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Una buena excusa para emprender el recorrido por la vida del capitán Vargas Machuca es su doble relación con el Cid Campeador, a quien tuvo –sin saberlo– que enfrentar en una doble vía: en las aventuras y desventuras heroicas del legendario caballero medieval y, casi a la vez, en la figura del otro Cid, como insinúo fray Antonio Remesal al referirse a Bartolomé de las Casas. Enfrentar al Cid con la espada quiere decir que es posible examinar al caudillo en los pasos del Cid del cantar. Enfrentar al Cid con la pluma quiere decir que Bernardo de Vargas Machuca tuvo que vérselas en sus proyectos con el texto de Fray Bartolomé, La brevísima

relación de la destrucción de las Indias, escrito en 1552 –tres años antes de su

nacimiento–, documento que buscó combatir a través de su propio ejercicio escritural. Tanto a uno como al otro los enfrentó, aunque a su modo fueran invencibles. En este sentido, primero se recorre la vida personal y militar de Vargas Machuca, lo que se conoce de su vida en Europa y su aventura indiana. Luego, en el siguiente capítulo, se examina la relación que se estableció entre sus obras –todas redactadas después de su vuelta a España

47 Según Restall y Fernández, Los conquistadores: una breve introducción, 62: “a la espada” era

menos una referencia a pasadas conquistas que una continua llamada a las armas, esto es, a que se mantuviera el espíritu del conquistador.

Capítulo I. La construcción de sí mismo y la experiencia indiana

en 1595– y la obra de Fray Bartolomé. Este hecho se puede datar muchos años después de la conocida disputa de Valladolid en 1550 y la creación de las Leyes Nuevas con las que tantos encomenderos vieron fracasar sus intereses más íntimos.

Bernardo de vargas Machuca tras los pasos del Cid

Seguir los pasos de la vida de Vargas Machuca se parece, metafóricamente hablando, a seguir los pasos del Cid.48 Ramón Menéndez Pidal sostiene que

los componentes fundamentales del poema épico del Cantar de Mio Cid son el héroe, las dificultades o enemigos que se le opo- nen, el conflicto o enfrentamiento del héroe con tales dificul- tades o enemigos y, finalmente, el triunfo del héroe sobre tales obstáculos, dadas sus mayores fuerza, destreza y sabiduría.49

No hay que ignorar tampoco que, como destaca David Brading, la figura heroica del Cid emergió con fuerza en el mundo colonial, pues

[e]n Chile, Alonso de Ercilla compuso los primeros versos de La Araucana, mientras servía en las guerras fronterizas de aquel país. Aunque inspirado por escritores del Renacimiento italiano, su epopeya se remitía a El Cid y a los incontables romances que narraban batallas entre moros y cristianos. De este modo, la conquista de América generó toda una pequeña biblioteca de crónicas, narraciones y versos, entre los cuales figuran varios clásicos de la poesía y de la prosa de España.50

48 Este seguimiento biográfico no descuida uno de los peligros de la biografía que ya ha ad-

vertido Bourdieu: “producir una historia de vida, tratar la vida como una historia, es decir como la narración coherente de una secuencia significante y orientada de acontecimientos, tal vez sea someterse a una ilusión retórica, a una representación común de la existencia, que toda una tradición literaria no ha dejado de reforzar”. Pierre Bourdieu, Razones prácticas

sobre la teoría de la acción (México: Anagrama, 2002), 76. Sin embargo, aquí el tratamiento

es abiertamente consciente de la analogía con el Cid y más que buscar hipostasiar la figura de Vargas Machuca, pretende inscribirlo en un contexto particular: el de la vida del mundo colonial en tanto que caudillo.

49 Anónimo, Cantar de Mio Cid (Edición, estudio y notas de Juan Carlos Conde) (Barcelona:

Austral, 2010), 56.

