Decididamente la civilización es, de todas las invenciones modernas, una de las más útiles al bienestar y a los progresos del hombre… Te asombrarías si volvieses a estas tierras lejanas y vieras lo que hemos adelantado… la civilización y la libertad han arrasado con todo.
El Paraguay no existe. Lucio V. Mansilla. Una Excursión a los Indios Ranqueles.
Habían ya pasado casi 6 años después del fervoroso discurso en Buenos Aires en el que el Presidente de la Argentina Bartolomé Mitre declaró:
Mis amigos: ha llegado el momento de obrar y no de gritar. Ya sabemos que todos estamos dispuestos a combatir por nuestra patria. Ahora, a ocupar cada cual su puesto de combate, y sea la orden del día: en quince días al cuartel, en un mes a campaña, en tres meses a la Asunción. (Mitre Cartas Polémicas… 37, énfasis mío).
López había sido asesinado (1870) y con su muerte, la muerte del Paraguay. Nadie había previsto ni la larga duración de la guerra, ni su alta mortandad y costo. La máquina de guerra había estado funcionando automáticamente e independientemente de los planes de las cuatro naciones involucradas -la conducción de la guerra había entrado en la
dimensión del azar (Clausewitz 183). Los generales que guiaban el ejército aliado en la invasión al Paraguay debían perseguir el objetivo de un acuerdo de guerra. El primer artículo del Tratado de la Triple Alianza (firmado secretamente el 1º de mayo de 1865) había estipulado llegar hasta las últimas consecuencias para conseguir el fin desde su preámbulo: “la paz, seguridad y bienestar de sus respectivas naciones [Argentina, Uruguay y el Imperio del Brasil], es imposible mientras exista el actual Gobierno del Paraguay” (Colección… 3)40. La guerra estaba planteada a nivel de exclusión de la existencia del otro soberano: el soberano paraguayo debía desaparecer sin ningún tipo de negociación. La guerra iba a durar lo que durara la existencia de Solano López en el poder –hablaremos de las negociaciones entre los jefes para un armisticio en el último capítulo.
Desde el inicio la violencia había sido legalizada por el tratado y era una cuestión de derecho: la eliminación soberana regulada por la ley. Para Alberdi esa legalidad que pretendía el tratado mismo era la idea más contradictoria que los estados podían tener ya que inplicaba pretender tener soberanía por sobre otro estado en la declaración y en el establecimiento de la ley. Lo que vemos aquí es que la guerra en es en sí el “estado de excepción”. Para el filósofo italiano Giorgio Agamben el poder soberano para
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Utilizo la paginación de la primera edición del Tratado de la Triple Alianza publicada en la Colección de
tratados celebrados por la Republica Argentina con las naciones extranjeras: Tomo II. Publicación oficial.
constituirse como tal debe instaurar la ley pero para ello debe estar simultáneamente adentro y afuera del orden jurídico. Esta paradoja, el “estado de excepción”, está en la base de los estados modernos y es la que establece las condiciones de posibilidad para el establecimiento de la autoridad soberana:
The sovereign exception is the fundamental localization, which does not limit itself to distinguishing what is inside from what is outside but instead traces a threshold (the state of exception) between the two, on the basis of which outside and inside, the normal situation and chaos, enter into those complex topological relations that make the validity of the juridical order possible. (Homo Sacer 19)
Para Agamben podemos decir que el estado liberal moderno, que está establecido en la ilusión de la universalidad de la ley, realmente se funda en la creación de una zona de indistinción entre la ley y la excepcionalidad de ella misma. La fundación del poder soberano está basado en la exclusión de la vida humana (zoe, el simple hecho de estar vivo) en la inclusión a un sistema político (bios, vivir en y para la polis) -en este sentido es una biopolítica- junto con la creación de la zona de indistinción que permita ese pasaje.
