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ESTAR EN ESPAÑA ES ESTAR EN CASA

In document Ensayos sobre Hispanidad (página 31-41)

Ana Carolina Galiano Moyano Introducción

Estar lejos del hogar llama a la nostalgia y al recuerdo de lo propio. En lo más hondo de nuestro ser está inscripto –y siempre latente- ese deseo de retorno.

El gran Chesterton sobre la búsqueda nostálgica de lo propio, pregunta paradojalmente “¿Cuál es el viaje más corto desde un lugar hasta ese mismo lugar?”, a lo que contesta: “(…) es ir alrededor del mundo”.62El viaje –como figura de la vida del hombre- tiene

mucho sentido, puesto que nos encontramos en permanente búsqueda de dónde venimos y hacia dónde vamos.

Recorrer las calles de Granada, con sus recovecos; atravesar las puertas de Toledo, reconocer el Alcázar; rezar frente a los restos de San Fernando Rey de Castilla; contemplar un Belén en cada ciudad, en tiempos de Navidad; encontrarse con el Cid Campeador en Burgos; transitar por las estrechas y pintorescas calles de Sevilla con su calor especial… tomarse un chocolate con churros en la legendaria Chocolatería San Ginés. Si nunca antes hemos visitado esas plazas, caminado por esas calles de adoquines, contemplado esas Catedrales; ¿por qué todo se torna tan familiar?

Hay algunos lugares frente a los cuales no podemos permanecer indiferentes, y hay otros que aunque los veamos por primera vez, parecen sin embargo uno de nuestros verdaderos hogares. El fuerte lazo espiritual que tenemos con España, ¿nos hará sentir una nostalgia del propio hogar?, ¿Habrá en América, un deseo de volver a casa?

Recordar ese gozo tan particular que se vive estando en España, perpetúa y revive nuestras raíces, lo que somos y hemos recibido.

Realicemos ese viaje, de ida y vuelta. Hasta la vuelta final, eterna, donde cada día es

mejor que el anterior, y vivamos ese “estar en casa y de vacaciones al mismo tiempo”.63

El viaje hacia el origen

El hombre –dice Platón- ha perdido la perfección, concebida para él, del origen. Ahora está perennemente en búsqueda de la forma primigenia que le puede volver a sanar. Recuerdo y nostalgia lo empujan a la búsqueda (…).64 Ese “querer volver al origen” marca con una sutil pluma el

corazón del hombre: pareciera que Dios al crearnos, se reservó para sí una mitad de nuestro corazón. Ya lo decía San Agustín: “nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está

inquieto, hasta que descanse en ti”.65 Sólo en el Cielo, descansará, cuando encuentre su otra

mitad. Sin embargo, esa misma nostalgia que el hombre vive, producida por la pérdida de la forma primera, es la que lo impulsa a regresar al origen, a estar en permanente viaje y ser peregrino.

El viaje iniciático, transformador, bautismal ha sido punto de partida de innumerables reflexiones literarias. En varias obras, los héroes realizan un “rito de pasaje”, accediendo, en un movimiento de descenso y ascenso, a una vida superior. El viaje es

igualmente figura de la vida del hombre: homo viator, decían los medievales. (…) Nos encontramos in vía, esto es, en camino, en peregrinación, en romería, es decir en viaje.66

Ahora bien, si el viaje irrumpe en nuestras vidas, nos transforma, nos libera. Porque de allí se vuelve distinto, y con nostalgia. No podemos permanecer indiferentes, por más que nos resistamos.

63 FERRO, J. N. “De maestros y batallas culturales”, Vórtice, 2018, p. 156.

64 RATZINGER, J. “La belleza. La Iglesia”. Ed. Encuentro, Madrid, 2006. p. 15. 65 SAN AGUSTIN. “Confesiones”, I, 1, 1.

Si ese viaje que realizamos, nos lleva al “origen”, como pueblo, como nación, su trascendencia en nuestra vida puede ser inabarcable. Si pensamos en el origen de América, indudablemente tenemos que pensar en España, y su gran obra conquistadora, por esencia misionera, humana, civilizadora.

España –gracias a la visión de la gran Isabel La Católica y la misión del príncipe de las carabelas Cristóbal Colón- se abrió como una granada y emprendió el viaje que le iba a valer toda su hidalguía. Al decir de José María Pemán:

Cuando hay que descubrir un Nuevo Mundo o hay que domar al moro,

o hay que medir el cinturón de oro del Ecuador,

o alzar sobre el profundo espanto del error negro que pesa sobre la Cristiandad, el pensamiento que es amor en Teresa

y es claridad en Trento,

cuando hay que consumar la maravilla de alguna nueva hazaña, los ángeles que están junto a su Silla,

miran a Dios... y piensan en España.

