Después de los años de conformación de la Liga Comunista 23 de Septiembre (1971-1973) que significó la conjunción de distintas organizaciones armadas en el país en un proyecto integrador en aras de la conformación del Partido del Proletariado y el Ejército Revolucionario, la Liga atravesó por una etapa complicada debido a la caída de sus principales dirigentes. Por otra parte, en el seno de la organización comenzó a permear la idea de que los fracasos eran producto de la presencia de elementos y militantes perniciosos para el movimiento revolucionario. Ante esto, las acusaciones sobre determinadas conductas así como de ideologías ajenas al marxismo-leninismo, fueron determinantes para que quienes conformaban la Dirección de la Liga hicieran un llamado urgente a la “purga general”, que buscaba la expulsión de quienes no se apegaran al proyecto revolucionario, plasmado en los primeros documentos elaborados principalmente por Ignacio Arturo Salas Obregón, Oseas.
A lo anterior habría que sumarle varias escisiones y deslindes políticos que sufrió la organización en los primeros años de su conformación. Diferentes brigadas a lo largo del país abandonaron el proyecto de la Liga, continuando con la lucha revolucionaria desde otras organizaciones o incluso dejando atrás la idea de la lucha armada como medio viable para la instauración del socialismo en el país. En este sentido, desde el penal de Topo Chico en el estado de Nuevo León se comenzó a gestar un proceso de rectificación política entre los militantes que se encontraban recluidos, los cuales denunciaron lo que a su parecer habían sido los principales errores de la organización, alegando también que la lucha armada lejos de consolidar un proyecto político generaba descontento y mermaba el movimiento de masas.
Sin embargo, la Liga y su Dirección continuaron con la labor que habían iniciado años atrás, e incluso se puede llegar a afirmar que se intensificó la tarea de propaganda, editando y reeditando varios números del periódico Madera y realizando una mayor cantidad de actividades militares y de hostigamiento al Estado.
173 El presente capítulo tiene como objetivo principal el análisis de las distintas posturas políticas e ideológicas en el seno de la organización durante esta época; las que trajeron como resultado una serie de deslindes, escisiones, pero también la continuidad del proyecto revolucionario planteado desde la fundación de la Liga; en este punto se destacará el papel que jugó la Brigada Roja como la continuadora de dicha política. También se observan las políticas emanadas desde el Estado como medida para contrarrestar y eliminar a las organizaciones clandestinas en el país. Uno de los principales aspectos que se investigará fueron los desencuentros al interior de la Liga que llevaron a una radicalización en lo referente a la expulsión de aquellos militantes que no se apegaban al programa político de la LC23S. De lo anterior resulta importante para la investigación la concepción de la idea del “enemigo”, la cual cabe mencionar estuvo centrada en dos figuras: una externa, y otra interna, el Estado y los elementos “oportunistas” que se habían insertado en el movimiento revolucionario.
Consideramos pertinente citar la definición que la Liga hizo en torno al problema del oportunismo, que parte de la concepción leninista318 de dicho concepto y que a su vez constituyó una de las principales preocupaciones para la dirigencia de la organización. Al respecto señalaron que “el oportunismo es el sacrificio de los intereses vitales de las masas en aras de los intereses momentáneos de una minoría insignificante de obreros, o dicho en otros términos, la alianza de una parte de los obreros y la burguesía contra la masa proletaria.”319 De esta manera, la figura del enemigo estuvo también caracterizada por el
sindicalismo en sus distintas modalidades, así como por los partidos y organizaciones políticas que rechazaban la violencia como medio legítimo en aras de la consecución de los objetivos inmediatos del proletariado.
318 La definición del “oportunismo” adoptada por la Liga Comunista 23 de Septiembre y principalmente por
Ignacio Salas Obregón fue retomada de manera casi literal del texto de Lenin El oportunismo y la bancarrota de la II Internacional, escrito en 1915, es decir, en un contexto marcado por la Primera Guerra Mundial. Lenin afirmó que la guerra constituía un conflicto de rapiña entre las potencias imperialistas mundiales con el afán del reparto del mundo y en donde los obreros serían empujados a participar en una guerra que no les pertenecía. En este sentido, denunció la traición de los partidos socialistas europeos quienes se habían aliado a las burguesías nacionales de sus respectivas naciones, con la idea de la “defensa de la patria”, lo cual no era otra cosa que la salvaguarda de los intereses burgueses en detrimento de los objetivos de la clase trabajadora. Así, el “oportunismo” estaba caracterizado por la alianza entre el sector de obreros aristocratizados, la burocracia y la pequeñaburguesía que impulsaban políticas burguesas en detrimento de los obreros mismos. Véase, Lenin, Vladimir I., El oportunismo y la bancarrota de la II Internacional, en https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/oe12/lenin-obrasescogidas05-12.pdf (Consultado el 15 de octubre de 2015).
