CAPÍTULO 7: Los marcadores del discurso
7.1 Enfoques aplicados al estudio de los marcadores
El primer intento en la búsqueda de información en torno a los marcadores es la revisión de las gramáticas de la lengua1. En esta dirección, Martín Zorraquino y Portolés (1999: 4056) plantean que aunque las gramáticas del español han ofrecido descripciones de los marcadores discursivos, sin embargo, apenas se le ha dedicado espacio a este tipo de palabras. En contraste con esta falta de atención en las gramáticas, desde hace treinta años debido al desarrollo de los enfoques textuales, discursivos y pragmáticos de la lingüística, los marcadores han sido el foco de una gran cantidad de trabajos.
En esta sección presentaremos el análisis del concepto de conector y su tratamiento a través de los distintos enfoques teóricos. Para ello resumiremos el estado de la cuestión que presenta Bach (2002), quien afirma que “(...) exposar l’estat de la qüestió sobre els connectors suposa a més immergir-se en un món mancat de tradició en què ni la terminologia ni els conceptes estan del tot fixats” (p. 31); es decir que estudiar los enfoques utilizados hasta ahora para el estudio de los conectores es un camino con muchas intercepciones. ¿Cuál es la mejor vía para el estudio de estas unidades? Aún no ha sido determinada. No es nuestro
1
Para conocer sobre el tratamiento de los marcadores en las gramáticas del español, se recomienda consultar a Martín Zorraquino (1998). En este artículo, la investigadora concluye que “las partículas son un verdadero cajón de sastre en el que los conceptos de adverbio, preposición, conjunción e interjección resultan claramente insuficientes para dar cuenta de las propiedades de todos los elementos invariables con que cuenta el español” (p. 52).
objetivo en esta investigación dilucidar esta interrogante; no obstante, vemos la necesidad de que las futuras investigaciones hagan una valoración de los enfoques utilizados hasta ahora en la descripción de muestras orales y escritas en español, pues, sin duda, esto arrogaría señales más claras hacia dónde encaminar los futuros estudios de estas complicadas unidades.
Bach (2002) analiza el concepto de conector utilizado en distintos enfoques teóricos: la gramática sistemicofuncional, el análisis del discurso anglosajón, la lingüística cognitiva, la teoría de la argumentación, la escuela clásica de Ginebra, la teoría de la relevancia y los integradores ginebrinos. Tras este recorrido teórico propone un concepto semanticopragmático composicional. Consideramos útil resumir, en el siguiente Cuadro-resumen, el análisis de esta investigadora, pues no solo analiza el concepto de conector, sino que también reseña las investigaciones que se han hecho en la lengua española siguiendo cada enfoque, lo que nos permitirá tener una idea panorámica de quiénes y desde qué posturas teóricas han estudiado los conectores en el ámbito hispánico.
Enfoques teóricos Concepto de conector Estudios en el ámbito hispánico 1. La gramática sistemicofuncional En el modelo de la gramática sistemicofuncional de Halliday y Hasan (1976:222) los elementos vinculadores se sitúan en el nivel de la cohesión. Los conectores son presentados con el término de conjunciones (conjuntions) y se considera que
“…they express certain meanings which presuppose the present others components in the discourse”. Estos investigadores establecen cuatro tipos de conjunciones, a saber, aditiva, adversativa, causal y temporal. Estas conjunciones pueden tener un uso interno si unen elementos del cotexto, y un uso externo si relacionan elementos del texto
Mederos (1988) utiliza el término conectivos entre los cuales hay conjunciones y complementos adverbiales de diverso tipo y de estructura muy variada. Este investigador presenta una tipología de conectivos compuesta por 6 clases de conexión, cuatro que coinciden con las establecidas por Halliday y Hasan (1976) y dos nuevas, la disyuntiva y la continuativa.
con el contexto. Halliday, en su obra del año 1985, reformula la clasificación anterior y establece tres tipos básicos de conjunciones, de elaboración, de extensión y de
relleno, estableciendo subcategorías en cada grupo.
2. El análisis del discurso anglosajón
Los análisis de los conectores dentro de este marco se centran en el uso oral.
En primer lugar, tenemos a Schiffrin D. (1987) y posteriormente a Redeker G. (1990) y
Fraser B., quienes, aunque siguen en parte a Schiffrin, presentan nuevos modelos.
