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LO QUE EL ENFOQUE NO ES

Una dificultad muy común experimentada por ejercitantes noveles es la confusión sobre lo que se supone que es el proceso y técnica del enfoque. La mayoría de las personas, para cuando llegan a ser adultas, tienen la cultura en psicoterapia de un lego y, si bien es cierto que esto puede ser útil en algunos aspectos, también puede llevar a prejuicios falsos.

Si tú comienzas tu experiencia del enfoque con un error semejante en tu mente, con toda seguridad saldrás disparado en la dirección equivocada.

EL ENFOQUE NO ES UN PROCESO DE HABLARSE UNO A SÍ MISMO

Si tú eres como casi todo el mundo, sin duda sabes mucho acerca de lo que está mal en tu vida. Puede ser que te sermonees a menudo, tal vez basando tus críticas en sólidas deducciones y suposiciones.

“Es mi madre. Siempre odió a los hombres y siempre lo dijo. Eso lo tengo de ella y yo sé que no es así, pero debo tener aún algo de eso dentro de mí o no me sería tan difícil el tratar con hombres”.

O en otros momentos, omites el tan estudiado sermón y, en cambio, te insultas con todas las de la ley. Piensas que lo que mereces es un buen puntapié.

“Claro, ya sé lo que me pasa. No tengo entrañas. No tengo valor, ése soy yo. No es extraño que nunca llegue a nada.”

Estos sermones y castigos autoimpuestos, no sólo resultan desagradables, sino que no producen cambio alguno. Llegas a ser como dos personas, una en prisión y otra fuera, la persona de fuera sermonea o insulta a la de dentro, haciendo una lista cruel de todas las faltas de carácter atribuidas (pero generalmente no probadas) que se supone llevaron al triste estado del preso. Nada de esto le

ayuda al preso a escaparse. Cuando termina el sermón, la persona de dentro está tan confinada como siempre.

El Enfoque no es así. En lugar de hablarte a ti mismo desde fuera a dentro, tú escuchas lo que viene de ti, desde dentro. Tú preguntas de una manera suave, amigable y comprensiva: “¿Qué te sucede?” A lo mejor, nunca has sido tan amable contigo mismo anteriormente. La mayoría trata a la persona que siente dentro como lo haría un guardia de prisión sádico.

Ahora, habiendo hecho a tu cuerpo esta pregunta –“¿Qué es lo que realmente te pasa?”-deliberadamente te guardas de contestarla. Cuando preguntas algo a una persona, no te metes de pronto a contestar tú mismo la pregunta. Pues trata a la persona que sientes en tu interior, por lo menos, tan bien como harías a otra persona cualquiera. Tu persona interior también puede contestar y no necesita que tú le contestes todo.

Procura pasar de largo todas las respuestas ligeras, familiares, que aparecen enseguida. Son las mismas viejas respuestas que has oído en miles de sermones propios, de auto-amonestaciones, al correr de los años. Recházalas con firmeza. Aguarda pacientemente a que aparezcan respuestas frescas, nuevas, procedentes de tu interior, del significado vivenciado de tu cuerpo, sea cual fuere la situación que te está molestando.

EL ENFOQUE NO ES UN PROCESO ANALÍTICO

Es bastante fácil, algunas veces incluso divertido, el intentar un análisis racional de los propios problemas personales. Semejante análisis puede ser elaborado o sencillo, muy serio o un juego de salón. Los intelectuales no pueden evitar el analizar, cuando menos, algunas veces.

“La razón por la que estoy sola tiene que ser porque escojo los hombres equivocadamente. Debo de sentirme atraída a una clase de ellos que termina por rechazarme. Tiene que ser porque estoy buscando alguien como mi padre.” Sea o no que las suposiciones básicas detrás del análisis de esta persona son más bien correctas, el análisis no le hace mucho bien. Nada ha cambiado dentro de ella. Está todavía bloqueada.

De hecho, los mismos términos en que el propio análisis es conducido, tienden a subrayar esa cualidad de “bloqueada”. Cuando te dices a ti mismo: “Así es como soy”, implicas que no hay posibilidad de cambiar. En este sentido, el análisis es casi siempre pesimista.

Por contraste, el proceso y la técnica del Enfoque son optimistas. Están basados en la expectación positiva misma de cambiar. No se imagina un ser humano como una estructura fija cuya forma puede ser analizada de una vez para siempre. Contempla a la persona como un proceso, capaz de continuos cambios y movimientos hacia adelante. Los “problemas” dentro de ti son tan sólo esas partes del proceso, que han sido detenidas y el fin del enfoque es ponerlas en marcha y poner el proceso en movimiento otra vez. Cuando empleas correctamente la técnica del enfoque, no sólo esperas cambio sino que lo creas en el mismo acto de enfocar.

En lugar de tratar de analizar un problema, empiezas por ponerte en contacto con la sensación-sentida del mismo, todo él, el entero problema a la vez. Es una clase especial de receptividad en la que la sensación-sentida puede cambiar físicamente.

Nunca puedes formar un concepto de todos los miles de detalles en “todo eso sobre la riña que tuvimos anoche”. Pero habiendo sentido el problema entero, puedes luego ponerte en contacto con el núcleo, y después, con lo que está debajo de eso, y así sucesivamente. Enfocas paso por paso hasta que se siente resuelto el problema.

