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LAS ESTRATEGIAS COGNITIVAS PREDILECTAS DEL CEREBRO HUMANO Y SU MODIFICACIÓN POR MEDIO DE LA VOLUNTAD.

Los escollos que nos plantea la naturaleza en el ámbito cognitivo son por suerte fácilmente salvables por medio del uso de técnicas pedagógicas adecuadas. El determinismo biológico sobre las capacidades cognitivas de nuestros hijos se puede modificar y corregirl1011.

Evidentemente, lo primero que resulta imprescindible es reconocer la existencia de esta problemática o peculiaridad para poder darle la solución pertinente.

La biología no ha dotado a los varones de las habilidades lingüísticas y destrezas verbales innatas de las que gozan las niñas, sin embargo, la educación - por medio del ejercicio de la voluntad y los hábitos - nos permitirá suplir las posibles carencias para lograr una verdadera igualdad entre los sexos en el ámbito educativo desde estas etapas iniciales de la escolarización. Para ello será preciso despertar del letargo aquellas zonas del cerebro masculino cuyo desarrollo madurativo está más atrasado hasta que alcancen el mismo nivel de las niñas. Esto es perfectamente posible. Los neurólogos coinciden en que el cerebro es moldeable, sólo hace falta comprender las peculiaridades masculinas y darles el tratamiento adecuado.

La eminente neuróloga Sandra Witelson mantiene que el cerebro humano actúa utilizando los mecanismos de aprendizaje que le resultan más sencillos. Las diferencias en la estructura cerebral, y las consecuentes diferencias en habilidad, predisponen al hombre y a la mujer para lidiar con los problemas empleando lo mejor de sus atributos. Son las denominadas «estrategias cognitivas predilectas». Es decir, el cerebro trata de utilizar sus partes más desarrolladas, o sus habilidades más patentes, desechando el uso de las menos ágiles o inmaduras. A grandes rasgos esto significa jugar apoyado en las fortalezas mentales que se tienen. En este sentido podemos decir que el cerebro es «perezoso» pues evita la utilización de las áreas que le suponen un mayor esfuerzo. En el caso de los muchachos, su hemisferio izquierdo (destrezas verbales y habilidades lingüísticas) está menos desarrollado o más aletargado que el derecho. Si no se potencia su uso, con técnicas pedagógicas adecuadas, nunca alcanzará su verdadero potencial.

Witelson sugiere que hay menos arquitectas que arquitectos (y por lo mismo menos mujeres científicas, físicas o matemáticas) porque siendo más débil el sentido del espacio en la mujer, ellas tienden a preferir diferentes «estrategias cognitivas», para así usar otras partes del cerebro más fuertes en ellas (como las lingüísticas o las relativas a la comunicación). Esto también podría explicar el acertijo de por qué hay muchas más mujeres músicas que compositoras: porque juegan con las fortalezas de su cerebro femenino como el mayor control sobre el movimiento fino de las manos y de la voz. La composición musical demanda la capacidad de ver un patrón y supone un razonamiento matemático abstracto, que es principalmente una función del lado derecho del cerebro. Obviamente nuestra cultura y nuestra historia han tenido algo que ver con esto; pero, claramente, también nuestra biología.

En consecuencia, en el marco pedagógico, deberíamos ser capaces de ofrecer aquellos modelos de enseñanza que tengan en cuenta los estilos de aprendizaje diferentes de niños y niñas. Debemos conocer y estudiar las diferencias que el sexo provoca en cada uno de los marcos de desarrollo - neurológico, psicológico, pedagógico y antropológico - para poder ofrecer un modelo escolar capaz de procurar, de forma dinámica y simultánea, la excelencia y la igualdad, tanto a niños como a niñas.

Si potenciamos, con métodos docentes adecuados, las matemáticas y las ciencias en las chicas, estaremos ayudándolas a desarrollar su hemisferio derecho (responsable del razona miento abstracto y habilidades espaciales) menos activo desde su nacimiento. Cuando las matemáticas se vuelven más que un mero asunto de habilidad para hacer cómputos, y eso tiene que ver con el reconocimiento de patrones abstractos y teorías, ellas tendrán que pedir

auxilio a las fortalezas innatas de los niños. De manera que el sistema educativo, que en su modo inicial discrimina a los niños, se vuelve en una etapa posterior contra las niñas.

La reforma en los métodos educativos puede compensar en cierta medida las diferencias comparativas entre los sexos. Las niñas precisarán en secundaria de un apoyo especial en matemáticas, física y ciencias en general. Así como un método docente adaptado a las peculiaridades de aprendizaje propias de su sexo. Por ejemplo, se ha demostrado que las niñas perciben mejor el lenguaje verbal que el de los símbolos, de manera que la transformación de símbolos matemáticos en palabras las ayuda a la mejor asimilación y comprensión de la materia. Como señala Michael Gurian, «Si la clase de matemáticas se imparte utilizando objetos - es decir, sin la pizarra, fuera del mundo abstracto de los significados y significantes, y dentro del mundo concreto de, supongamos, cadenas físicas de números - el cerebro femenino lo encuentra más fácil». Esto es lo que están haciendo en países como Alemania o Estados Unidos.

Y en relación con los chicos, si potenciamos las actividades lingüísticas estaremos ayudándoles a que el hemisferio izquierdo salga de su letargo típicamente masculino.

Es urgente formar al profesorado y también a los padres (primeros y esenciales educadores de los hijos) en el conocimiento de las diferencias biológicas y neuronales de niños y niñas, como están haciendo en otros países con excelentes resultados, donde, en los últimos años, han empezado a producirse interacciones entre educadores y científicos cerebrales [1021.

Ignorar la lentitud biológica del varón en estas materias es injusto, supone una enorme incomprensión para los muchachos y puede acabar provocando que éstos, al no poder alcanzar el ritmo de sus compañeras, reduzcan su nivel de aspiraciones, se sientan frustrados, y decidan que estudiar es «cosa de chicas».

La curva del ritmo de desarrollo de los varones discurre más lentamente, pero nuestro sistema escolar no se corresponde con esta situación. Ocultar el conocimiento concerniente a las aptitudes específicas de cada sexo en el aprendizaje ha causado más daños que beneficios y gran cantidad de sufrimiento para los niños, que son naturalmente más lentos que las niñas para adquirir la habilidad de leer y escribir. Además la mayoría de los profesores (y muy especialmente las profesoras) no son conscientes de estas diferencias naturales, lo que provoca que muchos chicos queden retrasados, sientan desánimo, pierdan la motivación y se les obligue a repetir curso en mucha mayor medida que sus compañeras. Como resultado, los niños no aprenden ortografía y son clasificados como disléxicos o con problemas de aprendizaje cuatro veces más a menudo que las niñas. Algunos llegan a sentir aversión a la escuela y acaban abandonando los estudios.

5. EL MATRIARCADO SOCIAL Y EDUCATIVO. PEDAGOGÍAS FEMENINAS PARA