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entre maestro y discípulo

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XXV ANIVERSARIO Monasterio Zen Luz Serena Historia

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El zen es un sueño dentro del sueño. En medio de él,

he soñado que, juntos, recorremos los caminos polvorientos del mundo, encendiendo hogueras bajo las estrellas

y compartiendo vino y viandas con leñadores y jornaleros de la oliva. He soñado que, junto al fuego y bajo la luna,

te oigo cantar, hondo y sentido,

las coplas nacidas en el corazón de las gentes de tu tierra, hombres y mujeres humildes, trabajadores irremplazables. He soñado que juntos recorremos

caminos polvorientos de tejas rotas y atardeceres encendidos. En las alforjas una hogaza de pan,

un poco de queso y agua del manantial. Al llegar a las plazas de los mercados nos reímos con los compadres, bailamos con las mozas y escuchamos a los ancianos

historias entrañables de tiempos lejanos. El zen es un sueño,

pero más allá del sueño, más allá del despertar,

he soñado que juntos recorremos los caminos polvorientos del mundo.

Vagabundos de Dharma. Viento fresco de libertad.

(Bodisatva ‘Océano de Compasión’, 2001)

Eres el Tesoro Precioso del Verdadero Dharma. ¿Cómo podría practicar la Vía,

que todo lo penetra, sin ti?

Cuando me encuentre en ti, como se encuentran dos flechas disparadas al Corazón de las Estrellas, seré la Felicidad Inconmensurable que siempre he sido.

Mas ahora debo decir la frase indecible, la que contiene la verdad de este Poema: ninguna flecha partió nunca a ningún sitio. Aquí estoy.

(Bodisatva ‘Que vuela como el águila’, 2008)

Tú eres…

Antorcha de la mañana que iluminas la noche. Roble de agua

que fluyes por nuestras venas. Ojos claros

que encienden la llama. Corazón tranquilo, asiento de mi alma.

¡No sucedería más! Desde aquel instante en que fue el recuerdo, me introdujo dentro de mí.

Mi corazón expresó una leyenda: era mi vida. Cuando las pruebas abandonaron la forma, tu vuelo rozó mi corazón,

y un sinuoso vaivén

me llevó hasta el escondrijo donde te encontré. Mi corazón se abrió.

Ahora,

traigo mi cuenco vacío para que lo llenes de tu precioso Dharma.

(Bodisatva ‘Corazón Oceánico’, 2008)

Afuera el aire corretea libre entre pinos.

Adentro fluyen desenvueltos mil y un instantes de conciencia, Pero, ¿dónde es adentro y dónde afuera?

¿Dónde empiezas tú y acabo yo?

No hay distancia que alcance a nuestra atónita mirada. Me has enseñado a ver sin mirar,

a descubrir lo inaudito,

lo que sólo se descubre con los ojos del amor. Querido Sensei,

cuando ya no encuentro más palabras ni lenguaje que puedan describirnos este Nudo Sagrado, mírame a los ojos y lee estos silencios diamantinos donde la Dicha de reconocernos

se expande en las Diez Direcciones nutriendo de Luz y Gozo a todos los seres. Estoy siguiendo la senda de tus pasos luminosos. Venerando a los Tres Tesoros,

te entrego mi vida y todo lo que soy. “Si te tocan, me tocan.

Tú eres yo, sin separación”. Tu hijo en el Dharma. (Denkô, 2008)

Silencio Muerte Paz

El Kesa cada vez es mayor yo, cada vez más pequeño y, el si mismo

permanece inmutable.

(José Manuel Maceiras Chans, 2013)

¡Qué maravilla!

Cuando lo buscas, se esconde. Cuando lo sueltas, lo encuentras. El vacío irremediable

que ya está presente, como la oscuridad en la luz, como el silencio en la música. Sin lucha, sin resistencia, así es…

Maestro, ten paciencia y sigue acompañándome. Agarra fuerte, como yo, la cuerda que nos une y así no tendré dudas

al transitar los abismos que mi mente crea. Mil mundos se abrirán

y exclamaremos juntos: ¡Qué Maravilla!