El resolver un problema es muy diferente a meramente entenderlo. En la técnica del enfoque, uno no simplemente “habla acerca de” un problema. Uno experimenta un cambio físico sobre el cómo ese problema se siente.

Cuando el enfoque produce un cambio real para resolver el problema, el cambio del cuerpo da la señal de que algún bloqueo interno ha cambiado. Con cada paso, el problema se siente ligeramente distinto de, y mejor que la manera de sentirse anteriormente. La sensación-sentida del mismo ha cambiado, lo cual es otro modo de decir que tú has cambiado. La siguiente vez que encuentras el problema en una situación de la vida, tu reacción será diferente.

El realizar con éxito un paso en el enfoque ordinariamente proporciona una mejor y más verdadera comprensión de lo que había pasado. Junto con el cambio físico sentido, algo viene en palabras o comprensión sentida, que explica lo que estaba mal, mucho más claramente y, de ordinario, en unos términos nuevos. Con

bastante frecuencia, toda la dificultad está enraizada en alguna cosa distinta de todas las consideraciones que estabas mirando. Y si tomas esa sabiduría corporal y después la enfocas, otra vez vendrá algo, junto con el siguiente cambio del cuerpo. Esto puede sorprenderte de nuevo y no seguirse lógicamente de lo que obtuviste en el primer paso.

Pero algunas veces uno o más pasos de este proceso de cambio puede pasar completamente de largo para tu mente analítica. Un cambio puede tener lugar sin que entiendas del todo por qué o cómo sucedió. Si enfocas esa enojosa situación sentida de “todo acerca de Juan”, por ejemplo, tal vez halles que las palabras que vienen con el cambio del cuerpo, añaden muy poco a tu conocimiento consciente de tu “Juan” problema. Pero el comprender es un producto derivado.

O puede parecerte que lo que llega no viene al caso. “Bien,” puedes pensar, “ahora ya sé que hay algo acerca de mi empleo en colisión con el suyo, algo sobre lo que Juan piensa que yo no me esfuerzo bastante. Pero ¿de qué me sirve el saber eso?, la siguiente vez que le vea, el problema seguirá aún ahí,

¿no es verdad?”

No, no seguirá, si eso vino con un cambio corporal de la técnica del enfoque. El cambio en el enfoque cambió tu sensación-sentida de Juan en cientos o tal vez miles de modos sutiles que están más allá de tu poder, o el poder de nadie, para percibir racionalmente. Los cambios se han verificado en tu cuerpo, no en tu mente racional. Tu mente consciente sabe poco de los mismos. Todo lo que, tal vez, nunca llegues a saber es que la siguiente vez que te encuentres con Juan, te sentirás distinta y obrarás de manera distinta. (En ciertos momentos, uno puede más tarde calcular parte, si uno desea).

El proceso es decididamente misterioso, no sólo para los que lo experimentan por primera vez, sino también para los que lo hemos estudiado durante años. Nosotros, los humanos, todavía sabemos muy poco acerca de nuestros procesos mente/cuerpo.

Yo puedo decir con mucha más certeza lo que pasa, que por qué pasa. He visto que esto le sucede a muchos y yo mismo he sentido que me ocurría a mí. Ahora intentaremos que tú también lo experimentes.

Si no lo has hecho ya, practica el Enfoque durante los diez minutos siguientes. Nota cualquier dificultad que te salga al paso. Los capítulos siguientes pueden ayudarte a resolverlas.

EL ENFOQUE NO ES UNA MERA SENSACION CORPORAL

Una sensación-sentida es la sensación física corporal de un problema,o de alguna preocupación o situación. Es una sensación física del sentido y/o significado. Si tienes sensaciones corporales que parecen sólo puramente corporales, y no relacionadas con ningún aspecto de tu vida, déjalas pasar.

Pregúntate cómo va tu vida y bastante pronto tendrás una sensación-sentida corporal.

EL ENFOQUE NO ES SÓLO EL PONERSE EN CONTACTO CON “LAS SENSACIONES DE TUS ENTRAÑAS”

Pudieras tener una sensación clara e intensa con relación a algún problema, y de ordinario la misma, una y otra vez. Especialmente, si has tenido esa sensación muchas veces no hay por qué tenerla de nuevo una vez más.

Una sensación-sentida es la más extensa, al principio, confusa, irreconciliable molestia, que todo el problema (todo eso) produce en tu cuerpo. Para dejar que se forme, tienes que mantenerte un poco apartado de la emoción usual. La sensación-sentida es más ancha, menos intensa, más fácil de sostener e inclusive mucho más amplia. Es como tu cuerpo responde a todo el problema.

Una palabra-cualidad, tal como es el asidero de la sensación-sentida es probablemente una palabra que aún no dice mucho acerca del problema. Sería una palabra (o imagen) ajustada por ti mismo. Palabras de esa clase son “pesado”, “apretado”, “como cola de pegar”, “agachado”, “inquieto”. Tales palabras ayudan a retener la cualidad de la todavía “confusa sensación- sentida”.

CAPÍTULO VII