174 Mediante la anterior definición podemos analizar el objetivo de la Liga de desprenderse de todas aquellas posiciones que a su entender eran ajenas a las tareas fundamentales del movimiento revolucionario, es decir, la instauración de la dictadura del proletariado mediante la revolución socialista. Esta interpretación generó que dentro de la organización se comenzara a dar una verdadera cacería de brujas en donde se buscaba a toda costa expulsar a aquellos militantes que según la dirigencia nacional estuvieran en contra de la política e ideología que sustentaba la Liga.320
Uno de los objetivos que se persiguen en la presente investigación, al retomar la idea del enemigo dentro de la organización, tiene que ver con el análisis de la política y las actividades militares realizadas durante el periodo donde prevaleció la corriente de la Brigada Roja. Sin embargo, más allá de los estudios que han hecho especial énfasis en la escalada de violencia que se registró en esta etapa de la Liga, lo que nos interesa también es observar el aumento en la actividad política y los intentos de acercamiento que tuvieron los militantes con los sectores obreros, destacándose los fabriles y de la construcción, considerando a estos como los principales aliados del proyecto revolucionario, y en consecuencia se catalogó como enemigos a los dirigentes sindicales, lo que llevó a la Liga a ejecutar a varios sindicalistas e incluso obreros.
En este sentido, la política y la violencia revolucionaria cobran especial significación para nuestro estudio, puesto que ambos conceptos no se contraponían dentro de la lógica partidaria de la Liga expresada mediante la línea adoptada por la Brigada Roja. De esta manera, intentamos establecer que el problema de la militarización tuvo sus raíces precisamente en el proyecto revolucionario forjado desde sus inicios.321
320 Palacios Hernández, Benjamín, Héroes y fantasmas. La guerrilla mexicana de los años 70, Monterrey,
Universidad Autónoma de Nuevo León, 2009.
321 En lo referente al problema de la militarización que atravesaron casi todas las organizaciones armadas
dentro del marco global de la llamada Nueva Izquierda Revolucionaria, al parecer existe un consenso en torno a que dicha cuestión tuvo sus orígenes en la separación de la política revolucionaria con las actividades mismas de las organizaciones. Es decir, se le consideró como un desviacionismo propio de la falta de aprehensión de la teoría marxista que trajo como resultado el distanciamiento con los movimientos de masas, intensificando las acciones armadas pero en un estado de aislamiento político. En contraparte, Vera Carnovale y Julieta Bartoletti afirman que la militarización se encuentra determinada tanto por el propio ideario revolucionario como por la línea política adoptada por las diferentes organizaciones revolucionarias latinoamericanas. Véase, Bartoletti, Julieta, Montoneros. De la movilización a la organización. Un caso paradigmático de militarización, San Martín, Universidad Nacional de San Martín, Tesis Doctoral en Ciencia Política, 2010; y Carnovale, Vera, El problema de la militarización en el PRT-ERP, III Jornada Académica “Partidos Armados en la Argentina de los setenta”, Buenos Aires, abril del 2009, en http://www.cedema.org/uploads/ppIII_carnovale.pdf (consultado el 10 de octubre de 2015).
175 El problema a desarrollar en este avance estriba en las transformaciones en el interior de la Liga, mismas que terminaron por propiciar una serie de deslindes y escisiones, así como en la continuidad del proyecto político que se había gestado años atrás. También interesa resaltar las políticas implementadas desde el gobierno de la República, tendientes a la apertura de los espacios públicos para militantes y ex militantes de organizaciones clandestinas que abandonaran la lucha armada y se apegaran a las nuevas formas de participación que desde el Estado se impulsaban. Lo anterior demuestra un discurso que tendía, por una parte, a buscar una especie de reconciliación con los sectores sociales con los que se había estado en pugna pero que, por otro lado, buscaba la desaparición de grupos radicales en el país, la que se intentaba ya fuera insertándolos en la vida democrática y legal del país, o a través del exterminio de los mismos.
