DIMENSIÓN SOCIO-AFECTIVA
3. REFERENTES TEÓRICOS
3.1.5 Enfoque teórico
Este desarrollo se logra a través de las relaciones que establece con otros: Padres, hermanos, vecinos, niños y adultos de la comunidad, compañeros, maestros, de las vivencias que se den en términos de esas relaciones y de la diferenciación que el niño o niña establece entre sí mismo y los demás, entre los compañeros del mismo sexo y con los del otro. En estas relaciones el niño va logrando crear su manera personal de vivenciar, sentir y expresar sus emociones, sentimientos frente a los objetos y personas del mundo, su forma de actuar, de discernir y juzgar sus actuaciones y las de los demás, y de tomar sus propias determinaciones.
La emocionalidad en el niño es intensa, domina parte de sus acciones, pero es igualmente cambiante de estados de retraimiento y tristeza, puede pasar a la alegría y al bullicio, olvidando fácilmente las causas de su situación anterior. El control sobre sus emociones es débil, no pone fácilmente distancia entre el y sus sentimientos y difícilmente llega a criticarlos, juzgarlos o corregirlos. Los niños suelen ser impulsivos y viven profundamente sus penas y alegrías, haciendo a veces que sus temores sean intensos, especialmente el temor a estar solos, a la oscuridad y a la noche; el niño pone emoción y sentimientos en todo lo que hace y mas cuando la actividad es lúdica, por ello realiza actividades con inusitado entusiasmo o se niega a su realización en forma a veces terca.
A través de esta emocionalidad y sus manifestaciones, y las formas como los demás, especialmente los más cercanos a él: Padres, hermanos, maestros las asumen y le ayudan a vivirlas, el niño va logrando su desarrollo afectivo. Una relación positiva con ellos es un estimulante eficaz, así como una relación castigadora, autoritaria y conflictiva malogra todos los esfuerzos del niño y crea riesgo para desarrollar con él todo tipo de conductas frustradas y de sentimientos de fracaso.
El preescolar ofrece al niño nuevas fuentes de inquietudes y emociones, al ampliarse la vida social.
El compartir con sus compañeros y maestros, las emociones tienden a socializarse, es decir están cada vez mas vinculadas a las relaciones con otras personas del grupo, lo cual permite gradualmente ir ganando en ellas mas finura y profundidad, más poder de inhibición y control, mayor riqueza, estabilidad y equilibrio, racionalidad y sociabilidad. Es muy importante para el niño la aprobación, elogio y especialmente la aceptación de su maestro y compañeros. De acuerdo con las experiencias anteriores, vividas en su familia, en su entorno, los estudiantes pueden, en términos de las relaciones con los demás reaccionar de diferentes maneras: Ser tranquilos, amables, afectuosos, alegres, impulsivos o llamar la atención en búsqueda de afecto, ser hostiles o a veces agresivos, presentar comportamientos infantiles para su edad como pataletas o llantos intempestivos, mostrarse menos capaces que sus compañeros, desvalorizarse, sentirse culpable, expresar inseguridad y angustia.
Las relaciones que el niño ha establecido antes de su ingreso al preescolar pueden estar enmarcadas en la sobreprotección o el rechazo por parte de los padres, lo cual priva de toda iniciativa y autonomía y mantiene el estado de perpetua dependencia o los lleva a la hostilidad y desconfianza en la relaciones con los demás y a una baja autoestima y propia aceptación.
El niño de esta edad que ingresa al preescolar, desea prolongar a la maestra o al maestro los sentimientos de afecto que manifiesta por el padre o la madre, pero igualmente el maestro y el grupo se constituyen en factor importante en el logro de su autonomía en lo que se refiere a las relaciones familiares que le servirán al principio de modelo, el afecto que inicialmente deposita en su maestro progresivamente se hace extensivo al grupo de compañeros. El maestro especialmente el primero juega un papel importante en la aceptación y adaptación del niño a la vida escolar. De la actitud del maestro depende en gran parte la suerte de esa adaptación y las actitudes del niño hacia el medio escolar; por lo tanto el niño debe encontrar un clima cálido, agradable, lleno de vida y afectividad,
donde primen las relaciones equitativas, justas y recíprocas, como principio fundamental en la construcción de una moralidad autónoma.
Procurar un adecuado desarrollo socio – afectivo del niño, implica facilitarle la expresión de sus emociones tanto de ira y temor, como de bienestar y alegría, darle seguridad en sus acciones facilitándole la oportunidad de escoger, de decidir y valorar dentro de una relación de respeto mutuo, de comprensión y aceptación voluntaria de libertad de expresión, apreciación de sus propios valores, de solidaridad y participación. Todo esto es parte de la formación para la vida por cuanto permite al niño la creación de su propio esquema de convicciones morales y de relación con los demás.
En el desarrollo socio – afectivo y en el logro de su propia identidad es importante tener en cuenta el desarrollo psicosexual del niño o niña.
Los niños de todas las edades manifiestan curiosidad por el sexo. Esta curiosidad en los niños pequeños es una manifestación de un interés que madura por el yo y el medio ambiente, y como tal, debe ser satisfecho de igual modo que la curiosidad por otras cosas.
Este interés en cada niño o niña varía según su edad, la clase de hogar y el medio cultural en que vive, su relación con sus padres, su inteligencia y su personalidad. Hacia el final de la preescolaridad, en la edad de cinco a seis años los niños, generalmente muestran interés por las personas extrañas al hogar, especialmente por los niños o niñas que encuentran en su escuela o en el barrio y la actitud hacia los sexos es indiferenciada y juegan igualmente con los niños de uno u otro sexo. A medida que crecen empiezan a preferir los juegos y juguetes, los vestidos propios de su sexo y el padre y la madre se convierten más definidamente en la figura masculina y femenina del niño o niña. Al ser atendidas en la educación sexual las preguntas que son frecuentes en esta edad, se les debe dar información y procurar que los niños encuentren y utilicen un vocabulario apropiado para referirse a él, igualmente, el educador debe utilizar ese lenguaje en
el proceso de educación y no mostrar asombro o prevención entre las preguntas de los niños.