Nombre Fecha 1 Consulta el diccionario y escribe el plural de las siguientes palabras.
ESCENA QUINTA
En los jardines reales.
Duquesa. –Si ya me había vestido de luto. ¿Y dices, niña mía, que era un bello caballero? Infantina. –Más bello que el sol.
Duquesa. –¿Por qué no ha venido por la recompensa? Seguro que no sabe que al vencedor se le concederá tu mano.
Infantina. –¡Seguro que no me quiere!
Duquesa. –Es imposible que no te quiera si te ha visto. (Niega con la cabeza). Por cierto, voy a quitarme esta ropa. Me vestiré de rojo.
El Príncipe Verdemar, con traje de bufón, las saluda haciendo una pirueta. La Duquesa hace ademán de rechazar al bufón. El Príncipe Verdemar le hace una mueca. Después suspira contemplando a la Infantina.
Infantina. –Llegas a tiempo de divertirme, bufón.
Príncipe Verdemar. –¿Has olvidado con qué palabras me diste esta rosa?
Infantina. –¡Es verdad! Tú fuiste el único que encendió mi corazón con una esperanza, asegurándome que no sería víctima del dragón. ¿Cómo podías saberlo?
Príncipe Verdemar. –Se lo pregunté a una margarita deshojándola. Infantina. –¿Y no le has preguntado si un día volverá mi bello caballero? Príncipe Verdemar. –Se lo he preguntado.
Infantina. –¿Y qué dijo?
Príncipe Verdemar. –Que volverá.
Aparece el Rey Micomicón.
Rey Micomicón. –¡Hija mía, Blanca Flor! Acaban de decirme que ha llegado el caballero que venció al dragón.
Infantina. –¡Me tiembla el corazón!
Príncipe Verdemar. –La tarde que ibas a morir me dijiste que me darías una rosa si volvías a tu jardín. Infantina. –Te la daré otro día.
Príncipe Verdemar. –¡Ay, Señora! ¡Qué pronto olvidas!
Maestro de Ceremonias. –¡Señora Infantina! Pide permiso para saludarla el caballero más poderoso, el de la espada de diamante, el que mató al dragón.
Aparece Espandián.
Bravo. –(Besándole las manos). Hija del Rey. Infantina. –¿Dónde está tu señor?
Bravo. –Nunca he tenido señor.
Infantina. –¿Dónde está entonces el valiente caballero al que debo la vida, y de quien, supongo, traes algún mensaje.
Bravo. –Yo soy ese caballero.
Infantina. –¡Pero si era un bello caballero! Bravo. –¿Y yo no te parezco guapo?
Infantina. –¡Tú eres un impostor! Padre, que le azoten. Rey Micomicón. –Si es verdad lo que dices, le mandaré azotar.
Bravo. –Rey Micomicón, te demostraré que yo soy ese caballero. Es normal que tu hija no me reconozca, pues en ese momento no paraba de llorar, como ahora.
Rey Micomicón. –Seca tus ojos, hija mía, y mírale bien. Infantina. –No es él.
Rey Micomicón. –¿Es su voz por lo menos? Infantina. –¡Su voz era música!
Bravo. –Como ahora estoy ronco, no la reconoce.
Rey Micomicón. –¿Cómo puedes demostrar que eres tú quien mató al dragón? Bravo. –Te enseñaré la cabeza del dragón.
Se presentan cuatro bandoleros con la cabeza del dragón entre unas ramas.
Rey Micomicón. –Hija mía, pide perdón a este caballero por haber dudado de él y ofrécele tu mano. Infantina. –¡Jamás! ¡Es un impostor! Que le azoten.
Aparece Bertoldo, el antiguo bufón de la Señora.
Bufón. –¡Debes saber, Rey, que este hombre me ha robado! Rey Micomicón. –¡Silencio! ¿Qué haces tú aquí, ahora? Infantina. –Déjale hablar, padre.
Bufón. –El señor al que buscas me cambió su traje de caballero por el mío de bufón. ¡Y este ladrón me lo ha robado!
Rey Micomicón. –Este es el prometido de tu Señora Infantina Blanca Flor. ¡Pídele perdón! Bufón. –¿Prometido de mi señora? ¡Pero si es Espandián, un ladrón!
Rey Micomicón. –¿Tú eres Espandián? Bravo. –Señor, yo soy Espandián.
Rey Micomicón. –Pero si la justicia te busca.
Bravo. –Señor, creo haberme salvado con la cabeza del dragón. Rey Micomicón. –¿Y crees que puedes casarte con mi hija? Bravo. –Rey, yo solo creo en tu palabra.
