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Enfoque cognitivo-conductual y la terapia de pareja

Capítulo 3. El abordaje terapéutico al sistema pareja, según otros enfoques

3.2. Enfoque cognitivo-conductual y la terapia de pareja

Para García H., J. (2002), la terapia de pareja cognitivo conductual ha mostrado su eficacia de manera empírica, para ello cita a Chambless y cols, (1998); sin embargo menciona que existen limitaciones (Christensen, 1996) susceptibles de mejora. Este autor sostiene que la terapia de pareja cognitivo conductual se ha centrado en el análisis detallado de los conflictos cotidianos que pueden llevar a la ruptura de la relación, se ha planteado cómo aparecen los problemas, y cómo se mantienen. Ha identificado una característica que se asocia con ellos de forma general, un predominio de interacciones negativas sobre las positivas. Con el objetivo obvio de conseguir una intervención eficaz, ha planteado la forma de superarlos centrándose en aumentar el intercambio de conductas positivas y en mejorar la comunicación y la resolución de problemas. Si bien la terapia de pareja cognitivo conductual ha partido de datos empíricos buscando desde ellos una teoría que los explique, la consideración de la estructura de la pareja en sus dos vertientes básicas, como ente social y como relación diádica interpersonal, permiten integrar, encuadrar y comprender los últimos avances y aportaciones e intuir los caminos por los

que va a discurrir su desarrollo futuro. García H., J. (2002), plantean aspectos generales de la estructura de la pareja como ente social y relación diádica; desde ellos se obtiene un marco en el que se encuadran los conflictos, las áreas en que se producen, sus formas y consecuencias. El mismo planteamiento proporciona una visión que ayuda a comprender las soluciones que les ha dado la terapia de pareja cognitivo conductual, su eficacia y limitaciones y como las últimas aportaciones han ampliado el campo de acción terapéutico, actuando sobre aspectos de la estructura de la pareja que trascienden la mera acción sobre el conflicto.

3.2.1. Aspectos que toma en cuenta el modo de intervención.

La pareja como ente social:

Para la sociedad, la pareja es una entidad basada en la relación entre dos personas. Por lo cual, como ente social, la pareja se comporta como una unidad y así es reconocida por los que los rodean. Dentro de la pareja como institución social, se producen relaciones diádicas entre sus miembros y son las leyes, los usos y las costumbres las que marcan y definen unas características básicas en la pareja, como el compromiso que una a sus miembros. La premisa hasta hace sostenida, era que la inmensa mayoría de las parejas estaban constituidas por un par de personas de “distinto sexo” que en función de distintas razones decidían compartir su cuerpo, apoyarse mutuamente en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, en la alegría y en la tristeza, hasta que la muerte los separase. Al cambiar esta premisa drásticamente, el modelo terapéutico se ve obligado a cambiar, pues se incorporan otros

aspectos a tener en cuenta como por ejemplo, la pareja y su relación con terceros, los constructos de género y la diversidad sexual.

En este sentido, el enfoque cognitivo-conductual, reformula los conflictos a trabajar en terapia de pareja:

 El apego en las relaciones de pareja

 Los objetivos personales en la pareja y relaciones de dominancia

 Comunicación y resolución de problemas

 El compromiso en la pareja

La pareja como relación diádica

En la terapia cognitivo-conductual se ha hecho hincapié en la equidad en la relación y en los intercambios positivos de conductas porque la falta de estas dos facetas son las manifestaciones más claras y últimas de la ruptura. Sin embargo, cada vez con mayor frecuencia se presentan en la consulta parejas que se plantean como volver a enamorarse o como recuperar la ilusión. Por lo cual, en este sentido los aspectos a trabajar en terapia desde la relación diádica serían los siguientes:

 El amor

 Intimidad y validación

En resumen, los conflictos en la pareja se pueden agrupar alrededor de los aspectos fundamentales que estructuran la pareja, estos serían: la intimidad, compromiso, dominancia, el apego, las dificultades de comunicación y resolución de problemas.

3.2.2. Técnicas y recursos de intervención.

La terapia cognitivo conductual parte del análisis funcional de las conductas problemáticas. Se trata de, considerando el motivo de consulta, determinar las conductas problema para establecer el programa de tratamiento. La evaluación tiene como objetivo descubrir cuáles son las áreas de conflicto y la forma en que estos se dan, detectando las conductas, las cogniciones y las emociones envueltas. A partir de allí, se desarrollan los siguientes recursos y/o técnicas:

Intercambio de conductas positivas: para la consecución de este objetivo, se realiza lo siguiente:

 Se enseñan los fundamentos de la modificación de conducta, aprendiendo como una conducta responde a sus consecuencias, como extinguir y fomentar conductas, etc. (Costa y Serrat, 1982).