Esto es exactamente lo que sucede en palabras de Alberdi al declararse una guerra y está resumido en la frase “el crimen de la guerra” (en mi trabajo usaré no obstante, estado de excepción). La declaración formal de la guerra a otro estado es la paradoja del poder soberano proyectada en el poder entre soberanos: para el teórico tucumano implica que el mismo estado esté dentro y fuera de la ley y a la vez, en este caso, dentro y fuera de la ley internacional -un doble estado de excepción. La ley de guerra es la ley que hace que el estado se ubique fuera de la ley: “La palabra guerra justa (ius belli) envuelve un contrasentido salvaje, es como decir crimen justo […] La guerra suspende el contrato
social entre los hombres” (El Crimen 20-21) y también un supuesto “contrato” entre los estados:
La guerra es el modo que usan las naciones de administrarse la justicia criminal una a otras con esta particularidad: que en todo proceso cada parte es a la vez juez y reo, fiscal y acusado, es decir, el juez y el ladrón, el juez y el matador […] Es la guerra una justicia sin juez. (El Crimen 13).
Esta es la zona de indistinción -para Agamben en el estado de excepción no se puede distinguir trasgresión de ejecución de la ley (Homo Sacer 57)- que el estado crea como base de su propia legitimación, en este caso la legitimación del estado jurídico que coincide con el estado de paz: la guerra se convierte en un momento excepcional a un artificial (no natural) estado de paz. Entonces, como la guerra es una práctica del estado pero ejecutada en una suerte de “afuera” para Alberdi -interior por pertenencia, exterior en aplicación- al declarar la guerra (hacerla parte del interior en tanto es parte del
derecho) se muestra la paradoja entre un estado que está adentro y afuera de la ley que él mismo instituye –esta es la creación de la base del poder soberano para Agamben en tanto los estados conservan el único derecho de estar en una suerte de estado de naturaleza en la sociedad de modo Hobbesiano, ius contra omnes (Homo Sacer 35)41.
Mi intento es pensar a la guerra como exclusión y al mismo tiempo como expulsión del mismo estado en su forma de autómata para poder pensar la existencia de una producción cultural en los bordes de la máquina estatal, mejor dicho, la posibilidad
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Desde mi punto de vista, Alberdi está pensando en la idea de estado natural entre soberanos regulado por la libertad e igualdad, la propiedad y el intercambio de bienes; en este sentido está más cerca del modelo de estado natural de John Locke41 Cfr. Two Treatises of Government. [1690] North Clarendon, VT: Everyman, 2000, principalmente su capítulo II sobre el Gobierno Civil titulado “Of the State of Nature”. El problema entonces es el establecimiento de una ley internacional ante el “exceso de soberanía” de ciertos estados. El inconveniente surge en el momento de pensar en el establecimiento de la ley ya que caemos nuevamente en el estado de excepción: “el problema del derecho internacional no consiste en investigar sus principios y preceptos, sino en encontrar la autoridad que los promulgue y los haga observar como ley” (El
de existencia de una producción cultural en un momento de suspensión completa de la soberanía, el estado de exclusión del estado, que iremos viendo a lo largo de cada
capítulo. Los “tres meses” en los que Bartolomé Mitre promete llegar a Asunción -que es el fin de la guerra ya que esta implica remover el gobierno- terminan siendo casi 6 años. Asimismo, como veremos en el tercer capítulo, el Coronel Palleja en su Diario está mostrando constantemente -con su sarcasmos de “el paseo de los tres meses”- una
incapacidad estatal en el control de la violencia y las consecuencias de la guerra como un evento incontrolablemente desmedido (“the destructive force of the elements set free” en palabras de Clausewitz), también tenemos el caso de la violencia de la ausencia de muertos paraguayos en la representación de la guerra en Cabichuí y El Centinela o la imposibilidad de la representación de la guerra en la composición mixta de Cándido López.
La idea del autómata en la guerra, conocida también como la máquina de guerra, comienza a ser una problemática propia del siglo XIX en cuanto a los crecientes avances de la técnica en materia bélica42. Como lo muestra Daniel Pick en su historia del concepto War Machine existe una progresión y una tendencia en diecinueve a ver a la tecnología como un agente de un proceso de destrucción sin fin (49)43. Su análisis comienza con Clausewitz y su preocupación por el modo masivo y las consecuencias de hacer la guerra por los ejércitos de Napoleón en Europa y, como ya hemos mencionado, el elemento azaroso e irracional de la guerra como clave en el pensamiento y racionalización de los
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Es interesante indagar testimonios de la Primera Guerra Mundial en la que la tecnología bélica es el punto crítico de lo incontrolable del conflicto. Creo que si bien el concepto de máquina de guerra puede ser trazado desde Clausewitz, inevitablemente la “Gran Guerra” fue la que lo coronó como un momento crucial en el estudio de la naturaleza autómata de la guerra. Cfr.. el ensayo de Eric J. Leed, No Man’s Land, que intenta mostrar durante la Primera Guerra Mundial cómo los participantes buscaban darle sentido, coherencia a sus experiencias y acciones en relación a un fenómeno del que no tenían ningún control (33).
