comunicatius i didàctics, han de ser explícits i compartits pels aprenents.
CAPÍTULO 4. EL ESTUDIO DE LA SINTAXIS “COLOQUIAL”
4.1. Lo específico de la sintaxis coloquial: divergencias formales con respecto al modelo formal
Cualquiera que se proponga analizar gramaticalmente la conversación coloquial podrá comprobar que uno de los apartados que más dificultades de estudio presenta es el que atañe a su “sintaxis”, motivadas en gran medida por las divergencias que presenta frente al modelo escrito; y no solo por estas, sino también por las discrepancias teóricas observables al abordar la bibliografía sobre el tema (derivadas, en efecto, de la distorsión producida al no abandonar los moldes de lo escrito y lo literario).
El problema radica en la tendencia a partir, descriptivamente hablando, de criterios gramaticales estrictos (basados en modelos normativos), lo que puede conducir a afirmaciones poco precisas sobre la sintaxis del coloquio. Así, se suele aludir a la
brevedad o simpleza de la frase coloquial, de la que se dice que es pobre, descuidada, incompleta, etc. (Narbona, 1986: 240). Algunas de estas cuestiones pueden objetarse sin
ninguna dificultad, por ejemplo, en la conversación abundan las frases no precisamente breves (Narbona, 1986: 241). Del mismo modo, habría que aclarar convenientemente qué se entiende por “enunciado incompleto”, ya que muchas de las denominadas construcciones suspendidas, no son meros acortamientos ocasionados por la economía lingüística o la falta de destreza idiomática, sino que la estrecha vinculación del diálogo a la situación y los continuos juegos elusivos y alusivos pueden explicar la mayor parte de estas construcciones, solo aparentemente inacabadas34 (Narbona 1988: 102; 2008).
Puede hablarse, pues, de una sintaxis concatenada frente a la sintaxis incrustada del lenguaje escrito o registros más formales, en que los enunciados van acumulándose sucesivamente (Briz 1998: 68-69; Narbona 1989a: 166 y 180); esta sintaxis ofrece así la impresión global de parcelación (Briz 1998: 69-70; Narbona 1989a: 163, 192-194; 1997: § 5) y una de las manifestaciones específicas de esa tendencia a la parcelación es la abundancia de enumeraciones (Beinhauer, 1964 [1991]: 342-352), la tendencia
centrífuga (casos frecuentes de segmentación, yuxtaposición, coordinación y
34 Los enunciados incompletos representan así una manifestación específica del anacoluto a nivel
oracional. Algunos autores hablan de tales estructuras en términos de “construcciones suspendidas” (Vigara Tauste, 1980: 23-24 y 1992: 415-420; Seco, 1973: 368-370; Hernández, 1980: 93; Narbona, 1986: 247; Hernando Cuadrado 1988: 114-115; Herrero, 1995 y 1997). La diversidad tipológica de estos enunciados “sintácticamente” incompletos es muy amplia, aunque esencialmente, el criterio diferenciador más operativo e inmediato que los define es su completitud o incompletitud comunicativas, esto es, la posibilidad de considerarlos o no como secuencias comunicativa y semánticamente completas. Básicamente, esta bifurcación responde, a las llamadas construcciones suspendidas y sincopadas (Seco, 1973).
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subordinación inespecificativas; véase Vigara Tauste 1992: 115-127), o la frecuencia de ampliaciones y reducciones expresivas del núcleo de comunicación, es decir, la
presencia de paráfrasis, o rodeos explicativos, que determinan la evolución lenta del aporte de información (Briz 1998: 70-71; Vigara Tauste 1992: 128-129).
Consecuencia de las continuas paráfrasis y rodeos es la naturaleza redundante y repetitiva de la conversación coloquial, no tanto por el empleo de mecanismos retardatarios o la presencia de vacilaciones expresivas, como por el uso de recursos de
cohesión textual o marcas de continuidad (Briz 1998: 71-75; Narbona 1989a: 181-183).
