A continuación, trataremos de analizar la discusión sobre los estímulos morales y materiales en el debate económico y político cubano de comienzos de la década del 60. La posición que sobre este problema adoptó el Che se hizo célebre a nivel mundial porque intentó seguir un camino distinto al tradicional, al que se consideraba, por entonces, “marxista ortodoxo”.
En primer lugar, como bien plantea Michael Löwy en su artículo “Ni calco ni copia. Che Guevara en la búsqueda de un nuevo socialismo”, lo que hay que destacar de ese debate cubano que se desarrolló entre 1963 y 1964 es, precisamente, ...¡que hubo debate!.
No es poco. Porque en la tradición de la cultura política de la izquierda no siempre se vio bien el hecho de que existieran distintas corrientes polemizando abiertamente, entre compañeros, fraternalmente. En ese debate de 1963 y 1964, ninguna corriente se consideraba enemiga, ni nada parecido, aunque había entre ellas profundas diferencias de enfoques, de visiones políticas, filosóficas, económicas. El principal hecho a destacar, entonces, es que hubo debate y ninguno de los grupos que debatió terminó prisionero en un campo de concentración —como sucedió en la revolución bolchevique durante los años ‘30, donde también hubo discusión, pero ahí los debates eran “un poquito más duros”, porque el que perdía terminaba desterrado, fusilado o preso—. En cambio, dentro de la revolución cubana, ninguna de las corrientes que debatieron, ni las personalidades, ni los dirigentes, ni los grupos de militantes que intervinieron terminaron presos, muertos o encarcelados. Se discutió y se debatió públicamente. Ese es el primer hecho a destacar.
¿Qué es lo que se estaba discutiendo?. ¿Fue un debate puramente “económico”, como habitualmente se recuerda?
Nosotros pensamos que en el Che Guevara no hay un pensamiento económico, un pensamiento político, un pensamiento filosófico, y así de seguido. Lo que encontramos en el Che es un proyecto integral y totalizante de qué es y qué debe ser la revolución y el socialismo. Dentro de ese proyecto integral Guevara aborda distintos problemas específicos, diversas dimensiones, pero todas integradas en una visión totalizante.
Al ir estudiando, necesitamos ir desagregando el pensamiento del Che. Lo hacemos, justamente, para poner en crisis esa lectura habitual del sentido común de izquierda que piensa: “el Che era un revolucionario práctico pero de teoría no entendía nada; para comprender la teoría marxista hay que leer a los clásicos europeos; en América latina nadie produjo nada, a lo sumo publicaron a los clásicos europeos y punto”. Para cuestionar ese tipo de lectura, que todavía anda dando vueltas por allí, desagregamos diversas problemáticas. Pero en vida del Che todas ellas estaban integradas y unidas, eran parte de un mismo proyecto totalizante.
Esa desagregación es puramente metodológica y responde a un criterio pedagógico.
En el pensamiento original del Che, todos esos problemas están vinculados y unidos.
Esta aclaración tiene importancia, porque en la tradición marxista y revolucionaria no todas las corrientes opinan de este modo. Existen otras corrientes que creen que por un lado está LA economía, por otro lado, en otro plano, bien separado, está LA política y en otro espacio, más lejos aún, están LA filosofía y LA Ideología. Por lo tanto... habría una economía
43 El siguiente texto fue elaborado a partir de una clase pública desarrollada en la Universidad Popular Madres
marxista, una filosofía marxista, una teoría política marxista, etc., etc., cada una independiente de la otra y, todas, recíprocamente ajenas entre sí.
Nosotros no estamos de acuerdo con esa visión. Por el contrario, pensamos que no hay una economía marxista, una filosofía marxista, una teoría política marxista, sino que los marxistas contamos con una concepción integral que permite pensar e investigar cómo funciona la sociedad capitalista y cómo se puede derrocarla, mediante la revolución.
