CAPITULO IV: RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Foto 3. Una de las entradas al Cerro El Agustino, principal cerro habitado en el distrito
Fuente: Toma fotográfica propia
Luego de Jorge y Martha, los otros entrevistados tuvieron su infancia o llegaron en edad adulta al distrito cuando este ya tenía una configuración urbana con ciertas necesidades básicas satisfechas.
Irene (48), a pesar de ser más joven que Jorge y Martha, también muestra un recuerdo nostálgico. Es decir, aún se toma un tiempo pasado como mejor o más seguro.
Irene. “Si, si, bastante. Antes, te sentabas afuera con tus amistades,
chicos, amigas del barrio, te sentabas, conversabas escuchaba música y no se veía eso; si pasaba alguien y que te robaba o balacera, era diferente, aparte que los chicos eran sanos. Ahora como te digo, no conocí a todos, pero son la mamá, el papá, los hijos o lo hermanos, pero son drogadictos… bastante fumoncito”.
Podemos ubicar el tiempo rememorado por Irene en una etapa de adolescencia, probablemente de 15 años de edad. Si es así, ella está refiriéndose aproximadamente el año 1984. Llama la atención aquel año, ya que se encuentra dentro de la época del terrorismo senderista. Sin embargo, Irene señala que podía salir tranquila a conversar con sus amigos, quienes eran “sanos”.
Los testimonios de Jorge, Martha e Irene aunque de décadas distintas coinciden en señalar que en el distrito existía anteriormente un ambiente de seguridad.
Cabe señalar, que para el año 1984 el accionar terrorista estaba casi focalizado en regiones que están fuera de Lima. Las acciones terroristas eran vistas desde lejos, aunque progresivamente este problema se empezó a ver cada vez más cerca. Asimismo, el principal temor hacia el terrorismo fue la colocación de bombas y los “apagones” (cortes de luz), aunque Irene no los reseña. Llama también la atención el hecho de que El Agustino fue un distrito donde se asentaron algunas bases senderistas. Al parecer, todo ello no fue motivo de inseguridad o, en todo caso, era de una naturaleza distinta a la delincuencial que tiene un carácter cotidiano.
“Una suerte de psicosis colectiva se apropió de la población indefensa entre los atentados y víctimas de los apagones, producto de las voladuras de torres de alta tensión que por varios días causaban la falta de fluido eléctrico, a las que sumaron las continuas detenciones de la policía y las Fuerzas Armadas, muchas de ellas arbitrarias. Además, este escenario complicó la sensación de inseguridad urbana, debida a la siempre presencia de la delincuencia urbana, la cual atraía a los medios de comunicación” (Cosamalón, 2018, p. 230).
Los rasgos de inseguridad no son tomados en cuenta posiblemente porque en realidad la delincuencia es mayor y más agresiva y porque la violencia terrorista no es tomada en cuenta en la comparación del antes y el después por ser de otra naturaleza. También podría explicarse porque el
carácter comunitario o de cohesión social que de algún modo brinda seguridad y que en los inicios del distrito era visible se fue perdiendo hasta caerse en un ambiente individualista, marginal o de prejuicios contra los pobladores.
Al respecto:
“La cohesión social y confianza es definida por la relación de confianza mutua y solidaridad entre los residentes (cohesión social) y por la creencia de que los otros se comportarán de acuerdo con sus expectativas” (Huaytalla, 2017, p. 32).
Es probable que satisfechas algunas necesidades básicas, la cohesión social y la confianza se fueron debilitando no logrando reactivarse frente a otra amenaza a la seguridad comunitaria, representada por la criminalidad.
. Irene hace alusión al grupo familiar, en su distinción del pasado con el presente. Involucra en la conducta agresiva o de tipo delincuencial a todos los miembros de la familia. Entre las declaraciones de Jorge, que parten del año 1958 a la de Irene (año 2017), las percepciones indican la trasformación de una localidad tranquila, o segura, hacia otra donde la situación de gravedad llega a la afirmación de que hay familias completas que se encuentran involucradas en actividades infractoras e ilegales. ¿Qué pasó en todo ese tiempo?
El antes tiene un tono romántico o nostálgico. El ahora es violento, muy agresivo. “Los chicos eran sanos”; es decir hombres y mujeres jóvenes que conversaban de manera despreocupada. Aquello tal vez pueda reflejar otro tipo de estructura o educación familiar.
Otro elemento a destacar en la narrativa de Irene es la siguiente: “drogradictos… bastante fumoncito”. En esta parte se hace mención a un problema que aqueja de manera dramática a una comunidad: la adicción a las
drogas. Este problema distorsiona los valores, genera problemas de salud física y mental, además de estar fuertemente vinculado con la delincuencia.
Cabe señalar, que en las declaraciones de los entrevistados la mirada de preocupación se dirige especialmente a las familias o al barrio en sí (similar a lo planteado por el enfoque micro social y dinámico). Hay casi nula alusión a la pobreza o marginalidad en que se encuentran muchas de las familias del distrito. Aquello puede reflejar la autoafirmación de lo individual, es decir todo fracaso o desorden comunal se debe al descuido de los mismos pobladores.