A ello responde el frecuente recurso a la repetición35.
En efecto, en nuestro trabajo, partimos de la consideración general de que se trata de una sintaxis no convencional, denominación que compartimos con Briz(1996: 34;1998:68), motivada por “el escaso control de la producción del mensaje y el tono informal”; lo cual nos aboca a la necesidad de adoptar un enfoque pragmático, pues, como advierte este autor:
la pragmática es una disciplina que se encarga de estudiar y plantear los principios, reglas, así como las estrategias que se siguen al usar la lengua en una situación determinada. Y el uso de ésta en la conversación es como en conjunto de tareas y metas (producir y mostrar; recibir e interpretar; conectar la producción y la recepción), que suponen un esfuerzo cognitivo para hablante y oyente, como procesadores ambos de información, y de planes y tácticas discursivas para hacerlas efectivas y eficaces e ir superando los obstáculos que surgen al interactuar.
Briz (1998: 67) Pero antes de abordar nuestro examen de fenómenos sintácticos coloquiales frecuentes y su método de análisis, creemos necesario repasar las propuestas de investigación más relevantes en torno a la sintaxis coloquial a fin de justificar nuestro objeto de estudio y el método de análisis adoptado en este trabajo. Como ya hemos advertido, nuestra intención es ilustrativa y persigue una finalidad didáctica, ya que se trata de un trabajo meramente introductorio al estudio de la sintaxis coloquial, de sus estructuras habituales –esencialmente diferentes a las de los textos escritos– que revela la necesidad de adoptar una perspectiva pragmático-entonativa capaz de dar cuenta de la intencionalidad del hablante, inmerso en una situación comunicativa informal.
35La repetición puede ser monológica (en una intervención de un solo hablante), o dialógica (en varias
intervenciones de al menos dos hablantes (Herrero, 1995). La repetición, en realidad, es un ejemplo más de la unión sintáctica abierta, característica de la conversación (Briz, 1998: 75).
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Queremos, además, hacer hincapié en la importancia del componente prosódico a la hora de efectuar este análisis, pues, como veremos, la entonación desempeña una función decisiva en los enunciados orales, así como las pausas, según advierten Hidalgo (2006) o Narbona (2008), entre otros.
Hidalgo (2006) demuestra la relevancia que adquiere la prosodia en la comunicación lingüística, más en concreto, en la conversación coloquial. Según afirma el autor, “sin los elementos prosódicos un hablante carecería de los instrumentos necesarios para hacerse entender cabalmente por sus eventuales interlocutores” (Hidalgo, 2006: 132). En este sentido, el autor manifiesta que los mecanismos prosódicos desarrollan en la conversación un papel doble: por un lado, el demarcativo- integrador; por el otro, el de contextualización del mensaje, “a fin de que lo expresado resulte adecuado a la situación y a la intención del hablante” (Hidalgo, 2006: 129). A partir de una serie de ejemplos, expone de manera detallada las posibilidades que desarrollan los recursos prosódicos en la conversación coloquial, posibilidades que hemos clasificado de la manera siguiente:
1. Los mecanismos prosódicos pueden llegar a precisar la adecuada interpretación de un enunciado, pues el emisor selecciona “determinados patrones prosódicos con una determinada intención semántica o comunicativa” (Hidalgo, 2006: 131). Así, pueden llegar a expresar:
a) Diferentes valores y sentidos de los marcadores discursivos según la entonación que empleemos, por ejemplo, en la pronunciación de un marcador como “bueno”: entonación reprobatoria, inicio de un nuevo tema o atenuador pragmático.
b) Diferentes valores modales y semánticos de un mismo enunciado, como una sugerencia o aseveración insinuativa, una orden tajante o amenazante, o una orden perentoria o justificativa.
c) La intencionalidad irónica, la expresión de la afectividad o el sentimiento (positivo o negativo) o la manifestación de la cortesía.
