4.3. Acto 3: Los cafés cerrados
4.3.1. Escena 1: Miedos y prejuicios de la calle San Antonio
Hasta aquí todo habían sido supuestos y conjeturas basadas en mi trabajo de campo, ninguna certeza, hasta que llegué a la Fundación Margen. Esto me posibilitó realizar una serie de entrevistas a trabajadoras de cafés hipersexualizados de la calle San Antonio para corroborar o desmentir lo que hasta ese día había recabado en mis Observaciones Participantes.
La Fundación Margen se autodefine como: “una organización que surge el año 1998 como un espacio de defensa de los derechos de las mujeres, en particular, de las mujeres trabajadoras sexuales. Quienes la conformaron provenían de la Asociación Pro Derechos de la Mujer y del
106 Sindicato Ángela Lina”25. Desde el comienzo de mi investigación había intentado contactar con el Sindicato Ángela Lina, aunque sin éxito, ya que no pude rastrear su actual ubicación. Posteriormente, una compañera de magíster me habló de la Fundación Margen: me puse en contacto con ellos, y de inmediato respondieron mis correos. Cuando acudí a sus instalaciones para plantearles mi investigación y pedirles su ayuda para poder concretar las entrevistas, siempre fueron muy amables y mostraron una actitud de disposición respecto a todo lo relacionado con la presente tesis. Me aclararon que debía dar una remuneración a las compañeras puesto que su tiempo era tiempo destinado a su trabajo, lo cual me pareció correcto, siempre y cuando se realizaran los pagos vía la Fundación, para evitar cualquier malentendido, así mismo solicité utilizar sus instalaciones para los efectos de las entrevistas. Accedieron a todas mis peticiones.
Migrante como ellas, creábamos simpatías más allá del género, que posibilitaron realizar las entrevistas de manera más profunda. Esto a su vez me permitió darme cuenta del empoderamiento que ellas mismas tienen sobre sus espacios. Cabe señalar que si bien hasta este subcapítulo me centro de lleno en los cafés hipersexualizados, éstos siempre estuvieron presentes a lo largo de todo mi trabajo de campo. Desde los primeros días hasta la finalización de mi investigación.
Vale mencionar una anécdota respecto a esos primeros acercamientos a la calle San Antonio, y al empoderamiento de las compañeras. En 2014 fui a tomar unas fotos a esta misma galería de la calle de San Antonio. Estos lugares desde fuera muestran una visión lúgubre, “sucia”, “peligrosa”, “pervertida”, “desviada”, morbosa, migrante, hedionda, como lo ven algunos vecinos de la zona con los que pude platicar sobre la galería. En suma, un aspecto asociado a la sexualidad “negra”, a la mujer migrante “negra” vista como un objeto “desviado” de la sexualidad (blanca) chilena, y ese tipo de cafés, vistos como los cafés “malos”, los “sucios”, donde no hay “ni un brillo” -expresión que en Chile significa que no tienen valor- como me llegó a decir un mesero que me vio por la zona; cafés fuera de lo que el chileno acepta por un café con piernas, lugares donde “no se mete cualquiera”, y el que se mete es “bajo su propio riesgo”. La primera vez que caminé por esa calle, me sentía un niño pequeño, asustado y miedoso ante aquel monstruo del imaginario chileno que representaba la mujer migrante “negra”. Lo observaba todo con premura, con cautela, con atavismos, en otras palabras, todo
107 aquel contexto me había hecho olvidar, por un instante, mi posición privilegiada provista por el patriarcado dominante, ante las trabajadoras. A continuación un par de fotos de aquel día que servirán para explicar la zona:
Foto Terreno 3-2. Elaboración propia.
Foto Terreno 3-3. Elaboración propia.
Como se puede ver este tipo de cafés dista mucho de los cafés erotizados del primer cuadro del centro. A su vez, estos no tienen nombres visibles, están confinados a la clandestinidad, su
108 aspecto es más similar a burdeles o casas de citas. Su aspecto no es para nada amigable, no invita al transeúnte a pasar a tomarse un café, ni siquiera lo incita a pasar a invitarle un “juguito” a alguna trabajadora. Por el contrario, es una viva imagen del deterioro y descuido de los edificios de la zona, de la falta de limpieza pública, del olvido y marginalidad en que la misma municipalidad los tiene confinados. Aquí se vinieron a refugiar muchas mujeres migrantes “negras”, donde lograron su empoderamiento y ahora estos espacios les pertenecen.