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El trabajo de Pick no se limita al siglo XIX solamente, cubre también reflexiones de pensadores a propósito de la Primera y Segunda Guerra Mundial.
conflictos. La metáfora de la máquina se exacerba durante la Guerra de Crimea (1853-56) y la Guerra Franco-Prusiana (1870-71) en las crónicas de Frederich Engels44 y el
pensamiento de Karl Marx en sus correlatos entre el ejército y la fábrica y, por ende, la autonomía de la máquina frente al sujeto alienado45 en una sociedad industrializada. Estas reflexiones son complementadas con las ideas de Thomas de Quincey46 sobre Crimea y su lamento romántico ante la mecanización del guerrero y la destrucción sin control de las nuevas armas. Lo que nos muestra Pick en esta genealogía del concepto de War Machine es que la guerra es autónoma como practica de frontera, al borde geográfico y político del estado y que la aceleración y el crecimiento de las dimensiones del autómata se dan del mismo modo por el crecimiento de la tecnología en la sociedad y
particularmente la tecnología puesta al servicio de la destrucción del otro.
Mi enfoque en este trabajo no es el de analizar el papel de la tecnología en la guerra contra el Paraguay47 (no hay a decir verdad ningún ensayo sobre este tema) como
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Engels, Friedrich. The Role of Force In History: a Study of Bismarck's Policy of Blood And Iron. London: Lawrence & Wishart, 1968. y Notes on the War. Sixty articles Reprinted from the Pall Mall
Gazette 1870-1871. Viena:s/n, 1923.
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“Masses of labourers, crowded into de factory, are organized like soldiers. As privates of the industrial army they are placed under the command of a perfect hierarchy of officers and sergeants … they are daily and hourly enslaved by the machine…” Grundrisse 692.
46
“On War” en Thomas de Quincey’s Writings. 20 vols. Vol VIII. Boston: J.T. Fields, 1854.
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La tecnología que se hace presente en el conflicto está articulada bajo dos ejes: El primero es aquel que determina a la tecnología como medio para el avance en el “progreso de las naciones” que se conecta directamente con los medios de transporte y comunicación. Como ejemplos de esto, podemos ver la presentación masiva de la flota a vapor del Imperio del Brasil como un elemento clave en cuanto al movimiento de las tropas en menor tiempo y a través de geografías hostiles; el uso de las vías férreas paraguayas para el transporte de tropas, municiones y provisiones de alimento y vestimenta; la altamente desarrolla red de líneas telegráficas (primera de América Latina) del ejército paraguayo que el Mariscal Francisco Solano López se encarga de instalar antes de comenzar la guerra. Este primer eje integra a la guerra y al estado en una relación en que éste utiliza sus recursos, sus elementos modernos civilizatorios como alimentadores del flujo del conflicto; es el mismo tren que abarata el costo del transporte y hace más rápida su distribución el que lleva las tropas a la batalla en menor tiempo, zanjando lo inhóspito de la naturaleza. El segundo eje de la reflexión sobre la tecnología y la guerra, esta basado en el funcionamiento de la máquina más que en su interrupción. La particularidad de este funcionamiento es su carácter
automático, su naturaleza de autómata, lo incontrolable per se. Por un lado, la articulación de este eje se
abre en los mismos términos que el primero pero, esta vez, versa sobre “el progreso de la guerra”. Este “progreso” de la tecnología en cuestiones bélicas esta reflejado por los participantes de la guerra contra el
la fuente de la naturaleza incontrolable de la guerra. Evidentemente existen múltiples factores que provocan que los textos hablen de un vacío institucional, de una situación fuera de control desde la que están produciéndose y la tecnología es una de ellas. Mi interés recae más bien en el modo en el que de los textos se desprende la contradicción entre guerra y estado y los límites de lo político o el modo en el que los textos plantean la posibilidad de un estado de exclusión del estado mismo durante la guerra. Lo que se verá en este trabajo es que los textos que analizo muestran al Estado como un ente capaz de llevar a la sociedad civil a la modernidad, al progreso y evolución del hombre y al mismo tiempo lo posicionan como el agente que crea la destrucción total