La puesta en marcha de un equipo de trabajo es un proceso complejo que pasa por diferentes fases. Simplemente reunir a un grupo de personas para realizar un trabajo no significa constituir un equipo de trabajo.
El equipo exige mucho más: coordinación, comunicación entre sus miembros, complementariedad, lealtad hacia el equipo y todas estas categorías implican una atención y centralización más profunda, lo que significa y demanda la necesidad de concebirlo desde una perspectiva compleja e integradora.
En primer lugar, consideramos que es importante definir con claridad, cuáles van a ser sus cometidos y cuáles los objetivos que deberá alcanzar. Hay que tener muy claro que la tarea encomendada debe justificar la formación de un equipo de trabajo.
Por regla general se deben formar equipos cuando haya razones de peso, pero es necesario reconocer que el trabajo en colectividades armónicas, siempre constituye un recurso importante, para avanzar en determinado sentido y dirección. (Orlando Carnota Lauson p. 25)
Hay que determinar la posición que ocupa el equipo de trabajo dentro de la organización. De ahí que sea importante de quién va a depender el funcionamiento del equipo, cuáles van a ser sus relaciones con el resto de las áreas y qué rol estratégico ocupará en el desarrollo total de la empresa. Estos elementos son fundamentales para contribuir al desarrollo prospectivo y anticipativo de la entidad.
El desarrollo de lo colectivo implica, que en función de la tarea asignada hay que buscar a personas con capacidades, talentos y recursos personales, así como con la experiencia suficiente, para cubrir adecuadamente las distintas facetas del trabajo encomendado.
Esta selección de personas aptas y con capacidad para trabajar en equipo, debe complementarse con la evitación de conductas individualistas. Es preferible además que tengan personalidades diferentes ya que ello enriquece al equipo. Consideramos qua la aceptación de la diferencia, potencia las múltiples direcciones que puede tomar el trabajo en equipo y el equipo de trabajo.
Aunque pueda parecer que la diversidad pueda complejizar la gestión del equipo, lo que sí es cierto es que contribuye a su enriquecimiento y diversificación, pues cada persona aporta sus cualidades diferentes y multivarías, al igual que cultiva formas alternas de ser y hacer, en un colectivo que se solidifica.
El equipo debe encontrar con claridad el rol que como proyecto colegiado posee, debe ser capaz de definir participativamente el plazo previsto de ejecución, los objetivos a alcanzar, cómo se les va a evaluar y cómo puede afectar a la autorrealización de sus miembros.
Todas y cada una de estas dimensiones y propósitos deben pensarse y proponerse a partir de consensos, en los cuales se vean reflejadas las aspiraciones y capacidades de los implicados.
Es conveniente fomentar el espíritu de equipo, el sentirse orgulloso de pertenecer al mismo, lo que en nuestra consideración solo se puede alcanzar cuando se habilitan espacios para que cada cual aporte desde su cosmovisión al equipo y a la organización como un todo y cuando la responsabilidad se comparta, de forma que cada quien se vea reflejado en los objetivos y metas grupales y aporte lo mejor de si para alcanzarlos.
Por otro lado, no se trata de fomentar un sentimiento de división entre nosotros
(los miembros del equipo) y ellos (el resto de la organización), pero sí un sentimiento de unidad, de cohesión interna, que debe entrelazarse y armonizarse con los intereses y redes relacionales intergrupales, para crear solidez y avance multisentido en todas las áreas de la entidad, creando cobertura a la multiplicación de experiencias y de los lazos desarrollados.
De las reflexiones explicitadas con anterioridad, se deduce que el equipo no puede funcionar de espaldas a la organización como unidad integrada y armónica. Por el contrario, debe estar plenamente integrado en/con la misma y solo de esa forma es que pueden avanzar en núcleos de acción y potenciación sostenidas, ambos niveles.
El equipo tiene que tener muy claro cuál va a ser su función, qué objetivos se le demandan y estos aspectos deben construirse de común acuerdo entre todos sus integrantes, los cuales realizarán aportaciones significativas, a la hora de desarrollar las diferentes actividades, en la búsqueda resolutoria de conflictos y soluciones de problemas. Algunas de las funciones y tareas que deben desarrollarse y consolidarse al máximo en el espacio grupal son las siguientes: Todo equipo tiene la misión de ser un espacio motivador, capaz de crear atractivos que impliquen desafíos para sus participantes, como elementos fundamentales que permiten fomentar la creatividad y el talento humano en todas sus gradaciones posibles.