Ese primer viaje, ha dejado una marca imborrable en la historia de la humanidad. Y la acción benéfica de España en América llega a nuestros días. Si nosotros, realizamos el viaje inverso, de alguna manera intentamos acercarnos a ese origen de nuestra historia.

La herencia recibida

Intentando dilucidar lo que España nos trajo y dejó aquí en herencia, que es al cabo la parte

más noble, el digno presente de la Madre Patria a sus hijas de ultramar,67 debemos hacer mención

a algunos aspectos preliminares.

67 CAYETANO, B. La acción benéfica de España en las Indias: aspecto religioso, antropológico y cultural, Ed. Didascalia, Bs. As., 1991, p. 15.

Debido a las circunstancias históricas en las que España nace como pueblo, la

afirmación de lo propio –español- recae simultánea e indivisamente sobre la catolicidad y la hispanidad,68 puesto que la vida política, cultural y social del pueblo español se forjó en el

fragor de un centenario combate religioso. Y España no sólo le hizo frente a las batallas sino que fue fragua de santidad, puesto que se convirtió en el terreno fértil para que nacieran de allí los más heroicos y victoriosos arquetipos:

“Ante todo España era en aquel tiempo una tierra de santos. Estrellas de primera magnitud son, además de San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier, los dos reformadores de la Orden Carmelitana, Santa Teresa de Jesús y el Doctor de la Iglesia San Juan de la Cruz. Junto a ellos se alinean los franciscanos San Pedro de Alcántara y San Pascual Bailón, el agustino Santo Tomás de Villanueva, San Francisco de Borja, duque de Gandía antes de su ingreso a la Compañía de Jesús, y el beato Juan de Ávila, apóstol de Andalucía.69

Ante tamaños antecedentes, para ellos–los españoles-ser, era ser cristianos; para ellos

vivir, era vida cristiana; para ellos organizar una existencia colectiva, era organizar un foco de cristiandad. Los conquistadores españoles que iban a América a poblar, iban, pues, a cristianizar el país.70 Y esto es justamente lo que llevaron a cabo.

El citado poeta español, inmortaliza en varias de sus obras la acción misionera y evangelizadora de España confirmando el interés esencial de la empresa:

Con esta mano rumbosa, que es prenda de la hidalguía

de la España generosa que viene a darte la rosa y a darte el Ave María (…)71

68 GARCÍA MORENTE, M. “El elemento religioso en la formación de la nacionalidad española y de la hispanidad”, Ecclesia Órgano de la Dirección Central de la Acción Católica Española, Madrid: sábado 10 de

octubre de 1942, año II, nº 65, páginas 18-19 (978-979). Recuperado en

http://www.filosofia.org/hem/dep/ecc/e020978.htm.

69 HERTLING, L. Historia de la Iglesia. Ed. Herder, Madrid, 1989, p. 278. 70 GARCÍA MORENTE, M., op.cit., p.

De España, hemos recibido la traditio –la religación con el saber que viene de siglos- ese legado de un todo espiritual que impregna la vida y por lo cual el hombre y el pueblo conservan su identidad.

Quienes habitamos este suelo podemos dar testimonio de que la obra civilizadora ha quedado reflejada en infinidad de bienes materiales –plazas, iglesias, monasterios, cabildos y universidades-, y sobre todo en la cultura rica y compleja que recibimos a través de la lengua, la pintura, la escultura, la música, el teatro.

Sin embargo, no recibimos sólo esa riqueza cultural, porque sin duda debió existir algún ideal más alto, ancho y profundo por el cual embarcarse en tal misión. Así fue que España –tal vez como ninguna otra nación- se preocupó por evangelizar a los pueblos y otorgar derechos y dignidad. De esta manera nos enseñó, sobre todo, aquello por lo cual vale la pena vivir y morir.

Si España se consideraba noble por ser cristiana, algo análogo debía suceder con los hijos de España. Por tanto, a lo que se tendió fue a la formación del estado católico como base primordial de la obra misionera. Cayetano Bruno identifica que la razón teológica de

España en Indias fue doble: empleo del poder político al servicio de Dios, y concepción del Estado como empresa misional.72

En consideración a ello, el primero y más precioso legado de España a las Américas fue el

de la unidad religiosa, bajo el credo católico romano, mantenido sin intermitencias a través de toda la dominación española en Indias.73Por las Capitulaciones de Granada, manifestaba la Reina el

espíritu eminentemente religioso que había de guiar la empresa ultramarina, invocando el auxilio de la Santísima Trinidad y de su Madre, a quien tenían por señora y abogada en todas las acciones.

