2. Entre San Petersburgo y Moscú: los primeros años de Bakunin
2.3 Estado reprimido: Bakunin y la Rusia de Nicolás I
Dentro de la estructura social del Imperio ruso, marcada por una considerable estratificación estamental formalizada en la Tabla de Rangos, las opciones vitales que tenían los vástagos de las familias nobles eran relativamente limitados. Los tres caminos principales que podían elegir eran la carrera militar, el servicio en la burocracia estatal y la administración de los bienes rurales de la familia. Dada la gran importancia social de la posición que se adquiría a través del ascenso por el escalafón de la Tabla de Rangos, el servicio estatal constituía un elemento casi imprescindible en la vida de cualquier noble varón, aunque fueron bastante frecuentes los casos en los que los jóvenes nobles entraron en el servicio para unos pocos años, o incluso tan solo pro forma, para poder dedicarse a unos quehaceres más urgentes (o más agradables) a continuación, con la
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Uno de los casos más evidentes de la excesiva libertad interpretativa de Mendel lo encontramos justo al principio de su estudio. Así, traduce la frase “ja čuvstvuju sebja vyrosšim v sobstvennych glazach” de la carta que Bakunin escribió a sus hermanas el 25 (26) de enero de 1834 como “I feel that I am watching myself being fed and nurtured”, explicando en la nota correspondiente que traduce el participio del verbo ruso vyrostit’ como “fed and nurtured” para “transmitir sus matices e implicaciones especiales” (Mendel,
Michael Bakunin, p. 22; p. 446 n57). Aparte de que la dicha traducción del verbo resulta de todas formas muy libre, hay que constatar que, en este caso concreto, la traducción de Mendel está situada completamente fuera del contexto, y tanto más si tenemos en cuenta el hecho de que, en original, la carta estaba escrita en francés, así que la frase en cuestión se lee de la manera siguiente: “je me sens grandi à mes propres yeux” (es decir, “yo me siento crecido en mis propios ojos”). Con la traducción adecuada, las implicaciones edípico-narcisistas que cree descubrir Mendel en esta frase resultan completamente infundadas. El texto de la carta se puede encontrar en Bakunin, Sobranie, t. I, pp. 122-126 (texto en ruso, el pasaje citado en p. 123), así como en VV.AA., Michel Bakounine et les autres, ed. Arthur Lehning, pp. 40-41 (texto en francés); o bien en Bakunin, Œuvres [CD-ROM].
conciencia tranquila y la imagen socialmente intacta de haber cumplido con su deber ante el Estado y la sociedad.159
La creciente complejidad de la sociedad rusa de las primeras décadas del siglo XIX requería, desde luego, una gran cantidad de personas bien formadas para gestionar el Estado y la economía, lo cual convertía los estudios superiores en una necesidad para muchos y, al mismo tiempo, aumentaba poco a poco el número de las ocupaciones respetables para los nobles provenientes de unas familias de recursos humildes (por ejemplo médicos, arquitectos o profesores universitarios). Aun así, la carrera militar o la del funcionario seguían siendo los caminos claramente preferibles para cualquier miembro de la nobleza, tanto en términos del prestigio social como a nivel del bienestar económico, pues el Estado ruso disponía de amplios recursos y, aunque no siempre pagaba bien, ofrecía un empleo relativamente seguro.160
En este sentido, la entrada de Mijaíl Bakunin como cadete en la Escuela de Artillería de San Petersburgo que se produjo en otoño de 1829 constituía un paso bastante lógico, sobre todo si recordamos que los recursos económicos de los que disponía su padre estaban relativamente limitados, lo cual hacía necesario que los hijos adquirieran un puesto fijo en el Ejército o en la burocracia estatal lo más rápido posible. Mijaíl había cumplido catorce años y medio cuando, el 25 de noviembre de 1828, dejó Priamújino junto a su padre. El camino a la capital del Imperio ruso, situada a unos 480 kilómetros de la finca familiar, ocupaba por aquel entonces entre tres y cuatro días y transcurría por aquella misma carretera que había recorrido Radíschev en su viaje de San Petersburgo a Moscú cuatro décadas antes.
