Felizmente hay profesores que al enseñar no se limitan a traspasarlo, sino que llevan a sus alumnos a razonar, a ejercitar su espíritu inquisitivo, a acrecentar su curiosidad y su entusiasmo, a robustecer su espíritu de precisión y autodisciplina intelectual.
Bertha Rodríguez El aprendizaje creativo exige del profesor que se constituya en un auténtico facilitador, guía, mediador del proceso de aprendizaje de los estudiantes, de cualquier nivel o modalidad educativa. Como tal debe:
Conocer los intereses y las necesidades de sus alumnos: los niños y adolescentes trabajan en actividades que constituyen para ellos la satisfacción de una necesidad o de una fuente de interés. Conocer el contexto e identificar lo que les gusta o les interesa, permitirá crear situaciones de aprendizajes significativos. Por respeto al educando, debemos cumplir el mandato de Rousseau: “Abandonad todo, antes que fatigar al niño y gastar su interés”.
Crear situaciones de aprendizaje significativo: el nuevo enfoque pedagógico concibe que los estudiantes construyan sus conocimientos a partir de actividades que tengan significado o sentido para ellos. Por eso es necesario desarrollar actividades de aprendizaje por descubrimiento guiado y/o por autodescubrimiento. Pues, cuando elabora esquemas y cuadros sinópticos a partir de un texto leído, crea estructuras cognoscitivas de utilidad para aprendizajes futuros. Cuando se estimula el aprendizaje creativo mejora notoriamente.
Reforzar las conductas apropiadas de aprendizaje en el momento apropiado: propiciando la asimilación progresiva de criterios de autoesfuerzo. Fomentar situaciones donde el alumno pueda establecer por sí mismo criterios para valorar
sus rendimientos y actitudes. Desarrollar en el alumno la capacidad de autoevaluación y autorecompensa para regular su conducta.
Respetar el estímulo y el ritmo de aprendizaje que conduzca al alumno a la competencia. Fomentar la búsqueda de alternativas y soluciones para los problemas que se presenten en el nivel grupal. Proponer temas de estudio de acuerdo con las necesidades del alumno.
Personalizar a los alumnos: conocerlos integralmente a cada uno de ellos y no sólo por sus nombres. Considerar que ellos tienen conocimientos y sentimientos; virtudes y defectos; potencialidades y limitaciones peculiares. Por tanto, requieren ser tratados con afecto y respeto. El respeto a la autonomía y a la dignidad de cada uno es imperativo ético y no un favor que podemos, o no, concedernos los unos a los otros.
Reconocer los esfuerzos y los logros de los niños: por pequeños que sean, considerando el elogio y la reprobación como factores de acción interpersonal. El elogio acelera en mayor medida el aprendizaje que la reprobación. La indiferencia suscita un aprendizaje menor que la reprobación. Permitirles jugar: el juego es uno de los medios que tiene para aprender y demostrar que está aprendiendo. Es posible que sea la forma de aprendizaje más creadora que tiene el niño. Por eso, no es prudente, en cualquier edad del niño, desalentar las tentativas que pretende realizar, formulándole advertencias de “no hagas eso, te vas a lastimar”… “no hagas, eso es peligroso”…, es mejor animarlo proporcionándole lugares seguros, medios necesarios, consejos oportunos, directivas claras, etc.
Partir de los conocimientos previos de los alumnos: los niños no están vacíos de conocimiento, tienen un idioma, una manera de ver y de sentir, tienen costumbres, habilidades, destrezas, sentimientos y una personalidad propia. Nada de esto debe estar al margen, ya que es la base a partir de la cual y con la cual el niño aprende.
Articular el saber que se enseña: con lo que el alumno conoce y suscitar situaciones-problemas, activan el nivel operatorio mental. Toda acción de enseñanza-aprendizaje debe aceptar la presencia de conocimientos previos en el alumno. La
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considerar la doble vertiente: el nivel de desarrollo operatorio y el nivel de conocimientos previos.
Compatibilizar propuestas de trabajo con la de los niños: un aspecto importante es articular coherentemente la iniciativa de los alumnos con las programadas por el maestro e incorporar sus motivaciones e intereses en el trabajo pedagógico.