72 CAYETANO, B., op. cit, p. 39. 73 Ibídem, p. 19.

En La Santa Virreina –obra de Pemán-, la condesa del Perú realiza una acción magisterial enseñando las verdades del catecismo a Zuma, una de las aborígenes de estas tierras que le fue asignada como criada. Una de las escenas de la misión evangelizadora queda graficada bellamente cuando la Virreina enferma de gravedad y pide la asistencia sacerdotal. Mientras preparan el altar, las flores y un camino alfombrado por donde habrá de pasar el Señor, la Condesa le dice a Zuma acariciándola: “Hoy vas a ver al Dios mismo/ de

que te hablé a mi manera./ Voy a darte la postrera/ lección de mi catecismo”.74 Se escuchan unos

toques de campanilla, ya se le siente llegar: “Ya viene el que mi sed/ la angustia puede calmar./

Esas cortinas corred,/ porque el Sol, entre los dos,/ parta con su luz la sombra…/ Tu dios le sirve de alfombra,/ ¡ya ves que es grande mi Dios!”.75 La campanilla se oye más cercana, y empiezan a

aparecer acólitos y candelabros encendidos. Todos empiezan a hincarse. Zuma va cayendo de rodillas asombrada contemplando cómo será de grande ese Dios, que hasta la Virreina del Perú se arrodilla en su presencia.

Como broche de oro a la gran herencia, no se puede dejar de pensar en lo sucedido en la noche del 2 de enero del año 40, en la ciudad de Zaragoza, en las riberas del Ebro. Los documentos dicen que Santiago se encontraba con sus discípulos junto al río Ebro cuando “oyó voces de ángeles que cantaban Ave, María, gratia plena y vio aparecer a la Virgen

Madre de Cristo, de pie sobre un pilar de mármol”. La Santísima Virgen, que aún vivía, le pidió

al Apóstol que se le construyese allí una iglesia, con el altar en torno al pilar donde estaba de pie y prometió que “permanecerá este sitio hasta el fin de los tiempos para que la virtud de Dios

obre portentos y maravillas por su intercesión con aquellos que en sus necesidades imploren su patrocinio”. Se erigió así, la primera iglesia dedicada en honor a la Virgen Santísima y por

tanto el primer templo mariano de toda la Cristiandad.

La devoción del pueblo por la Virgen del Pilar se halla muy arraigada entre los españoles y desde épocas muy remotas. Esta Santa Columna en la cual la Virgen reposó, se ha convertido con el paso de los siglos, posiblemente, en la roca más besada del mundo.

74 PEMÁN, J. M., op. cit., p. 186. 75 Ibídem, p. 192.

Tanto que el mármol se ha ido desgastando. Tamaña gracia es, entonces, besar el pilar y sellar esa unión con España, aceptando y reafirmando la tradición recibida.

“Bajo infinidad de advocaciones –cuál de todas más atrayente- la devoción a la Virgen Nuestra Señora llenó un historial de gracias y prodigios en todos los sectores de las antiguas Indias Occidentales, hoy réplicas independientes, que se conservan por ella, y gracias a España que fomentó su devoción, indisolublemente adheridas al centro común católico, pese a los muchos trastornos de ayer y de hoy, y a los persistentes embates de las sectas foráneas”.76

Amar el pasado y las raíces –como obligación cristiana, en la virtud de la piedad- nos lleva a comprender que los frutos del árbol se dan abundantes en el aire, o que las flores surgen hermosas porque las raíces están clavadas en la profundidad de la tierra.Y los vestigios de la tradición se hacen perceptibles en el idioma que nos indica una lengua común, en las abuelas que rezan en las Iglesias, en el perfume de los naranjos en las calles, en los monumentos indicadores de magnanimidad, en las catedrales que vieron coronar a gloriosos Reyes –verdaderos custodios de la Cristiandad.

Reafirmar la herencia de la tradición y agradecer –al decir de Rubén Darío- por este pueblo que aún reza a Jesucristo y aún habla en español77, es clamar bien fuerte que ¡vive la

América española!

Nostalgia y recuerdo

Si pensamos –en palabras de Cayetano Bruno- en la España tradicional, católica y

extremosamente dadivosa de sí misma en provecho nuestro78, indudablemente resuena en los

rincones más recónditos de nuestra alma, un dejo de recuerdo y nostalgia.

Al ser religioso por naturaleza, todo hombre tiene cierta conciencia de su origen y destino último; y, en su corazón posee ansias de regresar a la Casa del Padre. Este es el

76 CAYETANO, B., op. cit., p. 53. 77 Rubén Darío. “A Roosevelt” 78 CAYETANO, B., op. cit., p. 15.

fundamento de su condición religada. Ese deseo está siempre latente y es lo que lo impulsa a esa misma búsqueda de su origen. La misma palabra nostalgia –nostos: regreso, retorno; y

algos: sufrimiento, dolor- nos indica que el alma sabe que ha perdido el Paraíso y desea

regresar a Él con la más impetuosa vehemencia.

En el plano de la patria, debe suceder algo similar. Los hijos tienen algo de su madre, aunque no lo sepan. Pero cuando lo saben, el encuentro con ella es más profundo, puesto que evoca el recuerdo y la nostalgia. Y la nostalgia de América tiene sus raíces en España.

