En las últimas décadas el sistema universitario se ha visto afectado por múltiples presiones derivadas de los cambios económicos, políticos, culturales y tecnológicos que han ido aconteciendo en el camino hacia lo que hoy llamamos una sociedad globalizada. Ellas han convertido el sistema universitario en un contexto laboral idóneo para la emergencia de riesgos de carácter psicosocial, tales como el estrés laboral.
Es previsible que este escenario de transformaciones afecte a la figura del Personal Docente e Investigador de nuestras universidades. En este sentido, los nuevos retos que estos cambios imponen al profesorado van más allá de la reestructuración del sistema educativo y afectan de a lleno el concepto mismo de profesionalidad docente. (González, 2005, citado en
Avargues y Borda, 2010) Así, el papel del profesor hoy en día se amplía en gran medida
con respecto a lo que se concebía en el pasado. Se espera cada vez más de los docentes, quienes pueden o no disponer de los recursos y formación adecuados para afrontar las tareas que les esperan en el aula. (Greenglass, 2005)
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En tal sentido se ha descrito que el cuestionamiento por parte de los estudiantes de la capacidad y competencia de sus mentores, así como el hecho de que los alumnos no entiendan las explicaciones de su profesor, constituyen algunos de los problemas que presenta el profesor dentro del aula. A ellos se les suman otros factores como la actitud pasiva de los estudiantes y su falta de motivación.
Fuera del aula, pero sin salir del engranaje universitario, los profesores destacan como principales fuentes de agotamiento la excesiva burocratización y la carga de papeleo. En particular, los docentes universitarios critican la asistencia excesiva a las diferentes reuniones y la sobrecarga de tareas de poca importancia, así como la presión del tiempo para combinar las tareas docentes con las obligaciones de investigación. (Mariño, 2005) Es destacable referir que existen también síntomas asociados al estrés común, variables de personalidad, diferentes aspectos de apoyo social del entorno del profesor, la capacidad de llevar a cabo (o no) estrategias de afrontamiento del mal y fuentes extralaborales (contrariedades cotidianas no relacionadas con el trabajo). (Mariño, 2005)
Asimismo el profesor de hoy se siente fuertemente condicionado, debe actualizarse, debe categorizarse, debe acceder a centros de información, debe investigar y publicar y también debe revalidar todos los días su situación frente a un alumnado que exige. Por otra parte, su título se muestra obsoleto, debe acceder a post-grado o doctorados, con una fuerte búsqueda de la excelencia; todo ello a riesgo de perder su salud mental y de desprofesionalizarse. (Benedetti, Crabay, Paoloni, Senn y Wehbe, 2001)
La fuerte búsqueda de la excelencia y la realización de doctorados demandan de los profesores mayor compromiso y dedicación, así como el afrontamiento a las nuevas exigencias que este grado científico requiere. Alcanzar el grado científico de Doctor en Ciencias constituye un camino individual, lo cual hace referencia a la insoslayable voluntad que es necesario mantener a lo largo de su trayectoria para poder vencer los rigurosos pero salvables requisitos que se exigen para llegar a la meta propuesta. (Llanio, Peniche y Rodríguez ,2007)
Dicha trayectoria está regida por un programa que el aspirante debe cursar para cubrir los requisitos antes mencionados. En nuestro país, por ejemplo, existen dos tipos de programas
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para el doctorado: el programa de doctorado tutelar (imperante en la actualidad) y el curricular colaborativo.
El aspirante a Doctor en Ciencias deberá cumplir, como parte de este programa, con los exámenes de candidato que están establecidos, desarrollar su investigación, publicar artículos y participar en eventos científicos, elaborar la tesis, realizar la pre defensa y presentarse al acto de defensa.
Su actividad transcurre de manera eminentemente individual, sin intercambios periódicos programados con sus colegas de estudio, profesores y tutores a los que les pueda exponer y/o defender los resultados que va alcanzando en la investigación, así como participar en discusiones científicas que consoliden su formación como futuro investigador. Lo anterior, solo se verá materializado casi finalizado el proceso de investigación doctoral.
El cumplimiento de estos requisitos que se incorporan a las demás obligaciones presentadas por el profesor universitario, pueden constituir un importante marco donde el estrés laboral se exprese de manera vertiginosa, ya que las exigencias que demanda la misma modifican un tanto el actuar del aspirante. Además, en nuestro país, a diferencia de los que ocurre en muchas universidades del mundo, el docente mantiene un estrecho vínculo con los logros y las dificultades que presentan sus estudiantes. Esto pudiera ser vivenciado no solo como una satisfacción para el profesor, sino que pudiera conducirlo a elevados niveles de estrés.
Considerando lo anteriormente expuesto, podemos justificar el interés que en la actualidad se le concede al estudio del estrés laboral en la universidad. Lo cual queda totalmente validado al mencionar un total de 30 estudios realizados sobre el tema, desde 1994 hasta el 2008, por autores de geografías tales como: España, Estados Unidos de América, Australia, Hong-Kong, Colombia, México, Holanda, Alemania, República Checa, Reino Unido y Nueva Zelanda. (Avargues y Borda, 2010) Estudios estos que revelaron entre sus principales resultados que, el colectivo de la enseñanza constituye, hoy en día, uno de los más afectados por el estrés laboral, cuyas consecuencias pueden ser desafortunadas tanto para el trabajador como para el centro u organización en el cual trabaja. (Avargues y Borda, 2010)