Impulsar el trabajo grupal: todo hombre necesita socializarse, mucho más el escolar cuando su desarrollo psicológico así lo demanda. El aprendizaje socializado es ventajoso. El profesor debe organizar a los alumnos en equipos de trabajo, orientar sus actividades y hacer un seguimiento de su labor. Debe tener en cuenta el mundo psicológico y social del grupo, y buscar las técnicas correspondientes a fin de adecuarlas a las circunstancias y conveniencias del momento.
Ayudar a que el lenguaje se convierta en un medio fundamental para la construcción de la zona de desarrollo próximo: la aparición de los procesos psicológicos superiores (atención, memoria e inteligencia) se da como resultado de la actividad práctica e instrumental dentro de un contexto interactivo, cooperativo, basado en la transmisión social organizada por parte de los adultos al niño. Por esta razón, se debe brindar atención al conocimiento previo y al desarrollo cultural del niño, se debe respetar el carácter individual del desarrollo del aprendizaje y el apoyo del adulto.
Ayudarlos a tomar conciencia de lo que hacen, el porqué lo hacen y cómo lo hacen: los alumnos deben realizar la metacognición, reflexionando sobre los procesos que han realizado para llegar al conocimiento, que tomen conciencia de estar aprendiendo y de cómo están aprendiendo.
Crear un clima favorable para el aprendizaje: el aula se presenta como un lugar de comunicación. Toda persona y, aun más el niño, requiere y exige una atmósfera de afecto, comprensión y tolerancia para desenvolverse. Cuando los alumnos se sienten seguros y pueden expresarse libremente, aprenden mejor, participan en las clases, hacen preguntas y piensan antes de responder, es definitiva, crean.
Reconocer esfuerzos y logros: todo profesor tiene el imperativo de reconocer los esfuerzos y los logros de sus alumnos, por pequeños que sean. En el acto de educar no sólo
el logro es valioso También el esfuerzo es igual o más importante. Pese al esfuerzo no siempre se logra, sobre todo cuando hay factores externos que dificultan o imposibilitan un término feliz. No todo depende del agente educativo. Debemos estimular de mil modos a quienes no lograron la meta pero se esforzaron.
Formular preguntas motivadoras: no hay preguntas inútiles ni respuestas definitivas, tampoco hay conocimiento terminado, pero nuestra capacidad de aprendizaje es permanente. Este convencimiento es un punto de partida para incentivar el aprendizaje. Dada la importancia de las preguntas conviene que el profesor-informador y el alumno-oyente tengan que ser remplazados por el profesor-animador y el alumno- investigador. En esa nueva realidad, el uso de preguntas divergentes, abiertas, permiten que el niño elabore y exprese su propio punto de vista, que dinamice la elaboración de su pensamiento: ¿por qué?, ¿para qué?, ¿qué piensas acerca de…? demandan mayores reflexiones y potencian creatividades y aprendizajes.
Activar capacidades: para potenciar el acto de estudiar es necesario rechazar toda postura conformista, reconocer que nuestra realidad existencial es cambiante, despojarse de perjuicios, analizar cada vez con mayor profundidad, verificar hallazgos, revisar conclusiones, ser interrogativos, analíticos, reflexivos, creativos y dialógicos.
Trabajar en libertad, pero no en libertinaje: fijar, limitar o imponerles actividades a los escolares atenta contra su libertad y restringe su aprendizaje y creatividad. La sana actitud no es abandonar al estudiante y que haga lo que quiera hasta desembocar en una anarquía pedagógica, haciendo innecesaria la presencia del profesor. El exceso de control y el libertinaje son perjudiciales. Los estudiantes necesitan más libertad para determinar sus actividades, relacionar y fortalecer los conocimientos que han adquirido, solucionar los problemas que les parecen importantes y adquirir los instrumentos de aprendizaje, cuya necesidad sienten.
Usar diferentes técnicas de estudio: diálogo, observación, experimentación, debate, exposición, trabajo en grupos, graficación, sociodrama, etc. No todo se aprende leyendo.
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El principal objetivo de la educación es crear individuos capaces de hacer cosas nuevas y no simplemente de repetir lo
que hicieron otras generaciones; individuos creativos, inventivos y descubridores, cuyas mentes puedan criticar,
verificar y no aceptar todo lo que se les ofrezca. Jean Piaget
Todo aprendizaje debe ser activo... Se aprende haciendo y mucho mejor reflexionando, pensando, creando.