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La conexión de los desarrollos obtenidos, en la teoría de la comunicación, los sistemas y la cibernética de segundo orden, permitieron revisar críticamente el sustento teórico y las técnicas terapéuticas con las cuales se venía haciendo psicoterapia. De una perspectiva individual, intrapsíquica, que tendía a abordar las dificultades de las personas como enfermedades mentales, se pasa a otra mirada de perspectiva relacional (White, 2004; De Shazer, 2004; Garciandía, 2005). Estas nuevas concepciones clínicas fueron tomando forma en las escuelas terapéuticas sistémicas que han ido apareciendo.

Tal como lo muestra Naranjo (2002) de cada una de las cibernéticas surge una metodología de trabajo clínico.

La de orden uno, desarrolla intervenciones dirigidas a corregir retroalimentaciones e interacciones problemáticas del sistema; en esta, el terapeuta actúa como un experto externo que introduce perturbaciones, para destruir los juegos interaccionales, las alianzas y las coaliciones de los miembros del sistema. Aquí podría ubicarse la escuela estratégica, de la cual hablaremos más adelante. La metodología de segundo orden, considera al terapeuta parte del sistema de relaciones, retroalimentaciones; el sistema lo acoge y con él sigue construyendo significados lingüísticos. Las escuelas influenciadas por la cibernética de segundo orden, comprenden que los problemas surgen a partir de las formas conflictivas como los miembros del sistema conviven en el lenguaje (Watzlawick, Weakland & Fisch, 1992). El conflicto genera impases relacionales, que afectan la aceptación de las dinámicas que le propone el sistema al individuo (Nardone & Fiorenza. 2004). Este convivir conflictivo en el lenguaje genera narraciones dominantes, que configuran pautas relacionales problemáticas (White. 2004). Desde esta perspectiva, las intervenciones persiguen dos metas: construir relaciones entre el terapeuta y el sistema, que permitan ampliar y cuestionar las versiones de los

integrantes frente al problema; y co-crear narrativas alternativas que aporten nuevos significados al problema que los perturba. La escuela más sobresaliente aquí es la narrativa.

Siguiendo a Foerster, el terapeuta cuando hace clínica no ha de estar por fuera del sistema que interviene, para ello necesita, que dicho sistema lo reciba y le dé el lugar de terapeuta. Los cambios en el sistema comienzan a verse cuando sus integrantes empiezan a interactuar de manera distinta; los síntomas se van diluyendo y la percepción subjetiva, de los integrantes del sistema familiar respecto a sus problemas, empieza a ser distinta.

En esta investigación-intervención se trabajó especialmente con las metodologías terapéuticas que surgieron de la cibernética de su segundo orden. Lo cual explica la razón por la cual, a la sesión terapéutica, convocamos además del adolescente, señalado de “problemático”, al resto de su núcleo familiar; y el por qué de las tareas que en las sesiones se asignaron; su propósito era construir e introducir nuevas pautas interaccionales al sistema familiar.

En seguida abordaré las escuelas terapéuticas de las que tomé elementos para la intervención:

2.3.1 Escuela estratégica.

Esta, en lugar de indagar por las causas “profundas” de los problemas, se centra en mirar cómo estos se mantienen en el presente y qué les da la sostenibilidad. Maneja un planteamiento pragmático que difiere de la concepción clásica de la terapia, según el cual, para cambiar una situación problemática se comienza trasformando el pensar del paciente; desde lo estratégico primero se afecta el obrar y por retroalimentación emergen cambios en el pensar. También rompe la creencia, que sostiene, que los problemas mantenidos por mucho tiempo requieren tratamientos de larga duración (Naranjo. 2002). Se conocen dos modelos de terapia estratégica:

.- En el modelo de Haley y Madanes. Los problemas familiares se relacionan con incongruencias en la jerarquía familiar, las cuales favorecen la conformación de alianzas y coaliciones para manejar el poder y definir las relaciones con los demás. Los problemas relacionales no aparecen por deficiencias intrapsíquicas sino por dificultades en el contexto familiar. La terapia busca reestructurar la gestión del poder y reorganizar la jerarquía (Haley, 1989; Madanes, 1984). Botella (2006) plantea que hay dos aportes importantes de Haley y Madanes a la psicoterapia: el concepto de ciclo vital por el cual pasa la familia (Haley, 1989), y las crisis que conlleva los tránsitos de estas fases. Lo esperado en cada fase de este ciclo, es que el sistema modifique su estructura y mantenga la organización.

.- El modelo de terapia estratégica breve de Palo Alto. Sus creadores fueron: Weakland, Watzlawick y Dick Fisch. Proponen, que los problemas familiares los mantienen las soluciones ineficaces intentadas para resolver los síntomas. Para ellos, la terapia ha de dirigirse a señalar prescripciones de comportamiento que impidan o rompan los ciclos repetitivos que perpetuán el problema.

2.3.2 Escuela estructural.

La familia es una unidad de desarrollo social, un grupo natural complejo, un sistema abierto en continuo proceso de cambio. En el curso del tiempo elabora pautas de interacción y para facilitar el cumplimiento de sus tareas construye estructuras (Minuchin, 1989). Está constituida por subsistemas: individual, conyugal, parental, fraterno, los cuales interactúan y se afectan mutuamente. Su desarrollo trascurre en etapas, siguiendo una progresión de complejidad creciente entre equilibrios y desequilibrios. Para Minuchin son cuatro las fases por las que atraviesan las familias: formación de la pareja, familia con hijos pequeños, familia con hijos en edad escolar o adolescentes, y la familia con hijos adultos (Minuchin, 1983).