Por lo tanto, el tipo de planteamiento que suscribimos –creemos que el Che camina por ese rumbo- consiste en un pensamiento centralmente político que tiene como eje la praxis, la actividad, la creación desalienada, la acción, la lucha de clases y la revolución. Todo lo demás es parte integral y gira en función de eso. La filosofía, la crítica de la economía política, la concepción acerca de la sociedad, el Estado, la ideología, la cultura, el sujeto, la historia, etc., etc., etc. son partes de una concepción social unitaria del mundo, cuyo eje es centralmente político (porque se propone cambiarlo en forma revolucionaria).
Esta propuesta y aquella otra que segmenta y parcializa el marxismo en disciplinas autónomas, fracturando la totalidad de su concepción en nichos aislados, constituyen visiones del marxismo radicalmente divergentes. A primera vista, puede parecer apenas un simple e inofensivo matiz de palabras, pero en realidad, no es así. La diferencia es mucho más profunda. Cuando estos planteos se llevan a la práctica, se obtienen concepciones muy distintas del socialismo.
En cuanto al debate “económico” (aclaramos porqué entre comillas: no fue solamente sobre economía lo que estaban debatiendo en 1963 y 64, se discutían proyectos políticos), lo primero que hay que señalar es quiénes fueron los protagonistas.
Estos últimos fueron dirigentes políticos cubanos, pero también dirigentes políticos y teóricos académicos europeos. El debate no quedó circunscripto a Cuba.
Como observación totalmente al margen, como detalle, podríamos agregar que, aunque no fueron protagonistas directos del debate, hubo argentinos en la discusión. No fueron centrales, simplemente tomaron partido por una u otra postura y fijaron posición.
Estamos pensando, por ejemplo, en Antonio Caparrós quien estaba en Cuba en ese momento. Era psicólogo, tenía vínculos con el Che Guevara. Escribe un largo artículo, muy extenso, sobre los estímulos morales y materiales. Su ensayo se titula “Incentivos morales y materiales en el trabajo”.
Cuando el Che se va para el África, a combatir en el Congo, en una de las últimas reuniones del Ministerio de Industrias le dice a sus colaboradores (más precisamente a Miguel Ángel Figueras) cuál artículo publicar en el N°15 de la revista Nuestra Industria Económica: "Pon el artículo que salió en Marcha [es decir, El socialismo y el hombre en Cuba de su autoría], pon el artículo de Alberto Mora, donde me echa y defiende el estímulo material, pon el artículo de Mandel y pon el artículo de un psicólogo argentino sobre la naturaleza humana respecto al problema de los estímulos”.
Éstos se publicaron en Nuestra Industria Económica, la revista que impulsaba el Che en el Ministerio de Industrias. Era una publicación política, no solamente técnica.
El artículo de Antonio Caparrós, también fue publicado en la revista de la nueva izquierda argentina La Rosa Blindada (en los N°6 y N°7, en ambos números, pues se publicó en dos partes).
¿Quiénes fueron protagonistas centrales del debate? En primer lugar, el Che Guevara. Su gran polemista, el principal con quien Guevara discute dentro de Cuba, se llamaba Carlos Rafael Rodríguez. Era una personalidad cubana muy importante. Había sido uno de los principales intelectuales y dirigentes (miembro de su buró político) del Partido Socialista Popular (PSP), que era el nombre que tenía en Cuba el viejo Partido Comunista. Esta organización había nacido en 1925, denominándose Partido Comunista. Después adoptó el
nombre de Partido Unión Revolucionaria Comunista. Más tarde, se llamó Partido Socialista Popular hasta que se disolvió, luego del triunfo de la revolución de 1959, para integrarse, junto con el Movimiento 26 de Julio y el Directorio Revolucionario, primero a las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI), luego al Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba (PURSC) y, finalmente, al nuevo Partido Comunista encabezado por Fidel Castro.
