• No se han encontrado resultados

La enfermedad como mensaje

In document El Mejor Libro Sobre Aloe Vera (página 33-36)

La historia y la leyenda nos dicen que milenios de tradición no pueden estar equivocados. El interés coincidente de múltiples culturas respecto a los efectos curati- vos del aloe vera resulta igualmente significativo. Las conclusiones de un sinfín de estudios, informes, investigaciones médicas, procedentes de las más diversas fuentes, nos hace pensar que, sin duda, algo tiene el aloe que lo convierte en una planta poli- facética con un gran abanico de propiedades curativas y regeneradoras. Sin embargo, hemos de tener cuidado para no sacar conclusiones precipitadas que nos hagan acu- dir a los múltiples productos derivados del aloe que actualmente invaden el mercado como si se tratara de una auténtica panacea, el tan perseguido elixir de la eterna ju- ventud y la salud garantizada a prueba de bomba.

La bomba antipersona a la que nos enfrentamos cada día de una manera casi subliminal y silenciosa está constituida por todos esos hábitos introducidos en nuestra vida diaria: el estrés y la ansiedad; la carrera contra reloj; la alimentación mal seleccio- nada y peor digerida, con escasa concentración, exceso de ruidos y actividad envol- vente; las pocas o demasiadas horas de sueño; la vida sedentaria o el exceso de mo- vimiento hacia ninguna parte. Cuando nuestra vida no se halla en armonía con su pro- pia naturaleza no es de extrañar que aparezcan dolencias y enfermedades varias, en función de nuestra personalísima manera de canalizar y encubrir tensiones. Y enton- ces, sin ningún motivo aparente, aparencen las alergias y erupciones cutáneas, la caída del cabello o las canas ¡prematuras, los molestos dolores en las vértebras cervi- cales o los terribles pinchazos en la zona lumbar, por poner sólo unos ejemplos. Para nuestra sorpresa, de nuevo, la medicina alopática convencional raramente resuelve nuestros problemas, precisamente porque el origen de nuestros males no se en- cuentra en los síntomas que trata de calmar, sino que éstos tan sólo son el mensaje, la voz de alarma, nuestro cuerpo cómplice avisándonos de que algo marcha mal. Enton- ces, cuando nos enfrentamos al fracaso de la medicina alopática, suele ocurrir que, en un intento desesperado, volvemos la mirada hacia otros planteamientos terapéuticos alternativos, sin caer en la cuenta de que nos mantenemos en el mismo terror original: el hecho de no reflexionar y analizar seriamente nuestros hábitos, nuestras actitudes, la experiencia y la práctica de la vida, en suma.

Supongamos, por ejemplo, que un mal día nos enfrentamos a un problema de psoriasis. El especialista nos asegura que sólo los corticoides atajarán el problema, una solución que no nos convence en absoluto, ya que somos conscientes de los drásticos efectos secundarios de este tipo de tratamiento. Rechazamos, pues, la opción convencional para volver los ojos hacia otros planteamientos médicos alterna- tivos, que nos sugieren, por ejemplo, las infusiones de diente de león y cola de caballo, por sus efectos depurativos, simultáneamente con la aplicación externa de un buen gel de aloe vera. Sin duda que este tipo de terapia (o cualquier otra sugerida por el espe- cialista en cada caso) funcionará, y funcionará bien. Antonio, un almeriense de 38 años, lo viene utilizando desde hace tres, y no escatima alabanzas hacia esa benefi- ciosa crema tópica de aloe que le liberó de los molestos daños colaterales producidos por la cortisona. Liliana, una cubana de 27 años que actualmente reside en Barcelona y que también se encuentra aquejada de psoriasis, comenzó a tomar zumo de aloe vera cada día desde el principio de su problema cutáneo, hace poco más de año y medio, ya que la escasez de medicinas en su país obliga a que muchas veces se recu- rra a remedios más naturales y caseros. En ambos casos, el aloe vera ha sido un buen aliado, ha mejorado el estado de la piel y ha reducido notablemente las molestias que

conlleva esta alteración: sequedad, picores, irritación, etcétera. Pero en ninguno de los dos casos ha llegado a remitir la enfermedad. La pregunta inevitable ahora es pensar qué pasaría si avanzamos un paso más allá, en ésta o cualquiera de las múltiples ma- nifestaciones de las patologías psicosomáticas que se instalan en nuestra vida, y defi- nimos la raíz del problema, adoptando las decisiones oportunas para desbloquear con- flictos y tensiones, en definitiva, para vivir mejor.

