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Encuentros con guías espirituales y seres sobrehumanos

In document Stanislav Grof La Mente Holotropica (página 107-109)

Una de las experiencias más reconfortantes del nivel trans- personal es el encuentro con guías espirituales, entidades que son percibidas como seres sobrehumanos que habitan en planos de conciencia y en niveles energéticamente superiores. Estos guías espirituales pueden adoptar formas humanas reconoci- bles y comunicarse con nosotros del mismo modo que lo hace una persona en sueños, pero también pueden aparecer bajo la forma de una luz radiante o de un poderoso campo energético. En contadas ocasiones se comunican verbalmente y, en su lugar, parecen utilizar canales extrasensoriales o telepáticos para transmitir la información.

La mayor parte de las personas que disponen de un guía es- piritual que les orienta afirman que éste apareció de manera espontánea. No obstante, estos guías también pueden aparecer súbitamente en un período de crisis interna, durante una enfer- medad grave, después de una lesión física o mediante cual- quier tipo de práctica espiritual. Hay algunos guías espirituales que se presentan con su nombre mientras que otros, en cambio, prefieren permanecer en el anonimato.

Estos guías espirituales pueden ofrecer diversos tipos de ayuda. Pueden intervenir para advertirnos de algún peligro in- minente o brindarnos su consejo cuando afrontamos períodos difíciles de crecimiento psicológico o espiritual. Sin embargo, después de ayudarnos en una crisis o una situación de emer- gencia pueden desaparecer para siempre o continuar orientán- donos en los asuntos cotidianos.

En su libroMemorias, sueños y pensamientos,C.G. Jung nos ofrece una extraordinaria historia sobre guías espirituales. Cier- to día, Jung recibió la visita de un líder espiritual hindú con el que mantuvo una larga conversación y, cuando Jung le pregun- tó el nombre de su maestro espiritual, el visitante respondió que se trataba de «Shankaracharya». El nombre le resultó fa-

El paradigma transpersonal

miliar porque Shankaracharya es el comentarista más famoso de los Vedas. Sin embargo, Jung pensó que no era posible que su visitante pudiera tener como maestro a un hombre muerto hacía varios siglos. Esperando aclarar esta duda, Jung le preguntó si se trataba del mismo Shankaracharya.

«Sí, me refiero a él», replicó, para su sorpresa.

«¿Entonces, se está usted refiriendo a un espíritu?», insistió Jung.

«Sí, a un espíritu -respondió-. También existen maestros en el plano espiritual. La mayor parte de las personas tienen maestros vivos pero siempre hay alguien que tiene a un espí- ritu por maestro. »'

A lo largo de los tiempos, las personas han recibido infor- mación procedente de entidades sobrehumanas y de guías espi- rituales. A veces los receptores guardan los mensajes recibidos para sí mismos mientras que, en otras ocasiones, actúan como

simples intermediarios que deben compartir la información con los demás. En algunos casos, este tipo de comunicación -que, en la actualidad se denomina «canalización»- está destinada a millones de personas. Suele aceptarse, por ejemplo, que los Vedas, quizás las escrituras más antiguas del mundo, se basan en revelaciones canalizadas por antiguos sabios y videntes de la India. Del mismo modo, según la fe musulmana, el Corán fue también canalizado por Mahoma en un estado visionario. En Estados Unidos, la influyente Iglesia de los Santos de los últi- mos Días (los mormones) se basa en las revelaciones canaliza- das por Joseph Smith a principios del siglo xix.

Quienes hayan leído los libros de Alice Bailey sabrán que la misma Bailey reconoce que el verdadero autor de los textos fir- mados con su nombre es, en realidad, una entidad que se llama a sí misma «el Tibetano». Por otra parte, el conocido psicólogo Roberto Assaglioli afirma que comunicó con la misma entidad y que ésta le confió los principios fundamentales del sistema de desarrollo personal denominado «psicosíntesis». En algunos casos, el guía espiritual proporciona un servicio muy útil y 220

Más allá de la realidad compartida práctico al dirigir la atención de la persona que sirve de canal sobre ciertos pasajes de textos muy diversos que proporcionan información sobre un determinado tema.

En el curso de su vida, C.G. Jung experimentó muchas y po- derosas experiencias transpersonales. Ya hemos mencionado el dramático episodio en el que sirvió de canal para que una en- tidad, que se presentó como Basilides el Gnóstico, le transmi- tiera su famoso texto Septena Sermones ad Mortuos. Jung tam- bién conectó con otro guía espiritual llamado Filemon, de quien aprendió muchas cosas sobre la dinámica del psiquismo hu- mano. En la última época de su vida, Jung afirmó que la mayor parte de su obra estaba basada en información recibida por esos medios y llegó a dudar de que sus logros personales en el estu- dio del psiquismo humano hubieran sido posibles si se hubiera li mitado a la información recogida por medios habituales.