del pueblo paraguayo provocada por la misma guerra -como decía Lucio V. Mansilla en las palabras que abren esta sección. En todos ellos se está evidenciando el momento de abandono del estado, una posición de detención o retroceso en el “progreso” como elige decirlo Alberdi, la suspensión del movimiento de fuerzas contrarias (es en este sentido en el que la idea de estado que tienen estos textos es completamente antagónica a la idea de guerra). La Guerra contra el Paraguay era vista por sus protagonistas como una guerra interminable, escindida o emancipada del control estatal cuya destrucción había llegado a grados genocidas (contrarios a la idea de progreso y civilización, para los actores). Para los protagonistas plantear la guerra en términos de civilización-barbarie era simplificar la naturaleza del estado, de la guerra y de las representaciones de guerra; el conflicto contra el Paraguay ponía en escena una civilización que llevaba a cabo actos bárbaros y
permanecía civilizada. El problema debía ser redefinido ¿Cómo puede el estado regular la violencia brutal de la destrucción de los seres humanos sin modificar la naturaleza de la Paraguay en las características destructivas, apocalípticas que iba adquiriendo el conflicto a medida que pasaban los años.
soberanía? O para parafrasear a Etienne Balibar48 ¿Cómo es posible que la violencia llegue hasta el límite de la destrucción del otro sin salir fuera de los límites
institucionales? Y, por sobre todo, ¿Cómo señalar, mostrar o representar esa realidad contradictoria?
La Guerra contra el Paraguay nos presenta una constelación de relatos que circulan entre narrativas de guerra, entre ensayos, novelas, pinturas, periódicos,
fotografías y grabados; una constelación de imágenes y textos que comparten la angustia de los individuos y sociedades en guerra, que comparten su lado más violento, su lado más humano. Pero, por sobre todo, que comparten la incierta sensación de habitar un autómata. Un texto que deviene anónimo, autónomo, un evento sin control que funciona maquinalmente y que no parece tener dirección.
Para Bernd Hppauf49 la aparición del autómata, el momento sin momento, en cualquier guerra moderna no se debe a una debacle política o al cambio en la
conceptualización de los límites de la política soberana durante la guerra sino que se debe a una crisis de la representación de la realidad traída por la modernidad y el advenimiento de lo visual: su ejemplo es en el siglo XX con la crisis de la tecnologización de la
realidad de la Primera y la segunda Guerra Mundial y el mundo visual/virtual múltiple de los modos de representarla (46-47): la máquina de guerra es la representación misma fuera de control. Para el caso de la Guerra contra el Paraguay y de los textos e imágenes que analizo en mi trabajo mi hipótesis es que si existe una crisis de representación de la realidad bélica es porque simultáneamente existe una crisis estatal durante la guerra y la producción tendiente a mostrar los límites de lo político: la guerra es el permanente
48
Etienne Balibar. “Politics as War, War as Politics. Post-Clausewitzian Variations”, s/n.
49
“Experiences of Modern Warfare and the Crisis of Representation”. New German Critique, No. 59, Special Issue on Ernst Junger (Spring - Summer, 1993), 41-76.
estado de excepción que si bien tiene la capacidad de mostrar su pertenencia a un soberano que la ejerce (límite de lo político) también muestra su capacidad de ser tierra de nadie (no man’s land), un estado de exclusión del Estado y en este sentido afecta a la representación (la máquina fuera del control de los estados y sus protagonistas). La Guerra contra el Paraguay es un punto de intersección de cambios en el sistema
representacional y colapso de los límites soberanos del derecho internacional durante la guerra. Por un lado, se presenta una escisión en las prácticas narrativas tradicionales utilizadas en las guerras independentista que sin duda se relaciona con la guerra como un fenómeno radicalmente disímil en su instancia particular, con la tecnologización de la realidad bélica y la aparición de nuevas formas de producir significados (la fotografía y la litografía). Por otro, en la declaración de la guerra como un estado de excepción surge el elemento inesperado, el autómata, que la desata como un agente de un proceso de destrucción sin fin, un punto de fragmentación y desmembramiento de una unidad de poder que va más allá de cualquier voluntad o límite político.