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3. MARCO CONCEPTUAL

3.3 Escucha activa como fortalecedora de la comunicación y las relaciones interpersonales en

Escuchar es una de las cuatro habilidades comunicativas y quizás una de las más importantes pero a la cual se le presta poca atención, ya que en muchos casos se confunde el verbo escuchar con oír. Podemos definir escuchar según la RAE como “prestar atención a lo que se oye” mientras que oír es “percibir con el oído los sonidos”. Esto quiere decir, un sujeto puede oír perfectamente, pero esto no implica que se preste atención a aquello que oye, percibe los

estímulos sonoros lo cual es un proceso fisiológico pero puede que no escuche y le dé significado a aquello que oye, lo cual conlleva un proceso cognitivo.

Ahora bien, la escucha activa es un proceso de comprensión y significación que le sigue a la escucha, puesto que este conlleva tener conciencia de lo que se escucha, implica una

disposición completa del sujeto y empatía con el otro. Frente a esto García-Allen (2016) en su artículo web explica que:

“La escucha activa no es escuchar de manera pasiva, sino que se refiere a la habilidad de escuchar no sólo lo que la persona está expresando directamente, sino también los sentimientos, ideas o pensamientos que subyacen a lo que se está intentando expresar. En la escucha activa, la empatía es importante para situarse en el lugar del otro (García-Allen, 2016)”.

Es así que se comprende la escucha activa como la capacidad de escuchar de tal modo que pueda realizar un proceso de análisis de forma crítica y reflexiva de lo que se está oyendo, percibir las emociones del otro y sentir empatía, en esta medida lograr interactuar con el otro,

comprender lo que siente e interiorizar el mensaje. Como lo señala en su artículo web Escallón (2007) “cada persona merece ser tenida en cuenta, que cuando tiene la palabra es la más

importante del mundo y que, si la escucha es activa, se aprenderá algo de ella. De hecho, es muy útil proponerse aprender de lo que la persona dice”. Él señala la importancia del trabajo en grupo ya que este implica una escucha activa, pues se debe escuchar para conocer los puntos de vista del otro, aunque no se esté de acuerdo con algunos de los planteamientos y de esta misma forma aportar en la construcción de conocimientos conjuntamente, donde el aula se convierte en un espacio democrático y de interacción conjunta.

Según Jonathan García-Allen (2016) cuando un sujeto tiende a distraerse durante la conversación, interrumpe al que habla, juzga al otro e impone sus ideas, rechaza lo que el otro está sintiendo, no le permite al otro dar su opinión y no permite que el otro exprese ideas o experiencias, es un sujeto que no escucha activamente, sin embargo, la escucha activa puede ser fortalecida pues así como se enseña a leer y escribir, también se enseña a escuchar activamente. Ejercicios de observación, de correcta postura corporal, de repetición e imitación fortalecen esta habilidad, pero esta debe partir de un acercamiento entre el maestro con los niños y niñas.

En este sentido la escucha activa contiene una serie de elementos que permiten que esta se dé como tal, así Jim Dugger (2006) menciona los cinco pasos para la escucha activa, estos son primero escuchar el contenido: lo que se está diciendo, las ideas, segundo escuchar la intención: los mensajes implícitos y el estado emocional, valorar la comunicación no verbal del hablante: leer el lenguaje corporal y otros elementos no verbales durante la conversación, controlar la comunicación no verbal y los filtros emocionales propios : para no afectar o dirigir la conversaciones mediante estos, escuchar al hablante de forma comprensiva. Según el autor realizando estos pasos que al inicio parecerán difíciles y a la medida del tiempo se irán

facilitando se logra una comunicación eficaz pues “escuchar activamente implica una comunicación más eficaz” (Dugger, 2006, pág. 22).

La razón principal que parece explicar esto es que, las personas que saben escuchar activamente poseen una gama de intereses mucho más amplia que los que no tienen esta

habilidad, lo que les permite, entre otras cosas, comprender mejor a los demás y, con esto, poder ejercer una mayor influencia sobre otros. La aptitud para la comunicación es la más importante de la vida, pasamos años aprendiendo a leer y a escribir, así como aprender a hablar. ¿Y a escuchar? ¿Cómo la educación enseña escuchar de tal modo que se pueda comprender real y profundamente a otro ser humano y lo que realmente tiene para decir?

La escucha es uno de los fundamentos de la comunicación, sin embargo en la escuela muchas veces se privilegian otras habilidades comunicativas como escribir y leer sin tener en cuenta la gran importancia de saber escuchar, pues esta habilidad incide en la acciones comunicativas que lleva a cabo el niños y la niña posteriormente en la edad adulta.

En todas las etapas de la vida se puede evidenciar problemas frente a la escucha y por ende problemas de comunicación que conlleva a la falta de empatía con el otro, lo cual

desencadena la agresividad cuando no se comparte las opiniones o no se siente al otro, en este sentido es importante que desde las primeras edades se pretenda fortalecer esta capacidad, de esta forma lograr, como señala en su artículo web Escallón (2007) “el interés verdadero por comprender lo que otros tienen para decir y compartir, muestra un camino para establecer relaciones sociales incluyentes en las que todas las personas cuenten y se favorezca el libre desarrollo de la personalidad, sin más límites que los que imponen los derechos de los demás (...)

es fomentar competencias comunicativas, otra manera de fortalecer las competencias ciudadanas”.