Estas dos fotos muestran las dos posibles entradas a esa galería que parece un callejón, dentro hay más de siete cafés, aunque en las fotos sólo son visibles 2 o 3. Ambas fotos fueron tomadas con muchísima discreción y temor por mi parte, ya que para ese entonces pensaba que corría peligro de llegar a ser descubierto. Tenía la idea de que las trabajadoras ahí eran mujeres tratadas, que obedecían órdenes de sus proxenetas y que a la menor provocación saldrían a golpearme y quitarme no sólo mi celular sino también todas mis pocas pertenencias. Todos mis prejuicios se veían fomentados por las características de la galería, por los desechos humanos que siempre estaban en alguna esquina, por el penetrante olor a orina que inunda el lugar, así como por los incontables graffitis y rayones que tienen todas las paredes. También por el Cine Apolo, un cine pornográfico que se encuentra dentro. Otro aspecto intimidante es la oscuridad que se percibe desde el exterior, ya que como se muestra en la Foto 3-1, desde el otro lado de la calle es prácticamente imposible observar el interior de los pasillos de la galería. A continuación muestro el tercer mapa donde se concentran la mayoría de mujeres migrantes “negras” en el centro de Santiago.
109 Cuadro 3. Elaboración propia.
Esta zona morada, coincidía en varios puntos con la zona roja, pero es evidente el desplazamiento de los locales hacia el norte del centro, hacia la zona menos turística y más vulnerable como ya se mencionó. Esto provoca que muchas veces estos locales estén fuera de la ley, sea frecuente el pago de coimas para que los dejen laborar, o en su defecto sean clausurados temporalmente como se observa en la Foto 3-3, el primer lugar estaba clausurado para el 2014, momento en que se tomó la foto, pero para cuando fui a hacer las entrevistas (2016), éste estaba en funcionamiento
Todos esos prejuicios y temores ahora los veo como todo lo que ellas tienen que soportar todos los días como parte de su cotidianeidad, como parte de su trabajo diario. Condiciones laborales extremadamente precarias. Si en los otros tipos de cafés existían cajeros, trabajadoras del aseo, hasta baristas, en este tipo de cafés la trabajadora es a la vez, la que asea los locales, la que prepara los cafés, que solamente son solubles cuando hay, pues muchas veces sólo tienen una botella de 3 litros de coca cola, y eso es lo único que se le ofrece al cliente. A su vez también son las cajeras y el personal de seguridad. En suma, cumplen con todos los roles, y pocas veces se ven a los dueños, quienes únicamente van a cobrar la renta una vez por semana o cada quince días.
110 Lo anterior produce, en muchos casos, una desigualdad laboral de las trabajadoras de este tipo de cafés,la cual se explica como una desafiliación social, y para comprender el proceso laboral de las compañeras que trabajan en lugares precarizados, no es suficiente hablar en términos como la exclusión, ya que inevitablemente se vuelven dicotómicos, llevándonos a pensar que sólo existen los que excluyen y los excluidos, cuando en las relaciones sociales y laborales, no es tan polarizado el fenómeno, de hecho es mucho más complejo y con más matices de los que podemos imaginar. Atendiendo a lo anterior, prefiero utilizar el término de desafiliación social de Castels (2004) para quien es un proceso mediante el cual un individuo se encuentra disociado de las redes sociales y societales que permiten su protección social, la importancia de este debate radica en que Castel entiende la desafiliación social como un proceso de movilidad hacia una zona vulnerable.