50 David Brading, Orbe indiano. De la monarquía católica a la República Criolla 1492-1867

(México: Fondo de Cultura Económica, 1991), 11. De hecho, el mismo Brading en un momento de su texto compara a Cortés con el Cid: “del mismo modo que el Cid, el héroe medieval español, habría arrancado a Valencia de los moros, así ahora Cortés y su heroica banda tomaban Tenochtitlan: la desesperada resistencia de sus defensores solo intensificaba

Las armas, las letras y el compás en Milicia y descripción de las Indias

Así, la manera como el Cid sortea sus dificultades es un rasgo muy llamativo de su ascenso social: de infanzón o hidalgo de aldea, desterrado y desposeído de lo poco que tenía en Vivar, se convierte en gran señor que controla la ciudad y el territorio de Valencia; y sus hijas, después de un momento de deshonra a causa de los infantes de Carrión, no solo recuperan su honor, sino que quedan en condiciones de casar con los príncipes herederos de Navarra y Aragón.51 Análogamente, las aventuras de Vargas Machuca se

caracterizaron desde el principio por las sufridas empresas desarrolladas en aras del ascenso social y en virtud del orden marcial que tanto le apasionó.

Al igual que el Cid, Vargas Machuca es, como vimos, de buena cuna. Originario de Simancas,52 en Castilla, contó con ancestros de casta marcial:

el primero de ellos, Diego Pérez de Vargas (Machuca). Ahora bien, lo más llamativo de la Simancas del joven Bernardo es que después de que su padre, don Juan de Vargas, hiciera una honorable carrera militar, fue de oficio, mas no de título, pagador de obras de la fortaleza de Simancas,53

aquel castillo de origen árabe que, por orden de Carlos V, se convirtió en 1540 en el Archivo General de Simancas. De modo tal que Bernardo cre- ció en un ambiente donde se mezclaba una fuerte tradición militar con un buen presente intelectual y burocrático. Aunque es difícil hablar de sus pri- meros años en Europa y del tipo de estudios que allí realizó, por sus obras se puede deducir que fue “superior a la de la mayor parte de la gente de su época, y la base seguramente la adquirió durante los años de estudios juve- niles en Valladolid”.54

Con todo, lo suyo no fue tanto la humanística como sí la milicia. En 1568 hizo su bautizo de fuego con la sublevación de los moriscos de Granada,55 enfrentamiento que finalizó en 1570 cuando el ejército de Juan

de Austria obtuvo la pacificación del territorio. Estos hechos se dieron cuando él solo tenía 13 años. Probablemente, al tratarse de alguien tan

la calidad épica de un asedio que, según Cortés, recordaba la caída de Jerusalén”. Brading,

Orbe indiano, 45.

51 Anónimo, Cantar de Mio Cid, 65.

52 ah. Protocolo 3029. Testamento de Bernardo de Vargas Machuca (Madrid: 16 de febrero

de 1622).

53 ag. Simancas. Contaduría Mayor de Cuentas. 3. ª época. leg. 789. Cuentas de Juan de

Vargas como pagador de las obras de los archivos de 1584 a abril de 1614, año en que murió.

54 Martínez, Castilla ante el nuevo mundo, 32.

55 Según Luisa Martínez de Salinas, su participación en este conflicto aparece en muchos do-

cumentos, entre ellos: agi. Audiencia de Panamá. leg. 45. Certificación de los servicios de Don Bernardo de Vargas Machuca, 1 de mayo de 1602, 32.

Capítulo I. La construcción de sí mismo y la experiencia indiana

joven, su participación fue como escudero de su padre. Dos años más tar- de marchó a Italia, recuerdo al que remonta su carrera militar en Milicia

y descripción de las Indias acudiendo así al primer recurso retórico de la au-

toridad que le viene a los hombres por la experiencia y, en el caso de los caudillos, de la experiencia por la espada: “Obligóme asimismo el afición que á este arte de la milicia he tenido desde que ceñí espada, siguiéndola en Italia”.56

Allí, según él mismo, pasó seis años de servicio,57 pero todos ellos “sin

grandes tintes de gloria, como lo prueba el que tampoco en su estancia en Italia se encuentren detalles ni en la documentación ni en sus obras”.58 En

