La bibliografía sobre el emprendimiento en sociedades en desarrollo destaca la tensión entre quienes entienden el emprendimiento de las mujeres como un instrumento para el cambio social comunitario mediante la visibilización y aceptación de nuevos modelos y apre- ciaciones acerca de la actividad laboral de las mujeres y quienes sostienen que únicamente influyen sobre el cambio social en la situación de la emprendedora. Nosotras sostenemos que, actualmente y en el marco del mundo rural chiapaneco, en razón del tipo de actividad empresarial que las mujeres despliegan, las emprendedoras únicamente pueden alcanzar un limitado grado de transformación personal.
Pero, avanzando críticamente un poco más y teniendo en cuenta que el empoderamiento implica una vertiente social-pública y otra privada, ¿tiene alguna influencia el emprendimien- to sobre el empoderamiento de las mujeres de Chiapas? La inclinación que muestran las mujeres chiapanecas por el trabajo en equipo y la cooperación entre mujeres ¿es simple- mente un lazo de solidaridad basado en compartir las mismas privaciones o ha avanzado
hacia una forma elemental de sororidad?11 ¿Forman parte del imaginario de las mujeres
emprendedoras las nociones de autodependencia y autosuficiencia? Y lo que es más impor- tante: ¿perciben las emprendedoras que el emprendimiento las empodera y las visibiliza?
Aún cuando la primera opción es la empresa individual, cuando las mujeres de los ámbi- tos rurales eligen para emprender constituirse en grupos de iguales, en nuestra opinión, no hacen sino adaptar tradiciones indígenas de propiedad comunal o compartida, del que, por
11. El concepto de sororidad deriva de la hermandad entre mujeres, de percibirse como iguales que pueden aliarse, com- partir y, sobre todo, cambiar su realidad debido a que todas, de diversas maneras, hemos experimentado la opresión. Coincidimos con Marcela Lagarde en que la sororidad es un concepto que va más allá de la solidaridad ya que la solidaridad tiene que ver con un intercambio que mantiene las condiciones como están, mientras que la sororidad lleva implícita la modificación de las relaciones entre mujeres.
81 cierto, están tradicionalmente excluidas, a un nuevo contexto de colaboración laboral cuyos
productos se destinan al mercado con el fin de obtener beneficio económico. Y, aunque mu- chas chiapanecas entienden el propio trabajo como motor de crecimiento, son mayoritarias, como hemos constatado en nuestro trabajo de campo, las que recurren al asistencialismo externo –en ocasiones señalado como clientelismo político por mujeres y funcionarias y fun- cionarios– como sustitutivo de la confianza en las capacidades propias.
Partiendo de las seis dimensiones en el empoderamiento que distinguían en 1993 Hashemi y Schuler (Datta y Gailey, 2012) –autopercepción y visión de futuro, movilidad y visibilidad, se- guridad económica, capacidad de decisión en el hogar, habilidad para interactuar en la esfera pública de forma efectiva y participación en grupos no familiares– podríamos decir que, para las mujeres de Chiapas, el emprendimiento no lleva implícito un nivel superior de empodera- miento respecto a las mujeres no emprendedoras pues únicamente pueden contar a su favor con un cierto grado de seguridad económica y de participación en grupos de mujeres.
A continuación, pasamos a analizar de forma esquemática las razones de esta afirma- ción. En cuanto a la autopercepción y la visión de futuro, las mujeres participantes no de- muestran espíritu emprendedor sino que el autoempleo es el recurso último ante una situa- ción estructural de privación de empleo y no se entiende como una profesión sino como una alternativa temporal a la falta de salidas laborales. La opción por el trabajo en el domicilio descarga de capacidad de desplazamiento, visibilidad y reconocimiento familiar y social a la empresaria. Aunque la mujer aporte ingresos a la unidad familiar, al entender su trabajo como una ayuda a las aportaciones masculinas, su influencia en las decisiones internas no se incrementa de forma ni automática ni a corto plazo. Las habilidades para la participación de las mujeres en el ámbito público están mediadas por la formación y aptitudes; teniendo en cuenta las limitaciones que suponen el origen étnico, el monolingüismo y el analfabetis- mo y la inexperiencia en espacios participativos,12 las chiapanecas no alcanzan un mayor
grado de presencia pública por el hecho de haberse convertido en emprendedoras.
BIBLIOGRAFÍA
beneRia, L. y G. sen (1986): «Accumulation, Reproduction, and Women’s Role in Economic
Development: Boserup Revisited», en E. Leacock y Safa (eds.): Women’s Work, Develo- pment and the Division of Labour by Gender. Massachussetts: Bergin and Garvey.
CaRRasCo, C. (2006): «Tiempo de trabajo, tiempo de vida: ¿reorganización o conciliación?»
(http://www.ciudaddemujeres.com/articulos/Tiempo-de-trabajo-tiempo-de-vida), acceso el 10 de junio del 2012.
CaRRasCo, C. (ed.) (2003): Mujeres y economía. Nuevas perspectivas para viejos y nuevos problema. Barcelona: Icaria.