Carlos Rafael había comenzado militando en 1930 en el Directorio Estudiantil, luego en el Ala Izquierda Estudiantil y, finalmente, a partir de 1936, en el antiguo Partido Comunista. Un partido que en Cuba había tenido posiciones políticas muy determinadas: luego del período heroico y fundacional encabezado por Julio Antonio Mella y Rubén Martínez Villena, había seguido fielmente la política soviética del “frente popular” (a partir de 1935) y luego la de “unidad nacional antifascista”, a fines de la segunda guerra mundial. En ese momento, a partir de la aplicación de esa política impulsada por Stalin (de la cual fue vocero para Occidente Earl Browder, secretario del PC norteamericano), el PSP participa, en nombre de la lucha antifascista, del gobierno de Batista (no de la dictadura de Batista, que se inicia en 1952 y será derrocada por la revolución cubana en 1959, sino de un gobierno suyo anterior).
Durante ese período, hacia 1944, Carlos Rafael Rodríguez participó del gabinete de Batista durante seis meses. Más tarde, el PSP no compartió desde el inicio la lucha insurreccional dirigida por Fidel Castro. Por ejemplo, no apoyó el asalto al cuartel Moncada. Pero luego, en medio de la lucha insurreccional, un sector apoya la revolución cubana. Uno de los principales dirigentes que está a la cabeza de ese apoyo es, precisamente, Carlos Rafael Rodríguez. En junio de 1958 es designado por el PSP como delegado ante Fidel Castro en la Sierra Maestra. Dentro de este viejo partido, la otra personalidad intelectual que tuvo una intervención a favor de Fidel Castro y de la revolución, era Alfredo Guevara, quien tiene el mismo apellido del Che pero no es pariente. Más tarde, Alfredo Guevara, fue director del Instituto Cubano del Cine. Una personalidad muy conocida y muy valiosa por su espíritu abierto y su marxismo no dogmático.
Aclaramos todo esto para entender mejor con quién está discutiendo el Che. Aquí no intervienen diferencias personales sino de óptica política, pues proviene del viejo comunismo cubano, que era la vertiente más afín a las posiciones prosoviéticas, la que tenía desde largo tiempo atrás estrechos vínculos orgánicos con la dirección política del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS). No resulta casual que cuando Cuba ingresa formalmente al CAME (el sistema económico de la URSS y sus aliados), a comienzos de los años ’70, período en el que se abandonan las propuestas económicas del Che, el representante permanente de Cuba ante ese organismo haya sido... Carlos Rafael. Él representaba, justamente, una clara continuidad política con esas posiciones soviéticas.
Carlos Rafael era una persona muy formada e instruida, un intelectual militante realmente muy leído. Había escrito numerosos libros y folletos (recopilados en tres tomos bajo un título que él mismo eligió: Letra con filo44).
A partir de 1962 y hasta 1965 (durante ese período se produce la polémica, antes que el Che marche para el Congo), Carlos Rafael Rodríguez dirige el Instituto Nacional de la Reforma Agraria (INRA). Este Instituto tenía una importancia central en la revolución cubana, dada la estructura fundamentalmente agraria de su capitalismo en tiempos de la república neoloconial (previa a la revolución de 1959). Como él mismo recuerda45, en
determinado período, Fidel Castro entrega temporariamente la dirección de la economía a la
44 Véase Carlos Rafael Rodríguez: Letra con filo. La Habana, Ciencias Sociales, 1983. La lista completa de sus
Comisión Económica de la Dirección Nacional. Los tres miembros de esta comisión son Carlos Rafael Rodríguez, Osvaldo Dorticós y el Che Guevara. En ese ámbito se producen las discusiones teóricas y políticas entre Rodríguez y el Che en torno a los incrementos salariales (el papel del incentivo material), la dirección de la economía, el cálculo económico, la planificación y el sistema presupuestario de financiamiento.
Carlos Rafael Rodríguez constituye el principal polemista del Che, a nivel político, en el seno mismo de la dirección cubana. Sus posiciones representan todo un sector político e ideológico, toda una tradición de pensamiento político, dentro y fuera de Cuba (porque como reconoce y remarca en sus escritos, él propicia para Cuba una posición siempre afín a la soviética). Las suyas no son, exclusivamente, posiciones individuales.