Europa todavía no tenía oportunidad contra la gran figura del Cid, quien, en la primera batalla de su cantar, antes del destierro, ya había acabado con innumerables enemigos. Pero a los 21 años todavía puede ser mucho pedir. Fue en su trayectoria posterior, a saber, en las campañas del Nuevo Reino de Granada y en contraste con lo vivido en Italia, cuando empezó una aventura que se convirtió en fuente inagotable de petición de mercedes, empresas que consideró él mismo más dignas de contar.

La llegada a las Indias

Después de su anonimato militar en Europa –con apenas algunos breves registros de sus inicios en Italia y su participación en la sublevación de los moriscos en Granada–, Bernardo de Vargas Machuca partió hacia las Indias el 6 de agosto de 1578 en los barcos que integraban la flota

de Nueva España, capitaneada por don Álvaro Manrique.59 Asemejarse

al Cid requirió entonces alejarse del reino de Castilla, hacia tierras que el Campeador jamás hubiera imaginado que existían. Así figura su nombre en el registro de pasajeros: “Bernardo de Vargas Machuca, natural de Simancas, hijo de Juan de Vargas y Agueda de Soto, a Nueva Galicia

56 En tanto, Benjamín Flórez Hernández apunta que “él, por su parte, desde muy joven, quizás

después de una breve incursión por las aulas universitarias vallisoletanas inicio su forma- ción castrense en las campañas contra los moriscos de Granada sublevados bajo la direc- ción de Abén-Humeya, en las guerras que en ese tiempo sostenía España en Italia y en las armadas navales de su patria, con las cuales combatió al turco en Levante. Pasó después a mares occidentales, donde persiguió piratas y, por fin, medida la década de los setenta, em- pezó su acción guerrera por sabanas y arcabucos –bosques– americanos”. Benjamín Flórez Hernández, “Bernardo de Vargas Machuca y el Caribe”, Revista Mexicana del Caribe 7, n. ° 14 (2002): 83.

57 Vargas Machuca, Milicia, vol. I, VI.

58 Martínez, Castilla ante el nuevo mundo, 33.

Las armas, las letras y el compás en Milicia y descripción de las Indias

como criado del licenciado Antonio Maldonado, oidor de la Audiencia”.60

Aunque la expresión de “criado” resulte ambigua, María Luisa Martínez de Salinas arriesga la tesis de que la relación entre el joven Vargas Machuca y el oidor está precedida, bien porque se conocieron en Italia, o bien porque se conocieron al regreso a la península en 1576 y entablaron relaciones de amistad. Pero, con independencia de esto, algo es claro: en los horizontes del ascenso social, era una gran oportunidad para nuestro caudillo viajar en calidad de criado, puesto que quien ha estado bajo la custodia y educación de un personaje destacado, como el oidor de Nueva Galicia, era mejor pasajero que cualquier otro polizonte.

Tal parece entonces que de astucia no careció en adelante Vargas Machuca: a las Indias se embarcó como mejor pudo, no como aventu- rero ni como polizón, sino como el criado del nuevo oidor, don Álvaro Manrique. Sin embargo, aunque es probable que las primeras tierras ame- ricanas que haya pisado no fueran las de Nueva Galicia sino las de Santiago de Cuba –según parece indicar una anécdota que él mismo refiere en

Milicia y descripción de las Indias sobre un terremoto que sacudió la isla en

ese mismo año–,61 después de esto es muy difícil seguir con detalle la carre-

ra de Vargas Machuca hasta llegar al Nuevo Reino de Granada. Algo sa- bemos de su paso por Nueva España, Perú y Panamá, gracias a los testigos llamados a declarar en la probanza de méritos que realizó en 1586, donde se afirma que “después de muchas cartas y avisos del dicho don Bernardo de Vargas, supo cómo había estado en la Nueva España y en Panamá y en el Pirú andando ocupado en servicios de su Majestad”.62

