2. LA DEMOCRACIA DELIBERATIVA COMO UNA POSIBILIDAD DE CONSTRUIR CULTURA POLÍTICA
2.3. LA DELIBERACIÓN COMO MECANISMO PARA CONSTRUIR DEMOCRACIA
2.3.1 Estilos para la consolidación de una democracia deliberativa
2.3.1.2 Estilo de Deliberación, Razonamiento y Participación
Por su parte, el estilo propuesto por Joshua Cohen tiene en cuenta la pluralidad de situaciones que se suscitan en una sociedad desde lo social, lo político y lo económico, para proceder al desarrollo de los espacios deliberativos en la esfera pública. La concepción de lo deliberativo y su incidencia en la política ésta asumida como un mecanismo en el cual “una decisión es colectiva siempre que surja de disposiciones de elección colectiva vinculante que establezcan condiciones de razonamiento libre y público entre iguales que son gobernados por las decisiones”82. Este modelo busca articular lo formal y lo procedimental dentro de la esfera pública y posibilitarlos en el mundo de la vida. Esto implica articular permanentemente las demandas sociales, políticas y culturales en un espacio plural y de convergencia ciudadana, teniendo en cuenta el presupuesto de que la democracia es la soberanía que reside en el pueblo y son los ciudadanos quienes legitiman o autorizan el ejercicio del poder político a través de la toma colectica de decisiones.
En ese orden, J. Cohen caracteriza un procedimiento para la estructuración de una metodología de la puesta en práctica de democracia deliberativa, procedimiento que plantean 7 pasos, a saber:
1. Las deliberaciones se efectúan en forma argumentativa, es decir mediante el intercambio regulado de informaciones y razones entre las partes que hacen propuestas y se someten a la crítica.
82
2. Las deliberaciones son inclusivas y públicas. En principio no puede excluirse a nadie; todos los que puedan verse afectados por las resoluciones han de tener las mismas oportunidades de acceso y participación.
3. Las deliberaciones están exentas de coerciones externas. Los participantes son soberanos en la medida en que sólo están ligados a los presupuestos comunicativos y reglas procedimentales de la argumentación.
4. Las deliberaciones están exentas de coerciones internas que puedan mermar la igual posición de los participantes. Todos tienen las mismas oportunidades de ser escuchados, de introducir temas, de hacer contribuciones, de hacer propuestas y de criticarlas. Las posturas de afirmación o negación vienen sólo motivadas por la coerción sin coerciones del mejor argumento.
5. Las deliberaciones se enderezan en general a alcanzar un acuerdo racionalmente motivado y pueden en principio proseguirse ilimitadamente o retomarse en cualquier momento. Pero las deliberaciones políticas ha de ponérseles término mediante acuerdo mayoritario habida cuenta de que la coerción de las circunstancias nos obliga a decidir. A causa de la conexión interna con una práctica deliberativa la regla de la mayoría funda la presunción de que la opinión mayoritaria, falible, puede servir como base racional de una praxis común hasta nuevo aviso, es decir, hasta que la minoría hay convencido a la mayoría de la corrección de sus concepciones.
6. Las deliberaciones políticas se extienden a la totalidad de las materias que pueden regularse en interés de todos por igual (…)
7. Las deliberaciones políticas se extienden también a la interpretación de las necesidades y al cambio de actitudes y preferencias pre-políticas. En tal caso la fuerza que tienen los argumentos de crear consenso, en modo alguno descansa solamente en un consenso valorativo desarrollado con anterioridad en las tradiciones y formas de vida comunes.83
83
HABERMAS, Jürgen. (1992/1998). Facticidad y Validez: Sobre el Derecho y el Estado Democrático de Derecho en términos de la teoría del discurso. Madrid: Trotta.
En tanto, la experiencia de colocar en práctica el anterior procedimiento de J. Cohen, se debe buscar fortalecer, desarrollar y ampliar los procesos deliberativos, puesto que conllevan una toma de conciencia y la instauración de una cultura política al interior de espacios de formación, tales como la escuela, a partir de la que se puede ayudar a permear otros espacios como la familia, el barrio, las comunidades más inmediatas y las asociaciones humanas públicas y privadas. Así, estos espacios de participación política en ambientes educativos deben ampliarse, permitiendo la expresión de diferentes puntos de vista, la solución práctica a problemas cotidianos y la vivencia de una cultura ciudadana desde la valoración de las diferencias.
En oposición, nuestra sociedad carece de formas para que los ciudadanos lleguen a la construcción de acuerdos y de consensos, lo que evidencia el excesiva individualismo y la ausencia de solidaridad humana o compromiso social. Por tal motivo, la construcción de un modelo discursivo para la formación en una capacidad ciudadana que se denomine democracia deliberativa debe ayudar en la finalidad de todo evento educativo: el desarrollo de las dimensiones del ser humano, las diferentes formas de organización y el respeto por la vida. En esta línea, Guillermo Hoyos defiende la tesis de formación desde un paradigma discursivo, que privilegiara la comprensión y el entendimiento mutuo que fomentara el pluralismo razonable, donde lo político se consolida a través del ejercicio de competencias en relación con asuntos públicos84.
Asumiendo lo anterior, la formación en el diálogo busca el entendimiento, visibilizando la democracia como una forma de gobierno que se construye para encontrar la solución a problemas y dilemas mutuos, por lo tanto, retomar los tipos de comprensión desarrollados por Edgar Morín, ayuda a entender este imperativo: la comprensión intelectual u objetiva y la comprensión humana como intersubjetivad. La comprensión implica un proceso de empatía, de
84
HOYOS VÁSQUEZ, G., & RUIZ SILVA, A.. Ciudadanías en formación. Bogotá, D.C.,
identificación, de simpatía y generosidad. Así lo afirma Morín: “Si sabemos comprender antes de condenar, estaremos en la vía de la humanización de las relaciones humanas”. Por tal motivo, es desde la educación que se construye un espacio de democracia deliberativa, pues tiene los elementos indispensables para convertirse en el lugar por excelencia para el trabajo democrático fruto de las conceptualizaciones de la ciencia política y su devenir histórico, “Aquí la comunicación ya no es tanto apertura cuanto dispositivo procedimental, retórico y político para llegar a acuerdos mínimos, necesarios no sólo para solucionar aquellos conflictos que se resisten a la mera comprensión, sino también para impulsar programas políticos que requieren la cooperación por encima de las diferencias”85. Es sencillamente la construcción de consensos desde el disenso, un espacio desde la sociedad civil para restablecer la convivencia desde lo público y la comunicación en la consolidación de un Estado Social de Derecho.
Con lo anteriores sustentos de los dos procedimientos y modelos para la estructuración de una democracia deliberativa, se hace necesario la consolidación de espacios para una cultura política deliberativa, que afirme los compromisos, decisiones y medios para desarrollarla en la modernidad líquida. Allí se necesita la participación y la deliberación, y promover la conexión entre gobernantes y gobernados sin verticalidad. Todo lo anterior sustenta la tesis que la deliberación puede estar presente en escenarios educativos, y lo afirmo como docente, y en lo que creo que es conveniente para la situación actual que vive Colombia. Necesitamos deliberación para posibilitar una nueva forma de democracia como fin y medio, a través de una escuela que transforme su acción, la relación de poder entre estudiantes y docentes; en una modernidad líquida que reconfigura nuestra tarea docente, y con un proyecto político de país que se construye desde el conflicto.