Para Arteaga (2008), cuando se habla de desafiliación se tiene como objetivo visualizar no tanto una ruptura sino un recorrido hacia una zona de vulnerabilidad social –esa zona inestable que mezcla la precariedad del trabajo y la fragilidad de los soportes de proximidad–, lo que permite, además, subrayar la relación de disociación con respecto de algo, apreciándose el hecho de que un individuo puede estar vinculado, por ejemplo, más estrechamente con las relaciones societales y menos con las estructuras institucionales de trabajo. Observé que las varias compañeras comienzan en trabajos precarizados como de “asesoras de hogar”, de servicios de limpieza, lavaplatos, y en general la industria relacionada con el aseo del hogar, y al no contar con estos soportes de proximidad se encuentran excluidas de las redes sociales, lo cual provoca una desigualdad de condiciones laborales.
Así es como se entiende la desafiliación social en el presente análisis, dicha desafiliación a la que las mujeres migrantes “negras” están expuestas en sus nichos laborales precarizados. La vulnerabilidad social consiste en el desajuste entre los activos y la estructura de oportunidades, es decir, los activos serían insuficientes, poco pertinentes o difíciles de manejar para aprovechar la estructura de oportunidades existentes. Mientras los activos pueden consistir en un patrimonio físico, ahorros financieros, capital humano y social, las estructuras de oportunidades son probabilidades de acceso a bienes, servicios o actividades (destacado por el autor) que inciden sobre el bienestar del hogar porque le facilitan el uso de recursos propios o le suministran recursos nuevos, útiles para la movilidad e integración social a través de los canales existentes (Kaztman, 1999). Dicha desigualdad se encuentra relacionada fuertemente
111 entre los activos y la estructura de oportunidades, puesto que las compañeras han gastado todos sus activos que por lo general son ahorros financieros o patrimonio físico, en concretar el proceso migratorio hacia el país receptor, mientras que sus estructuras de oportunidades se ven drásticamente reducidas puesto que no cuentan con las mismas posibilidades de acceso a bienes, servicios o actividades que les permitan un bienestar, por lo tanto este fenómeno vuelve a las compañeras susceptibles de optar por trabajos precarizados, desagradables o, incluso, socialmente estigmatizados como el caso del comercio sexual.
Esta suerte de desigualdad laboral, provoca, la vulnerabilidad laboral que se expresa estadísticamente en que los grupos afectados se caracterizan consistentemente por resultados desfavorables en indicadores como participación laboral, nivel de ocupación pero, sobre todo, indicadores relacionados con la calidad del empleo, como por ejemplo son el ingreso laboral y la cobertura por los sistemas de protección social. Se hace énfasis en los aspectos de calidad de empleo dado que en circunstancias de altos niveles de pobreza y ausencia de redes de protección social, el hecho de que –obligada por la necesidad de sobrevivencia– una persona trabaje no implica que no esté vulnerable (Weller, 2009).
En este sentido se puede decir que la calidad del empleo está directamente relacionado con la vulnerabilidad, y ésta a su vez con la desigualdad social, ya que los empleos que las mujeres migrantes “negras” suelen utilizar son de bajo perfil olvidándose, por lo general, de la cobertura de protección social o sistemas de salud. Por lo tanto, la desigualdad social se representa a partir de la desigualdad de condiciones laborales a la que las mujeres migrantes “negras” se enfrentan constantemente, cayendo en una suerte de espiral decreciente, en la que al aceptar un trabajo estigmatizado se cierran las puertas de otros empleos.
Hasta este punto he mencionado un par de veces la sexualidad patologizada que caracteriza las mujeres “negras”. Pero aquí me detendré para explicar por qué creo que es, justamente, en estos cafés cerrados o hipersexualizados, donde encuentra mayor eco esta patologización de su sexualidad.
Si Collins (2000) compara, dentro de la dimensión ideológica del heterosexismo el pensamiento binario que considera la heterosexualidad como lo “normal”, versus otras sexualidades como las “desviadas”. Esto divide la sexualidad en dos categorías: la “normal” y la “desviada”. Y es justamente dentro de estos supuestos de heterosexualidad normalizada surgen dos categorías
112 de sexualidad “desviada”. Señala que una primera categoría ubica la sexualidad africana o negra como una heterosexualidad anormal o patologizada. Debido a esas ideas del imaginario colectivo que han proliferado en occidente desde hace muchos años sobre el apetito sexual excesivo de las personas con ascendencia africana, generando imágenes de control específicas atingentes a una supuesta hipersexualidad “negra”. Una segunda categoría para esta heterosexualidad normalizada sería la homosexualidad. Es por ello que el heterosexismo va más allá del sexismo. Si el “blanco” marca la categoría “normal” de heterosexualidad, el ser “negro” será indicativo de una hiperheterosexualidad salvaje, fuera de control y apetito sexual excesivo que necesita ser controlado y contenido.