Sus miembros tan sólo darán lo mejor de si mismos, si el trabajo que se les encomiende les estimule emocional y cognoscitivamente. No tiene sentido crear un equipo de trabajo con personas cualificadas y preparadas, para luego no darle contenido(o propiciarles la posibilidad de generar ideas) o asignarle tareas rutinarias, aspectos que limitan la realización plena de todas las potencias humanas.
Otro de los requisitos que se mencionan para la potenciación del desarrollo en equipo es que los objetivos y las metas sean exigentes pero alcanzables, con ello lo que se pretende es fomentar que la zona de desarrollo próximo de las personas permita el avance paulatino y sólido de las capacidades personales y colectivas, de forma tal que el avance sea verdadero y sostenido y no ficticio.
En la literatura se reconoce que tan negativo resultan los objetivos poco exigentes (el equipo no se esforzará, perderá motivación), como objetivos inalcanzables, absurdos en su realización y concreción real (el equipo renunciará desde un principio a intentar lograrlos y si lo intenta cundirá la frustración).
El equipo requiere disponer de los medios necesarios (técnicos, materiales, financieros y humanos) para desarrollar eficazmente la tarea encomendada. No se le puede asignar a un equipo un cometido y no proveerle de los medios necesarios, o permitirle que autogestionadamente se apropien o creen los mismos.
La integración precisa entre todos los elementos necesarios para el óptimo funcionamiento del grupo, constituye una plataforma donde se debe consolidar todo trabajo armónico del equipo y sus proyecciones.
Si el equipo detecta que necesita algún apoyo adicional debería ponerlo inmediatamente en conocimiento de la organización con vista a cubrir esta carencia lo antes posible y que su desempeño no se vea afectado. En este sentido, es importante aludir al carácter prospectivo y anticipativo que debe tener todo equipo de trabajo, en tanto requisito para el desarrollo organizacional perdurable.
Cuando se trata de un proyecto de realización colectiva, como el que proponemos en nuestra investigación y su realización efectiva es fundamentalmente a mediano y largo plazo, es conveniente fijar metas intermedias para que el equipo sienta la inmediatez y luche por alcanzar estos objetivos a corto plazo.
Reconocemos que en la medida en que se vayan logrando cumplir estos objetivos, se van a ir gestando las condiciones para continuar el avance visualizado por la
Los líderes del equipo tienen que saber que estos avances son fuerzas motrices para que el equipo gane en autoestima y autoconfianza, elementos básicos para el crecimiento sustentable, consensuado y compartido.
Proponemos que los líderes se distribuyan colegiadamente, para que cada cual pueda asumir el rol de facilitador en momentos determinados y con ello propiciar no solo el desarrollo de lo común, sino simultánea y complementadoramente, el fomento de lo personal.
El desempeño de un equipo de trabajo puede mejorar notablemente cuando al frente del mismo se encuentra un auténtico líder. Un jefe podrá dirigir el equipo en base a la autoridad que su cargo conlleva, pero puede que no sea capaz de motivarlo, de obtener su máximo rendimiento. En cambio, un líder capaz de crear espacios de desarrollo pleno en todos y cada uno de sus subordinados, es un propulsor y habilitador de desarrollo personal y profesional autentico.
Es necesario reconocer que aun queda mucho por reflexionar en términos de trabajo en equipo y que solo hemos dado pinceladas generales y básicas para adentrarnos en un proceso tan complejo como el que hoy centra la atención, pero estas reflexiones y argumentos llevan implícitas ideas generales y una concepción de dicha categoría central, a partir de una visión humanista y participativa que coloca al ser humano, en tanto persona total, como eje principal de los procesos de cambio.
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CONCLUSIONES DEL CAPITULO
• El trabajo en equipo exhibe una capacidad superior del desempeño con respecto a los individuos o a los departamentos aislados, pues permite elevar la productividad y los ingresos y asimilar numerosas tareas, donde se requiere la combinación de inteligencia, experiencia y talento.
• El equipo es una oportunidad excepcional para que el talento de los trabajadores pueda poner en ejercicio pleno todas sus potencialidades, tanto de las competencias individuales como de las colectivas.
CAPITULO 2. ASPECTOS METODOLÓGICOS FUNDAMENTALES.