CoMas, D. (1995): Trabajo, género, cultura. La construcción de desigualdades entre hombres y mujeres. Barcelona: Icaria.
12. Las mujeres de la comuna de La Palma, Suchiapa, tienen una visión objetiva acerca de su limitada capacidad para la participación dado que «las actividades de la casa hacen difícil la participación de las mujeres en los ámbitos de decisión comunitaria» y otra opinión más pesimista según la cual «solo les toman en cuenta para las votaciones políticas».
82
datta, P. B. y R. Gailey (2012): «Empowering women through social entrepreneurship: case
study of a women’s cooperative in India», Entrepreneurship Theory and Practice, mayo
del 2012.
dyeR, G. W. (1994): «Toward a theory of entrepreneurial careers», Entrepreneurship Theory and Practice, invierno de 1994.
Jan, M. (2009): «Emprendimiento y género», en M. Laguna Morales (coord.): La equidad de género en Chiapas: teoría y práctica de la transversalidad. México: Desarrollo, género y ciudadanía A.C.
— (2011): «Mujeres y microempresas rurales: entre la tradición y la modernidad», en M. Laguna Morales (coord.), Buenas prácticas de género en Chiapas, significados y pers- pectivas para la disminución de la pobreza. México: Desarrollo, género y ciudadanía A.C.
Kelley, D. J. y otras (2011): «2010 Report: Women Entrepreneurs Worldwide». Massachu-
setts: Babson College and the Global Entrepreneurship Research Association (GeRa). laGaRde, M.: «Enemistad y sororidad: Hacia una nueva cultura feminista», en http://www.e-
mujeres.net/ateneo/marcela-lagarde/textos/enemistad-y-sororidad-nueva-cultura-femi-
nista, acceso el 2 de junio del 2012.
Millán, S. y otros (2008): Condiciones Socioeconómicas y Demográficas de la Población Indígena. Región Sur. Tomo 2. Chiapas, Guerrero y Morelos. México, D. F.: Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas/pnud.
oRtizRiaGa, C. y otras (2008): «Una revisión a la investigación en emprendimiento femeni-
no», Revista Facultad de Ciencias Económicas: investigación y reflexión, año/vol. XVI,
número 001. Bogotá: uMnG.
oCHoaleón, S. (sin fecha): «Economía informal: evolución reciente y perspectivas». Centro
de Estudios Sociales y de Opinión Pública. http://www.diputados.gob.mx/cesop/doctos/
Economia%20informal.pdf, acceso el 25 de noviembre del 2011.
sida (2001): «Discussing Women’s Empowerment. Theory and Practice», Sidastudies n.o 3,
83
RESUMEN
L
a eConoMía soCial es un término que se viene utilizando hace unos años para definir elconjunto de actividades económicas y empresariales, y por qué no también sociales, que desarrollan las entidades que persiguen el interés común de las personas que la integran o, en otros casos, persiguen el interés económico o el interés social. Se podría decir que es una nueva economía situada entre la economía pública y la economía capitalista, como una alternativa a estas. Este tipo de economía tiene como eje la persona y el trabajo, dejando de lado el capital, y es desarrollada, principalmente, por las cooperativas, aunque también se puede incluir a diversas entidades como fundaciones o asociaciones que desarrollan activida- des económicas y sociales en beneficio de sus integrantes, de sus allegados y de su entorno. La intervención de las mujeres en los ámbitos de la economía social ha logrado consolidar la perspectiva de género en este campo con el objetivo de lograr una igualdad real y efectiva entre mujeres y hombres, especialmente en la promoción de sus derechos humanos.
OBJETIVO
El objetivo del presente trabajo es hacer del conocimiento de las personas que asistan al IX Congreso Estatal Isonomía sobre Igualdad entre Mujeres y Hombres que una forma de hacer economía social es promocionar los derechos humanos de las mujeres migrantes en España, basándonos en la trayectoria de una asociación de mujeres de diversas nacionali- dades que, encontrándose en similares situaciones adversas, han unido fuerzas, ilusiones y proyectos comunes logrando hacerse visibles en la sociedad española.
Debemos tener en cuenta que la principal característica de las entidades de economía social es que tienen como punto central la persona y el trabajo, no el capital, desarrollando actividades económicas, o no, de servicio a sus socios o socias y a la sociedad en sí, bajo criterios de gestión y resultados no capitalistas.
Lo que distingue la economía social de los demás sectores económicos es la necesidad o la adversidad de la cual surge un sentido de deber, un sentido de solidaridad, de apoyo, por lo cual se podría decir que son estos los motores que ponen en marcha las diferentes actividades de la economía social.
A su vez, las organizaciones de economía social tienen un fiel compromiso con los dere- chos humanos, tejiendo redes de colaboración y de solidaridad y elaborando alternativas de
1 Licenciada en derecho. Abogada. dea-Diploma de estudios avanzados y doctoranda en derecho constitucional por la Universitat Jaume I de Castellón. Especialista en igualdad. Coordinadora de la asociación de mujeres aMuinCa.