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2.3. Contexto nacional sobre los enfoques de prevención del consumo de sustancias

2.4.1. Epistemología del enfoque prohibicionista

El enfoque prohibicionista que se posicionó en el discurso internacional como solución a la problemática del consumo de sustancias psicoactivas, descansa sobre una premisa de perfeccionamiento moral y de protección de la salud, la cual es impuesta por el Estado (Uprimny, 2003). Como consecuencia, esta política justificó que los estados controlaran todos los escenarios relacionados a las sustancias psicoactivas con el único objetivo de preservar la virtud y la salud optima de sus ciudadanos, por ende, presionó a los Estados a diseñar sus políticas públicas con base en las teorías de la disciplina de la psicología del momento.

Para el caso del modelo de política pública prohibicionista, se utilizó como fundamento, la ciencia natural del conductismo, la cual es una de las corrientes psicológicas más importantes, que se inició en el año 1913 con Jhon Watson -su máximo exponente- y el lanzamiento del manifiesto titulado “La psicología tal como la ve un conductista, mediante el cual propone una redefinición de la psicología como ciencia, y como eje de estudio el examen de la conducta observable en vez del funcionamiento de la mente. Mediante este manifiesto, Watson rechazaba gran parte del programa de psicología tradicional y casi todos sus métodos tales como las sensaciones, las intenciones y la descripción de los estados y contenidos de la conciencia, conocido como introspección; así, proponía que dichos estados debían ser reemplazados por la predicción y eventualmente el control tácito de la conducta. El conductismo considera que el objeto de estudio de la psicología es la conducta observable del ser, enfocándose en el desarrollo del estímulo y la respuesta, más que en el estado mental de las personas y sus procesos internos. (Vargas, 2006, p.51)

Por su parte, Pavlov aportó el concepto del reflejo fisiológico, en el cual se buscaba aparear un estímulo, que de forma orgánica provocaba una respuesta fisiológica con otro cuyas propiedades no lo inducía. Así consiguió que el segundo adquiriera las propiedades del primero y producir la respuesta. (Vargas, 2006, p.51).

A partir del estudio realizado por Pavlov, se desarrolló lo que en psicología se conoce como el condicionamiento clásico que se basa en llevar a cabo un aprendizaje a partir de la reacción que generan los estímulos del medio y del entorno en el individuo. Este aprendizaje se basa en el estímulo- respuesta que puede generarse alterando ciertos estímulos sensitivos con alguna experiencia el individuo que puede vivenciar de manera repetitiva. Un ejemplo claro de este tipo de condicionamientos es ver cómo un sonido de una campana o una puerta al estar presente de manera sistemática junto con la acción de darle de comer a un animal, puede generar una respuesta condicionada de salivación. De esta manera, después de ciertas repeticiones los animales con solo escuchar la campana o la puerta van a salivar sin la presencia del alimento. Este tipo de aprendizaje funciona también de manera automática en seres humanos sin generar pensamientos reflexivos o algún tipo de dinámica cognitiva frente al medio. Son estímulos que no se procesan y van directamente a la acción comportamental del individuo. (Vargas, 2006, p. 51)

Derivado de los estudios de Pavlov y de los principios de Watson, Skinner representó la consolidación del conductismo, mediante la concepción del conductismo operante, es decir la forma en que el organismo se ve afectado por condiciones del ambiente. Fue a través de este, que Skinner género la teoría del aprendizaje de los individuos a través de la repetición de ciertas conductas que se ven reforzadas a través de recompensas positivas. En esta medida, la tendencia de un individuo a repetir y modificar una conducta puede afianzarse si se genera posterior a la acción un estímulo que genere placer. A la inversa, se pueden inhibir conductas a través de castigos o acciones negativas que al ser asociadas con consecuencias negativas, se suprimen y se eliminan para mantener un equilibrio del organismo (Skinner, 1994).

Es decir, toda una generación de científicos se formó bajo esta concepción y contribuyeron a asegurar que entre 1920 y 1950 la psicología de Estado Unidos fuera netamente conductista, materialista e instrumentalista. La búsqueda final de la escuela era legitimar a la psicología como

una ciencia realmente científica que estaba parada bajo los paradigmas positivistas del método hipotético deductivo. Para ello necesitaban alejarse de manera radical de corrientes subjetivas, interpretativas e incluso culturales.

El conductismo considera que los individuos no actúan de la manera que lo hacen, a partir de sus propias ideas, propósitos, por su propia reflexividad o porque el aparato cognitivo poseyera ciertas tendencias estructurantes autónomas. Por el contrario, propone que los orígenes de la conducta responden como reflectores pasivos de diversos factores o fuerzas existentes en el medio ambiente, o consecuencias posteriores a la conducta.

Con base en este postulado se desarrollaron los principios de condicionamiento y refuerzo para describir el proceso de aprendizaje que concluyó con la idea de que los conceptos se adquirían a través de cadenas asociativas simples entre un estímulo y una respuesta, es decir lo que hoy conocemos como el condicionamiento operante. Podemos decir entonces que toda conducta del ser humano desde esta propuesta está respondiendo a un estímulo del medio y del entorno y en ese sentido, el ser humano es visto como una máquina que reacciona de manera inmediata a partir de la búsqueda que necesita desde lo fisiológico. Así, se percibe el reduccionismo del ser humano a elementos únicamente observables, dejando por fuera lo simbólico, reflexivo, cognitivo, interpretativo y los distintos procesos de pensamiento que pueda tener el ser humano.