Schiffrin (1987) utiliza el término marcadores del discurso para referirse a los elementos secuencialmente dependientes que marcan el límite entre diferentes unidades del habla. La mayoría de los marcadores puede actuar en más de un nivel, unos desarrollan una función primaria y otros no. Según esta investigadora no todos los marcadores tienen un significado propio y estable. Por su parte, Redeker (1990) propone el uso del término operador discursivo y lo define como una palabra o frase que sirve para atraer la atención del hablante hacia una clase particular de nexo entre el discurso anterior con el precedente. Este concepto excluye algunos marcadores incluidos por Schiffrin como los indicadores causales, las expresiones deícticas, los pronombres anafóricos, entre otros.
Y, por último, Fraser quien propone que los marcadores sean considerados una categoría lingüística. Esta propuesta parte del supuesto de que el significado de las frases se analiza en dos componentes separados, el del contenido y el pragmático. Este investigador afirma que la función de un marcador no está relacionada con su significado, es decir que no hay un sentido estable y único que permita atribuirle un significado asociado al contenido semántico.
Marsà (1992) analiza los conectores españoles a partir de parámetros muy próximos a los Schiffrin. La investigadora establece una tipología de los marcadores discursivos según la fuerza comunicativa y reafirma lo dicho por Schiffrin que los marcadores pueden actuar en más de una ‘classe’. Divide los marcadores en
ideacionales (marcan relaciones de contenido) y
pragmáticos (muestran la intención del hablante); estos últimos están subdividos en marcadores retóricos (indican la intención del hablante respecto al contenido) y marcadores de transición (indican la intención del hablante respecto de la estructura de interacción). Esta investigadora centra su atención en los marcadores de transición en inglés y español.
3. La lingüística cognitiva Traugott (2003) utiliza el término marcadores,
Pons (1995) presenta una definición prototípica de
siguiendo a Shiffrin. Este investigador propone que estas unidades deben ser objeto de análisis de la teoría de la gramaticalización, demuestra que estas unidades siguen el mismo proceso de gramaticalización que otras unidades ya gramaticalizadas (transcategorización,
vinculación con la frase, reducción fonológica, generalización del significado,
incremento de las funciones pragmáticas y, en último lugar, subjetivización). En su opinión, los marcadores son un ejemplo claro de gramaticalización de unidades de la lengua por un uso estratégico en el discurso, por lo tanto, argumenta que se debe ir más allá de la morfología y centrarse en la sintaxis y en la pragmática, y en la relación entre la cognición y la comunicación.
conector a partir del análisis de las definiciones encontradas en la bibliografía sobre conectores. Este investigador aplica su definición a un corpus tratado estadísticamente con el fin de determinar cuáles son las piezas que se ajustan o se acercan a la definición prototípica de conector. Por su parte, Ruiz y Pons (1995), tras estudiar la forma y la función pragmática de las locuciones, expresan que queda pendiente explicar la relación entre las dos funciones pragmáticas, la conexión y la matización. M. Josep Cuenca (1996) y M. Josep Marín (1996) han estudiado los conectores del catalán dentro del marco de la lingüística cognitiva.
5. La teoría de la argumentación
Esta teoría se sitúa en el ámbito de la semántica pragmática o semántica integradora en la que se aglutinan tres dimensiones tradicionalmente separadas, la sintaxis, la semántica y la pragmática.
Para Ducrot y Anscombre (1983) hablar no es simplemente informar sino básicamente argumentar. La noción de polifonía y de topos son claves en esta teoría; la primera se utiliza para describir los enunciados en los que aparecen diferentes voces debajo del discurso de un mismo enunciador y la segunda explica el nexo entre el enunciado y su conclusión. En Anscombre et al. (1995) se caracteriza a los topos como creencias compartidas por una comunidad, válidas en diferentes situaciones y graduales porque ponen en relación dos predicados graduales. Ducrot y Anscombre establecen dos tipos de formas tópicas intrínseca (cuando el topos se crea a partir de la significación de una unidad léxica) y extrínseca (cuando interviene un topos intermedio, presente en la lengua, que vehicula de
forma subyacente una ideología próxima a creencias comunes). Estos autores distinguen entre operador discursivo y conector, el primero es un morfema que produce un transformación en el potencial argumentativo de un único enunciado y el segundo como una palabra de la cual se establece un nexo entre dos entidades semánticas.
6. La escuela clásica de Ginebra
Este marco se configura sobre todo en torno a las obras de Roulet (1981, 1985, 1986 y 1987) y Moescheler (1985). Esta escuela combina la teoría de la argumentación y el análisis de la conversación.
Roulet y Moescheler parten de un corpus real y se centran en el estudio de la articulación de los discursos.