El otro registro sobre su paso por el Perú tiene que ver con el legendario pirata inglés Francis Drake, según el testimonio de Luis Carrillo de Ovando, gobernador de las provincias de muzos y colimas en el Nuevo Reino de Granada, cuando dice que Vargas Machuca “a servido a su Majestad en el mar del sur en dos armadas que se hicieron contra el inglés corsario Francisco Draque”.63 También resulta un misterio saber en

60 agi. Contratación. leg. 5538, libro I, fols. 119 v y 120. María del Carmen Galbis Diez:

Catálogo de pasajeros a Indias. Siglos xvi, xvii, xviii, volumen VI (Murcia: s. e., 1986), 89.

61 Vargas Machuca, Milicia, vol. I, 87.

62 agi. Patronato. leg. 164, ramo I. Probanza de méritos y servicios de Bernardo de Vargas

Machuca. 1586.

63 Información fechada en 1589, testigo Luis Carrillo de Ovando. agi. Patronato. leg. 164,

ramo I, en la edición electrónica: bloque 2, folio 155. Para nosotros, Francis Drake (o Draque) tuvo una función importante en la fundación de Macondo en tiempos coloniales, pues Gabo cuenta que los orígenes de Úrsula y José Arcadio se remontan a este pirata remoto: “José

Capítulo I. La construcción de sí mismo y la experiencia indiana

calidad de qué enfrentó al pirata en esta expedición, pero “lo que sí se pue- de afirmar de su estancia en tierras peruanas es que debió prolongarse du- rante varios años y que el conocimiento que adquirió de aquel país fue muy superior al de México”.64 Por otro lado, lo que también es cierto es que esta

no fue la última vez que se vio con el pirata inglés, ya que se encontraron de nuevo cuando, veinte años después, Vargas Machuca ocupó el cargo de gobernador de Portobelo, cerca al istmo.

Luego de esto, aparece su testimonio acerca de su paso por Chile como integrante de la armada para hacer parte de la guerra del Arauco, experiencia sobre la que él mismo escribe en Discurso sobre la pacificación y allanamiento de

los indios en Chile, al igual que en Milicia y descripción de las Indias, publicado

en 1599.65 Ahora, su enfrentamiento con el famoso pirata y su participación

en la guerra del Arauco lo ponen algunos pasos más cerca del heroísmo y de la posición social que creyó merecer, puesto que parte de la configuración del héroe de caballería es su ferocidad en la guerra.66

El asentamiento en el Nuevo Reino de Granada y el sueño del Dorado Ahora bien, de nada sirve la ferocidad guerrera si el héroe no se asienta en algún lugar, si no funda él mismo una ciudad y se hace custodio de ella; es decir, si no finaliza su situación mejor que al comienzo de su empresa. El Dorado y su mito, aquel que persiguieron muchos y cuya fuerza renovó Gonzalo Jiménez de Quesada en sus últimos años, posiblemente generó nuevas expectativas en Vargas Machuca. Esto, debido a que para finales del siglo xvi era muy

difícil obtener una encomienda: una vez que los primeros conquistadores se convirtieron en encomenderos “constituyeron el sector dominante de cada provincia y se apoderaron del control de las principales fuentes de riqueza […] y también lograron tomar el control del principal órgano del gobierno

Arcadio Buendía ignoraba por completo la geografía de la región. Sabía que hacia el Oriente estaba la sierra impenetrable, y al otro lado de la sierra la antigua ciudad de Riohacha, donde en épocas pasadas –según le había contado el primer Aureliano Buendía, su abuelo– sir Francis Drake se daba al deporte de cazar caimanes a cañonazos, que luego hacía remendar y rellenar de paja para llevárselos a la reina Isabel”. Gabriel García Márquez, Cien años de

soledad (Bogotá: Orbis, 1982), 54.