Resulta notable la amplitud que existió en este debate ya que otro de los principales polemistas con los que discutió el Che Guevara fue Alberto Mora. Una persona todavía más joven que él y colaborador suyo, discípulo herético y miembro de su propio equipo. Hay que remarcar esto para hacer observable el grado de amplitud: ¡uno de los principales polemistas era un colaborador propio!...ni siquiera venía de otro partido, de otro lugar.
En el debate de 1963-64, Alberto Mora intenta formular una visión propia sobre la teoría del valor. Teoría que constituye una de las claves epistemológicas de El Capital de Carlos Marx. Mora pensaba que el valor regula la oferta y la demanda en condiciones de escasez, mientras que en cambio el Che pensaba que el valor se origina en el trabajo abstracto (trabajo social global, producido en condiciones mercantiles capitalistas). Dos concepciones diametralmente opuestas del valor que responden, también, a dos lecturas radicalmente opuestas de El Capital de Marx.
Además del Che, Carlos Rafael y Alberto Mora, también participaron en el debate Marcelo Fernández Font, Luís Álvarez Rom, Juan Infante y Alexis Codina. Estos son los principales protagonistas dentro de Cuba.
Fuera de Cuba intervino un académico famoso a nivel mundial, profesor de economía política e investigador de la Sorbona, asesor para el tema de la planificación durante los primeros años de la revolución cubana. Se llamaba Charles Bettelheim. Tiene varios libros publicados: Planificación y crecimiento acelerado (1964); La transición a la economía socialista (1968); Cálculo económico y formas de propiedad (1972); Algunos problemas actuales del socialismo [con Paul Sweezy] (1972); Revolución cultural y organización industrial en China (1973) y Las luchas de clases en la URSS. Primer período (1917-1923)
(1974), entre otros.
Bettelheim era miembro del Partido Comunista Francés (PCF). Allí, en su seno, compartió muchas veces los puntos de vista teóricos de su colega Louis Althusser, más joven que él. Pero su vínculo con la tradición comunista no empezó en los ’60. Ya durante la década del ’30 Bettelheim se había vinculado a la URSS. En 1934 había aprendido el idioma ruso y en 1936 se había trasladado personalmente a la Unión Soviética para estudiar los problemas de la planificación. Eran los tiempos de Stalin.
Luego, a partir de los ’60, Bettelheim se acercó más a las revoluciones cubana y china. Culminó su itinerario vinculado más al maoísmo y las posiciones del PC chino. Pero cuando discute con el Che Guevara, Bettelheim todavía estaba vinculado al mundo cultural y político de la URSS. Iniciaba en esos años su transición hacia el maoísmo. Pasaba de las posiciones prosoviéticas a las prochinas, sin abandonar en ningún caso la adhesión estricta al pensamiento y la tradición política de Stalin.
Si Carlos Rafael Rodríguez es el principal dirigente político con el que polemiza Guevara, Bettelheim constituye el principal teórico que enfrenta.
Otro pensador y militante europeo, muy importante, que interviene en el debate es Ernest Mandel. De profesión economista, judío belga, Mandel había estado prisionero en un campo de concentración nazi durante la segunda guerra mundial. Logró escaparse del campo.
Mandel es autor de numerosísimos trabajos. Una cantidad impresionante de títulos dedicados al estudio del capitalismo y del marxismo. Entre otros, merecen destacarse:
Tratado de economía marxista (1962), Introducción a la teoría económica marxista (1964), La formación del pensamiento económico de Marx (1967), El capitalismo tardío (1972), El Capital: Cien años de controversias (1976), La teoría de las ondas largas del desarrollo capitalista (1980), El lugar del marxismo en la historia (1986) y El poder y el dinero (1992), entre muchos otros (también escribió sobre la novela policial, el nazismo, la burocracia, la organización revolucionaria, etc.).
