2.2 Bases teóricas
2.2.7. Enfoques que subrayan la importancia de los factores de personalidad
Los factores intelectuales parecen ser un ingrediente necesario pero no suficiente de la creatividad. Es así como otra corriente de investigación ha tratado de especificar las
características de los individuos creativos, tales como: a) la medida en que los rasgos de personalidad de los individuos creativos se diferencian de los de la población en su conjunto, y b) los factores que influyen en el desarrollo de tales características.
Desde este perspectiva se considera que si consiguiéramos aislar las características personales comunes a los individuos creadores, se podría de-terminar qué individuos tienen dotes potenciales para el trabajo de creación, o podríamos aumentar la creatividad de otros individuos inculcándoles tales rasgos merced a una instrucción adecuada.
Barran y Hamngton (1981) comentan al revisar la literatura sobre el tema que las investigaciones al respecto no han producido grandes sorpresas, pues sus resultados se corresponden con las creencias generales de nuestra sociedad. Parece haber acuerdo general en que las comparaciones entre individuos creadores y no creadores ha permitido aislar un pequeño número de rasgos característicos que todos los individuos creadores comparten, tales como: amplitud de intereses, independencia de juicio, confianza en sí mismos, así como la intuición y firme valoración por parte de ellos mismos como "creativos". Además de este núcleo de características comunes, estos autores consideran la existencia de algunas
diferencias, de importancia crítica, entre los individuos creativos en el campo científico y los creativos en las artes: a) los científicos creativos se diferenciarían de los menos creativos por su necesidad de no someterse a reglas (flexibilidad) y su mayor capacidad para abrirse a la experiencia (sensibilidad a los problemas), en tanto que, b) el genio artístico comportaría la
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capacidad de inducir en los demás sentimientos o emociones por medio de la obra propia, infiriendo que por tanto serán personas más abiertas y sensibles a la emoción y al sentimiento.
Una recopilación de los resultados de diversas investigaciones realizadas en el ámbito de la personalidad y la motivación, permite concluir a Tardif y Sternberg (1988/1993) que no hay una personalidad o una característica motivacional definitoria que nos permita afirmar que una persona es creativa. Parece más bien que las personas creativas están constituidas por una constelación de diversas características, algunas de la cuales pueden estar presentes en un individuo creativo pero no en otro, y consiguientemente son mencionadas por algunos autores, y no por otros. Las características que más frecuentemente se citan incluyen: la capacidad para asumir riesgos intelectuales, perseverancia, curiosidad, apertura a nuevas experiencias y al desarrollo, disciplina y compromiso para con su trabajo, alta motivación intrínseca, orientación a la tarea, una cierta libertad de espíritu que le lleva a rechazar los límites impuestos por los otros, un alto grado de autoorganización que les impulsa a establecen sus propias reglas más que a seguir las que imponen los otros y, por último, la necesidad de enfrentarse a retos atractivos así como la capacidad para resolverlos. Pese a que a menudo son descritos como introvertidos, reflexivos y preocupados por cuestiones internas, Tardif y Sternberg señalan que de los individuos creativos también se afirma que tienen impacto en la gente que les rodea.
Otras características, no citadas tan a menudo como las anteriores aunque también consideradas de importancia en las personas creativas, han sido: tolerancia a la ambigüedad, un amplio campo de intereses, tendencia a jugar con las ideas, concesión de importancia a la originalidad y a la creatividad, profundidad en la experimentación de emociones, intuición, búsqueda de situaciones interesantes, y algún grado de conflicto entre la autocrítica y la
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autoconfianza. Por otra parte, diversos estudios relacionan de alguna manera la creatividad con ciertos rasgos patológicos de personalidad, habiendo llegado igualmente a conclusiones opuestas. El tema ha dado lugar a un buen número de argumentos tanto a favor (Eysenck, 1993; 1996; Monroe, 1991; Schuldberg, 1990) como en contra (Barron, 1993;
Csikszentmihalyi, 1993a; Dudek, 1993; Kubie, 1966). Está claro que los rasgos
psicopatológicos han sido una característica intrínseca de muchísimos seres dotados de talento creador, pero todavía no ha podido dilucidarse si es esa primera condición la que crea la segunda o viceversa; en cualquier caso, aunque en ciertas ocasiones pueda existir un solapamiento, dicha correlación no arroja ninguna luz ni sobre el origen de la realización creativa ni sobre el proceso creativo en sí. Los estudios sobre la personalidad creativa
necesitan de un mayor número de investigaciones que permitan contrastar los resultados hasta ahora obtenidos ya que, como señala Weisberg (1986/1989), cuanto a menudo suele
demostrarse en algunas de ellas es una correlación entre distintos rasgos de personalidad y capacidad creativa, y no que los primeros sean causa de la segunda. Dichos estudios deberían incluir experimentos que examinaran personas con diferencias en algunas de las
características consideradas relevantes cuando todavía no hubieran manifestado capacidad de creación, para poder de este modo relacionar dichas características personales con la posterior creatividad.
Según este autor, uno de los pocos estudios que siguió una metodología longitudinal de estas características (Getzels & Csikszentmihalyi, 1976) reveló que tan sólo uno de los dieciséis factores estudiados en el 16PF (conformismo y valoración de la aprobación social) estuvo significativa e inversamente relacionado con el nivel de éxito, lo que en opinión de
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Weisberg pudiera deberse al azar, no existiendo, en cualquier caso, ningún complejo de factores que mostraran relación directa con el grado de éxito posterior.