Otros entrevistados, Flor (36), Hugo (45) y Manuel (55) reconocen que antes sí había delincuencia, pero que en la actualidad esta es mucho peor. De manera específica, Manuel resalta la actual sensación de miedo cuyo impacto psicológico se expresa en que el delito resulta ser “sorpresivo”.
Manuel. “Había antes la delincuencia en forma muy total, ahora la
delincuencia es muy sorpresiva, porque no sabes con quién estás a tu costado y cualquiera puede dañarte. Sí ha cambiado en su aspecto de forma, pero hay que estar mirando ahora, cuando salimos de casa si pasa una moto, si te roban, hay más temor. Ahora viene de distintos sitios. Cuando salen nuestros hijos, estamos con temor, de que por allí, por allá, algo puede suceder”.
La característica de “sorpresivo” que resalta Manuel en su percepción de la delincuencia actual tiene especial importancia. Antes había delincuencia pero, se podría decir desde el punto de vista de Manuel, que era previsible. Lugares y horarios específicos serían datos a tener en cuenta para evitar ser víctima de algún robo o asalto. Ahora, el acto delincuencial podría estar frente a la puerta de cualquier casa, o a la esquina mientras se va al trabajo u otro lugar de interés, e incluso al interior del hogar, cuando se ingresa para cometer las fechorías.
Aparecen otros elementos en lo dicho por Manuel, como la moto, que simboliza el delito del sicariato. Tal vez también quiso hacer referencia a la
mototaxi, vehículo que sirve de transporte público hasta para tres personas pero que pueden ser también utilizadas como medio para cometer robos, e incluso violaciones sexuales.
Se reitera nuevamente en la distinción entre el tiempo pasado y presente el tipo de relaciones sociales. Irene hablaba de la confianza entre los amigos y amigas. Manuel señala en la actualidad la desconfianza extrema. Entre ambos lados se ha construido un tránsito de una comunidad con vínculos de empatía o amistad o solidaridad hacia un individualismo atemorizado.
Un testimonio de la manera de cómo se ha modificado las relaciones comunitarias o de solidaridad, es de José Ignacio Mantecón, o “Padre Chiki”, quien ha dedicado gran parte de su vida a la resocialización de jóvenes en el distrito:
“Hace poco, me preguntaron qué era lo que más me había impresionado cuando llegué al Perú y por qué decidí quedarme. En ese momento yo vi dos cosas. 1) las necesidades tremendas de la población y 2) la capacidad de solidaridad que había en estos pueblos, Los pueblos jóvenes de esos tiempos se construyen desde la solidaridad, desde los trabajos comunales, desde estar pendientes de lo que está pasando alrededor. Por ejemplo, en El Agustino, donde yo vivo hace más de 30 años, nació el primer comedor popular. Sin embargo, hay dos procesos puntuales que resquebrajaron el esquema comunitario de solidaridad en los barrios. Uno es la dictadura y otro, la guerra. La convivencia entre la población se deterioró de manera irreversible” (PUCP, 2016).
4.1.2.3. Generación de adultos jóvenes
Las respuestas de David (33) y Sabrina (28) son distintas a las anteriores. David señala que antes era peor, mientras que Sabrina indica que el incremento de la delincuencia se da por temporadas. La respuesta de David puede ser entendida por ser el entrevistado con mejor posición económica y vivir en una de las zonas más seguras del distrito (lo que refleja cierta segregación espacial al interior del distrito); mientras que en el caso de Sabrina, el poco tiempo viviendo en el distrito no le permitiría ofrecer una buena comparación.
David. “Creo que era peor. La zona ha ido variando esto porque la
gran parte ha viajado a otros destinos a buscar un mejor propósito (extranjero). O en muchos casos ha disminuido por el entorno familiar, trabajo para subsistir”.
Sabrina. “Creo que es por temporadas que aumenta, baja”.
Es importante señalar que el panorama del distrito ha cambiado de manera significativa en la última década. Avenidas importantes como la avenida Riva Agüero, que en muchas ocasiones ha sido señalada como peligrosa, han empezado a mostrar un florecimiento económico que se reflejan en restaurantes, hostales, cine, bancos, salones de belleza, tiendas, mercadillos, panaderías, farmacias, etc. Estos negocios ha obligado la contratación de vigilantes particulares, cuya presencia hacen más segura por lo menos muchos de los tramos de este distrito. También se han instalado el mall El Agustino Plaza, en el distrito Cercado de Lima pero cercana al límite con El Agustino. Este centro comercial por su tamaño y fuerte inversión ha generado mayor seguridad a través de la iluminación, ordenamiento zonal, limpieza y vigilancia particular, además de cámaras de video vigilancia.
Foto 4. Contrastes (a). Imagen panorámica desde la altura del