El primer año de su estancia en la capital, Mijaíl vivía en casa de la hermana de su padre que estaba casada con el terrateniente Piotr Nílov. La pareja era muy acomodada y, por lo visto, trataba al joven Bakunin bastante bien. Eso sí, el nuevo entorno urbano, la distancia que le separaba de sus padres y sus hermanos, así como los métodos
159 El prestigio social que provenía de la posición que un súbdito de los zares ocupaba en la Tabla de
Rangos se refleja múltiplemente en la literatura rusa de aquella época, antes que nada en las obras de escritores como Gógol, Saltykov-Schedrín y Chéjov. Un estupendo análisis académico de la problemática se encuentra en Lotman, Besedy, pp. 18-45.
160 Dada la particular importancia del estado como actor principal en prácticamente todos los campos de
la vida pública rusa a través de varios siglos de su historia, este tema recibe, últimamente, una considerable atención en el discurso académico de este país, por ejemplo en la recopilación Gosudarstvo kak proizvedenie iskusstva: 150-letie koncepcii(Estado como obra de arte: 150 años de la concepción)
editada por Abdusalam Gusejnov (Moskva: Letnij Sad, 2011, accesible en http://philosophicalclub.ru/content/docs/sb-final.pdf, consultado el 17/04/2014), que intenta abordar el asunto desde el punto de vista de la filosofía de derecho.
educativos de los Nílov, seguramente menos abiertos que los de Aleksandr Bakunin, le produjeron a Mijaíl una cierta incomodidad.
El hecho de que Piotr Nílov le hizo leer a su sobrino el libro de Čet’i-minei, una compilación de menologios y hagiografías que constituía una obra estándar para enseñar las bases religiosas de la ortodoxia rusa, constituye un episodio de valor más bien anecdótico que, sin embargo, permite hacernos una imagen de la diferencia en los estilos educativos de Aleksandr Bakunin y los Nílov.161 Como era de esperar, Mijaíl, acostumbrado a un discurso bastante más complejo, no estaba muy contento con la lectura propuesta. Posiblemente, este intento bien intencionado de introducirlo en los fundamentos del cristianismo ortodoxo le dio un impulso para dudar de la vigencia de los dogmas eclesiásticos, aunque está claro que hubo toda una serie de impulsos negativos en este sentido hasta que las dudas iniciales acerca del papel de la Iglesia se convirtieran en aquel rotundo anticlericalismo que distinguiría a Mijaíl Bakunin en los últimos años de su vida.162
Al mismo tiempo, la estancia en casa de los Nílov le procuró al joven Bakunin algunas experiencias valiosas para su futura vida. Dado que sus tíos reunían a muchas personas de altísima cultura en su salón, entre ellos el poeta Konstantín Bátiushkov y el arqueólogo e historiador Alekséi Olenin, el quinceañero Mijaíl tenía la oportunidad de conocer de cerca el mundo literario y artístico de la capital rusa, desarrollando su interés por las bellas letras y las artes, así como una elegante distinción que mantendría durante toda su vida.163
Las breves estancias en casa de los Nílov constituyeron un elemento recurrente durante los tres años que Bakunin pasó en la Escuela de Artillería, que terminó después de aprobar una serie de exámenes finales en enero de 1833, obteniendo el rango de alférez. Aparte de los Nílov, Mijaíl también frecuentaba algunas otras casas de los amigos y parientes de sus padres, como los Lvov y los Muraviov. Eso sí, parece
161 Véase Kornilov, Molodye gody, p. 45.
162 Una buena prueba de esta postura anticlerical se encuentra en la carta que Bakunin escribió al
matrimonio de Adolf y Maria Reichel el 19 de octubre de 1875, en la que evocaba el antiguo lema de los enciclopedistas franceses “Ecrasons l’infâme”, afirmando su odio contra “el clericalismo, el catolicismo que, una vez más, triunfa o parece triunfar sobre nosotros” (Bakunin, Œuvres [CD-ROM], p. 2). Dicho esto, sería desde luego lícito preguntar en qué medida el repudio del clericalismo en su forma católica que Bakunin mostraba en los últimos años de su vida también se extendía al cristianismo ortodoxo.