(Bodisatva ‘Lluvia de Felicidad’, 2011)

Hoy,

Que los pinos se bañan en lluvia No siento, Ni palabras Ni silencios, Lo siento. (Alfonso Rodríguez, 2013) Silba el kyosaku. Nada se mueve. Instante Presente. (J.M. Martínez Ortiz, 2013) Dharmata. Dharma. Dharmas. Dar más. Dar más y más dar. Darse al dar. Darse en un 80 ó 90 %. Darse del todo. Dar todo. Dar nada. Dar mata. Dharmata.

Con amor, para Dokushó sensei. (Kepa Eguiluz, 2013)

La Vía no es fácil ni difícil, sólo práctica continuada.

No haciéndose a uno mismo nada que no quiera que me hagan a mí mismo, manteniéndose en el misterio

y en el asombro del no saber, permitiendo que Dharmata florezca y se reconozca a sí mismo. (Bodisatva ‘Rugido de León’, 2013)

Aprendo a danzar con la vida pisando sobre tus huellas descalzo. Soy la cometa que se abandona confiada al impetuoso viento sabiendo que tu mano firme sujeta amorosamente la cuerda. Porque en la vida hay tinieblas y luces, querido maestro,

y tú eres una de esas luces, la Clara Luz del Sí Mismo. Inmenso en el valle de la tristeza tu sola presencia es consuelo.

(Bodisatva Entrega Incondicional, 2013)

Con pesada armadura, un dolor que mata y un zafu y de la mano de mi maestro, me sumerjo en una cueva oscura. Siguiendo sus consejos entro sintiéndome segura y confiada.

Me dice que en el fondo hay una perla preciosa. Recorriendo largo camino,

a su par me siento, rendida en el zafu. Después de un rato,

me pregunto: “¿qué buscaba?”

Él con su paciencia infinita espera mi respuesta: “¡Nada!”. Una luz empieza a emerger

y con ella la oscuridad es destruida. Mi maestro, con amor, sonríe.

Me encuentro en un manantial de aguas claras y tranquilas. Verdor de pinos, chicharras que cantan.

Morada de paz,

Luz Serena, Luz Sanadora. ¡Qué plenitud!

¡Qué ligereza!

Con todo mi amor y gratitud. (Daishin, 2012)

El canto del búho rompe la oscura noche. Piel, músculos, sangre, huesos y médula. Los ojos son horizontales y la nariz vertical Suspendido ante el misterio,

gratitud infinita

(Bodisatva Océano de Sabiduría, 2013)

En la respiración, y guiada por el Conocimiento Innato, cabalgo sin cesar en la inmovilidad ecuánime de presente continuo y... cuando todo se calma, e incluso la lluvia deja de cantar sutras en su fluir armó-nico, ruge una voz del silencio: ¿Qué es esto? Qué soy?

Al final de éste sueño, solo quedan la presencia y la cigarra, fundidos en un mismo Sí Mismo.

De corazón a corazón, gracias, maestro. (Carmen Febles, 2013)

Una suave brisa mece las ramas de los pinos en el monte Luz Serena, una aguja de pino en samadhi lo observa desde la Roca del Despertar. Sonríe. Se maravilla y es mecido por la brisa serena, justo aquí y ahora. Ante la estatua del Buda vertical,

en la quietud,

los ojos de los pinos se regocijan, el conejo sale de su madriguera

saltando como un relámpago con su trasero blanco nieve. Todo desprende una calma serena.

La verdadera naturaleza de la realidad en continua expresión

se observa a sí misma. (Kepa Fernández, 2013)

Un padre golpea y endereza. Una madre nutre y sustenta. Este viejo Buda hace las dos cosas.

Al maestro, más que una madre lo llaman algunos. Otros, padre o pastor de ganado.

Para mí, Espejo Eterno encarnado. Con frecuencia amable,

a menudo severo.

Mano diestra, sabia y compasiva. Cuatro ojos, dos corazones. Sólo un reflejo.

Se hace visible la Luz del Sí Mismo. Mañanas amargas,

tardes de melancolía y noches de pena. se suceden plácidamente bajo esta luna llena. (Taishô, 2013)

El reconocimiento legal

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