En las dos últimas décadas la canalización se ha populariza- do y ha atraído la atención de un público cada vez más nume- roso. La popular serie de escritos firmados por Jane Roberts y recibidos de una entidad llamada «Seth» es uno de los muchos libros basados en información procedente de guías espirituales. También podemos citar, en este sentido, el Emmanuel k Book, de Pat Rodegast, los Messages from Michael de Yarbo y el New A ge Transformations: Revelations de David Spangler. Uno de los textos canalizados más famosos es el bestseller conocido como Un curso de milagros, un libro aclamado por numerosos profesionales de reconocido prestigio, como los doctores Hugh Prather y Gerald G. Jampolsky, por ejemplo, quienes lo utilizan como base de sus conferencias y seminarios. El texto original fue canalizado por Helen Schucman, una psicóloga convencio- nal, atea y poco dada a creer en lo paranormal que gozaba de una sólida posición en la universidad y de un excelente historial profesional.

El chanelling, o contacto con guías espirituales, se encuadra en el amplio espectro de experiencias transpersonales que pue- den acaecer en estados no ordinarios de conciencia. Veamos a

continuación el relato de las experiencias de un profesor de fi- losofía en estado no ordinario de conciencia con todo un grupo de guías espirituales a los que percibió como un consejo cós- mico de ancianos.

La inteligencia que ha dado lugar a la existencia de nuestro universo es enormemente sofisticada y su actividad trasciende, con mucho, la comprensión del ser humano. Pero si queremos acceder a este conocimiento, esta inteligencia nos enseñará cómo hacerlo. En el fondo, esta inteligencia no es otra cosa más que nuestro propio ser; por consiguiente, deberemos aprender a despertar cada vez más niveles de «nuestro» propio ser, del Ser. Hoy he tenido la oportunidad de conectar con un consejo de ancianos que me han ofrecido diversas visiones so- bre el universo y me han enseñado la forma de entrar en con- tacto con ellas.

Los ancianos son los custodios del conocimiento de lo que ha ocurrido en el universo desde hace miles de millones de años. Yo buscaba este conocimiento y, por ello, fui conducido ante el consejo de ancianos. Pero este conocimiento no es algo que simplemente se nos conceda sino que debemos hacer algo para lograrlo. Primero tenemos que acceder a ese nivel de concien- cia y luego debemos mantener la concentración necesaria para recibir el conocimiento que puedan ofrecernos.

Yo me hallaba sentado con el consejo de ancianos en el mismo centro del universo, en las entrañas de la tierra, donde los guar- dianes de la existencia física conjuraban y ponían en movi- miento a todo el universo. Cuando en mi mente aparecía el deseo de aprender algo el consejo se daba cuenta de inmediato y lo consideraba como una pregunta. Entonces el jefe del con- sejo entonaba un canto atronador «Quiere saber tal cosa» y el resto se sumaba al canto y comenzaba entonces una invoca- ción. Cantaban para reunir el poder suficiente para acceder al conocimiento.

Según este sujeto, el consejo de ancianos le concedió el ac- ceso a un tipo de «conocimiento experiencial» que le permitió «ver cómo operaba el universo». Sentía que «podía saber todo» lo que quisiera si tenía la suficiente fortaleza como para sopor- tarlo. Sin embargo, para ello, debía «ponerme al mismo nivel de la existencia», es decir, debía expandirse hasta alcanzar el mis- mo tamaño que la realidad que deseaba conocer. Ser capaz de percibir el universo de este modo respondía a un anhelo tan profundo «que me había estado guiando a lo largo de miles y miles de años». Nuestro sujeto prosigue su relato del siguiente modo:

A veces me confundía o me distraía mientras los ancianos can- taban. Cuando esto ocurría, algo me cogía de los mismos huesos y me decía: «¡Escucha! ¡Escucha! ¿Quieres crecer? ¡Escucha!

Eso no es lo que deberías estar haciendo. ¡Presta atención!». En- tonces los grandes monjes se acercaban y me repetían: «¡Escu- cha! Todas las cosas tienen su lugar, pero si quieres comprender la estructura del universo deberás ser capaz de asimilarlo en los niveles más profundos. ¡Tendrás que ser capaz de experimen- tarlo!».'

In document Stanislav Grof La Mente Holotropica (página 107-109)