Capítulo II. Aportaciones a la etiología y modelos de vulnerabilidad
2.1. Epidemiología
Estimar la epidemiología en los trastornos de personalidad conlleva una serie de dificultades metodológicas en las que subyace la propia naturaleza indefinida de los trastornos, los criterios de inclusión, los instrumentos de evaluación, el sesgo cultural y la imprecisión de los límites con la normalidad y la patología. Para la esquizotipia, considerada en este caso como Trastorno Esquizotípico de de la Personalidad, la APA ha descrito una prevalencia del 3% en población general (American Psychiatric Association, 2002). Las tasas son variables entre diferentes estudios epidemiológicos. Por ejemplo, Roca y Bernardo (1998) proponen una tasa entre 3 y 5%, Samuels et al. (2002) ofrecen porcentajes entre 0,6 y 1,8% y Coid (2003) lo sitúa entre 0,1 y 5,6%. Sin embargo, estas tasas todavía podrían ser más elevadas si no contemplamos exclusivamente el Trastorno Esquizotípico de la Personalidad y en lugar del enfoque categorial adoptamos el enfoque totalmente dimensional. Hay que recordar que en el CIE-10 la esquizotipia permanece en la categoría de los trastornos esquizofrénicos y cuadros similares.
En un reciente estudio acerca de la prevalencia de los trastornos de personalidad en población general llevado a cabo en Suecia (Ekselius, Tillfors, Furmark y Fredrikson, 2001), se evaluó a 557 sujetos mediante el DIP-Q (Ottosson et al., 1995), cuestionario diseñado para medir los trastornos de personalidad incluidos en el DSM-IV y en el ICD-10. Los resultados mostraron tasas similares entre criterios DSM e ICD para la personalidad esquizotípica. Según los criterios de ICD-10, un 7,5% de los sujetos fueron diagnosticados de trastorno esquizotípico y según los criterios de DSM-IV, un 5,2% (Kappa = 0,80). No obstante, el porcentaje de personas que presentaban el trastorno, fue superior al que se indica en el propio DSM-IV.
Aportaciones a la etiología y modelos de vulnerabilidd
La prevalencia parece ser ligeramente más frecuente en los varones que en las mujeres (C. J. L. Murray y Lopez, 1996). Grilo, Becker, Fehon, Edell y McGlashan (1996) evaluaron la presencia de trastornos de personalidad en adolescentes hospitalizados utilizando criterios DSM-III-R. La prevalencia para la esquizotipia fue de un 7% en varones y un 5% en mujeres, no hallando diferencias significativas entre géneros.
Además, las tasas de prevalencia suelen ser más elevadas si se estudian pacientes con otros trastornos mentales. En general los pacientes psiquiátricos, tanto ingresados como ambulatorios, suelen presentar también en un elevado porcentaje un diagnóstico de trastorno de la personalidad, que oscila entre el 2 y el 20% (Roca y Bernardo, 1998). Según un estudio de Hogg, Jackson y Rudd (1990) de los sujetos con esquizofrenia analizados, un 57% cumplía los criterios para algún diagnóstico de trastorno de la personalidad, para el 21% era el esquizotípico, para el 15% el límite y para el 15% el antisocial. Peralta, Cuesta y de León (1991) registraron en una muestra de pacientes con esquizofrenia un 44% de estructuras de personalidad normales, un 39% de trastornos de personalidad esquizoide / esquizotípica y un 17% con otros tipos de trastorno de personalidad. No obstante, hay que reconocer las limitaciones metodológicas de este tipo de estudios, ya que casi siempre se efectúan en forma retrospectiva, restándole validez a los diagnósticos del Eje II (Heerlein, 1997).
En la esquizofrenia la tasa de prevalencia para la población general según señala la APA en el DSM-IV (2002), se sitúa entre el 0,5 y el 1% mientras que la tasa de incidencia, debido a la tendencia a la cronicidad de la patología, se estima aproximadamente en 1/10.000 al año. Se considera que tiene una distribución universal y así lo corrobora un estudio de la Organización Mundial de la Salud en que se halló una variación mínima en la incidencia de la enfermedad en países de todo el mundo. Al aplicar una definición precisa de esquizofrenia se observó que la incidencia oscilaba entre el 7-14/100.000 en los lugares investigados. Cuando se empleaba una definición menos precisa la incidencia aumentaba. Al incluir otros procesos psicóticos relacionados con la esquizofrenia, la incidencia era aún mayor, variando de forma significativa entre los distintos países del mundo (Jablensky et al., 1992).
Sin embargo, un hecho incuestionable es que la distribución de la esquizofrenia en la población general no es homogénea. Existe mayor riesgo para los familiares directos de personas que padecen esquizofrenia. En esta población de riesgo los porcentajes se incrementan y que por tanto presentan una mayor predisposición a padecer la patología: padres de un paciente esquizofrénico (5-6%), hijo de un progenitor esquizofrénico (10- 13%), hermano (9-10%), gemelo dicigoto (14-17%), hijo de dos padres esquizofrénicos (40- 50%), gemelo monocigoto (46-50%) (adaptado de Coronas et al., 2002; Martínez, Cuesta y Peralta, 1997; Obiols, 1989; Wolf y Cornblatt, 1996).
Además, en familiares de pacientes con esquizofrenia los estudios genéticos han determinado una mayor prevalencia de otros trastornos del espectro psicótico. Cadenhead (2002) señala en este caso tasas de hasta 10-15% para la esquizotipia. Baron et al. (1985) hallaron mayor frecuencia del trastorno entre los familiares de pacientes con esquizofrenia (14,6%) que en familiares de pacientes control (2,1%).
No obstante, frente a la aparente universalidad de estos porcentajes y la evidente influencia genética, destaca un hecho incongruente. En un reciente estudio de Haukka, Suvisaari y Lönnqvist (2003), se cuestiona el hecho de que a pesar de que los pacientes con esquizofrenia tienen perceptiblemente pocos descendientes respecto a la población general, la esquizofrenia persista. Estos autores contemplan la posibilidad que los hermanos de pacientes con esquizofrenia tengan más descendencia que la media general, compensando de tal modo la baja fertilidad de sus hermanos afectados. Los resultados han refutado esta hipótesis, por lo que este sencillo mecanismo no explica la persistencia de la esquizofrenia en población general. Por otra parte, el riesgo genético no parece ser suficiente, ya que sólo en un 40% aproximadamente de los casos se contempla historia familiar de trastorno del espectro psicótico (Gottesman y Erlenmeyer-Kimling, 2001).
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