La pregunta central que guía el presente capítulo se encuentra en relación a la continuidad del proyecto político de la Liga en un periodo caracterizado por fuertes fracturas internas y una aparente escalada de violencia. Entonces, nos cuestionamos ¿las actividades que llevó a cabo la organización estuvieron directamente relacionadas con un programa político o se trataron de desviaciones teóricas por parte de la dirigencia de la Liga? o ¿éstas estuvieron determinadas por un contexto coyuntural del escenario político nacional cuyo impacto terminó también por modificar la dinámica de la misma organización? Otro elemento a destacar estriba en las políticas realizadas por el Estado mexicano tendientes a la apertura de espacios democráticos, en este sentido, ¿cuál fue la injerencia del movimiento armado y específicamente de la Liga Comunista 23 de Septiembre al respecto? En lo referente a las escisiones, deslindes y procesos de rectificación, es importante resaltar la apreciación de dichos fenómenos desde la óptica de la organización, toda vez que quienes optaron por caminos distintos fueron vistos como enemigos y colaboradores de la burguesía y el Estado, situación que denota el marcado dogmatismo de la Liga.
El capítulo se encuentra estructurado en apartados temáticos que dan cuenta de los distintos momentos por los que atravesó la organización, los cuales se reflejan en una serie de desencuentros en el seno de la Liga, lo que a su vez se traducía en una etapa caracterizada por escisiones, deslindes orgánicos y procesos de rectificación política. Sin embargo, más allá que tales cuestiones suponían una crisis interna e incluso para algunos ex
176 militantes la desaparición de la Liga. No obstante, a nuestro entender durante este periodo se intensificaron las actividades político-militares de la organización y se buscó a toda costa retomar los principales postulados teóricos, ideológicos y políticos que habían sido plasmados en los primeros documentos y en el Manifiesto mismo de la Liga.
En un primer momento se analizaron las principales preocupaciones de los dirigentes de la LC23S, que giraron en torno a retomar lo que para ellos significaba la tarea fundamental de la organización como vanguardia del proletariado: la educación política de las masas, la cual consistía en dotar de elementos teóricos e ideológicos que posibiliten la asimilación y desarrollo de las posiciones marxistas-leninistas en aras de la construcción de un verdadero Partido del Proletariado. De esta forma las actividades militares encaminadas a la obtención de recursos económicos tuvieron un mayor auge, con el objetivo de editar y reeditar tanto el periódico Madera como los documentos considerados fundacionales y de los cuales ya hicimos mención en el capítulo anterior.
De tal manera, se puede llegar a refutar la tesis de algunos ex militantes en lo que respecta a que en el periodo estudiado se dio un proceso de desintegración que resultó en la desaparición de la Liga, es decir, como lo llegó a plantear Gustavo Hirales en el aspecto que sólo quedaron los restos del naufragio.322 Por nuestra parte, proponemos que durante
estos años se intensificó y se retomó el proyecto original esbozado por la primera Coordinadora Nacional y la Dirección y se llevó hasta las últimas consecuencias. Entonces, a pesar de la crisis interna que propició escisiones y rectificaciones, la Liga encabezada por la Brigada Roja mantuvo una línea política que se puede apreciar desde los primeros años y que fue plasmada sobre todo en los documentos elaborados por Ignacio Salas Obregón.
De lo anterior también se desprende un aspecto por demás relevante que estriba en la apreciación de organización en lo referente a los fracasos sufridos durante los primeros años de actividad política; para la Liga, éstos fueron, en gran medida, producto de la presencia de una corriente oportunista que se había logrado insertar en las distintas brigadas y en la dirigencia misma. Así, se terminó por configurar en la política de la organización la idea de un enemigo interno, por lo que resultaba imprescindible llevar a cabo una purga general con el objetivo de la eliminación de elementos perniciosos para el proyecto revolucionario.