64 Martínez, Castilla ante el nuevo mundo, 38.

65 Bernardo de Vargas Machuca, “Carta de Bernardo de Vargas Machuca a su Majestad y

discurso sobre la pacificación y allanamiento de los indios en Chile. 21 de agosto de 1599”, en Colección de Documentos inéditos para la Historia de Chile, tomo V (Santiago: Segunda serie, 1961), 119-132. Citado en: Morales, El indio y el indiano, 3.

Las armas, las letras y el compás en Milicia y descripción de las Indias

municipal: el cabildo”,67 de tal forma que se constituyeron como un grupo no

homogéneo68 que controlaba la vida colonial en sus aspectos político, social y

económico, y cuya parte del poder se concentraba en haber sido los primeros conquistadores, alejando a los nuevos de cualquier posibilidad de encomienda.

Con las encomiendas ya repartidas en los grandes virreinatos, incluso la aventura de Vargas Machuca en Chile pareció ser un despropósito. De aquí que el Nuevo Reino de Granada, aun con independencia de la exis- tencia del Dorado, pareció ser un lugar con mayores posibilidades, “bien sea por poder participar en el sometimiento de alzamientos indígenas, o explotar minas de oro, plata y esmeraldas”.69 La otra opción fue aquella a

la que recurrió el joven Bernardo: desposar a la hija de uno de los primeros conquistadores. De modo que siete años después de haber llegado por pri- mera vez a las Indias, para 1585 y con 32 años, ya era “vecino y encomen- dero de esta ciudad de Tunja, persona hacendada y arraigada de posesiones en ella y casado con hija de uno de los primeros descubridores y conquista- dores de este Nuevo Reino de Granada”.70

Esta información la corrobora Juan Flórez de Ocariz al haber incluido al capitán en el árbol décimo de su Libro primero de las genealogías del Nuevo

Reino de Granada. Este registró su primer matrimonio con doña María

Cerón, quien recibió como dote un pueblo de indios en Motavita. Por otro lado, de acuerdo con el Archivo General de Indias, el abuelo de la esposa de Vargas Machuca, Lázaro López de Salazar, llegó con Jiménez de Quesada y convirtió a su familia en una de las primeras en asentarse allí. La importancia de los datos consignados en el libro de Ocariz reside en que se trata de un texto cuyo propósito, además de invocar la memoria, siguiendo a Plinio –“pues haze presente lo pasado, siendo esto como lo que lleva la corriente el agua, que lo detiene la memoria, y parece que da existencia, y ser a lo que ya no es”–,71 busca rastrear los orígenes nobles y de casta

conquistadora de quienes habitan en el Nuevo Reino. A este linaje dan

67 Gamboa, Encomienda, identidad y poder, 21.

68 En este sentido hay que decir, junto con Jaques Lafaye, que “los conquistadores fueron [al

menos en principio] una minoría dividida, aunque unida por aspiraciones comunes y una audacia sin límites”. Lafaye, Los conquistadores: figuras y escrituras, 55.

69 Martínez, Castilla ante el nuevo mundo, 40.

70 agi. Patronato. leg. 164, ramo 1. Título de capitán de caballería de Vargas Machuca, dado

por don Antonio Berrío. Tunja, 29 de agosto de 1585.

71 Juan Flórez de Ocariz, Libro segundo de las genealogías del Nuevo Reino de Granada, edición

facsimilar de la impresión de Madrid de 1674 (Bogotá: Instituto Caro Cuervo, Instituto Colombiano de Cultura Hispánica, 1990).

Capítulo I. La construcción de sí mismo y la experiencia indiana principio los conquistadores, por ser los primeros que ennoblecieron estas Provincias, y según el encruce de casamientos, se interpolan otros linajes, que después vinieron, y conservan aquellos; y como no todos se pueden poner en primer lugar, aunque muchos lo merecen, irán puestos en el que se pueda, y brillaran los reales de su nobleza en el que les tocare, que lo bueno reluce en cualquier parte y de todos se tratará, unos antes y otros después.72

Después de siete años en las Indias, y siendo todavía muy joven,

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