163 El periodista radical Arthur Arnould que visitó a Bakunin en su casa en Lugano en primavera de 1875,
después de haber abandonado Francia por su participación en la Comuna de París, apuntaba que el anciano Bakunin era un hombre “de una alegría fina e imponente, de buen tono, de buen gusto; de un genio muy francés”, un hombre, en fin, que de lejos olía a “gran señor y consumado erudito”. Citado según VV.AA., Michel Bakounine et les autres, ed. Arthur Lehning, p. 346.
bastante claro que durante todos esos años echaba de menos el entorno familiar de Priamújino. El contacto epistolar constituía prácticamente la única oportunidad de mantener una relación viva con su casa natal. Las cartas de esa época, escritas en francés, muestran a Bakunin como un joven común y corriente que escribía a sus familiares lo mucho que los echaba de menos y lo bien, o lo mal, que le fue en este o aquel examen.164 La carta del 20 de septiembre de 1831 constituye, en este contexto, una excepción: en ella, Mijaíl se mostraba encantado por el poema “Klevetnikam Rossii” (“A los detractores de Rusia”) que Pushkin había escrito con motivo de la insurrección polaca de ese año, defendiendo las acciones represivas del gobierno ruso, lo cual constituye un episodio curioso si recordamos el empeño con el que Bakunin abogaría por la causa polaca en los años posteriores de su vida.165
Más importante que esta manifestación temprana de un patriotismo oficialista fueron, sin embargo, las noticias que recibieron los padres de Bakunin a través de Sergéi Muraviov, uno de los primos de Mijaíl, sobre la actitud negativa hacia el servicio militar que su hijo estaba desarrollando. En una carta escrita a principios de abril de 1832, Mijaíl intentaba justificarse ante sus padres, alegando que su primo no le había entendido bien. Lo que dijo de verdad, escribía el joven Bakunin, era que le resultaban desagradables “las pequeñas particularidades del servicio militar y de la disciplina”, aduciendo como ejemplo el hecho de que, “en el servicio militar, uno nunca tiene razón ante sus mayores”; eso sí, aseveraba que no dejaría el servicio, pues éste era el único medio para “poder subsistir honestamente, y para poder devenir útil a mi patria y mis padres”.166
Esta carta resulta particularmente interesante, pues a diferencia de sus testimonios posteriores permite ver el estado de ánimo de Bakunin de forma bastante inmediata, sin las capas adicionales que inevitablemente añaden la experiencia vital y el recuerdo retrospectivo a unas vivencias concretas, dándoles un significado que no necesariamente estaba presente en el período en el que tuvieron lugar. En este caso, parece bastante claro que la desafección contra el servicio militar que, a finales 1835, llevó a Bakunin a retirarse de él con la excusa de mala salud, tuvo sus raíces en su época como cadete en
164 Las cartas que Mijaíl escribió durante esta época dan una buena prueba de su estado morriñoso. Entre
las 29 misivas que se conservan del período entre su partida de Priamújino y la graduación de la Escuela de Artillería en enero de 1833 la gran mayoría contiene manifestaciones inequívocas de la añoranza que sentía por Priamújino, algo desde luego muy habitual para un adolescente que vive lejos de su casa. Véase Bakunin, Sobranie, t. I, pp. 37-72; o bien en Bakunin, Œuvres [CD-ROM], cartas escritas entre el 27 de noviembre de 1828 y el 17 de enero de 1833.