Esto lleva a los cafés con piernas a ser lugares propicios para que este hiperheterosexualidad de las mujeres migrantes “negras” desahoguen todas sus pulsiones sexuales que, en el imaginario chileno, se condicen con el color de piel que llevan como marca estigmatizante. Esta patologización racial que menciona Collins, también se pudo corroborar en mis Observaciones Participantes, ya que, en un segundo momento, y en mi afán por mapear toda la zona del primer cuadro del centro, entré al café de la foto 2-2 a finales del 2015. De esa experiencia se desprende la siguiente nota de campo:
Entré al café S.., y ahí me atendió Karena. una dominicana de 22 años que tiene 2 meses aquí en Chile, es afrolatina, ella siempre está muy activa, está en la entrada atrayendo clientes siempre. Es mentira que tiene 2 meses en Chile, eso yo lo sé, porque a este caracol vine por primera vez hace un año y medio para realizar una O.P. para una materia del primer semestre; entonces ya estaba ella. De hecho me invitó a pasar, sin embargo en ese entonces le tenía temor a los cafés con piernas que eran cerrados, y procuraba no entrar mucho en ellos o ir acompañado. (Observación Participante Terreno 3. 4 de diciembre 2015 15:55 horas).
En la anterior nota, se puede observar cómo yo ya tenía identificada esta galería como el lugar donde más se concentraban las compañeras migrantes, sin embargo, la forma en que Karena me llamaba desde afuera mostrándome los senos, me parecía muy intimidante. Posteriormente fui perdiendo mis prejuicios y miedos, atreviéndome a entrar e ir más lejos. Siempre con los límites impuestos por la investigación, los cuales incluían no tener relaciones sexuales con las compañeras, ya que esto más que aportar iba a sesgar mi criterio de investigador. Coincidentemente unos meses más tarde tuve la oportunidad de entrevistar a la misma Karena.
113 Y pude contrastar la recolección de datos desde dos puntos diferentes tanto en el tiempo, espacios, como en metodología. En lo concerniente al aspecto hipersexualizado y patologizado de los servicios sexuales que ella ofrece, esta fue mi experiencia:
Cuando vuelve a mi lado, comienza a tocarme sobre el pantalón de arriba hacia abajo como si intentara excitarme a la fuerza… (…) …después, me comienza a restregar sus nalgas sobre el pantalón en la zona pélvica, de nuevo de arriba hacia abajo, en un movimiento muy automatizado, con muy poco sentido humano, como si se sintiera carne y solamente carne. (Observación Participante Terreno 3. 4 de diciembre 2015 15:55 horas)
…me responde con monosílabos, como si le molestara que le preguntara esas cosas o como si ya supiera automáticamente qué responder en dichos casos. Después, me comienza a restregar sus nalgas sobre el pantalón en la zona pélvica, de nuevo de arriba hacia abajo. Yo le sigo preguntando, y en un momento ella me interrumpe y me dice, mira papi, si quieres un mamón te cuesta 15 lukas, y si quieres culiarme te cobro 30 lukas, pero incluye el chiquito, por 30 lukas vamos a culiar rico papi. Le pregunto que qué más incluye, me dice que primero me hará un mamón muy rico (Observación Participante Terreno 3. 4 de diciembre de 2015 15:55 pm)
Esta objetivación de su cuerpo se ha ido normalizando a lo largo de los años, es algo similar a lo que me pasó con Karol, quien luego de dos años se sabía objetualizada por los clientes. Otro rasgo a tomar en cuenta son los servicios que Karena ofrece, ya que cuando la entrevisté tenía un discurso totalmente diferente al que había podido observar como cliente. Esto me hizo pensar que la información a la que pude acceder en las Observaciones estaba menos sesgada por prejuicios morales de las mismas trabajadoras.