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Escasa inversión en ciencia y tecnología

Enrique Pazos

3. Escasa inversión en ciencia y tecnología

De nuevo, citamos literalmente: “Otra limitación que restringe muy seriamente el desarrollo científico y tecnológico de Guatemala es su presupuesto. Guatemala invierte el 0.029% de su PIB en actividades de I+D [investigación y desarrollo]. Esto es 14 veces menos que el promedio de inversión de África Subsahariana, 25 veces menos que el promedio de América Latina y el Caribe, 85 veces menos que el promedio de Europa Occidental y casi 200 veces menos que lo invertido por la República de Corea o Israel” (ídem).

Como consecuencia de la exigua inversión, la producción científica en términos de artículos publicados en revistas internacionales coloca a Guatemala en 11 artículos por millón de habitantes. A manera de comparación, en Chile este número es 45 veces mayor.

Para corregir estas deficiencias, uno de ejes prioritarios de la Política Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico 2015- 2032 es la formación de recurso humano en ciencia, tecnología e innovación, la cual contempla las siguientes acciones:

1. Creación de programas de doctorado locales

Citamos textualmente: “(Crear nuevos programas de doctorado, fortaleciendo la infraestructura de investigación en las universidades y contratando profesores extranjeros en aquellas áreas de vacancia” (íbidem).

2. Becas para doctorados en ciencias e ingeniería

Menciona el documento: “(Financiar becas de doctorado que se expandan escalonadamente en el tiempo de manera de asegurar que en cinco años se comiencen a doctorar entre 50 y 100 candidatos /as por año” (ibid).

3. Financiar nuevos puestos para investigadores

Vuelvo a citar: “[Financiar la incorporación de nuevos doctores al sistema de investigación, tanto en organismos que estén orientados a dar soluciones a los problemas estratégicos del país (centros de excelencia) como en aquellas empresas privadas que estén en condiciones de expandir sus actividades de innovación para aumentar su competitividad” (ibid).

Lo anterior toca el tema puntual de la formación de recurso humano. Ciertamente no es el único problema. Otros factores claves a tomar en cuenta son: Guatemala es una sociedad profundamente desigual con problemas de desnutrición crónica, altos índices de criminalidad y una baja inversión pública en educación.

La formación de recurso humano de alto nivel tiene una incidencia directa en la educación superior y eso es algo que las universidades de Guatemala le deben a sus estudiantes. Hablamos de que actualmente el profesor universitario de cursos profesionales no hace investigación y no tiene manera de estar actualizado respecto de los rápidos avances del área técnica. Hace falta colocar en las aulas universitarias a un verdadero profesor investigador.

Cada año se elabora el ranking mundial de universidades. Las nacionales siempre están en puestos con números de cuatro cifras. Estar en el top 100 es una utopía. Los primeros puestos son casi invariables. Allí vemos a universidades como Harvard, MIT, Caltech, Princeton, etc. Nombres que siempre aparecen en las noticias del mundo científico amarrados a descubrimientos, inventos y nuevas tecnologías. Para el estudiante que aspira a las ciencias, esos lugares son un sueño casi inalcanzable.

Lo que hace que estas universidades estén en la cima mundial es una cosa: la calidad de su producción científica. Ésta se mide (entre otras cosas) con patentes de invención, artículos científicos y premios (como el premio Nobel). En estas universidades, los profesores son contratados por su capacidad de producir nuevo conocimiento.

En nuestro ambiente se ha tratado de paliar las deficiencias de los profesores ofreciéndoles cursos de enseñanza. Ciertamente eso ayuda un poco, pero no nos va a dar el tipo de profesor que enseña en las aulas de un MIT o un Caltech. ¿Cuál es la diferencia? Que los profesores de las universidades top no solo

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doctorado, varios años de postdoctorado y finalmente tuvieron el currículum apropiado para de ser profesores de universidad.

La situación contrasta diametralmente con lo que sucede en nuestro país, donde un recién graduado puede ir a dar clases en la misma universidad. Esta es una de las razones por las que nuestras universidades no puntean muy alto. El problema es complejo. Si queremos un profesor con doctorado, se le debería ofrecer la oportunidad de entrar a un programa doctoral, pero los programas de doctorado en Guatemala son muy escasos y entonces entramos en un círculo vicioso.

La investigación es fundamental en una universidad y eso es justamente lo que nuestra educación superior le debe a sus estudiantes: la oportunidad de llevar un curso profesional con un profesor que investiga. Un profesor que está activamente expandiendo el conocimiento de su área. Es otro nivel de clases y de enseñanza, un nivel al que el estudiante guatemalteco promedio jamás ha tenido acceso. Es frecuente escuchar quejas de la universidad, que el profesor no sabía nada y que para eso no vale la pena ir la universidad. Probablemente tienen razón y seguramente su opinión habría sido diferente si les hubiera tocado estudiar en una universidad del top 100.