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Véase Bakunin, Sobranie, t. I, pp. 50-52.
la Escuela de Artillería.167 Con todo, no hay razones para suponer que Mijaíl les estaba mintiendo a sus padres cuando nombraba el exceso de disciplina y la falta de libertad como razones de su actitud negativa hacia el servicio militar. Estas reservas que más tarde se convertirían en una fuerte aversión no necesariamente tenían que ver con una actitud pacifista o una cobardía inherente. Por todo lo que sabemos, Bakunin no dudó participar en acciones violentas y poner en riesgo su propia vida si consideraba que eso servía a una causa noble: su participación en el alzamiento de mayo de 1849 en Dresde y en la Comuna de Lyon en 1870 dan una buena prueba de ello. Lo que, en cambio, sí que le causaba mucha repugnancia en cualquier tramo de su trayectoria vital era la insulsa monotonía de la vida cotidiana y la necesidad de obedecer.
Esta tendencia a la insubordinación fue, finalmente, la razón por la cual Bakunin tuvo que abandonar San Petersburgo a principios de 1834. Después de un altercado con el director de la Escuela de Artillería, el general Iván Sujozanet, que tenía la fama de tratar a los subalternos con mucho menosprecio, Mijaíl fue relegado a cumplir los próximos años de su servicio militar en las llamadas Tierras Occidentales, es decir, en Lituania y Bielorrusia.168
Las circunstancias generales de la vida de un oficial en los destacamentos perdidos entre Vilna y Minsk le causaron un efecto muy deprimente al joven Bakunin. Puede que le hubieran fastidiado las obligaciones oficiales que tenía en San Petersburgo y la superficialidad de la alta sociedad de la capital rusa, pero allí había por lo menos un atrayente entorno intelectual y cuasi-familiar de los numerosos parientes de sus padres, donde Mijaíl podía disfrutar de la música y la conversación culta en compañía de sus encantadoras primas (aunque sus relaciones con ellas, por lo visto, nunca sobrepasaron los límites de un flirteo pasajero). En los pequeños pueblos lituanos y bielorrusos, sin embargo, Bakunin se sentía completamente fuera de lugar, ya que estaba rodeado por unos compañeros cuyos pasatiempos preferidos, el juego y el vino, le aburrían sobremanera y le llevaron a un considerable aislamiento, en gran medida autoimpuesto.169 Para superar la monotonía de la vida provincial, Bakunin tenía dos salidas principales: el estudio autodidacta y el contacto con su familia en Priamújino. Durante este período de su vida, Mijaíl empleaba grandes esfuerzos para aumentar sus
167 Véase Kornilov, Molodye gody, pp. 82-89; Steklov, Michail Aleksandrovič Bakunin, t. I, pp. 20-24. 168
Ibid.
conocimientos de la historia, la geografía y las lenguas. Asimismo, mantenía una correspondencia muy regular y muy activa con sus padres y sus hermanas.170
Aparte de su gran interés por los estudios como una posibilidad de dotar su existencia de un sentido, el servicio militar como comandante de pelotón en las provincias lituano-bielorrusas le proporcionó a Bakunin una segunda experiencia que más tarde cobraría una gran importancia en su vida. Allí tuvo la oportunidad de conocer de cerca a la nobleza polaca y hacerse una idea de las complejas relaciones entre Rusia y Polonia. Por aquellas fechas, Bakunin apoyaba la posición prorrusa del gobernador civil de Grodno, Mijaíl Muraviov-Vílenski, el futuro “Ahorcador” de los insurgentes polacos de 1863, al que conocía personalmente.171 Este episodio resulta particularmente importante para recordar, una vez más, que la trayectoria vital de Bakunin que le llevó a un anarquismo internacionalista hacia el final de su vida constituía un conjunto contradictorio en continua evolución: al igual que prácticamente todos los componentes del progresismo radical de Bakunin, su particular simpatía por la causa polaca fue una actitud que tomó forma en un período más tardío de su vida.
De todas formas, la mayor preocupación de Bakunin durante su estancia en Lituania y Bielorrusia no se refería a los asuntos políticos, sino a la posibilidad de traslado a un destacamento que estuviera situado en la provincia de Tver, de modo que tendría la oportunidad de ver a su familia en Priamújino más a menudo. Después de terminar la Escuela de Artillería a principios de 1833, Mijaíl por fin obtuvo la oportunidad de ir a ver a sus padres y sus hermanos. A continuación, volvió a Priamújino en varias ocasiones, obteniendo licencias oficiales para ausentarse incluso después del incidente con el general Sujozanet.
