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2 2 EL USO RESIDENCIAL COMO AGLUTINANTE DE LA CIUDAD ANTIGUA CONTEMPORÁNEA

LA ESCALA DE LA VIVIENDA LA ESCALA DE LA RESIDENCIA

Como se menciona en el punto anterior, llegado un momento de la historia, la sustitución de los edifi cios dentro del tejido de la ciudad dejó de ser un proceso unitario14.

En cuanto a la escala de la residencia y sus formas, será el Movimiento Moderno el que pondrá en la arena de la discusión la escala de las actuaciones y sus al- cances sobre la ciudad construida, llevando las propuestas más allá de las escalas tradicionales de substitución unitaria y de las posiciones de monumentalización de la ciudad o del romanticismo conservador de la época preindustrial.

Las propuestas residenciales de la Cultura Moderna buscan restablecer el equili- brio entre la edifi cación y el espacio libre que fueron desapareciendo con los pro- cesos especulativos que se generaron en los cascos antiguos a partir de la indus- trialización. En las primeras décadas del siglo XX, Le Corbusier manifestaba que era preciso aplicar nuevos métodos, claros y simples que nos permitan confeccionar los proyectos de vivienda que se presten naturalmente a la estandarización, a la industrialización, a la taylorizacion15.

La escala de construcción de la ciudad cambia bruscamente en la Modernidad, la vivienda como uno de los puntos fundamentales del Movimiento Moderno se plantea desde lo masivo y colectivo. La materialización de estas propuestas es evidente y fácilmente aplicable en la ampliación de la ciudad, pero en la ciu- dad antigua estas propuestas no se encajan adecuadamente pues la mayoría se plantean en el vacío, sin valorar lo preexistente en un esquema de grano fi no y mayoritariamente de escala pequeña.

Por esta razón la escala de sustitución individual o unitaria como único recurso para la reconstrucción de la ciudad antigua se mantiene hasta muy avanzado el siglo XX16. En Europa la transformación de la ciudad antigua desde otras escalas

es más bien de preocupación posmoderna, pues la posmodernidad atiende el contexto.

En Latinoamérica es una idea que recién se está empezando a observar ya que se mantienen muy enraizados criterios conservacionistas, esto no signifi ca que los edifi cios y tejidos no se transformen sino que la unidad de intervención continua siendo unitaria, pretendiéndose conservar los ragos formales y tipológicos. El tomar este camino en el abordaje de lo urbano no signifi ca que los tejidos y la edifi ca- ción no se modifi quen, pues al ser inviable la intervención desde el punto de vista económico o funcional se produce la degradación acelerada de lo existente, la degradación es también una forma transformación.

Hablando de las escalas de transformación como uno de los puntos fundamenta-

14 Será la revolución industrial, que Francoise Choay enuncia como “la frontera de lo irremediable”, cuando por los impactos que se empiezan a hacer evidentes tanto en la sociedad como el territorio, se identifica una ruptura traumática del tiempo. La conversión de ciudad material en objeto de saber histórico ha sido provocada por la transformación del espacio urbano consecutiva a la revolución industrial: trastorno traumático del medio tradicional, emergencia de otras escalas viales y parcelarias (CHOAY, Alegoría del Patrimonio 2007)

15 Le Corbusier y Jean Pierre Jeaneret en el discurso “Análisis de los elementos fundamentales en el problema de la vivienda mínima” en La Vivienda racional: ponencias de los congresos CIAM 1929-1930 16 Como ejemplo el caso de Quito, cuya ciudad antigua mantiene escalas de transformación unitarias hasta mediados del siglo XX, esto se dio por la dinámicas de crecimiento de la ciudad hacia el norte y el sur, pues se presentaron facilidades estructurales y fenómenos especulativos que motivaron este crecimiento sin realizarse grandes reformas en el casco antiguo.

les de esta investigación, se observa que en algunos contextos aún hoy se preten- de, que la renovación de la vivienda dentro de los tejidos residenciales o multifun- cionales de los corazones antiguos de ciudad se piense únicamente en función de la parcela, casa o del edifi cio como elemento a conservar, rehabilitar, sustituir o renovar. Esta visión se mantiene más ligada a la imagen monumental del conjunto histórico que a la funcionalidad y satisfacción de necesidades de la población que reside el centro.