La falta de profesores investigadores y científicos en general también queda evidenciada en el ámbito comercial y económico, que es precisamente el lado práctico de la investigación científica. En un artículo escrito por Daniel R. Ciocca y Gabriela Delgado titulado The reality of scientific research in

LatinAmerica; aninsider’sperspective se coloca la situación en

perspectiva. Desde el fondo del análisis emerge la imagen de nuestro subdesarrollo: dejamos que sea el primer mundo quien resuelve nuestra demanda tecnológica, cuando lo podríamos hacer nosotros mismos y salir del agujero en el que estamos.

Nuestros gobiernos se han rehusado a realizar inversiones sistemáticas y continuas en ciencia y tecnología. Mientras los países desarrollados obtienen grandes ganancias de las economías basadas en conocimiento y producción de tecnología, nosotros nos dedicamos a comprar caro lo que otros países producen.

Hay algunos puntos de este artículo que es preciso resaltar, los cuales son aplicables a Guatemala y varios países de Latinoamérica.

l. La baja producción científica no es por la falta de talento, sino por el ambiente negativo que generan los líderes de cada país.

2. Los suministros, reactivos y equipos de laboratorio son comprados en países desarrollados a precios desproporcionados con relación a las economías del tercer mundo. Eso sin mencionar el pago de impuestos y el tiempo que los productos pasan en la aduana, lo cual puede alterar la calidad de los mismos.

3. En un mundo globalizado, es el desarrollo científico y tecnológico lo que genera empleos de alta calidad con personal altamente calificado. Los países que se queden atrás en conceptos de educación y capacitación son los que sufrirán más su retraso. 4. Latinoamérica sufre de la fuga de cerebros, que es al mismo tiempo la ganancia de cerebros para los países desarrollados. Esto es comprensible, dado que el científico latino se enfrenta en su país a problemas como instalaciones y equipo obsoleto, inseguridad laboral, montos de investigación y salarios bajos.

Una de las conclusiones del artículo mencionado merece especial atención: “La sociedad latinoamericana se ha acostumbrado a esperar nuevos desarrollos en ciencia y tecnología de los países desarrollados, en lugar de esperarlo de sus propios científicos” (op.cit). Esta afirmación es clave, pues nos dice que el negocio del presente y del futuro está en vender soluciones tecnológicas y conocimiento. Sin embargo, eso no lo puede hacer cualquiera. Lo puede hacer un país cuyos habitantes tengan acceso a la educación y la oportunidad de desarrollarse en algún campo de la ciencia o la ingeniería.

En pocas palabras, nosotros en el tercer mundo somos los clientes pobres que pagan caro los productos que no podemos desarrollar.

Muy diferente sería la situación si imaginamos por un momento que todos los países del mundo tienen nuestro mismo nivel tecnológico; es decir, imaginemos que todos estamos igual de atrasados y que no hay nadie a quién comprarle un helicóptero, una televisión, un celular o una medicina. En ese escenario hipotético, lo único que nos quedaría sería encargarles a nuestros propios científicos que resuelvan los problemas usando lo mejor de su conocimiento. En ese momento estaríamos iniciando el camino hacia una economía del conocimiento y la tecnología. Seríamos los primeros en hacer descubrimientos y en comercializar

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día que pasa sin que nuestros gobernantes no consideren la inversión local en ciencia y tecnología, es un día más que estamos en una sociedad sin oportunidades y sin educación, sumidos en la violencia generada por la desesperación de una masa de gente que no tiene qué comer y no encuentra los medios para vivir honradamente.

Queda en manos de las autoridades de gobierno hacer que en un futuro, en lugar de recibir millones de dólares en remesas, eso se produzca localmente a base de una economía basada en el conocimiento. Una economía y una sociedad en donde no haya necesidad de emigrar en busca del sueño que actualmente es una pesadilla.

Vivimos en tiempos de competencia global. No debemos ni podemos darnos el lujo de quedarnos estancados. El camino hacia el desarrollo ya ha sido marcado por los distintos países que han logrado salir adelante haciendo fuertes inversiones en la educación de sus habitantes.

La ciencia no un lujo de países desarrollados. La ciencia es la herramienta con la cual podemos salir adelante, pero para poder utilizarla necesitamos aprender a usarla y solo se aprende con la práctica, es decir invirtiendo y haciendo investigación científica.

EL TEMA DE LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA Y