El contacto con su familia y el entorno mismo de su casa natal tuvieron un efecto muy positivo para Bakunin, pues le ayudaron a olvidarse, por momentos, de las severidades del servicio militar. Sin embargo, aquella imagen idílica de los años de su infancia que con tanto cariño recordaba estaba empezando a desmoronarse paulatinamente. Ya su primera visita en verano en 1833 causó un considerable revuelo, ya que el joven Bakunin se puso de lado de su hermana Liubov que estaba a punto de casarse con un oficial de caballería al que no quería. Mijaíl la convenció de que tenía derecho de oponerse a la voluntad de su padre, quien al final se rindió ante la voluntad
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Ibid., pp. 126-159.
de Liubov que quería romper el compromiso.172 Todo el asunto causó, desde luego, bastantes disgustos a los implicados y fue una de las primeras señales del desacuerdo entre los Bakunin que, a partir de la segunda mitad de la década de 1830, cobró cada vez más importancia en las relaciones entre los padres y los hijos de esta insólita familia.
En último término este conflicto intergeneracional facilitaría la aparición de una nueva corriente de pensamiento social en Rusia, que el historiador estadounidense John Randolph llama “el romance del idealismo ruso”.173
Bakunin y sus hermanas desempeñaron un papel de máxima importancia en este interesante capítulo de la historia intelectual –y sentimental– rusa, cuyo comienzo coincidió aproximadamente con el momento en el que Mijaíl dejó el Ejército.
Como tantos acontecimientos de la vida del libertario ruso, su baja del servicio militar se produjo de forma muy improvisada. A principios de 1835, Bakunin aprovechó el encargo oficial de facilitar caballos a su regimiento que le llevó a la provincia de Tver para quedarse en Priamújino y no volver más a su destacamento aduciendo razones de salud como justificación.174 Como era de esperar, su aversión contra el servicio militar aumentó aún más durante el período que se vio obligado a pasar en la soledad provincial de los pueblos bielorrusos, donde había muy poco que pudiese satisfacer las necesidades intelectuales y afectivas de una persona como Mijaíl, y en cambio había mucha de aquella miseria y monotonía de la que hablaba marqués de Custine en su relato muy poco halagador de la Rusia de Nicolás I.175
Desde luego, el servicio militar en tiempos de paz suele estar marcado por unas tareas monótonas que se desempeñan dentro de una jerarquía bien jalonada; sólo en las circunstancias de una guerra, la rutina de la vida militar adquiere un carácter diferente y la jerarquía de siempre se distiende de una manera a menudo inesperada, lo cual puede otorgar a una campaña militar un aire heroico y aventurero, si bien no obvia su carácter
172 Sobre las circunstancias exactas del casamiento fracasado de Liubov véase: Kornilov, Molodye gody,
pp. 75-81; Carr, Bakunin, pp. 19-22. Con este episodio, el dramaturgo británico de origen checo Tom Stoppard empieza, asimismo, su trilogía The Coast of Utopia. La pieza cuenta la vida de Bakunin y sus contemporáneos radicales con un alto grado de exactitud histórica y constituye una de las mejores obras ficcionales sobre este tema. Véase Stoppard, Tom, The Coast of Utopia, Part 1: Voyage, London: Faber and Faber, 2002.
173 Randolph, op. cit., p. 158. 174
Kornilov, Molodye gody, pp. 88-89.
175 Véase Custine, Astolphe de, Lettres de Russie, Paris: Livre Club du Libraire, 1960 [1843], o bien la
versión completa, publicada bajo el título La Russie en 1839 (accesible en http://www.gutenberg.org/ebooks/author/31554, conusltada el 30/11/2014). Una interesantísima contextualización de la obra de Custine ofrece Grudzinska Gross, Irene, The Scar of Revolution. Custine,