322 Hirales, Gustavo, op. cit.
177 Por otra parte, el proceso de rectificación política llevado a cabo por distintos militantes, afirmaba que la vía armada como método revolucionario había constituido un error que derivó en el distanciamiento de la organización con el movimiento de masas, por lo que era necesario buscar la lucha política democrática y acercarse nuevamente al Partido Comunista Mexicano y a los movimientos sociales y universitarios que participaban de manera legal en la vida política del país. 323
En este sentido, Hirales se convirtió en el principal portavoz –aunque no el único– de que la línea adoptada por la organización había fracasado rotundamente y que era necesario buscar un nuevo acercamiento con las movilizaciones sociales, sobre todo aquellas encabezadas por los obreros, por lo que resultaba trascendental replantear la lucha democrática y legal. Para la dirigencia de la Liga tales pronunciamientos fueron vistos como una traición al proyecto político de la organización y demostraban que el oportunismo y la corriente de la pequeña burguesía buscaba a toda costa deslegitimar el movimiento revolucionario y eliminar a la Liga. Entonces, no es de extrañar que en varios números del Madera así como en volantes y comunicados se expresara el profundo rechazo a aquellos que como Hirales adoptasen esta nueva forma de lucha, calificándolos de “oportunistas”, “traidores” o “renegados”
Por su parte, el Estado mexicano puso en práctica una serie de políticas encaminadas a abrir ciertos espacios políticos a la oposición. Lo anterior cobra una especial significación en el aspecto de que tales posturas tuvieron repercusiones importantes dentro de la organización. Para la Liga, la “apertura democrática” que implementaba la Presidencia de la República con Luis Echeverría (1970-1976) no era más que otro intento demagógico del gobierno y de la burguesía para deslegitimar el proyecto revolucionario que abrazaba la vía armada como uno de sus métodos. Así, en los documentos de la organización se puede apreciar una cruzada en contra de los “aperturos”, es decir, de
323 Uno de los documentos principales elaborados por el grupo de presos del Penal de Topo Chico fue la
llamada “Carta a Campa”, escrita por el ex militante y fundador de la Liga Gustavo Hirales. La carta estuvo dirigida a Valentín Campa dentro del proceso que éste llevaba a cabo como candidato a la Presidencia de la República en 1976. En ella tanto Hirales como el grupo de militantes de la Liga que allí se encontraban detenidos manifestaron que los problemas fundamentales del país radicaban en la falta de una democracia real, situación que años atrás los llevó a optar por la vía armada como recurso para la revolución socialista, pero que con el paso de los años y mediante un análisis verdaderamente marxista de las condiciones nacionales éste había resultado en un error, ya que lejos de aportar al movimiento de masas, lo que se consiguió fue precisamente lo opuesto: el distanciamiento de los sectores obreros y campesino de la lucha revolucionaria. Véase, García Casillas, Felipe (Comp.), op. cit.
178 aquellos que también se inclinaban por la lucha legal y cuyo principal objetivo recaía en la búsqueda de la democratización del país.
Sin embargo, a la par de las reformas y políticas implementadas desde el Estado en aras de la inserción a la vida democrática de la disidencia, también se emplearon mecanismos encaminados a la desaparición física de aquellos militantes que siguieran estando en armas. En este periodo se conformó la Brigada Blanca y el Grupo Jaguar, encabezados por Miguel Nazar Haro, los cuales estuvieron integrados por los miembros con mayor instrucción en lo que respectaba a la contrainsurgencia de las distintas corporaciones policiacas. El objetivo de tales agrupaciones consistía básicamente en el exterminio de las guerrillas tanto urbanas como rurales en el país. Así, durante los años que comprenden la presente investigación, se puede observar el incremento de detenciones y desapariciones forzadas de las que fueron objeto no únicamente los militantes de organizaciones revolucionarias, sino también parte de la sociedad civil. Lo anterior, aunado a los errores y fracasos propios de la organización, tuvo como resultado un fuerte deterioro en la estructura de la Liga, llevándola a una etapa más de resistencia que de ofensiva y hostigamiento, que terminó por delinear el futuro de la Liga como organización revolucionaria.
La importancia de este capítulo para la investigación general radica en el análisis y descripción de la continuidad del proyecto revolucionario encabezado por la corriente de la Brigada Roja en el seno de la LC23S, a pesar de las profundas transformaciones que ésta sufrió, debido en buena medida a las escisiones y deslindes políticos. La idea de continuar a toda costa con los postulados teóricos elaborados casi en su totalidad por Salas Obregón y llevarlos hasta las últimas consecuencias generó una escalada de violencia tanto por parte de la organización sobre aquellos que consideraron sus enemigos como por parte del Estado en contra del movimiento armado en el país. De lo anterior, vale la pena destacar las políticas implementadas desde la Presidencia de la República, primero de la llamada “apertura democrática”, para posteriormente llevar a cabo la Reforma Política, ambas encaminadas a abrir espacios públicos para la oposición que se apegara a la vía legal y democrática; estrategia que transformó de forma notable el sistema político mexicano.
Las siguientes páginas se basan en el análisis de documentos elaborados tanto por la organización como por personajes que abrazaron otras expresiones políticas ajenas a la
179 lucha armada; un cierto número del periódico Madera aportó datos por demás relevantes.