 Se utilizan y enseñan técnicas para realizar contratos, los cuales tienen que ser libres, sin imposiciones por ninguna parte, utilizando términos claros y explícitos, sin margen a las interpretaciones, que contengan ventajas para ambos. Hay que tener en cuenta que las conductas incluidas en el contrato tienen que estar ya incorporadas en el repertorio comportamental del que tiene que hacerlas (Costa y Serrat, 1982).

 Se emplean una serie de técnicas y juegos que propician el intercambio de conductas positivas, entre ellas se citan: Pillar a su pareja haciendo algo agradable, y hacérselo saber, tener una lista con deseos que el otro puede ir haciendo, observar la conducta agradable de la pareja para evitar la atención selectiva, recordar

los lugares, fechas, canciones, etc. que han sido símbolos de las cosas que han unido a la pareja, etc. (Cáceres, 1996).

Entrenamiento en habilidades de comunicación y de resolución de problemas:

 Se plantea un tratamiento escalonado y adaptado a cada pareja, que comienza con el entrenamiento en las habilidades necesarias para mantener una conversación, se sigue con las precisas para expresar deseos y sentimientos y finalmente se entra en las específicas de resolución de problemas. La base está en tener habilidades de conversación. Incluyen entre otras: aprender cómo hacer preguntas, dar información gratuita adicional, escuchar, llevar una conversación lo que implica, cambiar de tema, tomar la palabra, pasar la palabra y cerrar la conversación; todo basado en un lenguaje específico en el que los términos que se emplean se tienen que referir a elementos observables y cuantificables, oportunos y convenientes, centrándose en una información positiva, tanto verbal como no verbal (Costa y Serrat, 1982). También se enseña la escucha activa, para la que hay que tener en cuenta la postura y contacto visual, el tono adecuado, se tiene que animar al otro a hablar utilizando gestos y tono adecuado, evitar juicios de valor y utilizar de forma exhaustiva la empatía (Cáceres, 1996).

 Con esas habilidades como base se procede a incrementar las necesarias para la expresión de deseos y sentimientos, tanto de agrado como de desagrado, para realizarlo de tal manera que no se haga daño al otro y se sea constructivo. Se enseña a manejar la ira de forma positiva, de tal manera que se eliminen tanto los ciclos en los que la mujer da respuestas hostiles mientras que el hombre se retira, como aquellos otros episodios de violencia o ira que asaltan de forma inesperada. Se actúa así contra la crítica como medio de solucionar nada, contra la actitud defensiva, practicando la escucha y la expresión de sentimientos, para proceder contra el desprecio y la falta de escucha.

 Cuando se poseen estas habilidades, se afronta el entrenamiento en resolución de problemas propiamente dicho. El primer punto es construir la ocasión propicia y evitar las discusiones en lugares y tiempos que no permiten la comunicación sosegada. Después se trata de definir el problema comenzando por algo positivo, siendo específico, expresando los sentimientos y admitiendo el papel que se tiene en el problema. Todo de forma breve y dejando claro, en esta fase de enunciado, que no se quiere solucionarlo sino solamente plantearlo. Después es el momento de centrarse en las soluciones pidiendo al otro el cambio de conducta que resolvería el problema, recordando siempre

que tiene que incluir reciprocidad y compromiso y con consecuencias positivas para ambos junto con elementos de seguimiento que recuerden el acuerdo alcanzado (Costa y Serrat, 1982). Para cuando no se tiene la solución clara se enseñan técnicas como la tormenta de ideas en la que con una colaboración incondicional entre los dos se generan posibilidades de solución sin sentido crítico y solo más tarde se evalúa su posibilidad.

Cambios cognitivos

Para generar cambios cognitivos, las técnicas que se emplean son la reestructuración cognitiva, el diálogo socrático, la contrastación científica de hipótesis, etc. El análisis lógico se utiliza para poner las expectativas en su sitio. Para modificar las suposiciones y los estándares se utiliza el diálogo socrático, en el que se pregunta y se evalúan las consecuencias de vivir con esos estándares, tales como “no se debe estar nunca enfadado con tu pareja”. Se enseña la habilidad de utilizar de forma constructiva la metacomunicación para editar los pensamientos y hacer que sea efectiva, modificando la forma en que se está hablando y evitar seguir por los caminos de la emoción que llevan a la escalada de violencia.

En resumen, las técnicas cognitivos conductuales, está centradas en las modificaciones de conductas a través de las transformaciones de creencias, “La terapia de pareja es relativamente nueva dentro de la terapia comportamental y cognitiva. Faltan más

estudios sobre, el tema, más validación de sus técnicas y en un sentido amplio tiene que desarrollarse en este campo más investigación” (Granero, 2011)