134 Ricardo Calla Ortega, expresa un pensamiento, un anhelo, que se está concretando ahora
CAPÍTULO V