7. La teoría de la relevancia2 y los integradores ginebrinos J. Moescheler, A. Reboul, J. M. Luscher y J. Jayez son los miembros del grupo que llevan a cabo dos proyectos de investigación bajo esta orientación teórica. Este grupo no propone una ruptura con la escuela clásica, solo incorporan la teoría de la relevancia y con ella, la consideración del contexto.
En esta propuesta los conectores están incluidos en el grupo de las marcas lingüísticas, en el cual se encuentran también otros elementos lingüísticos, como son los pronombres anáforicos y los deícticos, las marcas temporales y las marcas contrafactuales. Todas estas marcas son consideradas marcas de pertinencia y coherencia. Luscher y Moescheler proponen un nuevo concepto para la caracterización de los conectores, la fuerza de la conexión, que se establece en función de las instrucciones que cada conector puede vehicular. Distinguen entre instrucciones de primer nivel e instruciones de segundo nivel.
Las investigaciones de Portolés y Briz se inscriben en esta línea. Portolés distingue entre los marcadores del discurso a los modalizadores, los marcadores de rectificación, los ordenadores discursivos, los marcadores de disgresión, los marcadores de inferencias paralelas, los marcadores de inversión inferencial, los marcadores reformulativos y los conectores. También establece una clasificación de los conectores según las instrucciones que vehiculan, aditivos, justificativos, consecutivos y contraargumentativos, monológicos y dialógicos. Posteriormente en Martín Zorraquino y Portolés (1999) solo aparecen tres, aditivos,
2
Serrano (1993) presenta una definición sintética de la teoría de la relevancia que consideramos útil para tener una idea general de lo que propone esta teoría. “Segons Sperber i Wilson (1986), la rellevància, que seria el conjunto d’efectes de la interrelació entre el significat de l’enunciat i la informació contextual, resulta ser un factor decisiu en els processos d’interpretació. Els caràcters contextual i inferencial de la comunicació lingüística estan ben interrelacionats, i aquí hem de dir que no és pas el context l’element primer, el jeràrquicament superior, sinó justament la rellevància. El receptor parteix d’una informació que suposa rellevant i tracta de trobar un context que justifici aquesta suposició. El procés d’interpretació que fa rellevant la informació d’un enunciat està estretament relacionat amb l’organizació de la memòria enciclopèdica humana” (p. 275).
Moescheler distingue entre el concepto de operador discursivo y conector pragmático;en el primer caso, se trata de un morfema que contiene una información que modifica de alguna manera el contexto de interpretación de un enunciado; en el segundo, de un elemento que conecta dos enunciados.
consecutivos y
contraargumentativos
Por su parte, Briz (1993a y 1993b), quien ha estudiado los conectores en el ámbito del español coloquial, propone dos clases básicas de conectores, conectores sintáctico- semántico (aparecen en el interior de las oraciones) y conectores pragmáticos (articulan y orientan argumentativamente dos o más enunciados). En función de su papel en la argumentación establece cuatro tipos de conectores, de justificación, concesivopositivos, de conclusión y de consecución.
Cuadro-resumen de los enfoques teóricos sobre el estudio de los conectores (Adaptado de Bach, 2002: 32-65)
Tras analizar los distintos enfoques teóricos, Bach (2002) seleccionó aspectos procedentes de la teoría de la argumentación, de la escuela clásica de Ginebra y del modelo integrador ginebrino, y los combinó en una propuesta semanticopragmática composicional del concepto de conector. Esta selección de rasgos estuvo orientada por su interés en la construcción de un prototipo de estructuración sistemática de la información relacionada con los conectores reformulativos, denominado ALCOR (Aplicación lexicográfica para los conectores reformulativos), de allí que defina el conector como una pieza léxica con significación propia.
Un conector es un peça lèxica amb significació pròpia, formada per un o més morfemes (léxics y/o gramaticals), que guia els receptor d’un text en la descodificació en què s’inclou orientant-los cap a una conclusió determinada i que, a partir de la instrucions de base i de les instrució de segon nivell vehiculades, conecta, semànticamente i pragmàticament, enunciats o segments d’enunciats que formen part del cotext y/o del context (p. 67).
Tomando en cuenta la adecuación a nuestro análisis, concebiremos el marcador como una pieza léxica que puede componerse de una o más palabras,
que puede o no tener significado léxico reducido y, desde el punto de vista pragmático, tal como lo señala Pons (1998) para el prototipo,
establece lazos de unión con el contexto lingüístico precedente; puede unir el mensaje lingüístico con las cirscunstancias de la enunciación; marca el texto como estrategia; asigna valor a enunciados dentro de la estructura argumentativa; ordena la información emitida por el hablante y dirige el proceso interpretativo del oyente (p. 58).