La reconstrucción de la ciudad desde la escala unitaria ya no soluciona por si sola las necesidades de vivienda, la ciudad no se puede mantener en estos criterios estática, ni en su corazón antiguo ni en ninguno de sus fragmentos nuevos o viejos. Entonces, el entendimiento de las escalas de intervención sobre la ciudad cons-

truida es uno de los puntos neurálgicos de la discusión contemporánea y lo que le cuesta a la ciudad contemporánea encontrar.

La unidad de vivienda de mayor impacto en la ciudad contemporánea es el Pro- yecto Residencial, y dentro de la ciudad antigua este llega a tener una infi nidad

de estructuras para su integración. Actualmente el proyecto residencial contem- poráneo se encaja en el parcelario, pero también se refi ere a cortar, recortar, tro- cear y ajustar a las necesidades de un escenario residencial que exige soluciones para un colectivo. En este sentido el proyecto residencial en el casco antiguo se refi ere mas a la inserción, puesto que se hace sobre lo lleno, sobre los huecos de lo anterior, no en lo vacío (YNZENGA ACHA 2012).

Se puede decir entonces que el proyecto residencial contemporáneo en la ciu- dad antigua, es la propuesta urbano arquitectónica proyectada y construida en la ciudad con la fi nalidad de mejorar, sustituir o insertar diferentes tipologías de vivienda que respondan a las demandas y necesidades sociales contemporá- neas17.

Y en la ciudad antigua de tejido regular o irregular, es también la manzana que contiene a las parcelas la que pasa a tomar protagonismo como unidad de tras- formación urbana. “La evolución de la manzana en el siglo XX coincide con la ro- tura progresiva de la continuidad perimetral de la edifi cación y su permeabilidad a las calles, paralela a la generación de nuevas formas de acceso desde la calle, centralizadas o través de espacios públicos interiores. En el siglo XXI puede orga- nizar distintos tipos edifi catorios: caben torres, bloques, casa pareadas, tejidos de casas patio, organizando manzanas” (RUBERT DE VENTOS 2006).

En el caso de las áreas centrales o históricas de las grandes metrópolis contem- poráneas la escala de sustitución y transformación ha ido ajustándose, aunque la parcela no deja de ser una de las unidades de intervención. Dada la magnitud de las necesidades y los parámetros de vivienda hoy en la ciudad antigua se plantea la manzana como la unidad mínima de intervención. Las viviendas, parcelas, edi- fi cios y casas incluidos en proyectos residenciales son las piezas que recomponen el tejido o las manzanas que lo conforman.

2.5. EL VALOR DE LA CIUDAD ANTIGUA CONTEMPORÁNEA - EN DEFENSA DE LO RESIDENCIAL

Actualmente somos testigos de cómo las ciudades con corazones antiguos en que se ha planteado su conservación o transformación bajo criterios radicales o de indiferencia, han sido llevadas al fracaso como ciudad, pasando de ser la parte más importante de la ciudad tradicional para convertirse en museo, centro

17 Según Lefevbre (1969) “Las necesidades sociales tienen un fundamento antropológico; opuestas y com- plementarias a un tiempo, comprenden la necesidad de seguridad y de apertura, la de certidumbre y aventura, la de organización del trabajo y del juego, las necesidades de previsibilidad y de imprevisto, de unidad y de diferencia, de aislamiento y de encuentro, de cambio y de inversiones, de independencia (cuando no de soledad) y comunicación, de inmediatez y de perspectiva a largo plazo”.

económico-administrativo, lugar de marginalización social y en el peor de los ca- sos en parque temático con horario de apertura y cierre.

Conservar esta ciudad antigua protegiéndola del cambio o de la transformación, ha provocado la huida de sus residentes, la gentrifi cación o la marginalización de los mismos, Víctor Gruen (1965) ya identifi có que lo que hace latir el corazón de una ciudad, no son sus estructuras, ni sus servicios, ni sus vehículos, sino la gente que invade la ciudad en múltiples formas, porque de lo contrario sus estructuras se convierten en cascaras huecas carentes de signifi cado; Gruen, vislumbrando la crisis de las ciudades en su corazón ya se preguntaba cómo se podría atraer de nuevo a la gente hacia el corazón de la ciudad.

Las prácticas conservacionistas en cuanto a la intervención, transformación y adaptación de los cascos antiguos han provocado un vaciamiento de residentes. El uso residencial originó la ciudad que hoy denominamos antigua, hoy lo comple- menta y le da consistencia pues el casco antiguo que alguna vez fue la ciudad toda, tiene un sinnúmero de funciones y actividades que le corresponde cumplir.