2. Los recursos prosódicos posibilitan el avance discursivo en toda circunstancia, “ya que, además de derivar del emisor, tales recursos miran hacia el receptor, esto es, adquieren relevancia en la medida en que este ve en la actuación lingüística del emisor
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sus expectativas comunicativas” (Hidalgo, 2006: 131). El autor establece una serie de ejemplos sobre lo que denomina “la capacidad de anclaje de la prosodia” (2006: 131):
- el hablante indica al oyente cuál es la información relevante de entre el continuum discursivo (uso del acento focal o de énfasis)
- el hablante minimiza prosódicamente lo que no resulta pertinente a la situación discursiva (se articula parentéticamente, en tono más grave e intensidad más baja)
- el hablante marca prosódicamente los cambios temáticos, ya sean matizaciones derivadas de temas previos, ya sean temas completamente (...)
- otras veces el hablante actúa por omisión y no dice aquello que puede sobreentenderse al hilo del propio desarrollo discursivo, sea porque pertenece al bagaje de contenidos semánticos y pragmáticos compartidos por los interlocutores, sea porque pertenece al conocimiento enciclopédico de cualquiera (delimitación de actos suspendidos mediante un tonema de
suspensión, de anticadencia, o de semianticadencia).
(Hidalgo, 2006: 131-132) 3. Los recursos entonativos desarrollan un papel destacado en la distribución y sucesión de interlocutores en la conversación; según afirma Hidalgo (2006: 132), “la prosodia condiciona la regulación de las transacciones”:
a) en ocasiones como marcador de la finalización de un turno (por la existencia, por ejemplo, de un tonema descendente marcado al final de una intervención)
b) otras veces como marca que permite al oyente identificar la posibilidad de iniciar su intervención, al reconocer un Lugar de Transición Pertinente (precisamente por el empleo de un tonema descendente marcado al final de la intervención del interlocutor)
c) en otras ocasiones como mecanismo para rechazar un Lugar de Transición Pertinente (y la cesión de turno) mediante el empleo fórmulas prosódicas continuativas de carácter fático (como un alargamiento consonántico nasal para manifestar el rechazo de ocupación del turno ofrecido por el interlocutor)
d) otras veces los solapamientos o superposiciones de habla, interruptivos o no, producen anomalías en la distribución de los turnos.
4. La duración, fenómeno prosódico no estrictamente entonativo que consiste en “la velocidad rápida o lenta de la elocución” (Hidalgo, 2006: 132), puede tener también implicaciones comunicativas:
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a) La manifestación de la cortesía en intercambios como el agradecimiento o la concesión de permiso puede conllevar un incremento de la velocidad normal.
b) La expresión de la ironía o la intencionalidad irónica puede estar asociada a una ralentización de la velocidad de habla.
5. La entonación desempeña una función demarcativa-integradora de las unidades de la conversación en el Nivel Sintagmático; la subfunción demarcativa “sirve para delimitar las unidades de habla y organizarlas jerárquicamente” (Hidalgo, 2006: 136); la subfunción integradora “permite la organización estructural de los segmentos de habla, organizándolos en conjuntos lingüísticos coherentes” (Hidalgo, 2006: 136).
6. La entonación desarrolla una función distintiva que afecta a los actos, unidades enunciativas mínimas, que permite oponerlos según su valor modal-semántico en el Nivel Paradigmático. Hidalgo establece dos subfunciones:
- La subfunción Modal Primaria, “capaz de distinguir valores modales objetivos y estables, los de aseveración, interrogación y volición” (Hidalgo, 2006: 137). - La subfunción Modal Secundaria, Expresiva y/o Desambiguadora36, ligada a la subjetividad del hablante, permite establecer variantes expresivas de la entonación enunciativa, de la entonación interrogativa o de la volitiva (Cf. Navarro Tomás, 1961).