Se dice que hay algunos lugares que, vistos por primera vez, parecen sin embargo hacer vibrar

una cuerda de remembranza. ´Yo he estado aquí antes´, nos decimos, ´y éste es uno de mis verdaderos hogares´.79Muchas imágenes de España pueden graficar ese reconocimiento:

recorrer las estrechas calles de Sevilla adornadas de naranjos, encontrarse con las murallas de Ávila que fueron testigo de grandes santos, divisar a lo lejos los molinos del viento en Consuegra, rezar una oración frente a la cruz más grande del mundo en el Valle de los Caídos, transportarse al glorioso mundo medieval en Toledo, sentirse invadido por el deseo de cruzada y reconquista frente a Santiago en Compostela.

Pero sin duda, cuando un americano, hijo de España, camina por las calles de Granada –tan característica por sus adoquines, pintoresca con las flores en los balcones, perfumada por especias que se venden en los puestos comerciales, ensalzada por la Capilla Real, y resumida en la magnífica imagen en el punto central de la ciudad de Cristóbal Colon arrodillado frente a Isabel La Católica-; allí, justo allí es donde el recuerdo y la nostalgia del propio hogar se funden, para expresar: estar en España es estar en casa.

Estar en algo no es sólo permanecer inmóvil o inerte, sino más bien es reposar,

aceptar lo que nos ofrece y hacerse uno con ello. Si al menos pensamos en España resuenan algunas de las siguientes palabras: historia, Isabel, Fernando, cultura, fe, tradición, reconquista, esperanza, Cristóbal Colón, viaje, epopeya, nostalgia, hogar. Pensar

el destino glorioso de España nos enorgullece, puesto que también es pensar nuestros orígenes.

Recordar, produce gozo. Y paradójicamente, a su vez, todo gozo recuerda. Recordar ese gozo tan particular que se vive estando en España, perpetúa y revive nuestras raíces, lo que somos y hemos recibido.

Conclusión

Como Patria recibimos un destino de oro, gracias a la gloriosa España –verdadera y católica- que se expandió, por amor y entrega, como lo hace una madre por sus hijos. Digno de ver es cómo la Plaza de España en Sevilla está orientada hacia el río, y se muestra en dirección a América, homenajeando de esta manera a las antiguas indias.

Más de cinco siglos han pasado de aquella gran epopeya que le mereció a España su valía. En palabras del poeta de Cádiz se puede decir: Anchar la Cruz redentora/ es el oficio de

España,/que con afán y dolor,/ tira y tira de sus brazos/ porque quepan los pedazos/ del mundo todo en su amor.80

No es ninguna novedad que muchas veces los hijos se rebelan contra sus padres, y en algunos casos reniegan de ellos mismos. Actualmente –por la sociedad desagradecida y apóstata en la que vivimos- se hace visible la inmadurez de los americanos por no reconocer a España como madre, y hasta incluso la mismísima España ha desterrado esas raíces católicas de las cuales nació.

Sin embargo, hoy más que nunca debemos recordar esta verdad: nuestra Patria, que nació cristiana y fue hecha con la Cruz de los misioneros al mismo tiempo que con la espada de los conquistadores, nos hace inmortalizar que somos españoles porque el alma es la

misma,/ según dicen los sabios (…)81.

80 PEMAN, J. M., op. cit., p. 161.

De allí el sentido de familiaridad, la cercanía, el orgullo por la nobleza de la Madre Patria. Nos guste o no, nuestras raíces están en España, y lo sabemos. Por eso se nos hincharía el pecho si nos dijeran lo que la Virreina del Perú a los nativos: ¡Si vosotros no sois

sino españoles que habéis perdido el barco de regreso!82

Grande y magnánima fue la obra; y sin embargo tal vez hoy no alcanzamos a reconocerla. Las grandes distancias muchas veces ayudan a ver mejor lo que tenemos cerca. Ya lo decía Chesterton, dar toda la vuelta al mundo es el camino más corto para llegar a donde uno ya se encuentra. Hagamos ese viaje de ida y vuelta.

El regreso, el reencuentro, volver a casa. Diez escasos días bastaron para confirmar lo que suponía: estar en España es estar en casa. A ella pertenecemos, esas nos nuestras verdaderas raíces.

Seamos dignos de esa herencia: América fue descubierta, conquistada, cristianizada y organizada como proyección de la singular Edad Media y de las raíces greco romanas que gozó España. Regresemos al principio, volvamos a la matriz, acerquémonos al origen, que en la Hispanidad es la fe. Volver la mirada a las raíces históricas es volver a las raíces meta históricas: volver a España es volver a Cristo. Estar en la verdadera España fiel a su tradición, es estar en Cristo.

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