Según Bertrando (2004), Minuchin tomó como base para su enfoque estructural, el modelo de familia nuclear de Talcott Parson; el cual asigna unas funciones instrumentales al marido y otras de carácter expresivo a la madre. De

acuerdo con De Luordes (2004), el modelo de Minuchin tiene sus orígenes en los estudios clínicos que él realizó con familias marginadas de la escuela de varones en Wiltwyck (New York). En estas vio que el síntoma mantenía la estabilidad familiar y cuando se modificaba su estructura, el síntoma tendía a desaparecer (Minuchin & Nichols, 1993). Para este enfoque, los problemas se ubican entre el sujeto y sus contextos. Con las técnicas terapéuticas se afecta la estructura familiar, para que sus posiciones cambien, haya movimientos relacionales y se modifique las percepciones subjetivas acerca del problema. El terapeuta construye con la familia el reencuadre de sus problemas y luego reestructura las interacciones mediante desequilibramiento jerárquico (Minuchin & Fishman, 1983). El cambio se da cuando el sistema enfrenta el desequilibrio introducido.

Los axiomas estructurales para la terapia y la composición estructural de la familia son:

 La vida psíquica de un individuo no es un proceso exclusivamente interno, la interacción influye en el contexto y es influido por él, lo cual se evidencia en sus acciones. (Minuchin, 1989).

 Las modificaciones en la estructura familiar generan cambios en la conducta y en los procesos psíquicos internos de todos sus integrantes.

 Cuando el terapeuta trabaja con una familia entra a conformar un nuevo sistema, el cual también influye en la conducta de todos sus miembros. Minuchin, Lee & Simon, (1998) dice que el terapeuta va con la familia en el mismo barco, pero él ha de ser el timonel.

Entre los conceptos estructurales referentes a los sistemas familiares, Minuchin (1989) presenta los siguientes:

.- Límites y fronteras. Los define como reglas de interacción. Los externos o fronteras diferencian y protegen la familia de otros sistemas del entorno; los internos o límites establecen los subsistemas familiares. Son claros cuando hay reglas precisas de interacción; difusos cuando dichas reglas no son claras; estos últimos generan familias aglutinadas con miembros dependientes entre sí; el menor estrés de un integrante moviliza todo el sistema, favorecen la mutua pertenencia pero

inhiben el desarrollo e independencia de sus integrantes; y rígidos cuando son tan estrictos que alterarlos, en un momento necesario, resulta difícil; generan familias desligadas con miembros independientes, autónomos y de escasa lealtad.

.- El concepto de triada. Denomina las configuraciones relacionales paterno-filiales donde el hijo es usado para desviar o evitar conflictos parentales. Hay tres formas: Triangulación: cada cónyuge trata de obtener el apoyo o respaldo del hijo en su conflicto conyugal. Coalición: un progenitor, en posición de defensor, respalda al hijo en un conflicto planteado entre éste y el otro progenitor. Es un asunto donde participan integrantes de dos generaciones. Desviación del conflicto: se produce cuando los padres definen al hijo como "malo" o “enfermo”, y estos a pesar de sus mutuas diferencias, en otros aspectos de la vida familiar, se unen para controlarlo, cuidarlo o protegerlo y de este modo desviar sus problemas maritales.

.- Jerarquía. Se refiere a las posiciones que ocupan los distintos integrantes de la familia dentro del sistema.

2.3.3 El enfoque narrativo.

Este enfoque aparece en la década de 1980. Sus creadores Michael White (trabajador social australiano) y David Epson (antropólogo de origen canadiense residente en Nueva Zelanda). Las sesiones terapéuticas comienzan invitando al paciente a conversar externalizadamente acerca de aquello que para él se constituye en un problema. Se le pide que hable de las consecuencias que el problema ha traído a su vida, de las maneras cómo le ha afectado la visión de sí mismo y del resto de personas con quienes él interactúa. Luego, se le pide que recuerde momentos cuando el problema ha estado ausente o ha tenido menos fuerza. White & Epson (1993) al definir la externalización escriben: “es un abordaje terapéutico que insta a las personas a cosificar y, a veces, a personificar, los problemas que las oprimen. En este proceso, el problema se convierte en una entidad separada y externa a la persona o a la relación a la que se atribuía”.

A algunas personas sus dificultades los paralizan, y cuando narran su vida, lo que cuentan son historias saturadas por el problema (White & Epson, 1993). Cuando el terapeuta le ayuda al consultante, a encontrar excepciones a esta historia dominante, el problema empieza a debilitarse. Los problemas no son deficiencias personales sino situaciones relacionales, que afectan la vida de las personas; al externalizarlos, la persona siente que puede emprender acciones para solucionarlos (White, 2004).

Encontraron que las narraciones saturadas del problema, que el consultante refiere, no abarcan la totalidad de sus vivencias, el narrador selecciona a su gusto unos aspectos y deja de lado otros, sin darse cuenta. En estas historias, a menudo, las personas mezclan las dificultades con su identidad y terminan creyendo, que ellos son el problema. En este sentido, Morgan (2000) dice: que su deconstrucción ayuda a las personas a re-construir la historia de sus vidas, en términos distintos, a los dictados por la narrativa dominante del problema.

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