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reales)

Nuestra estrategia de intervención se encontró direccionada a la promoción de derechos, entendiendo dicha promoción como cimiento en la construcción de ciudadanía. Para ello planteamos la realización de entrevistas desde el Servicio Social con niñas, niños y adolescentes del Programa de Fibrosis Quística y aquellas/os derivadas/os de las salas por situaciones de maltrato. La propuesta fue llevar a cabo estas entrevistas a través de dispositivos lúdicos -entendidos como disparadores- que habilitaran la indagación sobre indicadores de maltrato, proyecto de vida y aspectos saludables del proceso salud-enfermedad, como insumos a tener en cuenta en el posterior diseño de estrategias de intervención profesional, incorporando de esta manera en los registros e informes sociales la (interpretación de la)56 voz de la/el niña/o o adolescente tras tener en cuenta su opinión.

50

Ver Reuniones/Capacitaciones de servicio en anexo, página 3.

51

Ver Programa de Atención Integral a Niños, Niñas y Adolescentes con Fibrosis Quística

(FQ) en anexo, página 4.

52

Ver Programa de Educación al Niño y Adolescente con Enfermedad Celíaca en anexo, página 27.

53

Ver Turnos y sobreturnos (asistencia en carácter de “consultorio externo”) en anexo, página 37.

54

Ver Atención en “ventanilla” en anexo, página 48.

55

Ver Intervenciones por derivaciones de sala de internación en anexo, página 50.

56

Ver Debate en Desgrabación: Presentación de dispositivos lúdicos y “cierre simbólico” 6

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Retomando cuestiones desarrolladas en el Capítulo I, afirmamos que el Hospital de Niños de la Santísima Trinidad es un nosocomio de tercer nivel de complejidad en el cual el poder médico es hegemónico y el objetivo principal es “curar” a quien ingresa y lograr lo antes posible su externación. La mayoría de las/os profesionales que allí trabajan tienen una visión parcializada, fragmentada de los sujetos (niñas/os y adolescentes) que allí concurren; cada especialidad tiene distintos intereses y, generalmente, se centran en alcanzar sus metas particulares. Cabe aclarar que algunas áreas, principalmente el Servicio Social, no coinciden con esta visión sino que la cuestionan entendiendo a la niña, niño y adolescente como sujetos de derechos, haciendo también hincapié en el proceso social salud-enfermedad, buscando potenciar los aspectos saludables de dicho proceso y de los sujetos. De este modo es posible entender al Servicio Social como un espacio “contra-hegemónico”.

Por otra parte, siguiendo a Giberti, E.,

"el trabajo social en sus intervenciones posee un encuadre institucional que remite a la institución en la cual se desempeña, y que generalmente es el encuadre institucional que pauta horarios de atención, modalidad de intervención, si se realizan entrevistas de admisión, si se realizan en forma conjunta con el resto del equipo, cómo se hacen las derivaciones de casos, etc".

(Giberti, E.; 2005:s/p).

Es en este sentido que las intervenciones del Trabajo Social en esta institución particularmente deben atravesar ciertos obstáculos y cuentan con algunas limitantes. Entre ellos, los horarios en que están las trabajadoras sociales en el Hospital, a pesar de que constantemente hay ingresos que requieren de su intervención (particularmente casos vinculados a maltrato); que el abordaje de los casos dependa de la decisión de las/os médicas/os de derivarlo o no y el momento en que tienen lugar dichas derivaciones; el alta hospitalaria como decisión única de las/os médicas/os en la mayoría de los casos; son algunos ejemplos de dicha institucionalidad.

Durante el proceso cotidiano de nuestras prácticas pudimos visualizar que el trabajo interdisciplinario muchas veces no es posible ya que para algunos

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profesionales, particularmente médicas/os, el Trabajo Social es visto, tal como lo era en los orígenes de la profesión, como “auxiliar médico”. Esto, a la vez, se ve reflejado en relaciones de poder asimétricas donde la profesión queda subordinada en el campo de la salud. Así, no se reconoce a la disciplina, existe un desconocimiento sobre su especificidad, y por ende del por qué debería intervenir, entre otras cuestiones. Además se generan tensiones entre las/os profesionales de las distintas áreas por cómo se ve y entiende al sujeto, qué rumbo debería tener el abordaje y los intereses particulares por cumplir de cada área. De este modo, en reiteradas ocasiones, cada profesión o profesional defiende su postura según su punto de vista dando lugar a una “lucha” por establecer su dominio, basándose en propuestas individuales y disciplinarias, sin intentar y/o lograr un trabajo interdisciplinario e integral.

Teniendo en cuenta este escenario institucional, es que identificamos (al comienzo del proceso) como posible obstaculizador de la ejecución de nuestra estrategia de intervención a la mencionada hegemonía médica. Otros potenciales obstaculizadores identificados fueron las/os profesionales del Servicio de Salud Mental, ya que han tenido el “monopolio” en lo que respecta a las entrevistas con niñas/os y adolescentes dentro del Hospital de Niños de la Santísima Trinidad.

Cabe aclarar que esto no sucedió. Por el contrario, hemos contado con la aprobación por parte de una de las jefas de sala para retirar a las/os niñas/os de sus habitaciones y poder trabajar con ellas/os en otros espacios, sin plantear ningún tipo de obstáculos. En cuanto al Servicio de Salud Mental se produjo una cooperación en un intento de no revictimizar a quienes eran entrevistadas/os, a pesar de que cada disciplina indagó según su especificidad.

Asimismo se pudieron identificar algunas tensiones, que no habían sido previstas (y no por ello se constituyeron en obstaculizadores), con algunas docentes de la Escuela Hospitalaria. Particularmente en la planificación del taller para niñas/os con celiaquía y en el momento de su ejecución. Las mismas quisieron supervisar el taller cuya coordinación estaba a nuestro cargo y cuestionaron asuntos vinculados a la promoción de derechos en general que

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proponíamos, en vez de profundizar en la celiaquía, como así también en relación al protagonismo de las/os niñas/os57. Por otro lado, surgieron algunas resistencias, que tampoco habían sido previstas, dentro del Servicio Social en cuanto a la realización de entrevistas con niñas/os y adolescentes. Según lo que con posterioridad fue debatido58 con las profesionales del Servicio, esto se debió a “miedos” por parte de las mismas por no contar con la formación “necesaria” para hacer entrevistas con estos sujetos. Es importante resaltar que si bien en el discurso había adhesión al nuevo paradigma y un conocimiento del marco normativo vigente, las voces de las/os niñas/os y adolescentes mayoritariamente no eran escuchadas en entrevistas (ni en otras instancias) por lo que, consecuentemente, sus opiniones no eran tenida en cuenta. Es decir, no había una práctica instituida desde la profesión en el Hospital de Niños de la Santísima Trinidad que efectivizara el derecho en cuestión.

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