El aloe vera se está revelando cada vez más como una fuente de principios acti- vos capaces de hacer recobrar ciertos equilibrios perdidos. Recientes investigaciones en el campo de la lucha contra el cáncer y también contra el SIDA, le están otorgando a esta planta un papel protagonista, de tremenda importancia en muchos casos, en algunos de los tratamientos planteados en el control de estas enfermedades. Pero ello no puede levantar falsas expectativas y hacernos creer que el mero hecho de tomar pulpa de aloe cada mañana en ayunas nos va a proteger de por vida contra cualquier tipo de cáncer, o que nos va a mantener bellas y jóvenes por dentro y por fuera, po- seedoras de una piel sana y fuerte y de un cabello brillante y abundante, como si de una eterna y mítica Cleopatra se tratara.

No ponemos en duda que el uso del aloe, en las múltiples aplicaciones que nos ofrece el mercado en la actualidad, pueda ayudarnos a mantener una vida sana. Pero también poseen efectos tremendamente beneficiosos como regeneradores tisulares la vitamina E contenida en el aceite de germen de trigo o en el aceite de oliva virgen; o los brotes de alfalfa, que además tienen un importante poder alcalino que neutraliza la acidez de estómago y los problemas derivados de ella; y qué decir de la acción de- sengrasante de la lecitina, del poder antioxidante del betacaroteno contenido en las zanahorias, o de la oxigenación de las células producida por un cierto tiempo de respiración profunda y relajada junto a la orilla del mar o entre los árboles frescos de la montaña. Por no mencionar el tremendo logro de poder desarrollar la vida que real- mente deseamos, en armonía con el entorno que nos rodea y en contacto directo con nuestra propia naturaleza. Todas ellas, y muchas más, pueden ser consideradas fórmulas válidas para una vida sana. El aloe vera puede ser, también, una más, espe- cialmente si se trata de un producto de calidad -por encima de las guerras económicas del mercado competitivo-, utilizado de la manera adecuada y en el momento oportuno.

¿Por qué no funciona, cuando no funciona, el aloe vera?

Neill Stevens, tras enumerar una larga lista de enfermedades, disfunciones, daños y lesiones que se extienden en casi tres páginas de su libro Aloe Vera, asegura

que siempre existe un motivo que pueda explicar por qué no funciona esta super plan- ta de mil y un efectos terapéuticos, cuando no funciona. Y según él, el motivo se en- cuentra siempre en una, o varias, de estas situaciones:

■ Hemos utilizado una especie o variedad de aloe que no es la adecuada.

La planta no ha madurado lo suficiente o bien la hoja no se hallaba en un es- tado óptimo, sino que por el contrario contenía una pulpa ya seca u oxidada.

■ Hemos hecho uso de un producto comercial de baja calidad, o bien NO hemos

empleado el producto correctamente.

Por último, el propio autor -un fiel defensor a ultranza de las propiedades benefi- ciosas del aloe- reconoce las múltiples incógnitas que aún en la actualidad se plantea la ciencia occidental, respecto al qué, el cómo y el porqué de los efectos de la planta sobre la salud.

Aún así, podemos atrevernos a hacer una relación -que podría ser interminable- sobre algunas de las diferentes enfermedades y disfunciones físicas en las que el aloe se ha manifestado como tremendamente beneficioso cuando se ha tratado de un pro- ducto de calidad Utilizado adecuadamente. Dicho esto, vamos a hacer un ligero repa- so a las diferentes formas en que puede emplearse el aloe vera como medida tera- péutica.

In document El Mejor Libro Sobre Aloe Vera (página 33-36)