Rey Micomicón. –¿Qué dices, hija mía?
Infantina. –Padre, me moriré, porque no le quiero y porque estoy segura de que es un impostor. Príncipe Verdemar. –¡Infantina Blanca Flor, tienes razón al pensar que ese hombre es un impostor! Infantina. –¿Lo ves, padre?
Bravo. –¿Quien lo afirma?
Príncipe Verdemar. –¡Yo! Y afirmo también que esa cabeza no tiene lengua. Rey Micomicón. –¿Tú lo sabes?
Príncipe Verdemar. –Puedes verlo tú mismo. (Abre la boca del dragón). Rey Micomicón. –Ábrele la boca. ¡Ah!… ¡No tiene lengua!
Príncipe Verdemar. –Pero la tuvo. Aquí está. Rey Micomicón. –¿Qué quieres decir?
Príncipe Verdemar. –Que yo soy quien ha matado al dragón.
Infantina. –¡Por eso tu voz encantaba a mi oído, y tu mirada hacía latir mi corazón! ¡Ahora te reconozco!
Rey Micomicón. –Hija mía, podrías ser la esposa de un ladrón, pues es posible que venga de un noble linaje, pero nunca podrás ser la esposa de un bufón.
Infantina. –¡Padre, déjame casarme con el que amo!
Rey Micomicón. –Un bufón no puede formar parte de la monarquía.
Príncipe Verdemar. –Pero un Príncipe sí. Yo soy Verdemar, hijo de tu amigo el Rey Mangucián. Mira, señor, tengo en el pecho la flor de lis, distintivo de todos los Príncipes de mi sangre.
Príncipe Verdemar. –Princesa, Señora mía, estás en deuda con tu bufón. Me debes una rosa. Infantina. –Te daré todas las rosas del rosal.
Príncipe Verdemar. –Y tus manos me dejarás besar.
Rey Micomicón. –Que Espandián sea atado al tronco de un árbol, hasta que venga el verdugo. Infantina. –¡Perdónale, padre!
Rey Micomicón. –Atendiendo a lo que pide mi hija, muy amada, te perdono la vida. ESCENA ÚLTIMA
En la sala de banquetes del palacio del Rey Micomicón.
Bufón. –¿Ya estás de vuelta en el pueblo, Zacarías? Ciego. –¡Sí! ¡Y tú también, Bertoldo!
Bufón. En el cortejo de la boda tengo que pisarle la cola a la Duquesa.
Se van el Ciego y el Bufón. Aparecen hablando el Príncipe Verdemar y el duende.
Duende. –El Rey Micomicón, tu suegro, ¿ha invitado a tu padre el Rey Mangucián? Príncipe Verdemar. –Creo que sí.
Duende. –¿Tú no le has visto?
Príncipe Verdemar. –No. Pero me ha parecido que era uno que roncaba durante la ceremonia. Duende. –Yo deseo servirle en el banquete.
Príncipe Verdemar. –Pues le servirás. Mira, ya está aquí todo el cortejo.
De pronto el duende se hace invisible. Aparece el cortejo de bodas. El Príncipe Verdemar y la Señora Infantina, cogidos de la mano, van a ponerse de rodillas en la presencia de los dos Reyes. Sus voces se levantan hermanadas.
Príncipe Verdemar e Infantina. –¡Bendecidnos!
Reyes. –¡Que los altos cielos también os bendigan y nuestras dinastías duren por los siglos de los siglos!
En el aula, antes de la preparación de la obra, el profesor puede proponer las siguientes actividades:
• Preguntar a los alumnos:
– ¿Qué te sugiere el título de la obra? – ¿Qué historia crees que se va a contar?
– ¿Qué tipo de libros crees que hablan de dragones?
– ¿Qué otros personajes aparecen en esos libros además de los dragones? – ¿Cómo son estos personajes?
– ¿En qué lugar te imaginas que se desarrolla la acción? – ¿Cómo se expresan los personajes de estos libros?
– ¿Puedes resumir algún libro o película en la que intervenga un dragón?
• Pedir a los alumnos que dibujen los vestidos de los personajes que han descrito, y los paisajes y los edificios en los que creen que pueden vivir.
• Dibujar cabezas de dragón para elegir una que se pueda confeccionar con cartulina. Todas las respuestas y sugerencias de los alumnos deben ser anotadas en una «Carpeta de Teatro»; en ella también se guardarán todos los dibujos realizados por los alumnos sobre la ambientación, paisajes, vestuario, etc. A esta carpeta pueden acceder
los alumnos y el profesor a la hora de preparar la obra de teatro y rescatar ideas sobre vocabulario, vestuario o escenario.