Mandel no era solamente un profesor. Era un dirigente político de la Cuarta Internacional (de orientación trotskista). Sus textos sobre el marxismo fueron bibliografía obligatoria para varias generaciones de revolucionarios. Era tan respetado que a fines de los ’80, en tiempos de Gorbachov, a pesar de que Mandel era trotskista, los soviéticos lo invitaron a debatir sobre la economía contemporánea en su Revista Internacional. Tal era el respeto intelectual que generaba, incluso entre sus adversarios de la burocracia del PCUS. Su obra es ampliamente estudiada en muchas universidades del mundo. Por ejemplo, el célebre crítico cultural norteamericano Fredric Jameson utilizó su categoría de “capitalismo tardío” para desarrollar, a partir de ella, sus estudios sobre el posmodernismo.
Mandel es, entonces, uno de los principales dirigentes trotskistas a nivel mundial. Participó del debate libremente, le publicaron sus escritos..., algunos de sus libros están editados en Cuba. Hoy siguen estando allí en las bibliotecas. Mandel participó en el debate apoyando, con una serie de matices, pero apoyando las posiciones del Che Guevara.
Mientras tanto, Charles Bettelheim, a nivel ideológico, era althusseriano (recordemos que la versión del marxismo que proporcionaba Althusser en la década del ‘60 señalaba que el marxismo no es un humanismo, sino un “antihumanismo teórico”, por lo tanto era polémico con la visión del humanismo del Che).
Bettelheim, althusseriano y miembro del PC francés, con simpatías crecientes hacia las posiciones chinas. Mandel, trotskista, dirigente de la IV Internacional. Carlos Rafael Rodríguez, dirigente cubano afín a la Unión Soviética.
El Che tenía una posición propia, autónoma, en el seno mismo de la revolución cubana, frente a China, frente a la Unión Soviética y también frente a la Cuarta Internacional.
¿Conclusión? En este debate participan distintas corrientes del marxismo, políticas y teóricas: todas se publican. La polémica es pública, no se desarrolla a puertas cerradas. Ellos son los principales protagonistas.
Las tradiciones políticas que fundamentalmente están en juego en este debate son: a) La tradición política que, dentro de la revolución cubana, es antimperialista, defiende a Fidel Castro hasta las últimas consecuencias, cuestiona la contrarrevolución, pero promueve y ve con muchas simpatías el vínculo y la alineación entre Cuba y la Unión Soviética.
b) La posición que encabeza el Che Guevara, que también es revolucionaria y antimperialista, igualmente apoya a Fidel Castro hasta las últimas consecuencias, pero promueve un grado importante de autonomía política, teórica y cultural frente a las posiciones soviéticas.
Entre ambas se ubican las posiciones de Bettelheim (más afín a las de Carlos Rafael Rodríguez) y de Mandel (más proclive a los puntos de vista guevaristas).
Todos reconocían sinceramente el liderazgo de Fidel Castro, pero se ubicaban en la polémica desde corrientes políticas distintas: algunos provenían del viejo Partido Socialista Popular, otros del Movimiento 26 de Julio. Esto se expresa en el debate económico. Hay que entender que no discuten únicamente de “problemas técnicos” de economía. No es una
cuestión de dos tecnócratas del FMI que, dentro de la política imperialista, discuten cómo cerrar el déficit fiscal en Argentina, entonces les importa un rábano el resto y barajan números... No, en el seno de la revolución cubana, todos ellos están discutiendo política. Hay tradiciones y horizontes políticos en juego.
¿Cuáles son las áreas de aplicación, dentro de este debate? Creemos que básicamente dos. El Che es Ministro de Industrias en ese momento; había sido Presidente del Banco Central. Carlos Rafael Rodríguez es Ministro de la Agricultura. Por eso, el sistema que propone este último se aplica parcialmente en el campo de la agricultura cubana, mientras el sistema que propone el Che se aplica parcialmente en el campo de la industria. No fue una discusión académica en el pizarrón, sino que se intentó implementarlo en áreas de la